Solo en El Salvador

Una noche en el teatro en cuatro actos

viernes, febrero 25, 2011

Primer Acto

Bajo a desayunar y que en la televisión anuncia uno de los conductores de una revista matutina que estarán regalando entradas para el ballet ruso. Publico el siguiente tweet:

No se escandalice. Yo sé que miles de salvadoreños ven ese tipo de programas todos los días, que la mayoría es del sector popular y que espectáculos como el ballet no los han alcanzado por infinidad de motivos: la oferta es escasa y está principalmente centralizada en la capital, no hay políticas culturales que difundan masivamente este tipo de forma artística, que es un gusto que el público no ha tenido la oportunidad de adquirir porque no han sido introducidos a ese mundo, que a todas luces es para pocos, que no es su culpa, etcétera, etcétera y un millón de etcéteras más. Que al pueblo, pan y circo -aquí sí me va a disculpar porque esto es como el dilema de la gallina y el huevo. ¿Será que Bailando por un sueño y Quién quiere ser millonario rompen récords de rating porque eso pide la gente o porque solo eso le dan? 

Después publiqué otro tweet diciendo que si las entradas fueran un poquito más baratas no habría necesidad de regalar las entradas para llenar los asientos del teatro. Aquí tengo emociones encontradas. Hace dos años me agarró por asistir a este tipo de espectáculos, algunos "de choto", otros no tanto. En los 2 ó 3 conciertos de la Sinfónica a los que asistí, el Teatro Presidente lucía tristemente vacío, a lo sumo la mitad de los asientos estaban ocupados y en su mayoría era por señores de cierta edad y que se les notaba que eran de clase media para arriba (aunque siempre habemos parches, como yo)... pero la entrada era completamente gratis, no había excusa más que la hora y la ubicación que podían significar menos accesibilidad para algunos asistentes. "Entonces mi propuesta de que las entradas fueran más baratas no tiene fundamento válido, porque ni siendo gratis la gente asiste", pensé.

De todas maneras, volviendo con lo del precio, en esta ocasión las entradas costaban $25 y $35 respectivamente (más los $1.50 que te estafan los de la boletería, pero al fin y al cabo es comprensible). No me da pena decir que hice el esfuerzo extra por comprar la más cara, considerando que era una compañía de ballet rusa y que las obras (Bolero de Ravel y Carmen de Bizet) me llamaban mucho la atención, así que prácticamente no lo pensé dos veces. Sin embargo, por alguna razón, siento que me tengo que justificar: yo trabajo solo para mí y para mis gastos, no tengo hijos a los que esos $35 le habrían faltado solo por complacer mi gusto, y aún así lo consideré un lujo

Yo sé que $25 ó $35 dólares no son nada para las señoras fufurufas que uno se encuentra en el teatro, pero para gente común y corriente como yo sí lo son. Pensando estrictamente en los números, ¿no ganarían lo mismo o más si le bajaran al menos $5 al boleto ya que se incrementaría el volumen de ventas? Yo creo que sí, pero claro, no soy una experta. Supongo que eso de crear un "bono cultural" que consiste en que si compras entradas para ambas funciones te hacen un descuento de $20 lo hace mucho más accesible para todos (dije "todos", no "algunos").

Segundo Acto

El día del evento. Si hay algo que me gusta de ir al teatro, específicamente al ballet, es ver cómo conviven la high con la "nuay" (nótese que yo soy de la "nuay"). ¿Cómo se nota? Es fácil, por la ropa. Las señoras que viven de la Escalón para arriba llegan emperifolladas con sus perlas y sus peinados vaporosos, y los señores, de saco y corbata... y los otros, pues, llegamos normales. La actitud es otro indicador. Los fufurufos tienen un aire de connaiseur, ponen cara como si están en plena degustación de vinos y quesos, como queriendo verse sublimes... y los otros, pues, abrimos más los ojos y, en algunos casos, la quijada se nos cae hasta por los suelos. Quizá lo apreciamos más porque sabemos que no es una actividad de todos los días.

