Foodie

Escapar

jueves, julio 29, 2010

Si tan solo...

Hoy le decía a mi mamá "Qué galán dejar todo tirado e irse por el mundo a hacer lo que uno quiera". Tal vez no fue la frase exacta, pero es la misma idea que se me viene a la mente cada vez que veo Jamie's Great Escape.

Por si no conoce a Jamie Oliver, él es un chef inglés conocido por su carrera en la tele, con los programas Oliver's Twist y Jamie's Kitchen. En esta especie de documental, las cámaras lo siguen en su road trip a Italia, donde pasará todo un mes antes de su cumpleaños #30.

Deja a su esposa, hijas, su restaurante, sus compromisos, arma sus maletas y literalmente escapa a Italia para reencontrarse con su punto de vista culinario. Para usted y para mí, simples mortales, la idea suena hasta inalcanzable, pero sería genial abandonar todo e ir en busca de la aventura de nuestra vida. ¿O no?

Mente femenina

Qué chera más chula

jueves, julio 29, 2010

Una diferencia más entre hombres y mujeres

Por si no habla salvadoreño, "chera" es "mujer" y "chula" significa "guapa". No, no he cambiado de orientación sexual. Es solo una pequeñita diferencia más que he identificado entre hombres y mujeres.

¿Se ha fijado en que muy pocos -poquísimos- hombres son capaces de admirar la belleza de otro espécimen de su mismo sexo? En cambio, las mujeres vivimos constantemente diciendo cosas como "Mira qué chera más chula" o "Qué bonito el pelo de esa niña".

Si usted es hombre, de esos que se las lleva de bien macho, seguramente está pensando que terminé de volverme loca, pero sin importar del ángulo desde que lo vea, no le veo nada de malo.

Por el contrario, la idea de que el hombre no debe expresar interés por la estética en general me parece bastante retrógrada. A lo Schwarzenegger, Stallone, Van Damme, The Rock y Vin Diesel juntos y con esteroides.

Uno de estos días salía Javier Bardem en el periódico diciendo que Brad Pitt era una belleza y "muy lindo para mirar", lo que no hace menos ni más hombre al marido de Penélope Cruz (una mujer muy guapa para mirar). Simplemente lo hace sincero.

Y ya que a mí no me hace lesbiana admirar la belleza de otras féminas, le doy una idea de algunas mujeres me parecen muy, muy bonitas:

  • Kate Winslet 
  • Nigella Lawson
  • Nicole Kidman 
  • Catherine Zeta-Jones 
  • Katherine Heigl (alias la Dra. Izzy de Grey's Anatomy) 
  • Natalie Portman 
  • Dianna Agron (alias Quinn de Glee) 
  • Leighton Meister (alias Blair de Gossip Girl) 

Y usted caballero, ¿es capaz de decir "qué chero más chulo"?

Motivación

De las comparaciones

miércoles, julio 28, 2010

Único e irrepetible

Es frecuente escuchar comparar a Messi con Maradona. Hay quienes dicen que es "mitad Maradona y mitad Zidane". Yo lo que digo es que Messi es Messi, Maradona es Maradona y Zidane es Zidane. Cada uno es un individuo completamente diferente.

Me da curiosidad por qué cuando alguien es bueno o destaca sobre los demás, no falta quien se apresure a decir "es el nuevo Michael Jackson", "la nueva Madonna", "la nueva Meryl Streep", "el nuevo Steven Spielberg". De ninguna forma puede haber un "nuevo" quienquiera que sea, porque ellos son ellos, y los otros, pues, ¡son otras personas! ¡Sus propias personas!

Dicen que no hay dos gotas de agua iguales, ni dos copos de nieve. Lo mismo aplica con las personas. Usted es usted y nadie más. Único e irrepetible. Agradézcalo.

Adultez

Resultados

martes, julio 27, 2010

Mejor, imposible

Nunca terminaré de comprender por qué el sistema educativo nos tiene que calificar numéricamente para decirnos si somos buenos o malos estudiantes. Incluso no creo que se sea un buen o mal estudiante de acuerdo a su capacidad intelectual. Se puede ser brillante y salir de la patada. O viceversa. Puede ser extremadamente bruto, pero con suerte a la hora de los exámenes de opción múltiple, excelente para copiar o para caerle bien al profesor y que este le regale puntos.

A pesar de esto, he de declararme una persona un tanto obsesionada con las notas. No como para querer tirarme de un puente solo por una mala nota. No. Pero alguna vez he llorado de cólera o decepción porque he sentido que la calificación obtenida no fue objetiva, ni proporcional al esfuerzo realizado o simplemente "injusta". Claro, en esos momentos me toca repetirme lo que me dijo mi conciencia en una de nuestras citas: "¿Quién te ha dicho que la vida es justa?".

