Un día más

miércoles, junio 30, 2010

Un año más

No sé si tendrá que ver con la edad, pero me da la leve impresión de que a medida que el pastel se va llenando de velitas, simplemente ya no nos emocionamos tanto por los cumpleaños. Bueno, usted que es normal tal vez no lo sienta así, pero en mi caso pareciera que cada año este día está destinado a ser uno más.

Creo que las circunstancias me han llevado a no esperar mucho (por no decir nada). Ni pastel, ni regalos, ni sorpresas, ni nada -al menos de parte de mi familia-. Es un claro mecanismo de defensa, pero funciona. Antes me frustraba y me deprimía esperar algo y no conseguir nada. Quizá era cuestión de tener expectativas demasiado altas.

La experiencia me enseñó a no albergar ideas fantásticas de regalos o fiestas sorpresas, celebraciones especiales o detalles fuera de lo normal. Así es más fácil no decepcionarse. Y desde los últimos años no espero, aunque mentiría si dijera que en el fondo no hay tan siquiera un minuto en el que no fantaseo con que alguien me demuestre equivocada. Aún no soy de palo, supongo.

Hoy alguien me dijo que no me oía tan emocionada. Tenía razón. Estaba preparada mentalmente a que sería un día más. Ya en la agenda estaba que apenas y vería a mi mamá, almorzaría con mi papá, trabajar, la U y ya, solamente. De hecho, el día fue así, normal, con la gran excepción de la salida al cine para ver Toy Story 3. Gran levante anímico.

Pero algo tuvo de especial el día, en la gente que tuvo detalles no autómatas y sus mensajes eran sentidos (aunque fueran vía Facebook, Twitter, palomas mensajeras o señales de humo). Algunos me recordaban hasta otras etapas de mi vida que compartí con ellos, como el colegio. Incluso gente que no conozco en persona me mostró más calor humano que gente con la que conviví por mucho tiempo. Son cosas que pasan.

Mi cariño va para esas personas, y especialmente a las que levantaron el teléfono tempranito por la mañana o hasta hicieron el intento por marcarme dos veces porque la primera, para variar, no escuché el teléfono ("mala costumbre", diría mi mamá). 

Fue un día más, pero bien vivido, con sus momentos especiales.

Le ofrecería pastel, pero no hubo. En 365 días tal vez.

Este post se suponía que me iba a reanimar y terminé llorando. Abuelito, seis años después, me siguen haciendo falta las rosas, las tarjetas y Las Mañanitas. Tía, su llamada y su abrazo apretadote. Me da miedo que el tiempo me esté haciendo olvidar las palabras exactas.

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4 comentarios

  1. Un poco tarde, pero sapo-sapo tuyú! :)

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  2. Después de cumplir 15 años, pasaron 13 años para que tuviera un pastel el día de mi cumple; creo que lo especial de ese día, debe correr por nuestra cuenta, yo siempre trato de imaginar como fue ese momento en que este mundo sufrió ver mi llegada…jajajaja… y que ha sufrido con mi presencia todos estos años, estimada Raquel, mas que las fiestas y las celebraciones 365 días significan: sonrisas, tristezas, trabajo, satisfacción, logros, retrocesos, cine, amig@s, compras, sueños, vivencias nuevas… y entradas como esta, que hacen que Raquel, pueda expresar sus ocurrencias y, sus lectores disfrutemos y comentemos, de no haber leído esta entrada, este día, que es parte de los otros 365, no habría podido felicitarla (aunque tarde…) Feliz Cumple, ánimo el próximo será diferente.

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  3. Las celebraciones de cumpleaños son mutantes, como nosotros mismos.
    En mi adolescencia sentía que mientras más gente viniera a mi cumple, más feliz me sentiría, hasta que descubrí que no era la cantidad de gente, sino la calidez con que los asistentes te pudieran tratar.

    En la época actual, me siento igual de feliz celebrando con 10 personas que con una sola...y mientras pasan los años, hay más formas de celebrar.

    Aunque no niego que soy pastelera, para mí cumple sin pastel no es cumpleaños.

    Ahí ve, todavía estamos a tiempo de una porción =)

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  4. Gracias Ligia :)

    Soledad (¿?), tiene razón. Quizá el otro año sea diferente. Y si no, me voy a volver a decir lo mismo. Quién quita y funcione el wishful thinking.

    Clau, pero es que ni pastel Lido! jajaja Y sí, concuerdo con la idea de que cómo se viven (afrontan) los cumpleaños varía con la misma edad.

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