Demasiado personal

Un día más

miércoles, junio 30, 2010

Un año más

No sé si tendrá que ver con la edad, pero me da la leve impresión de que a medida que el pastel se va llenando de velitas, simplemente ya no nos emocionamos tanto por los cumpleaños. Bueno, usted que es normal tal vez no lo sienta así, pero en mi caso pareciera que cada año este día está destinado a ser uno más.

Creo que las circunstancias me han llevado a no esperar mucho (por no decir nada). Ni pastel, ni regalos, ni sorpresas, ni nada -al menos de parte de mi familia-. Es un claro mecanismo de defensa, pero funciona. Antes me frustraba y me deprimía esperar algo y no conseguir nada. Quizá era cuestión de tener expectativas demasiado altas.

La experiencia me enseñó a no albergar ideas fantásticas de regalos o fiestas sorpresas, celebraciones especiales o detalles fuera de lo normal. Así es más fácil no decepcionarse. Y desde los últimos años no espero, aunque mentiría si dijera que en el fondo no hay tan siquiera un minuto en el que no fantaseo con que alguien me demuestre equivocada. Aún no soy de palo, supongo.

Hoy alguien me dijo que no me oía tan emocionada. Tenía razón. Estaba preparada mentalmente a que sería un día más. Ya en la agenda estaba que apenas y vería a mi mamá, almorzaría con mi papá, trabajar, la U y ya, solamente. De hecho, el día fue así, normal, con la gran excepción de la salida al cine para ver Toy Story 3. Gran levante anímico.

Pero algo tuvo de especial el día, en la gente que tuvo detalles no autómatas y sus mensajes eran sentidos (aunque fueran vía Facebook, Twitter, palomas mensajeras o señales de humo). Algunos me recordaban hasta otras etapas de mi vida que compartí con ellos, como el colegio. Incluso gente que no conozco en persona me mostró más calor humano que gente con la que conviví por mucho tiempo. Son cosas que pasan.

Mi cariño va para esas personas, y especialmente a las que levantaron el teléfono tempranito por la mañana o hasta hicieron el intento por marcarme dos veces porque la primera, para variar, no escuché el teléfono ("mala costumbre", diría mi mamá).

Fue un día más, pero bien vivido, con sus momentos especiales.

Le ofrecería pastel, pero no hubo. En 365 días tal vez.

Este post se suponía que me iba a reanimar y terminé llorando. Abuelito, seis años después, me siguen haciendo falta las rosas, las tarjetas y Las Mañanitas. Tía, su llamada y su abrazo apretadote. Me da miedo que el tiempo me esté haciendo olvidar las palabras exactas.

Demasiado personal

Argentina, Alemania y yo

miércoles, junio 30, 2010

Algo así como "Narrando la nación", versión disparate

Generalmente las noches del 29 de junio, mi mamá se viene a acostar a mi cama y empieza su relato. "Hace XX años me estaban preparando en la sala de operaciones para rajarme." "Así era el bodoquito rosado". Tendría que ver los gestos para hallarle la gracia a la palabra "bodoquito". A veces lo cambia por "pedacito", pero se entiende la idea, ¿verdad?

La historia de mi nacimiento no es fantástica. Pongámoslo en otras palabras: no da material ni para una película de Hallmark. Sin embargo, mi subconsciente se ha encargado de ponerle más narrativa para tener algo que contarle a mis nietos. Supongo que también lo hago para ponerle algo de emoción al día, para que no sea tan común y tan corriente.

Era un domingo 29 de junio de 1986 y una madre primeriza preparaba el almuerzo con el que la familia celebraría la final del Mundial. Argentina y Alemania se enfrentaban por la Copa en el Azteca. Ella había pasado incapacitada en las últimas semanas, por lo que había visto todos los partidos del Mundial y el bebé se movía en su vientre con cada gol. Esa tarde no era la excepción.

En medio de los preparativos y el almuerzo, un pequeño dolor de estómago sorprendió a la mujer. Haciendo caso omiso del título de Médico colgado en la pared, lo tomó por un malestar digno de Alka Seltzer y se dedicó a ver como la Argentina de Diego Armando Maradona se coronaba campeona 3 goles por 2 sobre la República Federal de Alemania.

Entregada la Copa los invitados se fueron, y entrada la noche arreció una tormenta. Ante la persistencia de los dolores -que ya eran obvias contracciones-, la pareja agarró sus maletas y partieron hacia un hospital capitalino. Era la hora (aunque con 10 días de adelanto) y la mujer se dirigió al quirófano para someterse a una cesárea.

A los 5 minutos del 30 de junio nací yo. Un bodoque rosado. La madrugada después del día que Argentina fue campeón.

Aunque usted no me lo crea, desde hace 24 años cada vez que hay Mundial (o incluso Eurocopa) Argentina o Alemania juegan alrededor de la fecha de mi cumpleaños. Es como una celebración tácita.

El 30 de junio, Argentina despachó a Inglaterra en los octavos de final de Francia '98. El 30 de junio, Alemania perdió la final del Mundial Corea-Japón 2002 ante Brasil. El 30 de junio, Alemania eliminó a Argentina en tanda de penaltis para los cuartos de final de Alemania 2006. El 29 de junio del 2008, Alemania perdió la Euro ante España.

Mañana (¿o es que ya es hoy?) no hay partidos, pero adivine quiénes juegan el próximo sábado a las 8:00 a.m. hora local: Argentina contra Alemania, por los cuartos de final de Sudáfrica 2010.

Argentina, Alemania y yo. Feliz cumpleaños (adelantado por 3 minutos) a mí.

PD. Por si se lo pregunta, no le voy ni a Argentina ni a Alemania en el Mundial.

Cosas que pasan

Perros y gatos

lunes, junio 28, 2010

Disputa familiar

Siempre he sostenido que algo en mis procesos de socialización no funcionó del todo bien cuando era niña. En kinder de 5 años descubrieron que no hablaba con niños de mi edad, así que casi tuve que repetir grado pero logré colarme a prepa gracias a que me aceptaron condicionada en uno de esos kinders más pedagógicos. Esa es solo una de las muchas muestras de que algo no anduvo bien desde los primeros años.

¿Otra cosa que no tuve de niña (aparte de amigos)? Mascotas. Mi mamá es anti mascotas y cada vez que mi hermana proponía tener un animalito siempre salía con lo mismo: "Si ustedes van a limpiar todo lo que haga y darle de comer y bañarlo y cuidarlo y...". Y la lista se hacía más larga y las posibilidades de tener un inquilino perruno o gatuno como cualquier niño normal se desvanecían.

Aún así, por aquello de las casualidades, alguien nos regaló un gato cuando teníamos 10 y 5 años respectivamente. Se llamaba Foncho. Ya venía con el nombre incluido. Mi mamá lo detestaba tanto que al pobre le tocaba dormir en el patio y nos tememos que una noche fue violado. El rechazo maternal lo hizo arisco así que era imposible jugar con él o hacer el tipo de cosas amo-mascota que salen en los anuncios de Whiskas. Cuando menos sentimos, lo regaló. Ni siquiera nos dimos cuenta de que se había ido. Duró un año a lo sumo.

A los 13, compramos un perico. Venía sin plumas y le teníamos que dar de comer masa con una cuchara. La llamamos Paquita (aunque mucho tiempo después supimos que era Paquito, ¡vaya usted a saber que mi perico era trans!). En mi afán por cuidar a la dichosa Paquita cuando era bebé, un día le di tanta pero tanta comida que se le hizo un bulto extraño en el buche. Estaba empachada la pobre y le tuvimos que deshacer Peptobismol para que se curara. No me pregunte cómo, pero funcionó.

