Mente femenina

Lo que seduce nunca suele estar donde se piensa

miércoles, marzo 30, 2011

Uno de estos días veía un episodio repetido de The Big Bang Theory en que Howard evita a toda costa a una chica con la que estaba saliendo (compañera de trabajo de Penny) porque le da la impresión de que ella busca formalizar la relación en un noviazgo. El gran pavor no era el compromiso, sino que ese nerd escuálido no muy atractivo creía que él podía conseguir algo mejor, haciendo alusión a súper modelos, actrices o cantantes, y estar con una mujer real -aún cuando la susodicha era bonita- lo haría perder esa "oportunidad".

Yo solo pensé en cuántos hombres son tanto o más idiotas que Howard Wolowitz y van por ahí discriminando chicas solo porque no se ven como la hermana gemela perdida de Pamela Anderson (en sus buenos tiempos), y también en las mujeres que creen fervientemente en el "príncipe azul" y que este va a  correr por la pradera en slow motion mientras su pelo se ondea con el viento. 

Aunque le parezca risible, las hay quienes desde que vieron a Leonardo DiCaprio en Titanic siguen esperando que un rubio ojiverde les llegue a tocar a la puerta; así como en 10 años las habrá quienes esperen por alguien con el pelo de Justin Bieber.

Dicen que la belleza está en el ojo del observador, pero hay quienes se empecinan en el 90-60-90 o en los hombros anchos, pies grandes y sonrisa Colgate. Tal vez si dejaran de ver para enfrente y vieran a los lados tan solo por una vez en sus vidas caerían en la cuenta de que siempre hay un roto para un descosido.

No deje que los patrones que las industrias culturales dictaminan como hermoso sean su único parámetro para admirar la belleza. Sabe, Cerati tiene razón: Lo que seduce nunca suele estar donde se piensa.  

NPI

La edad de la inocencia

miércoles, marzo 30, 2011

Una de estas noches mientras cenaba afuera, un par de niñas (hermanitas, me imagino) me robaron toda la atención por lo interesante de su conversación. Una, dándose aires de gran importancia, le preguntaba a la otra si conocía quién era el Cipitío, refiriéndose a él como "el que sale en la tele".

No sabía qué debía sorprenderme más: si el hecho de que una niña nacida en el siglo XXI supiera quién era el Cipitío o que alguien aún sintonizara el canal 10 que tantos recuerdos de infancia me trae, a expensas de la variada programación infantil con la que se topa uno hoy en día.

Me pareció, más que sorprendente, fascinante encontrar otra televidente de las aventuras del personaje mitológico más conocido en El Salvador, si bien procedente de una generación muy diferente a la mía -la pequeñita más hablantina no pasaba de los 6 años, algo ha de saber sobre Barney, los Teletubbies, la Floricienta o quienes sean sus secuaces del momento-.

Pero lo que terminó por ponerme una enorme sonrisa en la cara fue que las hermanitas, bajo la batuta de la más "fan" del Cipitío, se entretuvieron de lo lindo jugando a decir "Matatero tero tero, matatero tero lá... que se aparezca _____ ¡ya!", con todo y ademanes. Nada de Playstation, iPod o BlackBerry con los que cada vez es más frecuente encontrar a un niño en la mano.

Así, entre encantos, hechizos y embrujos, mientras las escuchaba jugar y recordaba el pánico que le tenía al "Brujo Barbujo" a los 5 años,  pensé en las maravillas de la edad de la inocencia, en cómo uno se divierte con poco y goza mucho, y se tienen ojitos ante los que todo es fascinante y el mundo está lleno de aventuras y cosas por descubrir.

Supongo que aunque se pierda algo de esa inocencia infantil, nunca se debe perder la capacidad de asombro... sin importar la edad que uno tenga.         

El día de algo

60 minutos

sábado, marzo 26, 2011

Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas, llamó a la Hora del Planeta "60 minutos de oscuridad para ayudar al mundo a ver la luz" ("60 minutes of darkness to help the world see the light”).

Con todo respeto a Ban Ki-moon, para mí 60 minutos no son nada. Sí, hoy todos correrán a apagar las luces, electrodomésticos, la computadora... algunos hasta tuitearán "solo" desde su BlackBerry o iPhone con tal de ayudar al planeta, porque claro, es lo políticamente correcto y el color verde está de moda. Pero al minuto 61 volveremos a lo mismo.

