Hermanas

sábado, agosto 28, 2010

Es complicado

Hay algo de la relación de hermanas que es difícil de definir. No es como lo pintan las series de TV ni las películas cursi. No todas las hermanas se sientan a contarse confidencias mientras se trenzan el pelo o se hacen las uñas. Hay unas que ni siquiera se hablan y apenas las une el ADN. Hay otras que al crecer se distancian y cada quien hace su vida por su lado. 

Si usted es mujer y tiene una hermana tal vez coincida conmigo: ser hermanas es una relación complicada. Sobre todo ser la mayor.

Hace 19 años me estrené como hermana. Tenía 5 años cuando nos hicimos 3. En mi inocencia, había aceptado el hecho de que dejaría de ser hija única bajo la falsa idea de que tendría con quién jugar. Eso me dijeron. Lo que se les olvidó decirme es que la niña no saldría de mi tamaño. Menuda sorpresa: esa hermana era una bebé con quien tendría que compartir la atención de mi mamá.

No sé si le pasará a todas las hermanas, pero de pequeñas solíamos pelear mucho. Eran batallas campales por el control remoto, en ocasiones, al estilo de la WWE. Jugábamos de vez en cuando, lo que la diferencia de edad nos permitía. Siempre le he recriminado secretamente que a la hora de los juegos ella era la Power Ranger rosada y a mí me tocaba ser la amarilla. Pocos recuerdos me quedan ya de cuando éramos niñas.

Con el tiempo, y con la vida, los papeles cambiaron y me convertí en la hermana sobreprotectora, demasiado maternal quizá. Sentía que era mi obligación ser el escudo protector para que ella siempre saliera intacta. No sé si cumplí, pero el hábito se quedó.  

Me ha tocado irla a dejar y a traer al colegio, ir a entregas de notas, llevarla al dentista, hacerle los mandados, ayudarla con tareas y hasta hacerle las maletas cada vez que viajamos. 

A veces hasta le digo "hija" y tengo que recordarme que solo me tratará como su hermana si me pongo al mismo nivel. Que tengo que ser menos "amargada" y más divertida, menos "regañona" y más comprensiva, menos "cuadrada" y más abierta a escucharla. ¿Ven lo que les digo? Ser hermanas es complicado.
Creo que ella no lo sabe, porque no se lo digo lo suficiente, pero estoy orgullosa de lo que ha crecido en este año. Ya no es la niña de ojos grandes y claros, graciosa que cantaba y contaba chistes en público. Ya es una mujer. Ambas lo somos. Y me da curiosidad saber cómo será nuestra relación cuando seamos (aún más) grandes. El tiempo lo dirá.

Feliz cumpleaños. Te quiero hermana.

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