Sin embargo, la mala fortuna de la Paquita en sus primeros días no terminó ahí. Eso de tener un animalito de un tamaño controlable y que aprende rápidamente a seguir indicaciones como "Eche la patita" lo emociona a una y, en una de esas, la que no echo el dedo bien fui yo y la perica se cayó y se golpeó la cabeza. La patita le temblaba después de eso, tenía como un tic nervioso post traumático y todos en mi casa se preguntaban qué le pasaba. La gran sospecha era que la había picado un animal. Claro, nadie vio que la animala fui yo que la boté.

Después de mucho rogarle al santo protector de los pericos, la Paquita se compuso a los días. Desde ahí convivió en esta casa como una inquilina más. Admiro que haya captado la dinámica familiar tan rápido. Era tan autosuficiente que en la mañana solo esperaba que le abrieran la puerta para irse ella solita caminando hasta su estaquita en el patio. Ya cuando eran las 5 agarraba su camino y se metía de regreso a la casa y buscaba su jaula. También se hizo gustosa la Paquita, solo le gustaba la masa con semillas de colores (de esa comida para aves) y muy de vez en cuando, fruta de estación.

Lo curioso de la Paquita es que tenía complejo de chucho guardián. Cada vez que sentía pasos o que alguien abría la puerta se ponía a piar. No le gustaba quedarse sola, así que cuando salíamos teníamos que dejarle puesta la radio para que no fuera detrás de nosotros. Ah, ¡aquellos años! La pasábamos muy bien, hasta que a medida que fui creciendo tenía menos tiempo para dedicárselo y darle un poco de cariñito.

Fueron 4 buenos años hasta que un día la Paquita hizo algo por sí misma que nosotras no habríamos querido que hiciera. Voló y se fue. Mi mamá había olvidado cortarle las alas y, en lo que aún sospecho que fue un ataque de parte de mi abuela que la quería bajar a la fuerza de un palo, las abrió y ni adiós nos dijo. Mi mamá fue a preguntarle a todos los vecinos si se había ido a sus patios o que tan siquiera le dijeran que habían hallado las plumas después de que la devorara su gato o perro, pero fue en vano.

A los días nos regalaron un perico de repuesto pero no era lo mismo. Ese perico sustituto, que no me acuerdo si le pusimos nombre, era enojado y no tenía el encanto de la Paquita. Cuando se murió, mi abuela lo metió en una bolsa de plástico y lo enterró en el patio. No le guardamos ni un minuto de silencio.

Entonces, se preguntará usted, ¿qué diablos tiene que ver el título de este post con la historia interminable de mi perica Paquita? Pues con ella, nada. Pero con el nuevo inquilino de mi casa, mucho. Verá usted, mi hermana tiene el mal hábito de andar adoptando gatos que los demás no quieren. Hace un par de años tuvimos una gata negra, muy malcriada que no dejaba que nadie más se sentara en el sofá, solo por una semana. La condenada huyó una mañana y no regresó nunca. Era lo que más le convenia, igual mi mamá la iba a echar.

Esta vez, agarró un gatito de más o menos 2 meses que estaban regalando en una tienda en Metrocentro. De nuevo, no le consultó a nadie si lo podía traer a la casa entonces hay una disputa sobre el paradero del gato, porque mi mamá y mi abuela lo quieren afuera, mi hermana lo quiere adentro y yo... yo soy el voto decisivo. Es como Big Brother esto, y el pobre gato luchando por quedarse una semana más en la casa, mientras los demás integrantes pelean como perros y gatos (en el sentido figurativo).

La realidad es que, por muy lindo que sea el gatito, nuestro estilo de vida no se presta para tener mascotas. Aquí cada quien vive en su mundo y pasa más tiempo en la calle que en la casa. Dudo que el gato sin nombre* pueda ser autosuficiente como la Paquita, porque hay que entrenarlo y ni tiempo para eso hay. Además necesita una casa más grande, donde no le reclamen por subirse al sofá y no lo tengan encerrado en el baño todo el día.

Así que, si usted estimado lector es un alma caritativa amante de los gatos y necesita uno que le haga compañía, ¿qué tal este guapetón?

Es tranquilo, aunque a veces se pone a llorar cuando se siente solo. Le gusta acostarse con uno para sentir calorcito en las tardes de lluvia. Come poquito y está aprendiendo a ir al baño sobre papel periódico -para mientras le conseguimos una cajita de arena-. Y sobre todo, necesita que lo adopten en una casa donde sí lo quieran.

Si está interesado en darle un hogar, mande su mensaje al 6420 o deje su comentario en este blog, preferiblemente antes de que yo me encariñe con él y quiera recuperar mi infancia perdida. O antes de que mi mamá lo vote de la isla al estilo Survivor.

* Mi hermana lo llama Fabio. Yo propuse varios nombres que no fueron aprobados por la dueña. Parece que Ermenegildo no está en boga en los libros de nombres para gato. Sin embargo, aún le decimos "gatito", por lo que no me doy por vencida en prevalecer con mi selección de nombre. Es esa o Pancrasio o Pánfilo.

Adultez

No más tareas

domingo, junio 27, 2010

Prueba de resistencia fallada

Cuando faltan apenas dos semanas para que se acabe el primer ciclo de la U ya estoy harta de hacer tareas. Ya he dicho que, al inscribirme en la segunda ronda de mi vida universitaria, ingenuamente no consideré cómo sería la carga académica. Oh, ilusa yo, pensé que a nivel de maestría solo ibas a escuchar las clases magistrales, tomabas apuntes y, qué sé yo, eventualmente hacías algún examen o trabajo.

Entusiasmada y optimista, a principios de febrero yo no contaba con que mi organismo ya se había habituado a no estudiar. Tampoco se imagine que pasaba todos los días estudiando antes, pero eso de estar yendo a la U, prestar atención por más de dos horas ininterrumpidas, tomar apuntes, leer folletos y más, es una verdadera prueba de resistencia que solo se supera con el hábito y la costumbre.

Y yo ya no resisto, lo que honestamente me aflige porque en teoría no tengo de qué quejarme. Trabajo en mi casa; no tengo jefes encima -solo vivo esclava de la computadora y el teléfono-; tengo una mini oficina solo para mí (si bien la cama está ahí nomás llamándome con voz seductora para que me vaya a acostar con ella); hago mi propia agenda todos los días (últimamente muy flexible a la hora de los partidos)... Tengo todas las condiciones propicias para estudiar.

Lo que no tengo son ganas (o una no-ganitis crónica). A esta hora ya tendría que tener lista una guía de control de lectura que es para mañana. No, no la tengo lista. Una vez más el tiempo se me fue, llegó la noche del domingo y no avancé en nada. No llevo ni una pregunta contestada porque no he leído ni una palabrita... otra vez. Se supone que estoy haciendo la tarea, pero al mismo tiempo escribo este post y mi mente está con alguien más.

A veces hago sondeos secretos entre mis otros compañeros, para ver si yo soy la peso pluma en esto de la resistencia universitaria, pero siempre termino escuchando los mismos comentarios. Que la carga es exagerada y no sé cuánto más. Algunos terminan su respuesta con la frase "Esta maestría es para alguien que no trabaja". Es entonces cuando me da aún más vergüenza. Ya se lo dije: tengo todas las condiciones propicias para estudiar, pero lo que no tengo son ganas.

Irónico, en marzo tenía las ganas pero no tenía las condiciones, y hoy la historia es al revés. Me avergüenza no ser disciplinada, porque antes lo era. Antes hacía todo lo posible por tener las cosas hechas antes de tiempo y hoy de milagro las termino a tiempo. Es como si en el fondo me gustara enfermizamente trabajar bajo presión.