¿Pero cómo se nota que dinero no compra clase? Llego al teatro rondando las 7:15 p.m., me ubico en mi asiento, feliz de la vida porque ir el primer día a la boletería valió la pena, y me topo con que a tres asientos está una de esas jóvenes con complejo de Paris Hilton hablando de lo lindo por el celular sobre la mortalidad del cangrejo con un interlocutor que aparentemente se llamaba "maje" porque así iniciaba cada una de sus oraciones -en espanglish, por supuesto-. A mí no me molesta que la gente se ponga a hablar, lo que incomoda es que hay gente que no se da cuenta de que todos escuchamos sus conversaciones a un radio de 10 metros.

Por suerte, la Paris salvatrucha con su micro falda, sus botas hasta las rodillas y sus aretes estilo Miss Venezuela, no me lograron agriar la noche porque ya casi subiría el telón.

Tercer Acto

Se ubica enfrente de mí un grupo entre los cuales se encontraba una señora en silla de ruedas quien se quedó a un lado, en el pasillo. Personalmente no le hallé ningún problema, un señor dos filas más abajo estaba en las mismas y cuando fui a ver el patinaje sobre hielo vi a personas en circunstancias similares. Pero claro, una de las señoras que estaban en el siguiente bloque sí vio inconveniente porque "le tapaba", y así se aseguró de gritárselo (y si no estaba gritando, pues qué fuerte murmura). 

Una de las edecanes se acercó a preguntar si la señora se podía mover de su silla de ruedas y escuché perfectamente a su acompañante decirle que no. Pasaron diez minutos y la mujer prepotente volvió a insistir y otra edecán volvió a preguntar. La respuesta fue la misma, ¡y es que estaban en su derecho! Le estaban pidiendo que se fuera al pasillo de atrás (el área que parte el teatro en dos), solo porque esta mujer tenía una rabieta porque no podía ver. ¿Qué es lo que no veía? No sé, la función ni siquiera había comenzado.

Una vez las edecanes cayeron en la cuenta de que la señora no se podía mover al antojo de la otra mujer, ésta vino y siguió con su berrinche diciéndole a la persona que tenía atrás que porque ella no podía ver, la iba a tapar. Esto lo hizo con toda indiscreción, lo único que le faltó gritarle a la señora -de avanzada edad, por cierto- fue "Quítese que me estorba". Cuando apagaron las luces, como quien quiere terminar el pre-show, se levantó y vociferó "Ya me voy" (no llegó muy lejos porque cuando volví a ver, seguía ahí).

Esto, esto sí logró agriarme. ¿Cómo puede haber tanto irrespeto, incomprensión, intolerancia, IGNORANCIA? Espero que esa mujer jamás en su vida tenga que usar tan siquiera un par de muletas para que no aprenda en carne propia que vivimos en un país aún inaccesible para muchos. Este, este es el tipo de cosas que hace que la humanidad me asquee. 

Evidentemente el Teatro Presidente no se construyó en una época en que se pensara en las personas con discapacidades físicas. Tampoco se diseñó "tipo estadio", como las salas de los cines más modernos. Pero también es obvio que hay que saber respetar.

Eso por un lado, y por el otro, únicamente la sugerencia para la Secretaría de Cultura. ¿Adónde queda la inclusión? Yo sé que el evento era organizado por la Fundación Ballet El Salvador y que probablemente ellos habían contratado las edecanes, pero no cabe duda que si vamos a hablar de inclusión social los espacios públicos -en este caso, específicamente los culturales-, deben ser accesibles para todos.

Cuarto Acto

Comienza por el final. Me dirigía a la salida, pasadas las 10 de la noche, y un par de señoras iban comentando detalles a primera vista técnicos. Una decía que había asistido a la función de la noche anterior y que se notaba que tenían dos o hasta tres buenos bailarines pero solo una buena bailarina. ¿Qué le vio la señora en los pies o la postura a los demás? No sé. A mí me pareció precioso.