Ya que no es mi intención hacer un hondo análisis psicológico acerca de mi obsesión, me remitiré a decir que un día de estos llegué a la conclusión de que probablemente todo se deba a que ver un 9 ó 10 en un trabajo, papeleta o, últimamente, ENSAYO (la palabra del ciclo), es algún tipo de reafirmación positiva. ¿De qué? No sé. Algún suceso de mi infancia me dejó trastornada y jodida de por vida, como para que llegue a la altura de un posgrado y me siga fijando en esas cosas.

Obviamente a mi edad no tengo que andarle enseñando mis notas a mis papás. Ni siquiera en el pregrado lo hacía. Así que más bien es cuestión de satisfacción personal, como debería de ser. Recibir una buena nota es como que alguien te dé una palmadita en el hombro y te diga "Vas bien", "Por algo estás aquí" o "No estás demente al pensar que el fútbol ayuda a construir la identidad nacional". Una buena nota simplemente te pone una sonrisa gigante en la cara y te hace pensar "El esfuerzo valió la pena".

Te empuja a seguir adelante.

Online

Nacionalizada digital

martes, julio 27, 2010

¿Inmigrante o nativo?

Una vez más lo aburro con algo de la Maestría, pero fue lo más cerca que encontré para explicar lo maravillada que me siento al haber podido "ver" a mi mamá estas últimas dos noches, ella conectada desde allá y nosotras desde acá.

Quizá la emoción radica en que han sido años de viajes en que la comunicación era nula en esos períodos, porque antes las llamadas internacionales eran aún más un lujo o porque no era común conectarse a internet o no era tan accesible como se supone que es en la actualidad. ¡Hoy más cosas son posibles!

Y sí, tal vez usted piense que no es nada del otro mundo hacer una videollamada, pero lo invito a pensar cuánto le costaría tan siquiera explicarle a su progenitor cómo usar el Messenger. A pesar de que mi mami no es reacia a la tecnología y se ha adaptado muy bien, incluso me costaba que usáramos el chat de Gmail porque para ella el correo es literalmente para enviar correos.

Ese par de clicks para activar la videollamada han sido un pequeño paso para el hombre, un gran paso para mi mami y yo.

Otro ensayo de ensayo (adaptado, como siempre, para que no se lea tan nerd).

Que la edad no nos separe


Alejandro Piscitelli se pregunta en su artículo Nativos e inmigrantes digitales: ¿Brecha generacional, brecha cognitiva, o las dos juntas y más aún?, un pequeño debate sobre las brechas que inciden en la adopción de las TIC.

Dejando de lado el análisis de la brecha causada por las disparidades en el acceso a equipo (teléfono, fax, computadoras, grabadoras, cámaras fotográficas y de video, etc.), y a conexión a Internet -y todas las herramientas que ésta nos ofrece-, la discusión de Piscitelli se centra en cómo la edad y la generación a la que pertenecemos nos dividen en las categorías de “nativos” e “inmigrantes”.

Para ello, menciona el estudio Zero to six: Electronic media in the lives of infants, toddlers and preschoolers, de The Henry J. Kaiser Family Foundation, que expone cómo los niños están usando los medios electrónicos desde más temprana edad, ya sea la televisión, los videojuegos o la computadora.

En definitiva, los niños del nuevo milenio están naciendo “digitalizados”. Vienen con sus Baby Einstein’s bajo un brazo y sus libros infantiles interactivos bajo el otro. A los 5 años ya piden su primer teléfono celular como regalo de navidad; a los 8 ya quieren tener su propia cuenta de Facebook o cualquier otra red social; a los 13 ya escriben en su propio blog y, para cuando se gradúen de bachillerato, quién sabe cuántos pasos adelante nos llevarán a los no nativos.

En mi caso, habiendo nacido a finales de la década de los 80, encuentro difícil encasillarme como “nativa” o “inmigrante”. Nací en una época en que el acceso a líneas telefónicas propias era sumamente complicado, ni se soñaba con faxes ni beepers ni celulares ni mucho menos iPhones de cuarta generación.

No obstante, he crecido junto a cuanta nueva tecnología ha aparecido y me ha tocado aprender cada cosa que se inventan. Aunque la teoría me ponga en un rincón con los “inmigrantes” digitales, ser adepta a las TIC me lleva a autoproclamarme “nacionalizada” en mi pasaporte a la globalización.

A mi parecer, la brecha generacional no es solo hacer separaciones entre nativos e inmigrantes, viejos, jóvenes y niños. Aunque la edad nos separa, creo que las posturas y actitudes que tomamos frente a la tecnología son más bien las que aumentan la brecha.