Me gustaría ser un robot o tener un clon y salir adelante con todo sin poner tantas excusas, ni escribir posts quejumbrosos y cuasi llorones como este.

No hay tarea que no haya hecho una noche antes y que la terminara a altas horas de la madrugada, o justo antes de ir a entregarla. El viernes pasado toqué fondo y subí un ensayo casi 12 horas después de la deadline. Estoy cruzando los dedos para que eso de las 5 p.m. fuera una hora tentativa, pero a la vez estoy bien consciente de que la del problema fui yo, ¡otra vez!

Y ahora estoy otra vez en las mismas. Y tengo trabajo del trabajo acumulado. Y tengo esto y lo otro. Empiezo otra vez la semana a cuestas. Es el cuento de no acabar.

De momento, solo quiero que pasen estas dos semanas y sobrevivir. Y vacaciones. Quiero vacaciones.


PD. A todo esto no sé por qué le estoy contando esto a usted. Supongo que con alguien me tenía que quejar. Discúlpeme por atarantarlo.

Fútbol

De la gloria al infierno

sábado, junio 26, 2010

O el tan alegre que venía y tan triste que me voy

A menos que usted haya construido una muralla alrededor suyo o se haya recluido en la montaña más alta o una isla desierta, seguramente tiene idea de que hoy empezaron los octavos de final de Sudáfrica 2010.

Si usted vio los partidos de Uruguay-Corea del Sur y Estados Unidos-Ghana, sus ojos se habrán enfocado en el equipo victorioso en pasar a los cuartos, como la gran mayoría. Celebró los goles, empezó a repasar mentalmente las llaves para de pronosticar quién jugaría contra quién en la final y trató de envisionar a Messi anotando mañana, por aquello de atraer las cosas con el pensamiento.

Yo no. Mientras los uruguayos se abrazaban eufóricos al escuchar el silbato final, no pude evitar fijarme en como a los coreanos se les doblaban las rodillas y caían en el césped, derrotados, más que por el marcador, emocionalmente.

Fue entonces en que me puse a pensar en que en el fútbol se pasa de la gloria al infierno en cuestión de segundos. En un minuto anotas un gol y estás virtualmente clasificado; al siguiente, el contrario te empata y tu permanencia en el Mundial (tu sueño de infancia, de seguro) depende de que la pelota entre a la red y que el palo o el travesaño no se le atraviesen en el camino. Y en eso, el otro anota y no hay más que hacer.
Claro, los aficionados y espectadores sufrimos durante 90 minutos pero cuando el equipo favorito es derrotado, pasamos la página rápidamente y pronto lo superamos. Pero, ¿y los jugadores?

Son más que 11 pares de piernas, ¿se había puesto a pensar? Son humanos, con inseguridades, defectos, preocupaciones y problemas. A los sentimientos personales hay que sumarle las emociones colectivas en el vestuario y la presión nacionalista-patriótica-cultural (o como le quiera llamar). De repente ser futbolista no parece tan atractivo.

Espero que los 8 equipos que se van a casa en estos días tengan buenos psicólogos en el plantel. Francia e Italia seguro que necesitarán de horas de terapia.

Online

El vicio

jueves, junio 24, 2010

Le puede pasar a cualquiera

Nunca he fumado un cigarro porque me parece un pésimo hábito. No probé un trago hasta los casi 21 años y creo no haber bebido en más de una decena de ocasiones y solo una en demasía. No uso drogas y no abuso de pastillas porque seguramente se me olvidaría tomármelas. No apuesto porque cuando lo he hecho he perdido.

Siempre me había considerado una persona sin vicios. O al menos eso creía hasta que hace 4 meses, por razones laborales, me enteré del mundo de los juegos en redes sociales, y literalmente caí en la red. Ahora entro a jugar todos los días, en ocasiones por horas; el vicio es parte de mi rutina.

Para alguien que antes se reía de la gente que vivía pendiente de "su granjita", creo que he tocado fondo. Mi hermana dice que lo mío es obsesión, que no lo hago por "amor al juego", sino por los puntos, por subir de nivel, por ganar. Yo le respondí que para qué más sino eso. Quizá todos los viciosos hablamos así.

Mi nombre es *****, tengo nivel 62 y soy adicta al Café World en Facebook.  Necesito ayuda.

Online

Un blog sobre nada

miércoles, junio 23, 2010

La versión blogger de Seinfeld

A veces escribo pero no escribo. Ya escribo por escribir, solo porque quiero. Cada vez pienso menos en quién va o no a leer lo que escriba. Estar escribiendo para que no te lean es frustrante, así que decidí que, si en todo caso solo yo me leía, pues solo en mí pensaría y solo para mí escribiría. Suena egoísta, pero ha resultado muy efectivo para superar el writer's block. No pienso en qué voy a escribir y solo lo hago.

Escribo pero no sé sobre qué escribo, no sé ni siquiera si a esto se le puede llamar escribir. He llegado a la conclusión de que escribo sobre nada. Si veía la serie Seinfeld se acordará de que lo llamaban the show about nothing. Pues bien, creo que este es el blog sobre nada. Lo mucho que se me ocurre acerca de nada. O un poco de lo que se me ocurre acerca de todo.

Nada más.

Solo en El Salvador

Paranoia

lunes, junio 21, 2010

Salir o no salir de su casa, esa es la cuestión

Cuando todas las noticias son malas y el paso de los días solo las hacen peores, es inevitable empezar a sentir paranoia a la hora de salir de tu casa y no saber si vas a regresar.

Vas manejando y piensas en cuántos pueden ser conductores temerarios frente al volante o que van hablando por teléfono mientras conducen, y cómo uno de ellos podría pasarse el rojo y con él pasarse llevando tu vida.

Si llegas al semáforo, vuelves a ver a todos lados en señal de alerta por si alguien se te acerca y decide que el tuyo será el carro que se robarán para seguir cometiendo atracos; o si la moneda que te rehúses a dar será el precio de tu vida.

Si tienes que ir al banco o a hacer pagos, evitas a toda costa que alguien te vea frente al cajero o al ATM. Caminas hacia el parqueo viendo de reojo por si alguien te sigue, ves sospechosos en todos y al llegar al carro revisas 10 metros a la redonda temiendo por tu vida.

Y aún cuando llegas a tu casa, respiras hondo y esperas que nadie interrumpa tu sueño a medianoche por un pequeño botín insignificante a cambio de tu vida, o peor, la de tu familia.

Todo el delirio paranoide se debe a que imaginas que lo que lees, escuchas y ves en las noticias te puede pasar a ti... porque, en efecto, te puede pasar a ti. Cualquier día. A cualquier hora. En cualquier lugar.

¿Qué hacer entonces? ¿Encerrarse bajo llave, poner pasador y encima un candado? NO. Porque aunque vivir inseguro no es vida, hacer que nuestra vida gire entorno al miedo tampoco.

No estoy sugiriendo que vivas en estado de negación, pero cuando tengas que salir a la calle, hazlo en modo Vida ON y modo Miedo OFF.

Bienvenido a El Salvador.

Así soy yo

Si se le sale el Dr. Merengue

domingo, junio 20, 2010

Cuando el filtro social falla

Si lee los "muñequitos" del periódico sabe de quién estoy hablando. Y, si tiene sus días en que es demasiado salida (o salido) como yo, ya se le habrá salido su otro yo al estilo del Doctor Merengue.