Para mi fortuna, aparentemente el miércoles el teatro había estado vacío (según los comentarios que escuché), por lo que decidieron presentar, además de Bolero y Carmen, una suite de Romeo y Julieta, por lo que, como diría mi mamá, "me las calé". Ya había visto esa obra con esta misma fundación de Alcira Alonso y Diana Aranda como Julieta -no sé si eso sirve de margen de comparación-, pero me pareció que los rusos bailaban muy bien. 

Desconozco si las compañías de ballet funcionan como los equipos de fútbol y si los bailarines que mandan a las giras internacionales son el equipo B (ese que en Inglaterra jugaría a lo sumo la Carling Cup), pero se me hizo notoria la diferencia entre esos que las señoras llamaron "no muy buenos" y los que yo había visto antes, que malos no son tampoco y ojo aquí, no estoy queriendo ser malinchista, solo hago una observación de lo que se podría lograr con los talentos potenciales que tenemos aquí (en todas las ramas artísticas) si ellos se pudieran dedicar en cuerpo, alma y en horario a su pasión y recibir por ello un salario digno, porque los artistas no viven del aire, ¿eh?

Sigo torpe para hallar adjetivos que describan bien la experiencia visual y auditiva que se vive en una noche en el teatro como la de ayer y sigo consciente de que aún soy bruta como para querer llevármela de experta en la materia. Bolero me pareció bello y Carmen aún más bello (tanto que quedé convidada a ir a ver la ópera en 3D al cine). Son de esas cosas que por ser hermosas en sí te llenan el alma. 

Intenté hallar videos de las coreografías que vi ayer, que según explicaron no son las clásicas, pero aparentemente en Rusia aún no descubren YouTube. En su defecto, les dejó un clip que encontré de Mikhail Baryshnikov en Les Sylphides (tengo entendido que él es uno de los mejores balletistas de todos los tiempos). Tal vez les nace la curiosidad por el ballet para googlearlo en sus tiempos libres.



Para mientras, espero que anoche se repita... pronto.

En la TV

Si la justicia salvadoreña fuera una producción televisiva made in USA

jueves, febrero 24, 2011

Hay tantas cosas que no funcionan ni se explican en este país. Transporte público que es privado, empresarios de buses que mangonean al Estado y que succionan subsidios como sanguijuelas, buseros que chocan aparatosamente y dejan decenas de muertos y heridos, cobradores que escapan a empujar a los usuarios de la puerta para hacer paradas más veloces que un pit stop de Fórmula 1.

¿Se ha puesto a pensar cómo sería nuestra realidad si esas cosas que tanto nos aquejan se hicieran bien? ¿Qué tal si la justicia en El Salvador funcionara como un programa de televisión gringo? 

Si los trabajadores de Medicina Legal en lugar de hacer paro fueran tan efectivos como un agente de CSI. No hablaríamos de CSI: Las Vegas, sino de "CSI: Soyapango", y hasta el rastro más escurridizo de ADN serviría de evidencia en cualquier investigación porque, claro, los laboratorios estarían equipados con tecnología de punta y los forenses, entrenados por el mismísimo Grissom o los de Detectives Médicos.

O si tuviéramos una unidad en la PNC parecida a Without a Trace, no abundarían los casos de secuestros exprés de los que solo nos enteramos porque a un amigo del amigo de un amigo le robaron el carro y lo llevaron a dar vueltas de cajero en cajero. Más exprés serían los de azul deteniendo a los malhechores en menos de 72 horas. O a cuánto psicópata se agarraría antes de que desmembraran a su próxima víctima si hubiera un equipo como el de Criminal Minds.