En un extremo, tenemos jóvenes y adultos jóvenes que, si bien no son nativos, se adaptan con mayor facilidad a las nuevas herramientas y medios, muchos de los cuales son nuevas formas de hacer las cosas, como la radio y la televisión en Internet. Y por el otro, tenemos adultos reacios a tan siquiera aprender a usar un nuevo teléfono celular o a usar un nuevo programa de computadora o a navegar en Internet más allá de los proveedores de correo electrónico.

De cierta manera, esa resistencia propia de la brecha generacional, incide sobre todo en la brecha cognitiva. Los inmigrantes digitales tienden a satanizar lo nuevo, rechazan todo aquello que ofrecen las TIC, y relegan su uso a los nativos, a los niños el nuevo milenio y a aquellos jóvenes “nacionalizados”.

En el tema de las brechas generacional y cognitiva, creo que a la pregunta de Piscitelli sobre si es la una o la otra, o las dos juntas y más aún, la respuesta es: ambas y las relaciones entre ellas.

Los nativos tienen que enseñarle a los inmigrantes y “nacionalizarlos”, y los inmigrantes tienen que aprender de los nativos para así poder cerrar ambas brechas. Que la edad no nos separe.

*Solo por haberse tomado el tiempo de leer algo tan, pero tan largo, le doy doblemente las gracias :)

Con dedicatoria

Incondicional

lunes, julio 26, 2010

Usted y yo

Me gusta pensar que, de alguna manera, en algún nivel cósmico, si usted no hubiera nacido este día, yo no existiría. Al menos no así. Usted no sería usted y yo no sería yo. Sería la hija extraña de una mujer extraña. Sobra decir que me alegra que hoy celebremos, aunque en la distancia, que cumple un año más de vida.

Es normal que los padres estén orgullosos de los hijos, pero en nuestro caso también funciona al revés, aunque no lo exprese a menudo verbalmente. Estoy sumamente orgullosa de usted, mamá. Con todo y sus defectos, como usted misma diría. Con todas las horas extra de trabajo, las idas y venidas, las ausencias más frecuentes y prolongadas.

Gracias por hacerme gran parte de lo que soy. Por no darse por vencida y salir adelante; por ayudarme con mis tareas cuando le tocaba terminar los álbumes de geometría en 4°; por desvelarse a mi lado -medio dormida desde el sofá- en los años de universidad; porque sabe cómo darme un empujoncito para que al fin me anime a hacer las cosas y tome mis propias decisiones; porque siempre está ahí cuando la necesito para lo que sea.

Aunque el tiempo pase sin que lo podamos detener, y ya no sea "su niñita" y más bien vaya buscando mi propio camino, hasta cuando no coincidimos, no me cabe duda que nuestro amor es incondicional. Viene dado por un lazo de sangre y vida. Somos usted, ella y yo, y todos los años, experiencias y pasteles Lido que nos quedan por compartir.

Feliz cumpleaños, mamá.

Demasiado personal

Onirofobia

lunes, julio 26, 2010

Es tarde. Lo sé. Pero no me quiero ir a mi cama todavía. Todos mis miedos me esperan ahí. Se cuelan en mis sueños y lo que supone ser una noche de descanso, termina convirtiéndose en una noche de estrés. Al menos cuando llego muy, muy cansada a poner la cabeza sobre la almohada no recuerdo lo que sueño. Los del día siguiente solo son pequeños flashbacks borrosos que apenas y recuerdan el contenido de las pesadillas. Porque cuando recuerdo, no puedo dejar de pensar qué podrá significar, qué me quiere decir mi subconsciente, si es que acaso no son sino réplicas de los pensamientos con los que me atormento despierta de día.

Despertar, mañana tengo que despertar y empezar de nuevo. Quizá prefiera quedarme dormida con todo y malos sueños después de todo.

Demasiado personal

Anatomía de una buena llorada

domingo, julio 25, 2010

Llore. Le hace bien.

A veces se llora al recordar a un ser querido que ya no está con nosotros. A veces se llora de risa, con carcajadas que hacen que hasta te duela la panza. He llorado incluso de furia, cólera e impotencia. Pero al final de cuentas, si lloro es porque me siento mal, porque me siento triste.

No sé cómo funciona el organismo. No le sabría explicar científicamente cómo los ductos lagrimales se las ingenian para que nos salga agua de los ojos. El título de esta entrada es un poco de publicidad engañosa, pero no se me ocurrió otra cosa para nombrar lo que estoy a punto de describirle. Es cómo "pasa" una buena llorada. De esas que el cuerpo y el alma necesitan tener cada cierto tiempo para descomponerse y luego recomponerse.

