Cómo convivir un obsesivo compulsivo y no volverse loca en el intento

martes, febrero 22, 2011

No soy psiquiatra ni psicóloga, a lo sumo he visitado a suficientes como para poder hacer un diagnóstico improvisado de que ella tiene un serio desorden obsesivo compulsivo (OCD). ¿Cómo lo sé? Pues, es fácil sospecharlo cuando te llegan a tocar la puerta mientras te estás bañando todas las mañanas para preguntarte si hay "alguna basurita" porque, claro, hay que sacar 5 ó 6 bolsas de basura diarias si es posible -way too much information, lo sé, pero necesito que entienda la gravedad de la situación y si acaso es posible, pueda sentir algo de empatía por el resto de inquilinas de la casa-. 

O porque puede ser un domingo a las 8:30 de la noche y ella anda dando más vueltas que un trompo moviendo chunches de un lado para el otro, porque no puede controlar sus ataques de ansiedad e insiste en que la casa tiene que amanecer "limpia y ordenada", aunque ella bien sabe que amanecerá a las 5 a.m. para volver a hacer exactamente lo mismo... otra vez. 

O qué tal que, de la nada, se ponga a gritar porque alguien no arregló su cama "bien", porque no se lavó un plato "ya" o porque alguien movió algo de "su lugar" por un par de centímetros. Y no se diga cuando se despierta con ánimos de pelear con todo el que se le atraviese porque esos días bien le puede gritar indirectas a los vecinos porque el viento hace que las hojas de sus árboles se vengan por estos rumbos.

No, no veo demasiado "Obsesivos" en el Biography Channel. Sí, ella es como la versión humana de la abuela de Chucky y el OCD va empeorando conforme pasan los años hasta un punto en que se vuelve intolerable. 

Imagínese llegar un día a su casa, entrar a su cuarto y encontrarse con que fue "ordenado" (sí, usted que es la persona más medianamente ordenada de su familia, usted que es la potencial futura obsesiva compulsiva). Sus cosas cambiadas de lugar a la conveniencia de otra persona, el separador afuera del libro que empezó a leer y que no había tocado en un mes, los aritos que le regaló su mejor amiga para navidad y que olvidó ponerse en la mañana brillando por su ausencia en la mesa donde los dejó, y que cuando pregunta por ellos la respuesta sea "No, yo no he tocado nada", haciendo que piense para sus adentros: "¿Y entonces? ¿Quién los movió? ¿El duende?".

Tal vez a usted le encantaría llevarse la sorpresa de que en efecto unos elfos mágicos entraron a su cuarto y se lo ordenaron mientras usted no estaba, pero ciertamente a estas alturas a mí no, solo me dan ganas de jalarme los pelos, porque no deja de parecerme una falta de respeto que las personas -cualquier persona- se tomen atribuciones que no les corresponden, y quizá me da tanto coraje porque a medida las cosas se han ido saliendo de control, yo he optado por no meterme con nadie, pasar la menor cantidad de tiempo posible en las áreas comunes y cruzar solamente las frases prefabricadas de cortesía porque no, no me interesa estar expuesta a la principal fuente de neurosis y estrés de la casa.

Pero hay días en que es imposible no salir salpicado de veneno y convivir no es vivir y sobrevivir se vuelve tan difícil. Pedir paciencia es inútil ya porque el vaso se derrama a diario y me duele, porque sé que es la mamá de mi mamá y sé que para ella tampoco es fácil, pero me duele más oír a mi hermana hablar de irse a estudiar afuera con tal de irse de la casa porque sí, la situación llega a ser insoportable y no la culpo, considerando que ella es el target predilecto de su insanidad, su contrincante favorita.

¿Adónde va todo esto?, dirá usted. Quizá a ningún lado, solo quería desahogarme, no era mi intención sonar como el Hitler de la tercera edad. Vivir aquí cuesta y -disculpe la expresión-, un vergo, pero por el momento, mi única alternativa es no volverme loca en el intento.

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