¿Cuánto nos ahorraríamos en polígrafos si tuviéramos a un Dr. Cal Lightman de Lie to me? Podríamos ocupar sus técnicas para empezar por depurar al órgano judicial de funcionarios que hacen dinero más que justicia recibiendo cheques por debajo de la mesa. ¿Cuántos estarían ya en los penales si aquí fuera como en  La ley y el orden? Nos ahorraríamos al menos el costo de la burocracia por los procesos que no toman meses sino años.

Y de esos que toman años (y hasta décadas), ¿cuántos estarían resueltos si hubiera un departamento de Cold case? ¿Cuántas madres sabrían qué fue de sus hijos desaparecidos en la guerra? Y si hubieran abogados como en cualquiera de esos programas que tanto abundan, ¿cuántas demandas estarían ya resueltas? ¿Tendría más probabilidades un salvadoreño común y corriente de ganar un juicio ante una gran compañía? De esas que contaminan el medio ambiente o que despiden masivamente a sus empleados sin justificación alguna.

Pero no, aquí es más probable que invoquemos a la Liga de la Justicia con todo y Superman, Batman y Robin, la Mujer Maravilla, Flash, La Linterna Verde y hasta Aquaman podría sernos útil (sí, él, el superhéroe más inútil), antes de que las cosas funcionen como deberían de funcionar en cualquier país en el siglo XXI.

Los otros

Cómo convivir un obsesivo compulsivo y no volverse loca en el intento

martes, febrero 22, 2011

No soy psiquiatra ni psicóloga, a lo sumo he visitado a suficientes como para poder hacer un diagnóstico improvisado de que ella tiene un serio desorden obsesivo compulsivo (OCD). ¿Cómo lo sé? Pues, es fácil sospecharlo cuando te llegan a tocar la puerta mientras te estás bañando todas las mañanas para preguntarte si hay "alguna basurita" porque, claro, hay que sacar 5 ó 6 bolsas de basura diarias si es posible -way too much information, lo sé, pero necesito que entienda la gravedad de la situación y si acaso es posible, pueda sentir algo de empatía por el resto de inquilinas de la casa-. 

O porque puede ser un domingo a las 8:30 de la noche y ella anda dando más vueltas que un trompo moviendo chunches de un lado para el otro, porque no puede controlar sus ataques de ansiedad e insiste en que la casa tiene que amanecer "limpia y ordenada", aunque ella bien sabe que amanecerá a las 5 a.m. para volver a hacer exactamente lo mismo... otra vez. 

O qué tal que, de la nada, se ponga a gritar porque alguien no arregló su cama "bien", porque no se lavó un plato "ya" o porque alguien movió algo de "su lugar" por un par de centímetros. Y no se diga cuando se despierta con ánimos de pelear con todo el que se le atraviese porque esos días bien le puede gritar indirectas a los vecinos porque el viento hace que las hojas de sus árboles se vengan por estos rumbos.

No, no veo demasiado "Obsesivos" en el Biography Channel. Sí, ella es como la versión humana de la abuela de Chucky y el OCD va empeorando conforme pasan los años hasta un punto en que se vuelve intolerable. 

Imagínese llegar un día a su casa, entrar a su cuarto y encontrarse con que fue "ordenado" (sí, usted que es la persona más medianamente ordenada de su familia, usted que es la potencial futura obsesiva compulsiva). Sus cosas cambiadas de lugar a la conveniencia de otra persona, el separador afuera del libro que empezó a leer y que no había tocado en un mes, los aritos que le regaló su mejor amiga para navidad y que olvidó ponerse en la mañana brillando por su ausencia en la mesa donde los dejó, y que cuando pregunta por ellos la respuesta sea "No, yo no he tocado nada", haciendo que piense para sus adentros: "¿Y entonces? ¿Quién los movió? ¿El duende?".