Empieza con un pequeño goteo. Una lagrimita que se asoma al ojo muy de vez en cuando, como quien desafía al orgullo y busca urgentemente quebrantarlo. Con los días, a medida que el pesar va creciendo, cuando todo se ve más oscuro, el goteo se va convirtiendo en un chorrito que uno se enjuga rápidamente de los cachetes. Un lloriqueo lastimero que no pasa de uno o dos minutos, y más que despejar la mente, la congestiona.

No es sino hasta el momento en que las compuertas de la presa se abren y dejan salir agua por borbotones, que se libera toda la tensión de ese estado anímico angustioso, de pena, de dolor, de tristeza. Es casi mágico; cómo todas las preocupaciones, lo que se pensó y recontrapensó, lo que se dijo y lo que se calló, lo que se sintió o se dejó de sentir, todo sale en estado líquido. Es como si las lágrimas lo lavasen todo. Sublime.

Y al día siguiente, con los ojos tan hinchados que es casi imposible negar que has dado una gran llorada, con un poco de fortuna, todo se verá más claro. Ves en retrospectiva aquello que te dobló las rodillas y te puso a llorar, y tal vez pienses que sacaste todo de proporción, que lo que tanto te hizo sufrir no fue sino algo que imaginaste, o que ni siquiera valió la pena. Ves hacia adelante y dices "¡Yo puedo conquistar esto!" y te sientes inhabitualmente optimista o enfrentas lo que te espera con calma y serenidad.

Yo apenas voy entrando a la fase del goteo. El nudo en la garganta me lo indica. Vamos por partes supongo.

Divagando ando

La memoria vs. lo memorable

miércoles, julio 21, 2010

Recordar o ser recordado

Me considero una persona con buena memoria. Aquello que me diga sobre usted, su fecha de cumpleaños, el nombre de sus papás, el mejor regalo de navidad que ha recibido, el momento más triste de su vida... el 90% de lo que usted me diga, lo recordaré.

Tengo una gran memoria para almacenar datos que tal vez a otro le parezcan insignificantes. Probablemente ni siquiera sea su intención compartir esos detalles conmigo, pero mi mente los colecciona y los guarda hasta que llegue el momento en que puedan servir de algo. Para un detalle quizá.

De esa manera, recordaré el día de su cumpleaños, aunque tenga siglos de no saber de usted. Si suena una canción de su artista preferido, pensaré en usted. Incluso guardaré en mente sus confesiones, sus secretos más íntimos, sus preocupaciones cotidianas, y las llevaré conmigo, en el trasfondo de mi cabeza, tratando de hallarles solución.

Así como recuerdo datos y fechas, recuerdo personas. Personas que tal vez solo haya visto una vez en mi vida, pero que quedan registrados con nombre y apellido en mi disco duro. Con algo de suerte, también recuerdo caras. Algunas me atormentan. Sí, mi memoria es tan buena que hasta recuerda personas que no merecen ser recordadas.

Lo que me lleva a lo siguiente, ¿prefiere recordar o ser recordado? ¿A usted quién lo recuerda? No me considero una persona memorable. No soy del tipo cuyo teléfono no para de sonar el día de su cumpleaños. Puede que sea solo mi impresión.

Pero hay momentos, de esos precisos, que dependen de estar en el lugar y hora indicados, que me hacen creer que tal vez para alguien sí fui memorable. Como el profesor de inglés de sexto grado que se te queda viendo y te dice "¿Qué tal has estado?", 12 años después cuando estás pagando unas fotocopias al mismo tiempo que pensabas "De seguro no se acuerda de mí".

Es raro, pero sentir que para alguien dejaste una marca lo suficientemente memorable como para que no te borre de su disco duro después de uno o dos años, te hace sentir como si sí exististe y no pasaste de largo todos esos años. Especialmente si tu recuerdo es bueno. O al menos eso espero.

Divagando ando

Locura

martes, julio 20, 2010

El que nunca ha tenido y llega a tener, loco se puede volver

Al menos eso reza el dicho. Y como todo en la sabiduría popular, tiene sentido. Piense en todos aquellos que alcanzan la fama y con ella, todo el poder, la plata y la atención que siempre han deseado.

Luego piense en qué les pasó a la mayoría con los años... y cómo terminaron en las drogas, el alcohol, deudas con el fisco, múltiples divorcios, cirugías plásticas que salen mal, juicios, la bancarrota y hasta la cárcel. Todo un material para sus E! True Hollywood Story.

Un ejemplo burdo: ¿alguna vez vio usted aquella novela ridícula "El Premio Mayor"? Bueno, si tiene idea de qué le estoy hablando y a su mente asomó la horrorosa voz de Laura León, comparemos al personaje de Huicho Domínguez con cualquier "nuevo rico" y verá que no hay mucha diferencia.