Verá, aliviar al planeta por una hora, aún si todos los hogares en el globo lo hicieran, no lo aliviaría lo suficiente en relación con lo que le seguiremos haciendo mañana... y pasado mañana... y después de pasado mañana, ad infitnitum. Estos 60 minutos son como darse una gran hartada de puros carbohidratos, grasa y azúcar, y querer sentirse menos culpable al respecto yendo una hora al gimnasio.

La Hora del Planeta, aunque es un excelente ejemplo de movilización social -de esos estudios de caso dignos de un libro-, tomada a la ligera no logra mayor cambio en la conciencia de la población acerca del calentamiento global y la huella de carbono que cada uno va dejando como un negro legado para las futuras generaciones.

¿Qué tal si el minuto 61 lo empezamos calculando nuestra huella de carbono? Y luego en el 62' hacemos ajustes en nuestras vidas que en verdad contribuyan a un cambio sostenible para el medio ambiente.

Online

De clic en clic

sábado, marzo 26, 2011

A veces me sorprende todo lo que puedo descubrir de clic en clic. ¿Se ha puesto a pensar en toda la información suya que está colgada en internet? Empiece por buscar en Google su nombre. ¿Cuántos resultados le tiró? ¿Su Facebook, LinkedIn, Twitter? ¿Algo relativo al trabajo, la universidad? Podría apostarle que no le costó mucho encontrarse en la web, ¿o sí?

Probablemente gracias al anterior ejercicio ha encontrado al menos a un par de personas. ¿Cuántas fotos de conocidos o de quienes ya no son sus "amigos" ha podido ver a través de sus perfiles de Facebook? Aquel muchacho que le gustaba en sus viajes por el mundo. O al nuevo esposo de su ex novia bailando con ella en la boda. ¿Cómo se enteró de qué ha sido de aquella amiga del colegio con quien ya casi no habla? ¿O aquel familiar que ahora vive fuera del país? ¿Lo encontró en Internet? 

Le digo, sin ánimos de alarmarlo, que yo he encontrado hasta números de DUI y NIT gracias a que la persona en cuestión alguna vez compró un carro y el papeleo se coló a un sitio web gubernamental. Ni siquiera necesita una conexión a Internet para encontrar algo tan "privado" como un número telefónico: solo tiene que abrir la guía telefónica y hasta le dan la dirección.

Y sí, tal vez resulte entretenido y hasta embrutecedor estar viendo las fotos, leyendo los status o tweets del otro. Más bien un placer culposo. La mayoría de las veces ni siquiera tiene que andar en plan de acosador (Facebook stalker como dicen por ahí) para encontrar esa información: simplemente está ahí a la vista de todos. Tampoco necesita ser hacker para dar con todos esos datos. Uno los proporciona voluntariamente.

Ahora piense cuántas personas han hecho lo mismo con usted. 

Ahora dígame cómo se siente. ¿Desnudo tal vez? ¿O como que lo observan a través de una vitrina?


Divagando ando

Cuando todos los días son días de algo

jueves, marzo 17, 2011

Saludos a usted que hoy se vistió de verde. No puede ubicar Irlanda en el mapa -incluso puede que no sepa que hay dos Irlandas-, no se sabe el nombre de la capital, tampoco sabe quién era el tal San Patricio, pero usted anda feliz de que hoy se celebre St. Patrick's day. Sí, saludos a usted que, desde que se instaló en su país un restaurante que dice ser pub irlandés pero no es sino una franquicia estadounidense (no muy diferente de la que dice que es chilli pero sirve otras cosas o la que le agradece a Dios que es viernes), se enteró de que en una fecha a mediados de marzo se celebra el día de la cerveza verde y usted asiste a rendirle tributo.


Aunque los "días de algo" nazcan con la buena intención de conmemorar algo (el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, la madre, el padre, el niño, la mujer, ¿el hombre?), el mercadeo no tarda en clavar sus garras en ellos y hacer que todos los días sean de -aún- más consumo. 

Otros tienen su génesis en la necesidad de visibilizar causas o crear conciencia (el día de la tierra, el agua, el cáncer de mama, el día internacional del VIH Sida), unos mejor que otros que terminan por perder su significado. 

¿Sabía usted que hay un día de la diabetes? Yo me enteré en el Servicio de Endocrinología del HNR. Al principio me pregunté quién podría celebrar tal cosa, pero después escuché una conversación entre dos señoras que estaban animándose mutuamente para ir a la marcha del Día Mundial de la Diabetes, y pensé "Al menos tienen un día para sentirse identificadas, visibilizadas". 