Tal vez a usted le encantaría llevarse la sorpresa de que en efecto unos elfos mágicos entraron a su cuarto y se lo ordenaron mientras usted no estaba, pero ciertamente a estas alturas a mí no, solo me dan ganas de jalarme los pelos, porque no deja de parecerme una falta de respeto que las personas -cualquier persona- se tomen atribuciones que no les corresponden, y quizá me da tanto coraje porque a medida las cosas se han ido saliendo de control, yo he optado por no meterme con nadie, pasar la menor cantidad de tiempo posible en las áreas comunes y cruzar solamente las frases prefabricadas de cortesía porque no, no me interesa estar expuesta a la principal fuente de neurosis y estrés de la casa.

Pero hay días en que es imposible no salir salpicado de veneno y convivir no es vivir y sobrevivir se vuelve tan difícil. Pedir paciencia es inútil ya porque el vaso se derrama a diario y me duele, porque sé que es la mamá de mi mamá y sé que para ella tampoco es fácil, pero me duele más oír a mi hermana hablar de irse a estudiar afuera con tal de irse de la casa porque sí, la situación llega a ser insoportable y no la culpo, considerando que ella es el target predilecto de su insanidad, su contrincante favorita.

¿Adónde va todo esto?, dirá usted. Quizá a ningún lado, solo quería desahogarme, no era mi intención sonar como el Hitler de la tercera edad. Vivir aquí cuesta y -disculpe la expresión-, un vergo, pero por el momento, mi única alternativa es no volverme loca en el intento.

En el cine

La vida de los otros

lunes, febrero 21, 2011

Terminaba de ver 'The King's Speech' una noche de estas cuando se me vino a la mente la misma idea que cuando vi 'The Queen': "Cuánta fascinación por la vida de los otros".

En la primera ocasión, creo que el pensamiento lo suscitaron las imágenes del pandemonio mediático del funeral de Diana y la reacción de la gente llorando en las calles y llevándole flores a una muerta que no conocían, pero cuya vida creían conocer al grado de sentir a esa extraña como propia.

A medida veía a la Reina Isabel II en la forma de Helen Mirren y la versión del guionista acerca de algo que a mi parecer no es sino un caso de manejo de comunicación en crisis entre el Primer Ministro Blair y la monarca, caí en la cuenta de que la película rayaba tanto o más en el voyeurismo que los miles de dolientes desconocidos que le habían seguido los pasos en tabloides, la prensa rosa y los programas de entretenimiento, a la célebre difunta.


La película en sí era un peep hole a la vida privada de una figura pública que se percibe fría y distante. Cualquiera se sienta a verla y sale del cine pensando en la Reina como su más íntima amiga. 

Algunas historias son más explotadas que otras, unas más históricamente correctas que otras, unas incluso son historias dentro de otras historias (como leer 'A Sangre Fría', ver la película y después ver las dos bio pics de Truman Capote -la de Phillip Seymour Hoffman y la del otro señor bajito con talle de pervertido-), pero todas tienen en común la curiosidad que generan la vida de los otros (y que la mayoría, muy en mi opinión, son mitad verdad y mitad imaginación del guionista que adorna la realidad y la edita). 

Definitivamente hay vidas más interesantes que otras. 

Retomemos a la monarquía británica, por ejemplo. Solo de Enrique VIII, sus seis esposas, su paso del catolicismo al anglicanismo para casarse con Ana Bolena y procurar un heredero hombre, y las otras mujeres que le siguieron (algunas por la guillotina también), se hace toda una serie de 4 temporadas (The Tudors). De su hija, la reina Isabel I, hay dos películas relativamente recientes, protagonizadas por Cate Blanchett (Elizabeth y Elizabeth: The Golden Age). Luego de los Tudor, los Estuardo y después los Hanover, y que también le hacen una película a la Reina Victoria (The Young Victoria). Tres reyes después -gracias a la abdicación de su hermano-, Jorge VI y otra película (The King's Speech). Isabel II, la siguiente en la línea de sucesión al trono y ¡zaz!, otra película (The Queen). Es como si no hubiera otra familia ligeramente interesante en opinión de los productores de las grandes industrias culturales.
Nos fascina la vida de los otros (justo ayer vi The Social Network), especialmente cuando se descifra al enigmático, se explica al incomprendido, se hace accesible al más distante, humano al más tirano e inspirador a aquel que supera algún obstáculo... como Jorge VI y su tartamudeo.