Como los futbolistas sacados de los barrios, que ahora aparecen en comerciales de revistas y televisión, vistiendo ropa "de marca" y sus pendientes de diamante en cada oreja, pero que luego echan por la borda su carrera gracias a sus notorias salidas nocturnas. O los raperos que la mayor parte del tiempo andan high y sonríen con grills de platino para que su dentadura no se quede atrás de todo el bling bling que llevan en el cuello y sus pimp cups.

O los rockstars que pernoctan cada noche en un hotel diferente, embriagándose, drogándose y acostándose con todas las groupies que se tiren a sus brazos y les abran las piernas. O los presidentes que no pueden mantener sus pantalones (y calzoncillos) en su lugar y pasan más tiempo con sus amantes que resolviendo los problemas de la nación. O los funcionarios que la ley que menos cumplen es la de ética gubernamental y construyen sus casas y compran sus carros con los impuestos de todos.

O las socialites que viven de su apariencia y para cuando cumplen 30 ya han pasado por el quirófano una treintena de veces y su única expectativa en la vida es convertirse en la esposa trofeo de algún heredero a una gran fortuna, para divorciarse después y obtener un buen acuerdo monetario de acuerdo a su contrato prenupcial. O las estrellas del pop que compiten entre ellas por ver quién usa menos ropa, quién come menos o vomita más, o quién graba canciones con más contenido sexual que la otra o baila más sugestivo en sus conciertos.

Tienen todo el dinero, el poder, la fama y la atención, y sí, son felices por un momento. Y uno quizá hasta los envidia. Pero en algunos casos, la locura llega y el dicho se cumple: "El que nunca ha tenido y llega a tener, loco se puede volver".

Sino, pregúntele a una Lindsay Lohan tras las rejas o un Mel Gibson más célebre actualmente por las infames grabaciones de sus llamadas telefónicas. O a Sméagol después de obtener el anillo. My precious.

Para esa gracia, mejor sigo sin tener.

Así soy yo

Jugando sola

domingo, julio 18, 2010

Ah, el ocio


Me gustan los juegos de mesa. No sé a usted qué le parecen, pero a mí me gustan. Las damas chinas son mis preferidas. También jugar al dominó. Soy buena en 'Clue' (gracias Grissom),  me gusta jugar 'Pictionary' y hasta 'Monopoly' cuando se puede. Los rompecabezas no se quedan atrás -si bien no sé si cuentan como juego de mesa-.

Sin embargo, hay una sola característica de los juegos de mesa que me desagrada: hay que convencer a otros de jugar con uno. No tiene ni idea de lo estúpido que se sentirá el día que intente jugar 'Clue' usted solito, y pues, si intenta con las damas chinas, déjeme advertirle que se hará bolas.

A pesar de esto, he logrado una manera de superar el impasse de querer jugar pero no tener con quién. Me he vuelto un poquitín adicta al Solitario Spider en mis tiempos de ocio. Suena tonto, porque al final de cuentas estos juegos requieren de concentración y algo de destreza mental, pero a mí me resultan útiles para despejar la cabeza. 

Claro, después de un tiempo aburren, así que de vez en cuando recurro al Tetris -si bien siempre pierdo porque me distraigo, me pongo a hacer otra cosa y se me olvida ponerle pausa. Hoy encontré un nuevo sustituto: el Mahjong Titans... cosas que se hallan cuando no se tiene oficio un domingo por la tarde.

Ya que ni siquiera se me ocurrió leer las instrucciones al principio, he aprendido a lo ranger que el juego es como una memoria en que las tarjetas ya están volteadas y te toca volver a emparejarlas. Creo que la dificultad está en que es bastante confuso estar buscando entre rayitas, palitos y símbolos ¿chinos? No sé si chinos, pero están en chino para mí.

Intente echarse una partidita. Yo ya gané 2 ó 3 veces (yay!). Lo único malo es que no me acuerdo en qué distribución, ¿sería 'dragón' o sería 'cangrejo'?

Pruebe. ¿Qué puede perder? Aparte del tiempo...

Fútbol

Campeones

lunes, julio 12, 2010

O el "hay que saber ganar"

No, no se aflija. Esta es la última croniquilla de sensiblería mediocre que leerá en este blog acerca del Mundial 2010. La final de Sudáfrica dejó a España como campeona del mundo, y a esta telespectadora sportsfanatic, le dejó al menos 3 estampas de cómo no solo hay que saber ganar en el campo, sino como seres humanos.

La primera, un Andrés Iniesta que a la hora de celebrar el gol -sin duda alguna- más importante de su carrera, recuerda a su compañero Dani Jarque, jugador del Espanyol fallecido el año pasado, y le dedica su proeza. La frase, escrita de su puño y letra (suposición mía), reza "Dani Jarque Siempre con Nosotros". Un gran gol, un gran detalle.