Los hay también bizarros: el día del cerebro, el del corazón, el del riñón... si usted conoce más días dedicados a un órgano del cuerpo, por favor háganoslo saber en un comentario. Otros hacen el mínimo esfuerzo por preservar la memoria histórica de meras construcciones narrativas con discursos de libertad, independencia, gloria, valentía y no sé qué patrañas más. Creo que estos últimos emocionan más a la gente porque al menos son asuetos nacionales.

Hay días que simplemente nos emocionan por eso: porque hay vacación. Recuerdo que a mi sobrino le hicieron un examen de Estudios Sociales cuando estaba en kínder y le preguntaban qué se había celebrado en la vacación de agosto: él respondió que las ruedas de la feria. Deberíamos hacerle ese examen a muchos jóvenes y adultos a ver con qué salen ellos.

De tantos días que son "días de algo" he llegado a la conclusión de que a la gente lo que le gusta es que, de los 365 días del año, hayan menos días que solo son comunes y corrientes. Para sentir que hay "algo" que celebrar... aunque no sepan ni qué es. 

Mente femenina

De echarse la soga al cuello

viernes, marzo 11, 2011

De un tiempo a acá he notado que varios de mis conocidos empiezan a casarse. No son ideas mías, son los relationship status de ellos en el Facebook. No tengo nada en contra del matrimonio. De hecho algún día espero casarme. Tampoco me quita el sueño pensar que podría no pasar. Sé que no estoy dispuesta a cambiarme el apellido y ser "de alguien", pero también sé que sí estoy dispuesta a compartir mi vida con alguien. Sin embargo, sigo sin entender el porqué de tantas ganas de casarse a estas alturas de la vida.

A los (casi) 25, me parece una locura echarse la soga al cuello, a menos que uno esté en toda la capacidad porque papi paga o porque de verdad se está enamorado, la relación ya lleva sus años y hay compromismo y deseo de ambas partes por empezar literalmente desde cero -que también pasa-.

Pero si apenas vas saliendo de la universidad y entrando al mundo, ¿para qué? Falta mucho por ver, oír, leer, aprender, saber, conocer, vivir... por crecer. Estos son quizá los únicos años que uno tiene para sí mismo, para disfrutar de estar solo, sin compromisos, ser independiente, autónomo. 

Apenas vas saliendo de la burbuja en que te tenían tus papás y ya querés irte a meter a otra con tu pareja y después con tus hijos, ¿para qué? Dicen que hay más tiempo que vida, por lo que realmente no hay necesidad de apresurarse y meterse en camisa de once varas.

Por supuesto que esta es una opinión muy personal, que las Susanitas abundan aún en el siglo XXI, pero en mis divagaciones he llegado a la conclusión de que hay aspectos racionales más importantes que analizar antes de decidir dar ese paso que los mismos emocionales:

La estabilidad laboral, los ingresos de ambos, cuál será el arreglo de los bienes, adónde vivirán, si comprarán o alquilarán casa, cómo pagarán los muebles y esas cosas, si están en la capacidad de pagar las facturas y una larga lista de etcéteras.

Probablemente soy de los raros especímenes que piensan así ya que, cada vez que voy a una boda, la atención parece estar puesta en otros menesteres: los novios o sus papás se van casi siempre de bolsa con la organización de la fiesta. Flores, globos, centros de mesa, música, comida, recuerdos, el vestido, el fotógrafo, los vestidos de las damas de honor, todo un espectáculo para las 100 ó 200 personas que asisten al magno evento y más de alguno ni siquiera conoce a los novios. Bah, que celebrar el amor es lindo. Lo que no es lindo es echar la casa por la ventana y después no tener con qué mantener una casa. 

Entonces, ¿habrá una edad idónea para casarse? No. Supongo que es cuestión de sentirse listo, pero sobre todo, de estarlo. En todos los sentidos. Hasta en el financiero.

¿Usted qué piensa? ¿Cuál es la edad propicia para echarse la soga al cuello?

Pseudo motivacionales

Aplasta sueños

miércoles, marzo 09, 2011

Mi hermana dice que soy una aplastadora compulsiva de sueños. Yo solo digo que soy realista. Soy del tipo de persona que cree que no está mal soñar, en grande, en gigante y alta definición si se quiere, pero también hay que saberlo hacer lo más realista posible, ya que a mi parecer, esa es la única manera útil para transformar un sueño en realidad. 

