Leo, leo. ¿Qué es lo que lees?

martes, abril 21, 2009

En la Semana Nacional de la Lectura 2009

Aprendí a leer en preparatoria, pero empecé a hacerlo en noveno grado

Le preguntan: "¿Te gusta leer?". Responde: "Claro, por supuesto".
Siguiente pregunta: "¿Por qué consideras que es importante?". Respuesta: "Ah, para aprender".
Le preguntan otra vez: "¿Tú lees?". Responde: "Mmm... no mucho".
Vuelven a preguntarle: "¿Por qué no lees?". Contesta: "Es que solo cuando me obligan".

"A los jóvenes les gusta leer, pero no lo hacen", es un resultado muy frecuente en los estudios acerca de hábitos de lectura que se realizan en El Salvador (trust me, I know). En otros países tal vez lean más, en otros aún menos. Pero el factor común es que los jóvenes (¡y adultos!) no leen, que a algunos ni les gusta y que a otros ni les importa.

¿Por qué no lo hacen? Para mi, depende de tres factores:
  • En primer lugar, de la personalidad del individuo, porque no a todos nos va a gustar lo mismo y leer es un gusto adquirido; 
  • Segundo, de que se fomente la lectura en el hogar, porque no en todas las casas hay libros ni todos los papás leen; 
  • Tercero, de quién y cómo te motive en el colegio/universidad, porque son los lugares convenidos socialmente para educar las jóvenes mentes. 
Acerca de que no a todas las personalidades les gusta leer, creo que hay algo de verdadero y otro tanto de falso. Por un lado, es cierto que "para gustos, los colores", porque nos gusta hacer cosas diferentes, nos sentimos atraídos a determinado tipo de actividades y, por lo general, nadie nos va a convencer de lo contrario -aunque nunca esté demás probar cosas nuevas-. Hay gente a la que no le gusta leer y punto (mal por ellos).

Pero, aquí viene la parte falsa del asunto: hay tipos de lecturas para infinidad de gustos diferentes. El problema es que nos han hecho pensar que lo único que se lee es "literatura", cuando hay variedad de formatos aparte de los clásicos libros. Piensen en un amigo aficionado al fútbol al que no le gusta "leer", pero pasa horas LEYENDO las versiones online de periódicos deportivos -As, Marca, Sport-, o en alguien más que lee revistas especializadas como la National Geographic o la Time (love Time Magazine).

Está leyendo, ¿o no?. Lo hace porque le gusta, ¿o no?. Entonces, sí le gusta leer. Como a la señora que compra la revista Vanidades solo por leer las novelas de Corín Tellado; el señor que lee el diario todos los días de principio a fin; las niñas que leen libros tipo 'Gossip Girl' (a mi me gustaban las 'Sweet Valley Twins' y 'The babbysitters club'); o quienes solo leen libros de superación personal o de ciencia ficción (sigo preguntándome qué tal será un libro de 'Star Wars').

Si el objetivo principal es que LEAN y que les guste, no hay por qué menospreciar la calidad del material de lectura en un inicio. Del refinamiento del gusto literario nos ocuparemos después, cuando hayan superado su aborrecimiento por la simple actividad mecánica de leer.

En la adquisición del gusto por la lectura también interviene la estimulación temprana de los papás. Admiro a los papás que desde el vientre pareciera que están entrenando a un campeón olímpico, al futuro Bethoveen, el próximo Gabriel García Márquez... del tipo que lee libros sobre cómo ser papás, los que ven 'La llegada del bebé' y 'Niñera SOS' en el Discovery o que se toman el tiempo de andar con los niños de arriba para abajo, entre clases de pintura, natación e inglés.

Con la lectura es lo mismo. ¿Cuántos les niegan a sus hijos un Happy Meal? Muy pocos, aunque los bolsillos estén medio vacíos. Pero, ¿cuántos le niegan un libro a sus hijos porque es muy caro y "ni lo va a leer"? Pueden ir al cine a sentarse por 2 horas, pero no se pueden tomar 20 minutos para leerles un cuento a sus hijos. Dejan que se peguen frente la televisión toda la tarde, en lugar de tomarse la molestia de preguntarles qué están leyendo en el colegio.

Mi mamá era una excelente cuentacuentos (con estos años fuera de uso, no sé si habrá perdido el toque) y supo irme llenando de libros. Aún conservo las páginas sobrevivientes de una versión ilustrada de "A Margarita Debayle", de Rubén Darío; una copia algo maltrecha de '"Jícaras tristes", de Alfredo Espino; y en algún lado tiene que estar "Cuentos de Cipotes", de Salarrué, que tanto le gustaba a mi hermana.