La segunda, un Iker Casillas que rompe a llorar cuando Iniesta anota el gol de la victoria. Hay algo en ver a un hombre llorando como un niño que simplemente no tiene precio. A San Iker hay que reconocerle que gracias a él el marcador se mantuvo a cero durante dos largas horas que no han de haber sido nada fáciles para él. Incluso me quedo con el momento en que no se resiste y besa a su novia, la periodista española Sara Carbonero, mientras ella lo entrevistaba. La espontaneidad ante todo.

Pero el tercero pasó desapercibido por completo en Sudáfrica, es alguien que no jugó ni un segundo en todo el torneo, y, a menos que usted haya pasado prendido a la Televisión Española todo este día -o si lo buscó en YouTube porque se lo perdió-, ni cuenta se dio de su existencia.

El mejor campeón, el más ameno, más simpático, más gracioso, el que está ahí para apoyar a sus compañeros... el mejor maestro de ceremonia de la Roja, "con el 23, este humilde speaker que está con vosotros de corazón": Pepe Reina.




Todo un crack, ¿a que no?

Con dedicatoria

Gracias

sábado, julio 10, 2010

Por haber nacido

No sé los pormenores del día que naciste. Es curioso porque a pesar de lo mucho que hablamos, esa historia nunca ha salido a luz en ninguna de nuestras conversaciones, al menos no de tu lado. No te preocupes, mañana eso será lo primero que te pregunte.

Tampoco conozco todas las anécdotas de tu infancia, aunque recuerdo que una vez me contaste que te pusieron en una carroza para alguna actividad del kinder. También sé que usabas zapatos ortopédicos, como yo. Y sé que me matarás por haberlo escrito.

No compartimos tantas historias graciosas como las de tus amigas del colegio, ni videos que lo demuestren. Claro, no me quejo de las que compartimos en nuestro momento, porque tuvimos nuestras risas en esa etapa universitaria.

No me puedo ni un tercio de los títulos de todas las películas que has visto, pero puedo decir que todas tus recomendaciones de cinéfila han sido un éxito en mi DVD. Sí, hasta 'Gran Torino' me gustó, aunque no me creas que la vi.

Lo que sí sé es que no podría ser más feliz de que hayas nacido un día como hoy, porque no me queda duda de que no puede haber una mejor amiga y ser humano que tú. Ni mejor conversadora, ni psicóloga amateur, ni persona con más finos detalles.

Porque estás ahí en las buenas, en las malas y en las peores, celebrando la vida con pasteles sorpresa y ayudándome a superar la muerte llegando a sentarte a mi lado en el piso de una funeraria. Porque me obligas a hacerme las preguntas difíciles cuando no sé qué hacer, ni qué pensar ni qué decir. Porque siempre muestras un genuino interés al preguntar "¿Cómo has estado?".

Porque si puedo ser para ti el doble de buena amiga que tú has sido para mí en estos últimos años, aún no sería suficiente para mostrarte mi gratitud. Porque tengo la certeza de que siempre habrá tiempo para un "tú, yo y el refill del Kentucky", por más que pasen los años, nos hagamos (más) adultas y tengamos que escribirlo en la agenda para apartar el día y la hora.

Por eso y mucho más, te deseo un feliz cumpleaños, amiga. Que sean muchos, muchos más, en los que alcances todas las metas que te propongas y seas muy, muy feliz, porque tú te mereces todo lo bueno de este mundo.

Adultez

Primera vuelta

viernes, julio 09, 2010

Y faltan 3

Hoy se acaba el primer lap (ciclo) de la carrera (maestría) y, sinceramente, siento que llego arrastrándome "a puras cachas" al pit stop (interciclo).

No por las notas, no. Todo marcha sobre ruedas en ese sentido. Pero creo que necesito reevaluar a fin de cuentas para qué me metí en esto.

Un día leía en Twitter el hashtag #preguntasquejoden -va a disculpar la expresión-, y la que más curiosidad me dio fue la de "¿Qué planeas hacer cuando se acabe la maestría?". No sé. Con que no sé ni siquiera qué contestar cuando me hacen la de "¿Para qué sirve lo que estás estudiando?", cualquier cosa que le diga sería mentirle.

Lo que sé, por el momento, es que estos 4 meses han sido... interesantes (cuando menos). Y para averiguar la respuesta de esas preguntas que tanto joden y otras tantas más, pues el tiempo lo dirá. De momento me quedan 3 vueltas para pensar en qué hacer cuando llegue a la meta final.

Foodie

Soy una foodie

martes, julio 06, 2010

O eso dice la pantalla de mi televisor

En los últimos días he notado un patrón en mi consumo televisivo. Solo veo programas que tienen que ver con comida. No se confunda y piense que sigo viendo maratónicamente programas de cocina, como cuando me empilé viendo Utilísima y Casa Club TV. Lo que veo son programas de comida. De comer o de cocinarla. Simplemente de comida.