Supongo que la verdadera pregunta aquí no es por qué nos gusta ver a través del peep hole, sino si acaso nuestras vidas son tan aburridas.

Acá una de las escenas en que Colin Firth me hizo reír: 

Pídasela a su dealer "de a dólar" más cercano o espere otro par de meses, o a que la película se gane el Oscar, para poder verla en una sala de cine en El Salvador.

Dulce amargo amor

Mujeres que están dispuestas a besar a cualquier sapo con la esperanza de que se convierta en príncipe

viernes, febrero 18, 2011

El domingo veía un programa sobre "Los números del amor", una recopilación de estadísticas al más puro estilo Discovery. Decían que, en promedio, una mujer besaba a 68 sapos antes de encontrar a su príncipe azul. No pude evitar pensar que conozco a muchas de esas mujeres.

Creo que todos tenemos al menos a un par de amigas o conocidas que literalmente están dispuestas de besar a cualquier sapo con la esperanza de que se convierta en su príncipe (otra muestra de que Disney se paseó en nuestras vidas amorosas). 

Unos dirán que es por promiscuidad (como si los hombres no hicieran lo mismo), y tal vez en algunos casos sí lo sea, quizá son unas Samanthas de Sex and City, y mientras se sientan bien consigo mismas y no lastimen o perjudiquen a nadie, bien por ellas.  

Yo digo que simplemente hay mujeres que no saben estar solas. Salen de una relación para entrar en otra y no se dan el tiempo para conocerse, salir, ver qué les gusta y qué no, tener una relación con ellas mismas. 

Recuerdo una escena de Runaway Bride (que la vi única y exclusivamente por Richard Gere), en que el personaje de Julia Roberts es como las mujeres que describo, una besadora compulsiva de sapos, que con cada nueva pareja cambiaban sus gustos y su personalidad (si es que se podía decir que tenía una personalidad formada, para comenzar), a tal punto que no sabe cómo le gustan los huevos, si revueltos, estrellados, en omelette, pochados o si acaso es que en verdad le gustan.

Conozco a muchas así, que no saben qué quieren de  la vida y van buscándolo de sapo en sapo, con la falsa idea de que si hallan al príncipe se van a hallar a ellas mismas. Es como una ilusión preciosa que nos meten en la cabeza a las mujeres en infinidad de discursos con tal de mantenernos como la dama en apuros y perpetuar el poder del hombre (Oh, ¡gran salvador!) sobre la mujer.


No se engañe, eso no le va a pasar porque conozca al hombre #69, ni con el 690, ni el 6,900 y el 6,900,000. Todo depende de usted. Aprenda a estar sola y solo así va a poder estar con alguien en un futuro... alguien con quien dure más de un mes.

¿Usted conoce besadoras (o besadores) de sapos? ¿Por qué cree que lo hacen tan compulsivamente?

Mente femenina

De cuando una se "enamora" del póster en la pared

viernes, febrero 18, 2011


Muchos hombres pasaron por mi habitación a medida que entraba a la adolescencia. A las paredes de mi habitación para ser más exacta. Ricky Martin, Leonardo DiCaprio (era la época de "Titanic"), Pacey (Joshua Jackson en tiempos de "Dawson's Creek"), los Backstreet Boys, Mercurio (autografiado, pero por el más feo del grupo para mi mala suerte) y hasta los primeros Menudos (el ítem vintage/retro de mi colección), todos pegados en la pared.

El que más recuerdo era uno enorme de Ricky que me tomó más de un mes ahorrar los 15 colones que costaba. Lo pasaba viendo siempre a la salida del colegio para asegurarme que el señor que se ponía a venderlos en la calle todavía lo tenía. No era la única. Era toda una horda de pubertas y adolescentes las que se agolpaban en la acera viendo qué podían comprar de nuevo. 