A veces me sorprende el tipo de cosas que se me salen, pero para cuando se me han salido ya es muy tarde y mi exceso de sinceridad ha incomodado al objeto del comentario impertinente. Creo que, en su mayoría, son cosas que ya se me han cruzado por la mente pero no he encontrado la manera políticamente correcta de ponerlas en palabras.

Mi hermana dice que lo peor es que tengo la mala costumbre que después de que metí las patas digo "Pero si te estoy fregando", que es como un "Fue sin querer queriendo" mal logrado. No es excusa, pero de verdad no lo hago intencionalmente. Simplemente pasa.

Y como estos días ha estado pasando seguido, mejor aléjese un poquito, no vaya a ser que cuando se me salga mi otro yo se lo pase llevando. O mejor hágame un favor y deténgame antes de que diga algo de lo que después me arrepienta.

Foodie

No lo intente en casa

sábado, junio 19, 2010

Solo para profesionales

Algunos programas de televisión incluyen un anuncio de "Do not try this at home" ("No intente hacer esto en casa"). Jackass, de MTV, lo traía. Sin embargo, hay otros que deberían considerar poner uno de esos anuncios en letras grandes y rojas.

Programas como, por ejemplo, Inspiración Dulce, transmitido por Casa Club TV (porno para mujeres, ¿se acuerda?):



Verá usted, el anterior mencionado programa le mete a uno en la cabeza la idea de que cualquiera puede ser the Ace of Cakes o la nueva Martha Stewart, y cuando uno pasa demasiado tiempo viéndolo se acuerda de todos los Food Network Challenges que solía ver y de lo fácil que parece hacer pasteles esculturales.

Así, cuando su hermana que recién está estudiando gastronomía, le pide ayuda a una para hacer los pasteles de cumpleaños de una de sus primas, brinca del asiento de la emoción y ya se imagina haciendo su propia versión de Inspiración Dulce desde la cocina de su casa. Ella Nancy y yo Melanie, estirando pasta australiana y haciendo figuras de pastillaje.

Ajá. Sí, cómo no. Después de dos laboriosas noches -que incluyeron manos amigas para hacer las tortas y cernir un volcán monumental de azúcar glass- y una alocada tarde en la que fui atacada por una batidora que me cayó en los pies y terminé aborreciendo momentáneamente el chocolate.

No puedo mentir. Sabían rico; sobre todo el del Kung Fu Panda chulón (la piñata era de oso panda y la cumpleañera de 21 años), por las tortas de sabor a fresa, remojadas en vino de fresa, pasta australiana sabor a extracto de fresa y la libra de azúcar glass transformada en estrellas de colores.

El de chocolate -aunque no lo probé, era el menos agraciado y terminó medio destartalado después de un gran frenazo-, fue el que más le gustó a los invitados... porque no estaba tan dulce, según dijeron (las tortas eran de chocolate, el sirope de caramelo, llevaba trocitos de chocolate y toffee arriba... vaya a usted a saber cómo es el paladar de mi parentela).

La experiencia fue matadora e incluso emocionante, pero insisto, ¡no lo intente en casa! Ahórrese la desilusión de que usted no es -ni será- como los chefs de la tele y mejor compre el pastel.

O, en mi caso, déjeselo a la futura profesional y no se ofrezca de voluntaria.

Fútbol

Impredecibilidad

viernes, junio 18, 2010

Según la RAE (o yo)

f. Dícese de la cualidad de impredecible de todo tipo de quiniela correspondiente a los partidos del Mundial Sudáfrica 2010.

Que España pierde contra Suiza en su debut por un error garrafal de Iker Casillas, que Serbia le gana a Alemania después de que ellos golearon 4 a 0 a los socceroos y que Inglaterra no pasa del empate a cero con Argelia... se verán señales.

Analícelo de todos los lados que quiera: si fue la Jabulani, si fue el frío, si fue el arquero, si fue el árbitro, si fue el entrenador que no hizo los cambios a tiempo... una larga lista de etcétera y todo lo que se le ocurra.

Al final solo recuerde que ambos equipos entran con las mismas oportunidades al terreno de juego y con el marcador a cero. La suerte, como el balón, está echada a lo que pase en esos 90 minutos.

A veces se pierde. A veces se gana. Cuándo... es impredecible.

El pronóstico me lo reservo.

Divagando ando

No-ganitis

jueves, junio 17, 2010

A quien interese:

Después de un concienzudo autodiagnóstico médico clínico, la infrascrita bloguera ha determinado que padece de no-ganitis chronicus agudis. Esta enfermedad presenta síntomas de abundante sueño, letargo, déficit de atención en lo que se está haciendo, cambios de humor tendientes a la tristeza, postergación de las tareas asignadas, disminución del apetito de hacer algo por la vida, entre otros.

Para ello, contrario a lo que se pueda creer, no se extenderá más tiempo de incapacidad, sino que se le receta una terapia ocupacional intensiva que incluye todos los trabajos que tiene que presentar mañana, además de los avances de sus proyectos laborales que ya se le van acumulando. Se prescribe además no pasar tan pendiente de los partidos del Mundial y más pendiente de su larga lista de pendientes.

Para los usos que la estimada considere convenientes, se extiende esta constancia pseudomédica a los diecisiete días del mes de junio del presente año.

PD. A pesar del gran autoregaño de allá arriba, me debo autocongratular por haber ido a renovar el DUI y refrendado la tarjeta de circulación aún faltando 2 semanas para mi cumpleaños. Todo un récord. Ahora, si me disculpa, mi no-ganitis y yo tenemos que ir a clases.

Cosas que pasan

Nota aparte

miércoles, junio 16, 2010

La primera vez duele

Pues sí, me dolió poner las últimas notas a mis alumnos a sabiendas de que más de alguno dejaría la materia. Ser objetiva y no "ablandarme" por mucho que pensara que habían hecho un esfuerzo me costó porque no dejaba de pensar en sus caras cuando vieran sus promedios. Pero ni modo, la ética profesional primero.

Si algo he aprendido de enseñar este ciclo es que ser catedrático, cuando se quieren hacer bien las cosas, es díficil. De principio a fin ha sido absorbente y más trabajoso de lo que yo percibí en su momento de algunos de mis propios catedráticos: no es solo pararse a hablar carburo.

Es una inversión de tiempo enorme que al final del semestre, de 45 alumnos a lo sumo el 10% aprendió algo y solo uno te da las gracias. En cierta medida desmotiva no ver un cambio en ellos... es como si hubieran llegado a calentar el pupitre y todo lo que te desgalillaste y la energía gastada en apenas callarlos fue por gusto.

Alguien me dijo que me tenía que mentalizar a no esperar que en mi clase hubieran lumbreras, pero yo insisto en que no hay que conformarse y hacer hasta el último esfuerzo por motivar a la mayoría porque algo tiene que funcionar.

Creo que ver demasiadas veces "The Dead Poets Society", "Sister Act 2" y aquella película de Matthew Perry me traumó y por eso me frustra ver tanto conformismo con la mediocridad y aún más, no lograr que reaccionen.

Auguro que este será mi primer y único Día del Maestro.

PD. Sospecho que a la segunda, tercera, cuarta, quinta o milésima vez ya hasta te vale a la hora de poner notas y no te andas tocando el corazón con nadie.

Fútbol

Símbolos patrios

martes, junio 15, 2010

Sin ser 15 de septiembre

No sé si lloraría porque algo le dolía, le acababan de dar una mala noticia, le hicieron algún comentario hiriente, si se enchiló o si se le metió una basurilla en el ojo, pero este hombre me ha vuelto a hacer creer que los jugadores que están en el Mundial de verdad están ahí por su país y por su orgullo e identidad nacional.