Ya le he contado de mi nuevo amor -me emocioné cuando supe que habrán nuevos episodios y hasta me hice su fan en Facebook (y ya sabe lo que opino acerca de "hacerse fan"-, y si es un lector regular de este blog, recordará que fui una de las personas que más lamentó que TIGO (antes Amnet) suprimiera al Food Network del plan de televisión por cable del pueblo -de que hay, hay; lo único es que hay que pagar más-.

Pues resulta que ahora me ha dado por ver Fox Life, un canal que había pasado desapercibido por mi rutina del zapping. Ahí está Adam Richman, el hombre contra la comida, cuyos desafíos aprovecho a ver cada vez que puedo. También está Jamie Oliver, un viejo conocido de mis tiempos de televidente del FN, quien tiene un reality sobre cómo va a tomar a 15 social misfits y los va a convertir en chefs para su primer restaurante.

Hasta Gordon Ramsay mete su cuchara en el caldo de cultivo de mi consumo televisivo, con su programa "Kitchen Nightmares". Admito que al principio no me gustaba cómo le gritaba a la gente, pero con el tiempo lo tomé como "amor apache" con palabrotas... parte del show. Si cambio el canal a Sony, "Top Chef Masters" anima los martes con un poco de sana competencia en la cocina entre hombres con cuchillos afilados.

Aún cuando no planeo premeditadamente qué voy a ver, siempre termino viendo ese tipo de programas, como el de mi querido Anthony Bourdain o el de Andrew Zimmern ("Comidas Exóticas"). Pensé que sin el FN se me iba a quitar, pero no puedo evitar pegarme a la pantalla de la tele cuando encuentro este tipo de joyas televisivas... siempre hallo cómo mantener vivo el vicio.

Claramente, hay un patrón ahí, y le he encontrado una definición: soy una foodie -algo así como alguien muy interesado en la gastronomía-.

Recuerdo que cuando jugaba a la cocinita, jugaba a que tenía mi propio programa de cocina, como el de Emeril Lagasse (¡Bam!). Aún cuando estoy cocinando, y estoy sola en casa, de vez en cuando pretendo que le estoy explicando a alguien los ingredientes, el procedimiento y el gran final de "tadah!" a la hora de servir. Quizá es mi deseo reprimido de ser chef.

Y, si bien solo me meto a la cocina cuando es estrictamente necesario -no porque no pueda, sino porque tengo que andar con tiempo y de humor (sobre todo para lavar platos)-, a veces no dejo de pensar que me gustaría tomar alguna clase de gastronomía (de pastelería ya sabemos que no) y tenerlo por hobby.

Cuando vi la película "Julie and Julia", hasta se me ocurrió que si no podía ser una Julia Child, con sus tutoriales de cómo cocinar, podía ser una Julie, la que bloguea sobre nuestras interacciones simbólicas con la comida o genera algún tipo de contenido en social media acerca del elemental acto de comer y (tratar de) cocinar.

¿Qué dice usted? Hagamos una producción tipo "Man vs Food" o "No Reservations" made in El Salvador.

¿A poco soy la única foodie aquí?

Amor

Un paquete

domingo, julio 04, 2010

¿Está dispuesto?

Todos venimos con un paquete. Puede ser nuestro pasado, alguna mala experiencia, algún error, personas que no nos dejan y son como fantasmas que nos rondan de vez en cuando. Pueden ser traumas de la infancia, inseguridades, miedos, fobias. Puede ser nuestro mal genio, nuestro sentido del humor sarcástico, nuestro empecinamiento en ver el lado negativo de la vida, nuestra sensiblería o nuestro trastorno bipolar aún no diagnosticado. Pueden incluso ser las personas que nos rodean, nuestras familias, nuestros amigos, nuestro estilo de vida, nuestras agendas. Todo forma parte del paquete.

Es prácticamente imposible deshacerte del paquete porque ya vienes con él. Es parte de tu vida, de lo que te hace ser quien eres. Para bien o para mal, ese cúmulo de personas, experiencias, manías, cosas muy tuyas, etc., forma parte de ti. Y cuando se trata de compartir la vida con alguien, ya sea un amigo o tu pareja, ese paquete se comparte. El otro debe lidiar con tu paquete, y tú, con el ajeno.

Puede ser que el paquete del otro venga más cargado que el propio, que el peso supere tus fuerzas, que tal vez te cueste al inicio, pero es parte del propio acto de convivencia, de la relación, y haces el esfuerzo porque quieres, por el amor, por el cariño, por el deseo de estar con el otro.