Algunas de mis compañeras -aquellas suertudas a las que los papás les daban dinero, no como  a mí-, llegaban al extremo de comprar fotos "autografiadas". Nick Carter con mirada de galán y puchero dizque sexy las miraba de reojo desde la 4x6 o la 8x10 y ellas suspiraban. Todas suspirábamos. Una de bicha es tonta y se "enamora" del póster en la pared. 

Hoy, no sé de dónde afloró el recuerdo, pero se me vinieron a la mente de golpe todos esos hombres y sus pósters que yo coleccionaba a los 12 ó 13 años como mi abuela colecciona santos y vírgenes. Y los adoraba. 

Era una devoción cuasi religiosa a esa parafernalia, a los cassettes (sí, de Ricky Martin) que le pedía a mi tía para navidad o para mi cumpleaños (mis papás son de esos que solo regalan ropa, así que pedírselos no era opción), las revistas TV Guía y cualquier otro objeto que saliera al mercado con la cara o el nombre del artista.

En séptimo grado por ejemplo, mi mamá accedió a comprarme un cuaderno de Ricky Martin y yo decoré el resto con cuanto recorte pude encontrar para que todos fueran de él. También tuve manteles individuales coleccionables con la cara de Ricky, de unos que daban en la Pizza Hut allá por el '99. Ahora solo río de pensarlo.

Y luego recordé cuando mi mamá me hizo quitarlos todos de la pared para hacerle cabida a la pintura fresca, dejando claro que nadie en la casa podía volver a hacer pinta y pega. Los boté todos. Casi llegaba a los 15  y los pósters me parecieron cosa de niñas. Algunos aparecieron eventualmente pero se iban más rápido de lo que aparecían. Ya estaba creciendo.

Me da curiosidad saber por qué a las mujeres nos dan esos amores febriles hacia los artistas en los años de la adolescencia. Y me da más curiosidad saber por qué a los niños no. No conozco a ningún hombre que me haya dicho que creciendo tenía a una mujer en su pared (o quizá solo tenían centerfolds de Playboy y les da pena decirlo).

Por el contrario. He escuchado a más de un hombre decir alguna vez que les parecía irracional el fanatismo femenino. Habiendo sido fanática (y siendo todavía, ¿a quién quiero engañar?), confieso que aunque no me parece del todo racional, tampoco lo hallo irracional (con excepción de las fans psicópatas de Justin Bieber que ofrecen amenazas de muerte por doquier... esas si están locas). Es solo parte de crecer y, cuando ya estás "grande", se convierten en recuerdos que se vuelven a ver con algo de ternura por la ingenuidad de antaño.

 En todo caso, a los hombres les diría que probablemente ellos tenían a 11 hombres pegados en su pared y nadie les dijo nada pues.

Música

10 Canciones para el aftermath de la vida loca

lunes, febrero 14, 2011

Si hay algo que no entiendo es por qué la gente asocia la música de Ricky Martin con alegría. Sí, sí, yo sé que a todos se les viene a la mente 'Livin' la vida loca', 'La copa de la vida' y todas esas, pero la realidad es que los discos de Ricky están plagados de canciones dignas de emos y maníaco depresivos, con letras que incitan a llorar por amores pasados mientras minan seriamente el autoestima de los oyentes en estado vulnerable. 

Tal vez exagero un poco -solo un poco-, pero no es hasta 'Lo mejor de mi vida eres tú' que no le escuchaba una canción a Ricky que fuera genuinamente alegre y que no estuviera escondida entre los tracks que jamás llegan a ser escuchados en la radio. Hasta la alegría ha salido del clóset.