Mi papá, aunque quizá por las circunstancias no recuerdo que me leyera, casi nunca me negó el pisto para un libro, ni ya estando en la U (por más que hiciera caras a la hora de ver el precio o lo largo de la lista) e intentó a toda costa que leyera 'Padre rico, padre pobre' o algo así se llamaba el libro (nótese que no lo leí).

Yo no tengo hijos (¿y de dónde?), pero he llegado a la conclusión de que no basta con desear lo mejor para los hijos, sino con hacer todo lo que esté a tu alcance por ofrecerles todas las posibilidades y dejar que ellos hallen su talento y decidan qué es lo mejor para ellos. Todos traemos potencial para hacer grandes cosas, solo es cuestión de descubrirlo, creer en uno mismo y explotarlo.

Predicar con el ejemplo también ayuda. Todo padre debería ser un tercero creíble para sus hijos en el tema de los hábitos de lectura. Acuérdense que cuando los adultos van, los niños ya vienen, y cuando menos lo sientan, el día que le estén pidiendo que lea la obra que le dejaron en el colegio, su hijo les puede salir de respondón con algo como "¿Y usted? yo no veo que usted lea". Será un momento Plop! (a lo Condorito).

Uno de estos días, estaba mi hermana peleando contra el sueño mientras leía una obra que le habían asignado en el colegio, de esas crónicas aburridas escritas por los monjes acerca de los años después del descubrimiento y conquista de América -qué bodrio-. Con cara de hastío me volvió a ver y me dijo: "¿Quién se inventa el programa de lenguaje del colegio?". "Algún desfasado del Ministerio de Educación", le dije.

Ah, uno de los grandes misterios de la vida: quién nos dicta qué tenemos que leer. A veces me da la impresión de que nos enseñan a leer en parvularia como una herramienta más para que nos aprendamos el resto de temas de los programas escolares. Pero no nos enseñan a leer solo para leer. Desde esos primeros -y cruciales- años nos van generando una relación pasivo-agresiva con los libros, amor y odio.

Yo, como todos, aprendí a leer a los 5 ó 6 años con un silabario, en el que lo más complejo era la canción del trencito de madera que iba haciendo chucu-chú. De primero a sexto grado el libro ANUAL que me dejaban en el colegio era uno de esos de 'La Torre de Papel' o 'El Barco de Vapor', que por muy buenos que sean, no son suficiente.

En séptimo, medio leí 'Tierra de Infancia' y creo que 'Los viajes de Gulliver'; pero en octavo, Hemingway y Dalton me pelearon con los libros ('Monografía de El Salvador' no deberían de asignarla en Lenguaje, sino en Sociales). El problema fue en noveno, cuando de un libro por año, pasé a dos por quincena... seis por unidad... una veintena por año escolar.

Ese año conocí todos los géneros literarios, cortesía de mi profesora Vilma O., quien con sus asesinos controles de lectura me enseñó a ver el mundo más allá de un libro ocasional. Primer año fue un paso por los clásicos universales y segundo, ya sin Vilma, un vistazo a la literatura latinoamericana y un pestañazo a la salvadoreña.

Lo mismo me pasó en la U, con tres materias de literatura -una para el mundo occidental, otra para España y otra para Latinoamérica/El Salvador-, todas para las cuales el programa era muy largo y el tiempo muy corto.

De mi experiencia he descifrado que el problema tal vez no se encuentre en los planes de estudio, sino en cómo se imparte la materia de 'Lenguaje y Literatura' (en el MINED algo han de saber).

Son años los que se desperdician desde que los niños aprenden a leer hasta que llegan a tercer ciclo. Discúlpenme, los niños no son estúpidos... pueden entender historias de fantasía, cuentos cortos, poemas; y, si por lo que se preocupan es cuan largo es el libro, para eso están las versiones adaptadas para niños, ilustradas o con pies de página cuando hay palabras nuevas.

Una carencia es la exclusión del mundo oriental en los programas. Solo es América y Europa, de ahí no pasamos. Ni siquiera algún libro de leyendas africanas, algún cuento chino o un haiku japonés. Lo más exótico son los griegos y a lo sumo 'El libro de los muertos' de los egipcios. Hay tanto que ver en el mundo y Literatura es la última materia que nos queda para aprenderlo -considerando que no se imparten ni Historia ni Geografía en el colegio-, pero el programa se rehúsa a expandir nuestra visión.

Otra es que generalmente se excluye la literatura norteamericana. ¿Cuántos han leído a Mark Twain? Por lo menos es una de mis deudas pendientes leer las aventuras de Tom Sawyer o las de Huckleberry Finn. También a las mujeres las sacan de los programas: nada de 'Mujercitas' de L. M. Alcott, o 'Anne of Green Gables' de L.M. Montgomery. Ni las clásicas hermanas Brontë se salvan del corte, menos mi querida Jane Austen, a pesar de haber sido pioneras en su época.