Pero, ¿qué pasa cuando todo apunta a que la otra persona siente que no puede con tu paquete?

No sé. Dígamelo usted.

Por mi parte, solo se me ocurre no ponerle al otro más peso del que puede (y está dispuesto a) cargar.

Foodie

Un sopón para el alma

sábado, julio 03, 2010

Con el perdón de Mafalda

No soy una gran sopera, pero debo admitir que de vez en cuando un buen plato de sopa es justo lo que el cuerpo y el alma necesitan. Es el tipo de comida que te hace tener un flashback como el de Ego cuando prueba el ratatouille que le sirve Remy en 'Ratatouille'. Una sopa rica te transporta a tu happy place.

Lo curioso de las sopas son de los platos más sencillos que ofrece la gastronomía, pero a la vez los infaltables. Supongo que menos es más. Claro, hay algunas muy elaboradas, pero al fin de cuentas la mayoría son agua (u otro líquido), algún tipo de proteína (res, pollo, pescado, marisco, etc.), vegetales  (o legumbres) y especias. La clave está en que los ingredientes se amiguen todos en la olla a la hora de romper en hervor.

Una sopita de pollo con algún tipo de pasta corta, papa y zanahoria, es el mejor remedio para la gripe. Un buen consomé de res para echarle unas gotitas de limón. Para un poco de picantito, una sopita de tortilla, con aguacate, queso y crema (la de la Pizza Hut es muy rica). Los sábados, una mariscada con crema y muchos frutos del mar. Si busca más consistencia, una cremita de tomate o de espárragos.

Se lo repito, no soy sopera ni soy Mafalda. Requiere que ande de ganas para tomar sopa, pero aprovecho las raras ocasiones en que se cocina en mi casa. Mi favorita es la de frijoles, con huevo y con masitas (sin las masitas no es lo mismo). Acá la hacen sin hueso y doran pan francés para "chuponear". No me pregunte por qué pero la sopa de frijoles me pone de buen humor. Es reconfortante.

Y usted, ¿cuál es su sopón favorito?

Fútbol

Solo son humanos

viernes, julio 02, 2010

O el 'si no son de palo hombre'

Hoy el ghanés Gyan lloraba inconsolable después de que Sebastián Abreu anotara el penalti que eliminaba a su selección de la Copa del Mundo. Ciertamente, otro caso del síndrome del 'tan alegre que venía y tan triste que me voy'. Lo repito, no quiero ni imaginarme qué se siente pasar de la gloria al infierno en cuestión de minutos.

Mientras todos se centran en el ganador, yo sigo pensando en el perdedor. No me explico por qué. Al mediodía escuchaba a un comentarista insoportable de deportes llegar al extremo de decir que así como Kaká se la llevaba de gran cristiano, debería de ver que no era un santo y que había jugado mal en el Mundial. ¡Y eso qué tiene que ver? Semejante imbécil*.

No me cuadra que cada vez que una selección se va por la puerta de atrás, todos se apresuren a buscar al culpable. Que si es la Federación, o el entrenador, o el capitán, o el jugador tal, el que hizo el autogol, el que no detuvo el penal, el que aquí, el que allá. Hablan cosas que no saben, como el imbécil ese. Del árbol caído todos hacen leña.

Creo que este problema de percepción radica en que la gran mayoría, prensa y aficionados, idealizamos demasiado a los futbolistas. Al final se nos olvida que son humanos y que hay días en que ellos también se levantan del lado equivocado de la cama. Se equivocan como cualquiera, pero nadie los perdona y los tratan como a pocos.

Nada más póngase a pensar en los que recibieron a silbatazos a los italianos en el aeropuerto. Menos mal que los franceses llegaron a un aeropuerto en las afueras de París, si no los apedreaban. O como los familiares de los seleccionados mexicanos, a quienes agredieron después de que despacharan al Tri en octavos.

Caiga en la cuenta de que esos hombres son de carne y hueso como usted, no son solo 22 pares de piernas persiguiendo una pelota. Tampoco son caras en tarjetas coleccionables del álbum Panini. Ni maniquíes de productos deportivos de Nike y Adidas. Ni son superhéroes ni magos ni hacedores de milagros. Ni muñequitos de mesa de foosball que no tienen sentimientos. ¡Si no son de palo!

Son humanos. Se equivocan. Meten autogoles. Fallan penales. Le pegan al travesaño. Se ganan tarjetas amarillas y rojas por tonterías. Los expulsan. Pierden. Los eliminan. Lloran.

Eso incluye a todos los Kakás, los Cristianos Ronaldos, los Rooneys, y quién quita, quizá hasta los Messis. Así que deles un respiro.

Y hasta aquí nuestra crónica de hoy.

*Metétela donde querrás Raúl Beltrán Bonilla.

En mente