Percheros andantes

jueves, diciembre 31, 2009

You wanna be on top?

Siempre tarareo la musiquita de America's Next Top Model cuando va a empezar el programa. Es pegajosa. El programa en sí es pegajoso porque solo sirve para pasar el rato y siempre termino sintonizándolo cuando no hay nada que ver.

Seguramente por ese motivo he visto, además de la versión "americana" (detesto que los gringos no tengan otro gentilicio, ¿qué tal "United Staters"?) he visto la franquicia brasilera y recientemente la mexicana.

De las conductoras he de decir que Tyra Banks es mejor para hablar y, aunque a veces sobreactúa, tiene más chispa que la sosa Fernanda Motta (la carioca), y que Elsa Benítez, quien suena tan, pero tan ensayada cuando trata de enfatizar lo que está diciendo.

Y de las aspirantes a top model he de decir que entre las participantes habían mujeres muy bonitas -aunque yo pensé que ganaría Noemí (la de la foto del vestido negro) y no Mariana-, lo que me puso a pensar en qué se necesita para ser modelo. Alguna cualificación se ha de tener, considerando que es toda una carrera profesional.

Se necesita más que una linda cara, bonitas facciones, cutis sano, piel lozana, buen cuerpo, aquello del 90-60-90, curvas y largas piernas. Fotogenia y creatividad para posar; seguridad, porte, estilo y gracia para desfilar; y algo de ingenio para cuando le toque hablar frente a las cámaras para un anuncio o entrevista.

Ha de ser hasta cansado eso de ser top model, por lo extenuante de las sesiones de maquillaje y los fittings para los photo shoots, el jet lag de los viajes de París a Roma y de Roma a New York, la deprivación de alimentos para mantener la línea y los ejercicios para tonificar las escasas carnes que cubren sus escuálidos pero hermosos esqueletos.

Pero más cansado ha de ser sentirse como un perchero andante, un bonito manequí donde los diseñadores cuelgan sus últimas obras de arte para imponerse en una sociedad que está hambrienta por estar a la moda y delira tanto como para gastar miles de dólares en lo que al fin y al cabo no son más que trapos.


El precio de la fama... supongo.

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