Brasil habrá ganado 2 a 1 ante Corea del Norte, pero para mí, él fue el ganador de la jornada:




Probablemente mi fascinación deriva de que he estado prestando atención de cerca a los arranques de los partidos por la pura curiosidad de ver cuántos jugadores sí cantan el himno nacional de sus respectivos países.

No es que yo sea muy patriótica y nacionalista -no, nada que ver-, pero supongo que uno espera que, ya que esos hombres están ahí para representar a todos sus compatriotas, lo hagan con algo más que las piernas y tengan la cortesía de tararear el himno.

He visto a muy pocos emocionarse como el chinito, pero hay que destacar, por ejemplo, a la selección de Estados Unidos que, en un buen gesto, se ponen una mano en el hombro a la hora de cantar. Esa fraternidad (aparente claro, porque nadie me puede asegurar cómo son en el vestuario), le recuerdan a uno qué se está celebrando con la Copa del Mundo.

Otro gesto que sacó una sonrisa fue ver a un jugador de Ghana corriendo por el campo mientras ondeaba la bandera de su país... y eso que apenas le ganaron 1 a 0 a la selección de Serbia. No hay duda que los africanos, con o sin vuvuzuelas, están disfrutando al máximo de su momento para dar otra de sus caras al mundo: una alegre.

Por si se preguntan quiénes no se aprendieron el himno ni los símbolos patrios en sus respectivas clases de moral y cívica, les menciono un par: Rooney y Cristiano Ronaldo (el único de su selección que no cantó hoy). Quizá estaban en la luna... al igual que en el resto de los 90 minutos del partido.
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PD. ¿Sabe qué haría yo si no me pudiera el himno y las cámaras me enfocaran para que me vieran en mi ignorancia millones de personas? Haría lip synch: solo movería los labios y esperaría que ningún televidente sea experto en leerlos.

Cosas que pasan

Publicidad engañosa

lunes, junio 14, 2010

Y se me hacía agua la boca

Si usted ha pasado por la carretera Panamericana estos últimos días, tal vez se ha visto asaltado por la tentación de un pastel de chocolate que aparece en una valla, a la altura de uno de los tantos centros comerciales que están en lo que quedó de El Espino.

Bien, si usted ha visto la fotografía y es como yo, probablemente se le hacía agua la boca y sus papilas gustativas en claro estado de excitación le pedían a su cerebro que comandara a todo su cuerpo para que, tarde o temprano cuando pasara por Santa Elena, se detuviera a conocer otra de las tantas plazas que se han inaugurado por la zona.

Mi cerebro sucumbió ante mis instintos primitivos de chocolate y terminé ahí esta tarde con mi alero favorito, donde después de que se tardaron un mundo en atendernos, desistí de probar el tal Chocolate Fondue no sé qué (que no es sino un molten cake o lava cake, como me enseñó el Food Network), ya que el bocado me pareció demasiado minúsculo para su precio -aparte de no tan suculento "en vivo y a todo color" a como se veía en la foto publicitaria-.

En su lugar, probé los otros pastelillos que, aunque saben bien, no me parecen algo que me muera por probar de nuevo... al menos no en un futuro muy cercano.

Con esto de la publicidad engañosa, y de que en las fotos los productos se ven más grandes que en la vida real, me pregunto si también Cristiano Ronaldo en ropa interior de Armani defraudará a las consumidoras una vez se acaba la sesión de fotos.

Demasiado personal

Aislados

domingo, junio 13, 2010

No man is an island, entire of itself... (John Donne)

Admito que en los últimos meses me he cerrado considerablemente. En esta especie de regresión en tantos sentidos, me he vuelto más introvertida que de costumbre.

Hablo menos, comparto menos, me río menos, disfruto menos. Y en cambio, me preocupo más, me frustro más, me amargo más, me deprimo más, me indispongo más, me paralizo más... y la lista de los "más" sigue.

Quisiera decir que mi aislamiento responde a algún tipo de estratagema o un mecanismo de defensa propia que responde a algún tipo de amenaza real, pero la verdad es que es involuntario, subconsciente quizá. Y empiezo a percibir que pierdo más de lo que gano actuando como isla.

Ayer en la bahía yo era un islote más.

En el cine

Consuma, compre y agrande

sábado, junio 12, 2010

... en combo

La siguiente es una adaptación más literaria de un extracto de otro ensayo de ensayo (o de un "Buen intento", como me pusieron a la par de la nota). No es nada nuevo, porque ya en más de una ocasión he hablado sobre la filmografía de Pixar, pero sí es una reflexión más estudiada acerca del discurso de la película "Wall-e", específicamente en el tema del consumismo.

Wall-e: Entre lo que ya es, y lo que podría llegar a ser
En "Wall-e" el tema del consumismo es donde vemos una mayor riqueza de mensajes para el análisis de la sintaxis. La contaminación visual a causa de la publicidad se hace notoria tanto en el “antes”, como en el “después” de la historia, con las vallas y pantallas saturando cada metro cuadrado del espacio.

Detrás de la publicidad, la figura de la gran corporación. Solo el nombre nos da suficiente en qué pensar: Buy ‘N Large (Compre y Agrande), que hace referencia explícitamente a un consumo desmedido. El mensaje se refuerza en un par de eslóganes de la marca que se leen en diferentes pasajes de la película.

El primero, “Buy ‘N Large Super Store: We got all you need and so much more” (Súper Tienda Compre y Agrande: Tenemos todo lo que necesita y mucho más). Esta frase reduce el consumismo a su más simple expresión: más que para satisfacer las necesidades básicas, consumimos para satisfacer deseos que, en gran medida, son incentivados por las mismas industria.

En Economía 1, ponían un ejemplo perfecto para entender la diferencia entre necesidades y deseos: si tiene sed, necesita agua, pero los anuncios hacen que quiera Coca-Cola (y bien fría).

En el segundo eslogan se va a ampliar esta idea: “Buy ‘N Large: Everything you need to be happy” (Súper Tienda Compre y Agrande: Todo lo que necesita para ser feliz). Se añade a la ecuación la idea de que el consumo no es netamente de bienes y servicios, sino que además conlleva una especie de gratificación a nivel personal.

Si cree que BNL es descarada solo porque está en una película para niños, acuérdese de los que le dicen que celebre la vida, porque la vida es ahora y aunque hay cosas que el dinero no puede comprar, para todo lo demás existe... una marca.

El factor consumo se va a ver reflejado especialmente en el despliegue publicitario a bordo del crucero. Tres palabras sobresalen de entre el resto: “Eat” (coma), “Buy” (compre) y “Large” (agrande), como en la idea muy propia de las franquicias estadounidenses de agrandar los combos de la comida rápida. ¿La pregunta "¿Lo quiere con papas y bebida grande?" le suena?

En la película se cuestiona además cómo desde pequeños somos adoctrinados para consumir. En una escena que casi pasa desapercibida, se ve una maestra enseñándole el alfabeto a un grupo de niños y la lección consiste en el mensaje:

“A is for Axiom, your home sweet home. B is for Buy ‘N Large, your very best friend” (A es por Axioma, tu hogar, dulce hogar. B es de Buy ‘N Large, tu mejor amigo).

El mensaje de las compañías es, aparte de “Consuma, consuma y consuma”, que las marcas son sus amigas. Claro que, cuando tope las tarjetas después de comprar, comprar y comprar, tenga por seguro que las compañías de tarjetas de crédito serán sus peores enemigas.

Hay elementos de análisis que se quedaron en el aire, pero de esto poco, tenga por seguro que el consumismo no es cosa de niños. "Wall-e" tampoco es cosa de niños. A veces de verdad es necesario hacer un análisis de cada discurso, hasta los más kid friendly.