Sí, supongo que Ricky se siente al fin feliz y que la tristeza no es para él, pero para los que sí, siempre estarán estas joyas corta venas, para cuando uno hace el aftermath de la vida loca, o en todo caso, de un amor loco, de esos que se recuerdan un 14 de febrero:

10. Así es la vida (Vuelve, 1998)
Adiós te digo y me siento mi peor enemigo. Se desgarra nuestra historia pasada por otra historia que se queda en nada. Adiós te digo y en ese adiós llevo mi castigo. Yo te quiero y digo que no te quiero, y mis lágrimas empapan el suelo...
9. Tu recuerdo (Ricky Martin MTV Unplugged, 2006)
Un beso gris, un beso blanco, todo depende del lugar. Que yo me fui, eso está claro, pero tu recuerdo no se va. Siento tus labios en las noches de verano... Allí están cuidándome en mi soledad pero a veces me quieren matar...
8. Te extraño, te olvido, te amo (A medio vivir, 1996)
He perdido todo hasta la identidad y si lo pidieras más podría dar, es que cuando se ama nada es demasiado. Me enseñaste el límite de la pasión y no me enseñaste a decir adiós, he aprendido ahora que te has marchado...
7. Fuego de noche, nieve de día (A medio vivir, 1996)
Y mientras yo me quedo sin ti, como un huracán rabioso y febril. Tanta pasión, tanta osadía, oh tú... fuego de noche, nieve de día
6. Perdido sin ti (Vuelve, 1998)
Si me falta tu presencia yo me pierdo buscándote. Cierro mi vida, cierro para mí el libro blanco de mi vida, el libro blanco de mi vida... Perdido sin ti
 5. Y todo queda en nada (Almas del silencio, 2002)
Y yo aquí muriendo y tú como si nada, pero la razón me vuelve a controlar. Y dentro de mí es el dolor que habla, que conversa a solas con mi soledad. Vienes, te apareces y te veo. Y es que aquí no pasa el tiempo... y yo muriendo
4. A medio vivir (A medio vivir, 1996)
Llevamos mucho tiempo hablando y no te seguiré aburriendo más con mi discurso, solo te llamaba por saber si por si acaso tú también necesitabas... No está de más... Hablar de vez en cuando no está de más. Y es que sin ti respiro con un solo pulmón. Y es que sin ti... todo se quedó por la mitad.
 3. Volverás (A medio vivir, 1996)
Solo tú, solamente tú lo sabrás. Mira lo que siento, un amor del viento nada más. Yo que te amé, que jamás te mentí, me entregué solo a ti y te perdí. Volverás, volverás. Seguro que pronto vuelves a mi vida y ya nunca me darás besos en sequía, a  mi lado beberás toda mi energía
2.  Vuelve (Vuelve, 1998)
Y ahora es que me doy cuenta de que sin ti no soy nada. He perdido las fuerzas, he perdido las ganas. He intentado encontrarte en otras personas. No es igual, no es lo mismo, nos separa un abismo. Vuelve, que sin ti la vida se me va.
1. Tal vez (Almas del silencio, 2002)
Tal vez, será que esa historia ya tiene final. No sé por qué hoy te siento tan distante de mí, que a pesar que lo intento de nuevo, tal vez llegue tarde, ya no hay nada qué hacer y no puedo creer que el tiempo que hemos tenido tal vez se nos gastó. Tal vez fui yo que no te dio una noche entera, tal vez nunca te he dado lo que tú esperabas y no estaba cuando me necesitabas. Tal vez no te escuché, tal vez me descuidé, tal vez se me olvidó que yo te amaba.

Música

Una canción desesperada

miércoles, febrero 02, 2011

Esta noche mi hermana me preguntaba que por qué habían más canciones tristes que alegres. Yo le dije que no podíamos comprobar lo que ella decía y que, en todo caso, lo percibe así porque en efecto a uno le tienden a gustar más las canciones tristes. Entonces la pregunta fue "¿Y por qué gustan más las canciones tristes?". Solo supe responderle que las penas se cantan con más pasión, aún cuando son ajenas. ¿A qué no?