Pero el golpe más mortal es no actualizarse. Maestros: si quieren que sus alumnos lean, metan algo popular en la lista de libros que dejan. Será el anzuelo para que caigan y quizá hasta logren poner de moda la lectura.

A Harry Potter lo denigran por irse a Hollywood, pero ¿a cuántos niños no ha puesto a leer?. Los dos días en que leí la última entrega del mago sentía que la retina se me caía, pensaba más en inglés que en español y mi mente me hablaba con acento británico, pero no bajé el libro ni dormí. Quería saber si the boy who lived se iba a morir o qué pasaba con Voldemort.

Lo mismo me pasó con Twilight: los cuatro libros en dos semanas -3 en pdf y uno en papel, porque no estaban en las librerías-. Eran como una droga. De por medio me daba 2 ó 3 días porque entre tanto Edward Cullen llegué a pensar que ya estaba desvariando (después descubrí que eso era normal, que a todas les pasaba). No son la gran obra maestra, pero fueron 1,000 páginas bien leídas -más el draft de 'Midnight Sun', que es la versión de Edward de todo el asunto-.

Hay gente a la que le pasó con 'El Señor de los Anillos' o con 'Las Crónicas de Narnia', el punto es que agarraron los libros porque querían y lo disfrutaban, no porque los obligaban. Esos booms o fenómenos literarios que se dan de cuando en cuando deberían de ser aprovechados para ponernos a leer.

O está bien, no me hagan caso y quédense con el programa que ya tienen. Pero por lo menos váyanse por las opciones menos obvias o menos trilladas de libros. García Márquez ha escrito más de veinte libros y solo dejan 'Cien años de Soledad', tan siquiera acompáñenlo con otro. Prueben con otros autores, Julio Verne podría ser un hit!

Si ya salieron del colegio o de la U nunca está demás que se inventen su propio programa de lectura: ¿qué quieren leer hoy?

No me digan que no les gusta leer. Si ya leyeron este palabrerío, algo les ha de gustar. Hagan la prueba.

PD. Recomendaciones de libros serán bienvenidas

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4 comentarios

  1. y si yo sé :D pero por asociación con la Gabbo :P?yo quiero el premio :)haha.
    Ihh Paula es una gran cosa, yo amo ese libro es de los mejores de Isabel Allende.
    Y aunque estoy un poco aburrida de hábitos de lectura, es refrescante encontrarlo por acá con una temática diferente pero a la vez relacionado :)

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  2. Aplaudo esta entrada... bastante bueno tu análisis, no basta con desear lo mejor a tus hijos, si no les das herramientas para que desarrollen la mente y se vuelvan seres críticos, muy difícilmente van a sobresalir entre los demás.

    ¿Qué leo? Pues, aquí en la casa abundan los libros, pero casi todos son sobre autores salvadoreños Manlio Argueta, Jacinta Escudos, Salarrué, Alfredo Espino, Roque Dalton, etc... o son sobre el conflicto armado, de hecho el que más me impactó de la guerra, fue "La última guinda" de José Rutilio Quezada. Esporádicamente leo autores reconocidos, pero no es algo que sea de mi predilección. La última vez que me clavé leyendo a la velocidad de un trueno fue cuando salió el Código da Vinci, jajaja mi mamá bien enojada cuando me veía leyendo sin parar. Si no, usualmente leo libros de superación como "Padre Rico, Padre pobre" o "La vaca", "El gran vendedor de el mundo" etc...

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  3. Me siento orgullosa que te encante la lectura y creo haber influido un poquito en ello, no fueron en vano todas las ferias de libro que fuimos y que decíamos que solo íbamos a curiosear y siempre salíamos con libros para tí y para tu hermana (aunque al principio ella empezó con libros de chistes, ja, ja) y poquito a poquito a ido creciendo la colección. Tu hijito de la U "Hábitos de Lectura" te ha motivado más a la lectura valga la redundancia. Yo también fuí buena lectora en mis años colegiales y así como Vilma O, yo tuve una excelente profesora de Letras que era super estricta y temida por todos mis compañeros, sobre todo cuando hacía controles de lectura, le agradezco a la niña Elsa Alicia, el fomentarme el gusto por la lectura. Ahora aunque no leo muchos libros tengo que leer diariamente cantidades de documentos, ojalá algún día pueda tener nietos y disfrutaré contándoles cuentos a mi manera.

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  4. Mamá: Tendrá que esperar por los nietos... bastante tiempo. Pero me puede contar un cuento a mi si quiere, yo no me quejo.

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