Música

Pasado de copas

jueves, junio 10, 2010

* Si no le gusta Ricky Martin, mejor no siga leyendo

♪ Hace doce años, te deseo ♫

Antes del Waka Waka y de un Mundial con al menos 3 canciones diferentes, un solo hombre puso a bailar a millones de espectadores al son de una canción sencilla, pero pegajosa. "La Copa de la vida" no es la Novena Sinfonía de Beethoven, pero automáticamente te pone alegre.

Allá por 1998, yo era una niña de 12 años que sabía aún menos de la vida que hoy que sigo sin saber nada, y por cuestiones del destino, desarrollé un enamoramiento relativamente serio con Ricky Martin, en parte porque en mi preadolescencia, ese movimiento de caderas al compás del "Alé, alé, alé!" tuvo que haber sido un gran shock para mis hormonas.

Aunque las canciones bailables de Ricky no son precisamente mis favoritas de su repertorio (soy más de las baladas de poca autoestima, como Vuelve y Perdido sin ti, y tipo unplugged), debo admitir que cuando he necesitado reírme de la vida y sacudirme mis penas, han cumplido su cometido... y no solo conmigo.

Recuerdo a una profesora que tuve en la AF, una viejita francesa temática, que cuando le preguntabas quién era su cantante favorito, no contestaba ni Piaf ni Cabrel, sino Ricky Martin. ¿La razón? Decía que nunca antes en su vida había visto a tanto francés de pie bailando y cantando como en la final de Francia '98.

Esas canciones sencillas y pegajosas, esas han sido las canciones que le dieron una carrera a Ricky. No queda duda que sin "La Copa de la vida" no habría existido un "Livin' la vida loca", y sin la vida loca alguien más tendría que haber hecho posible el crossover latino. Es un pedacito de historia musical, insignificante tal vez, pero grande para mis memorias adolescentes.

Divagando ando

Concédeme un deseo

martes, junio 08, 2010

O dos o tres

Tal vez ha escuchado hablar sobre la fundación Make A Wish en alguna ocasión. Ellos se encargan de hacer realidad uno de los últimos deseos de niños que padecen de enfermedades terminales, que van desde ir a Disney World, conocer a su cantante favorito o que les construyan una casa de juegos en forma de barco pirata.

No me estoy muriendo, al menos que yo sepa. Claro que algún día me voy a morir, como todos, pero espero que no sea mañana. Sin embargo, en uno de los tantos semáforos que agarré en rojo en mi camino a clases esta tarde, me puse a pensar en qué deseo me gustaría que me concedieran si yo estuviera en la capacidad de pedir y alguien más, de cumplírmelo.

Cualquiera diría que la dificultad de dicho ejercicio mental radicaría en tener que elegir entre tantos deseos, pero a mí me costó más tan siquiera pensar en uno que de verdad quisiera con todas mis ganas y que, sin la intervención de alguien como la gente de Make a Wish, un hada madrina, el genio de la lámpara o los Padrinos Mágicos, la posibilidad de cumplirlo sea casi imposible.

Confieso que se me cruzó por la mente tener una aventura tipo Ligia de Qué Joder en el concierto de Aerosmith en Costa Rica (así, así y así), pero la verdad es que no hay nadie que me muera por ver en concierto. A lo sumo me encantaría conocer a Alejandro Sanz y hablar con él carburo acerca de sus letras. O a Ricky (aunque ya no sería lo mismo). Pero aún así, no lo haría mi último deseo.

Entonces, ¿qué pido? Si alguien pudiera concederme un tan solo deseo, pediría poder ver un partido del Manchester United en Old Trafford, con Sir Alex de técnico, Ryan Giggs jugando por la izquierda y Rooney en la delantera. No me importa si es un partido de la liga, de la copa o de la Champions. Solo quiero tener el placer de haber vivido esos 90 minutos. Puede sonar tonto, pero se vale soñar.

Y usted, ¿qué pediría?


PD. Se aceptan cumplimientos de deseo de parte de hadas madrinas, genios, Padrinos Mágicos, benefactores particulares, organizaciones de caridad, y hasta del Mago Fanci.

Fútbol

Tan cerca y tan lejos

lunes, junio 07, 2010

De algo grande

¿Se imagina estar a un paso de escribir su nombre en la historia? ¿A un peldaño de la cima? ¿A menos de un metro de la meta? ¿A un centímetro de acariciar la gloria con los dedos? ¿A un segundo de estallar en éxtasis?

¿Ya? ¿Se lo imaginó? Muy bien. Ahora imagínese que usted es un jugador de fútbol y que mete la pata adonde no era o alguien le mete zancadilla y su sueño de jugar en una Copa del Mundo para la selección de su país se va al traste.

¿Triste, cierto? Es de esas cosas que lo ponen a pensar a uno en lo hundido que puede estar en la depresión un prójimo al perder toda esperanza de cumplir un sueño. Reconforta saber que algunos tienen la oportunidad de volver a intentarlo en 4 años, pero ¿y los que no?

De entre Ballack, Drogba y Ferdinand, me quedo con Beckham y todos sus intentos por regresar a jugar en competiciones de primer nivel para que Capello lo tomara en cuenta en la convocatoria y pudiera convertirse en el primer jugador de la selección de la rosa en participar en cuatro mundiales. David dio un paso en falso y el sueño se acabó.


A cuatro días de que arranque el Mundial, no hay duda que ya empezó con el pie izquierdo... y con esguinces y fracturas, lo que le ha quitado un poco de vistosidad. Y sin embargo, la lógica me dice que este no será tanto un Mundial de consagración de estrellas, sino de ver nacer nuevas en el firmamento futbolístico.

Divagando ando

El evento social

domingo, junio 06, 2010

Según los años

Cuando estás pequeño -dependiendo de qué tan grande sea tu familia, de cuántos hijos tengan los amigos de tus papás, tu popularidad en el kínder o en la colonia-, te llueven las invitaciones a las fiestas. Aceptás la invitación en parte seducido por la piñata y sus dulces, los sándwiches de pollo, los suspiros, la horchata y, por supuesto, por el pastel. Y la pasás bien, ya sea porque el payaso tenía su gracia o por los mensajes subliminales de las canciones infantiles y porque Enrique y Ana te hipnotizaron con el disco chino y el hula hop.

Ya más grandecito, las piñatas escasean y, si te invitan, ya no es lo mismo. De consuelo, si vas a un colegio de curas o de monjas (como yo), recibís invitaciones a Primeras Comuniones, donde las niñas lucen sus vestidos blancos y, las que no tuvimos, nos reconfortamos con la moraleja del cuento de la la Menchedita Copalchines.

A los 15, no hay sábado en que no tengás alguna fiesta rosa a la que ir, sobre todo en estos dorados tiempos en que la gente te invita para que aparezcas con un sobre en la mano y les ayudés a financiarse el jolgorio. Pero de bicha quinceañera no te importa, porque vas a bailar con tus amigas y te la pasás de lo lindo toda la noche hasta que tus papás llegan a sacarte como si fueras Cenicienta.

Después de los 18, los eventos sociales ocupan menos espacio en tu agenda. Te invitan a algún cumpleaños en que la horchata se sustituye por otros brebajes; los payasos no están contemplados precisamente en el entretenimiento; y los pasteles, en lugar de llevar más velitas, llevan menos. Ocasionalmente aparecen graduaciones, vas más por compromiso que por diversión y regalás lapiceros tipo Parker y otra serie de regalos "de adulto".

