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martes, julio 27, 2010

Mejor, imposible

Nunca terminaré de comprender por qué el sistema educativo nos tiene que calificar numéricamente para decirnos si somos buenos o malos estudiantes. Incluso no creo que se sea un buen o mal estudiante de acuerdo a su capacidad intelectual. Se puede ser brillante y salir de la patada. O viceversa. Puede ser extremadamente bruto, pero con suerte a la hora de los exámenes de opción múltiple, excelente para copiar o para caerle bien al profesor y que este le regale puntos.

A pesar de esto, he de declararme una persona un tanto obsesionada con las notas. No como para querer tirarme de un puente solo por una mala nota. No. Pero alguna vez he llorado de cólera o decepción porque he sentido que la calificación obtenida no fue objetiva, ni proporcional al esfuerzo realizado o simplemente "injusta". Claro, en esos momentos me toca repetirme lo que me dijo mi conciencia en una de nuestras citas: "¿Quién te ha dicho que la vida es justa?".

Ya que no es mi intención hacer un hondo análisis psicológico acerca de mi obsesión, me remitiré a decir que un día de estos llegué a la conclusión de que probablemente todo se deba a que ver un 9 ó 10 en un trabajo, papeleta o, últimamente, ENSAYO (la palabra del ciclo), es algún tipo de reafirmación positiva. ¿De qué? No sé. Algún suceso de mi infancia me dejó trastornada y jodida de por vida, como para que llegue a la altura de un posgrado y me siga fijando en esas cosas.

Obviamente a mi edad no tengo que andarle enseñando mis notas a mis papás. Ni siquiera en el pregrado lo hacía. Así que más bien es cuestión de satisfacción personal, como debería de ser. Recibir una buena nota es como que alguien te dé una palmadita en el hombro y te diga "Vas bien", "Por algo estás aquí" o "No estás demente al pensar que el fútbol ayuda a construir la identidad nacional". Una buena nota simplemente te pone una sonrisa gigante en la cara y te hace pensar "El esfuerzo valió la pena".

Te empuja a seguir adelante.

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2 comentarios

  1. Difícil comentar...me acostumbré a ver 10 y 9 como cosa cotidiana durante la educación primaria, tanto que el 8 era una ofensa.

    Pero nunca he sido como "clavada" con las notas.

    Pero, la otra persona que es más parecida a ti, se caía de la silla y se la llevaba la cólera cuando en la maestria sacaba 7

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  2. Yo creo que mi problema es más con los números. De seguro pronto me hago full obsesiva compulsiva y voy a tener que lavarme las manos 7 veces cada vez para sobrevivir y no entrar en pánico jajaja Volviendo a lo de las notas, a pesar de que soy medio clavada, sí creo que he llegado al punto en que acepto (aunque me cueste) una mala nota cuando sé que es lo merecido... ni más ni menos.

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