La vida de los otros

lunes, febrero 21, 2011

Terminaba de ver 'The King's Speech' una noche de estas cuando se me vino a la mente la misma idea que cuando vi 'The Queen': "Cuánta fascinación por la vida de los otros".

En la primera ocasión, creo que el pensamiento lo suscitaron las imágenes del pandemonio mediático del funeral de Diana y la reacción de la gente llorando en las calles y llevándole flores a una muerta que no conocían, pero cuya vida creían conocer al grado de sentir a esa extraña como propia.

A medida veía a la Reina Isabel II en la forma de Helen Mirren y la versión del guionista acerca de algo que a mi parecer no es sino un caso de manejo de comunicación en crisis entre el Primer Ministro Blair y la monarca, caí en la cuenta de que la película rayaba tanto o más en el voyeurismo que los miles de dolientes desconocidos que le habían seguido los pasos en tabloides, la prensa rosa y los programas de entretenimiento, a la célebre difunta.


La película en sí era un peep hole a la vida privada de una figura pública que se percibe fría y distante. Cualquiera se sienta a verla y sale del cine pensando en la Reina como su más íntima amiga. 

Algunas historias son más explotadas que otras, unas más históricamente correctas que otras, unas incluso son historias dentro de otras historias (como leer 'A Sangre Fría', ver la película y después ver las dos bio pics de Truman Capote -la de Phillip Seymour Hoffman y la del otro señor bajito con talle de pervertido-), pero todas tienen en común la curiosidad que generan la vida de los otros (y que la mayoría, muy en mi opinión, son mitad verdad y mitad imaginación del guionista que adorna la realidad y la edita). 

Definitivamente hay vidas más interesantes que otras. 

Retomemos a la monarquía británica, por ejemplo. Solo de Enrique VIII, sus seis esposas, su paso del catolicismo al anglicanismo para casarse con Ana Bolena y procurar un heredero hombre, y las otras mujeres que le siguieron (algunas por la guillotina también), se hace toda una serie de 4 temporadas (The Tudors). De su hija, la reina Isabel I, hay dos películas relativamente recientes, protagonizadas por Cate Blanchett (Elizabeth y Elizabeth: The Golden Age). Luego de los Tudor, los Estuardo y después los Hanover, y que también le hacen una película a la Reina Victoria (The Young Victoria). Tres reyes después -gracias a la abdicación de su hermano-, Jorge VI y otra película (The King's Speech). Isabel II, la siguiente en la línea de sucesión al trono y ¡zaz!, otra película (The Queen). Es como si no hubiera otra familia ligeramente interesante en opinión de los productores de las grandes industrias culturales.
Nos fascina la vida de los otros (justo ayer vi The Social Network), especialmente cuando se descifra al enigmático, se explica al incomprendido, se hace accesible al más distante, humano al más tirano e inspirador a aquel que supera algún obstáculo... como Jorge VI y su tartamudeo.

Supongo que la verdadera pregunta aquí no es por qué nos gusta ver a través del peep hole, sino si acaso nuestras vidas son tan aburridas.

Acá una de las escenas en que Colin Firth me hizo reír: 

Pídasela a su dealer "de a dólar" más cercano o espere otro par de meses, o a que la película se gane el Oscar, para poder verla en una sala de cine en El Salvador.

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