Le siguen las despedidas de solteras, las bodas, los baby showers y los bautizos (con algo de suerte, en ese orden), y con cada invitación te vas sintiendo mayor y... aflige. Ya no es como ir a una piñata sin preocupaciones, porque tu mamá te compra el regalo y te elige la ropa, sino que te toca ir a ver mesas de regalos, comprar el vestido y hacer cita en el salón de belleza (sí, tanta preparación solo para un par de horas).

¿Pero qué pasa cuando llegás a cierta edad en que a lo único que te invitan es a funerales y entierros? A veces escapa mi comprensión ver que mi abuela regresa reanimada de los velorios, hablando de todas las personas con las que se reencontró después de no sé cuántos años y de los tamales, el pan dulce y el café.

Supongo que hasta la muerte es un evento social que celebra la vida.

O que a todos nos mueve la comida gratis.

Foodie

Mi nuevo amor

sábado, junio 05, 2010

A primera mordida

No tenemos mucho de conocernos, pero ya siento que lo amo. Desde que el Food Network desapareció de mi cable no había sentido algo así. Ni cuando descubrí Utilísima y Casa Club TV. Aunque tenía a mi Tony para consolarme, con la escasez de nuevos episodios, no me sentía lo suficientemente satisfecha en nuestra relación. Los de Top Chef me servían para pasar el rato de vez en cuando, pero simplemente no es lo mismo una hora a la semana, que una programación foodie 24/7.

Confieso que nos presentó Jaime Oliver, porque últimamente me ha agarrado por ver el programa que tiene en el Fox Life. Lo vi el jueves, así de reojo en uno de los comerciales y me dije "Tengo que ver a ese hombre mañana". Por eso ayer, encendí la tele y lo vi a él. Fue amor a primera vista. O más bien a primera mordida.

El programa se llama "Man vs. Food", la premisa es sencilla: al hombre (Adam no sé qué) le pagan por viajar a lo largo de Estados Unidos y hartarse hasta más no poder. Él busca lugares dónde pig out, en sus propias palabras (las más exactas, en verdad), y hace una pequeña competencia en cada episodio. Es el hombre versus la comida. Ayer estuvo en Chicago y se atipujó 12 libras de sándwiches que llevaban papas fritas y cole slaw en medio. En Atlanta intentó comerse con otro chero una pizza de 11 libras (5 eran solo de carne), pero falló.

Por un momento me sentí mal al pensar en todos los niños con desnutrición en el mundo, pero es bien difícil quitarle la vista de encima al tipo cuando le están pagando por comer cosas ricas, de esas que te dan antojo un sábado por la noche después de ver el reprisse y que cuando tu mamá te llama desde el supermercado le pedís que traiga carne molida y bollos porque querés probar cómo saben las hamburguesas con huevo estrellado.

Totalmente recomendado: "Man vs. Food", viernes a las 9 p.m. en Fox Life (canal 57, TIGO).


Este es otro post tipo TV Guide, como el de Glee (que insisto en que es lo mejor que he visto en la tele en la última temporada y no puedo esperar a que sea julio).

Demasiado personal

Casa llena

viernes, junio 04, 2010

De vacío

Hay días en que siento que regreso a una casa vacía. Es como vivir sola, con la diferencia de que hay otras tres personas más aquí. He llegado a pensar que las cuatro vivimos solas, aunque juntas.

Nos preguntamos "¿Cómo te fue?" y nos conformamos con la respuesta escueta de la otra. La mayoría de las veces lo hacemos por inercia, como la vez que ella me lo preguntó y no esperó a que yo pronunciara siquiera mi ambiguo Más o menos" y se adelantó a decir "Que me alegro".

Nos acostumbramos a comer solas. Tanto que últimamente les ha agarrado de dar por cerrada la cocina y guardar todos los tiliches antes de que una haya venido. No está de más decir que la cena es mi tiempo de comida menos favorito. Es más, no creo que me guste ningún tiempo de comida.

Nos habituamos a pensar solo en nuestra rutina. A tal grado que un día pasé toda la mañana aquí y ella se extrañó al hallarme porque creía que no estaba. Nunca antes se me había cruzado por la mente la posibilidad de ser invisible, aunque me vendría útil de vez en cuando.

Nos olvidamos de tener atenciones con las otras y hasta de qué se siente que tengan un detalle con una. Lo que te hace desear que te pregunten cómo te fue y te esperen con comida en la mesa. Sobre todo los viernes a las 9 de la noche, cuando estás cansada, con hambre y con sueño.

Es raro esto de vivir sola acompañada. Es raro, pero es común (quiero imaginar).

Hay días en que regreso a casa y me siento vacía. Es común, pero es raro que lo escriba.

Fútbol

Patria Fútbol

jueves, junio 03, 2010

¿Somos la azul y blanco?

El siguiente es un extracto de un ensayo (un ensayo de ensayo diría yo). Más de alguno me subió la ceja cuando compartía de qué se trataría y me dijeron diplomáticamente "Ah, qué bonito tema". Quizá por eso me sorprendió ver en el diario que en el Centro Cultural de España iban a tener conferencias precisamente sobre esto: fútbol y cultura. ¿Ah que no, verdad? Ya ven que no soy la única loca a la que se le ocurre estudiarlo.

El fútbol como elemento constructor de identidad nacional

“Patria es la selección nacional de fútbol”, dijo en una ocasión Albert Camus. El fútbol, uno de los productos culturales más consumidos a nivel mundial, es considerado elemento constructor de identidad. ¿Construimos “lo salvadoreño” a partir de la afición por “la Selecta”?

Sábado 6 de junio de 2009. Estadio Cuscatlán. La selección de El Salvador se enfrentaba a su homóloga mexicana en un encuentro de la hexagonal de la Confederación de Norteamérica, Centroamericana y el Caribe de Asociaciones de Fútbol (CONCACAF) para clasificar a la Copa del Mundo Sudáfrica 2010.

Empero, este no era un partido cualquiera. Aún en comparación con el revuelo generado tradicionalmente por los encuentros entre “la azul y blanco” y el conjunto tricolor, estos 90 minutos estaban marcados por el orgullo nacional de los aficionados salvadoreños.

Días antes, el comentarista deportivo mexicano David Faitelson había dicho durante el programa “Cronómetro” de la cadena ESPN que, si México no le ganaba a El Salvador –la selección número 100 según el Ranking de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), por debajo de Ruanda, cuyos jugadores no los conoce nadie-, era porque no merecía ir al Mundial, agregando que los jugadores aztecas “lamentablemente tenían que ir a uno de los peores niveles de todo el fútbol mundial” , lo que inmediatamente le ganó el título de persona non grata para el público y el repudio de la prensa local, que se apresuró a atizar la previa del partido.



Pronto, la afición cuscatleca reaccionó y aparecieron los grupos de Facebook bajo el nombre “Todos los salvadoreños que odiamos a David Faitelson de ESPN” y sus similares, junto a las entradas en los blogs y las cadenas de correos electrónicos que instaban a los asistentes al Coloso de Monserrat a utilizar mascarillas en alusión a la epidemia de gripe porcina (hoy Influenza H1N1) que atravesaba México, mientras los periódicos publicaban caricaturas de Faitelson semejando a un cerdo y portando su respectiva mascarilla.

Para muchos, Faitelson había atentado contra la Patria, concepto efímero que, según la opinión de algunos, el salvadoreño promedio solo recuerda durante las festividades del 15 de septiembre a la hora de entonar las notas del Himno Nacional –o en su defecto, “Patria Querida” de Álvaro Torres-, o bien, durante las eliminatorias mundialistas.

Sin embargo, la relación tirante entre salvadoreños y mexicanos cuando se trata de definir “quién es mejor”, tanto dentro como fuera de la cancha, no es nueva. El “Informe Sobre Desarrollo Humano El Salvador 2003” sostiene que en el siglo XXI, la identidad nacional salvadoreña se define de la interacción principalmente con tres grupos etnonacionales, incluidos los mexicanos, con quienes se establecen los contrastes culturales a partir de los cuales se construyen los símbolos de identificación. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD (2003) concluye:

En síntesis, los salvadoreños mantienen con México una relación conflictiva, donde se mezclan el resentimiento y la admiración. Buena parte de la cultura popular salvadoreña está impregnada de la mexicana, constituyéndose en un elemento fundamental en la definición de la identidad salvadoreña en estos momentos. En este caso estamos frente a una “hegemonía no asumida” (p. 240)
El resentimiento de los salvadoreños contra este nuevo desdén de los mexicanos en materia futbolística desempolvó el viejo lema “Al mundial no vamos pero a México le ganamos” y los aficionados de “la Selecta” se agolparon frente al hotel capitalino donde se hospedaba “el Tri” para ofrecerles una serenata hasta altas horas la noche antes del encuentro.

El día del partido, el Estadio Cuscatlán estuvo abarrotado en su totalidad y la hinchada, que luego algunos medios extranjeros se encargarían de mostrar como una horda enardecida, presenció cómo el conjunto salvadoreño ganaba el encuentro con un marcador de 2 a 1 frente los aztecas. Un periódico local proclamaría ese 6 de junio como “el día más feliz de una generación” y, a pesar de que “la Selecta” se quedaría corta en puntos para poder clasificar a Sudáfrica 2010, por meses, los salvadoreños estuvieron pendientes de los resultados de la hexagonal, a la cual “la Selecta” no accedía desde las eliminatorias rumbo a Francia ’98.

Si El Salvador pudo estar unido por 90 minutos durante los 10 partidos de la fase clasificatoria de la CONCACAF, sin hacer distinciones de género, clase, religión ni de banderas políticas, abrazando únicamente los colores de la azul y blanco, ¿podrían “la Selecta” y el fútbol servir como elemento constructor de la identidad nacional?

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El resto de las 12 páginas me lo reservo. Mi respuesta a la pregunta anteriormente planteada también me la reservo. Mejor les paso el balón para que desde su lado de la cancha lo reflexionen.

Con dedicatoria

No te vayas

miércoles, junio 02, 2010

Hagamos una pausa

¿Sabes Tiempo? Creo que vamos demasiado rápido. Cuando menos he venido a sentir ya casi se nos fue la mitad del año. ¡Un semestre, tiempo! Un semestre que se cierra justo con mi cumpleaños No. 24. Cuando menos sintamos va a ser navidad y volveremos a comer uvas y darnos abrazos, y pensar en el año nuevo. ¡En el 2011! Ya va a ser época de pensar en el 2011 cuando ni siquiera sé qué reflexión sacar de lo que va del 2010.

Esta prisa tuya por ir corriendo de verdad me aflige, amigo Tiempo. Haces que los días, semanas y meses pasen volando, y que yo me quede como mera espectadora. Siento que tú pasas, pero yo no paso. Tú te vas, con las hojas de la agenda y el calendario, pero yo sigo aquí. Y me quejo de lo poco que me alcanzas, aunque en el fondo no sé para qué te quiero y cuando te tengo, no sé qué hacer contigo.

¿Sabes Tiempo? He estado pensando que deberíamos hacer una tregua. Quiero pedirte que no te vayas. Que no te me escapes de las manos. Al menos mientras trabajamos en nuestra relación. Ya no quiero andar persiguiéndote. Quiero que vayamos de la mano, para que pueda disfrutar de tu paso y sentir al final del camino que supe aprovecharte. Quédate un poquito más. Dura un poquito más.

Tiempo, no te vayas.

Esta canción no viene al caso, pero me gusta. Habla justamente de lo anterior: de detener el tiempo. (Y sí, es de Ricky Martin, ¿y qué pues?).




Adultez

Día cero

martes, junio 01, 2010

No estaba muerta, ni andaba de parranda

Estimado lector:

Me dirijo a usted (sí, a usted que todavía se acuerda de los tiempos en que en este blog se escribía), con el motivo de anunciarle que a partir de este día tengo la intención de aparecer más seguido en sus feeds.

Como bien dicen que de intenciones está hecho el camino al infierno, no omito manifestarle que en esta ocasión las condiciones son propicias para poder cumplir mi objetivo de bombardearlo hasta el cansancio con posts, que probablemente ni lea.

Verá usted, hoy es un día cero. Amanecí con una libertad en mi agenda que no había tenido en lo que va del año. Quizá en algún momento la tuve, pero no la supe dedicar a escribir un par de líneas por el temor a que, más que ocurrentes o irreverentes, la prisa me hiciera ser incoherente.

Estos 5 meses fueron... cansados, por decir poco. Le soy sincera: al decidir regresar a las aulas universitarias se me fue por alto que no era solo una inversión de tiempo de 150 minutos diarias de ir a calentar el pupitre. Oh, ilusa yo.

La verdad es que no pensé en las lecturas, los resúmenes, las reseñas críticas ni los ensayos académicos de 5 a 15 páginas con bibliografía citada al estilo de la APA. Creo que fue un error de mi parte no preveer que la maestría sería tanto más exigente que el pregrado.

He sentido eterno este ciclo, en parte, porque no estoy acostumbrada a que las clases empiecen en marzo. El tercer módulo se acaba apenas esta semana y de ahí quedan 2 más. Imagínese usted que esta será la primera vez en 6 años que iré a clases en mi cumpleaños, cuando en la otra U tenía vacación.

Tampoco calculé que dar apenas 4 horas clase en la universidad absorbiera tanto tiempo. No por las clases, no. Esas se han pasado volando. Nomás fíjese que la otra semana se acaba el ciclo. Ya no voy a tener que levantarme a las 5:00 a.m. los jueves y viernes (ni regresar a mi casa hasta las 9 de la noche).

Lo pesado ha sido la calificada. Cada trabajo que dejo, multiplicado por 45 alumnos dan suficiente material de lectura como para quedarse sin vacación de Semana Santa, fines de semana y feriados. Y no, no me diga que quién me manda a dejar tareas, porque sería inaceptable que no los pusiera a trabajar cuando la cátedra es Redacción.

Y en medio de la academia, de la partición de mi disco duro entre estudiante de una U y catedrática de otra, un trabajo de 10 horas originalmente, en el que Blogger estaba bloqueado y yo ya me sentía bloqueada en otras tantas. De esto, mejor ni hablemos. Al menos no aquí.

Le decía que hoy es un día cero. Cero trabajo en una oficina y de vuelta a ser independiente. Admito que me retracto de mucho de lo que dije aquí sobre trabajar en casa allá por noviembre, y casi podría asegurar que no volveré a despreciar el outsourcing.

Espero que esta decisión me encamine más hacia el área en que quiero trabajar en un futuro y para mientras, no me toca más que seguir ganándome el derecho de piso de consultoría en consultoría y repetirme "Algo bueno saldrá de todo esto". Es que, definitivamente, ¡algo bueno tiene que salir!

Para mientras, disfrutaré de los últimos minutos de mi día cero. Que ya mañana es el día 1 y no quiero empezar con cero planes de acción concretos.

Sin más que agregar, atentamente me suscribo.

La blogger perdida

De mi frustración por el manejo del tiempo -una constante en estos 4-5 meses- solo queda en los registros de este blog mi deseo por un clon. De las demás, mejor me olvido.

En mente