Mi sobrino a los 7 u 8 años decía que él iba a jugar fútbol para un club europeo cuando fuera grande. No es subestimarlo, que juega muy bien, pero sinceramente, ¿cuáles son las probabilidades? Estoy casi segura de que le dije algo parecido a "Hijito, para llegar a hacer eso tenés que practicar mucho", lo que pensé era lo más políticamente correcto para no meterme en líos como la vez que le dije que Santa Claus no existía.

El día que mi papá -médico- me dijo que quería poner una agencia aduanera o algo por el estilo cuando abrieran el Puerto de Cutuco casi me caigo de la silla (pretendía ser el jefe a distancia, sin tener idea de cómo se maneja un negocio de ese tipo y poniendo a trabajar a gente de la zona para él -ajá, sí como no-). Tengo dudas del sueño de mi hermana de ser Top Chef cuando no veo que hierva agua tan siquiera y hasta dudo que el viaje que quería regalarme por mis 25 años vaya a pasar cada vez que veo de reojo mi cuenta de ahorros. O cuando voy a una boda y empiezo a hacer cuentas de todas las cosas en las que podrían haber invertido su dinero los novios en lugar de una fastuosa fiesta que dura a lo sumo 5 horas (¿Más de $1,000 por un vestido que solo te vas a poner una vez? ¿En serio?).
Y así, son cositas que pienso o digo no con la intención de desinflar las esperanzas de los demás, sino para que piensen bien en las probabilidades, en la factibilidad de lo que desean, antes de que sientan el gran pinchazo propinado por la vida misma y queden apachurrados como un globo después de la fiesta que no arrancó.

Todos quisiéramos ser el próximo Messi, Steven Spielberg, García Márquez, Oprah Winfrey, Donald Trump, Mark Zuckerberg, el non plus ultra... pero no todos podremos llegar a serlo. Mucho menos si no pasamos del deseo a la acción.
No digo que todos los sueños sean imposibles pero también hay que saber reconocer que a veces la gente se pone expectativas demasiado altas que únicamente les llevan a la frustración al no poder cumplirlas. ¡El mundo está lleno de gente frustrada!

Creo que al fin y al cabo soñar es como enamorarse: hay que saber a qué dedicarle nuestro amor, nuestros cuidos, nuestra dedicación, tiene que ser un sueño que valga la pena para pasar desvelos y hasta hambre por él. Un sueño por el que queramos trabajar todos los días, cultivarlo a diario. 

Supongo que un sueño es en efecto como una relación en la que hay -o debe haber- un fuerte grado de compromiso y uno no puede ir por la vida dando falsas esperanzas. A nadie le gusta estar en una relación sin futuro.

O no sé. Tal vez sí soy demasiado realista y aplasto sueños. Hasta los míos propios.

Mente femenina

Hombres que necesitan reafirmación positiva a la mañana siguiente

lunes, marzo 07, 2011

Es una verdad universalmente reconocida que todo hombre, soltero o casado, poseedor de una gran fortuna o no, necesita reafirmación positiva a la mañana siguiente. Bueno, tal vez no todos, pero tiene que admitir que hay muchos hombres inseguros que necesitan que les estén diciendo constantemente si son guapos, inteligentes, graciosos, exitosos, qué se yo. Es como si nunca dejaron de ser aquellos pequeñuelos que corrían a los brazos de mami.

Por eso se les ve en los gimnasios "echando" brazos mientras contemplan absortos su imagen reflejada en  el espejo y escapan a darse un beso y golpearse en el espejo cual Narciso que se fue de boca en el estanque. Si lo que ven no les gusta -y su mamá no termina de convencerlos de que son los hombres más deseados del universo-, lo pueden compensar con ropa de moda, el celular más moderno, la computadora más avanzada, el carro más grande porque claro, el tamaño sí importa y esas son las únicas cosas en las que nos fijamos las mujeres.

Cuando se tienen que despojar de sus gadgets, sus plugins y no sé qué más, y se quedan au naturel, tampoco tienen que preocuparse de que su autoestima baje y otras cosas no suban: ¡para eso hay Viagra, Sildenafil y Campolón! Y mire cuánto hay como para que las ventas de Pfizer sobrepasaran los $8 millones de dólares el año pasado.

Está bien, está bien caballeros, les concedo que no poder cumplir con sus obligaciones de "macho que se respeta" puede ser trágico para ustedes y que en ese caso, un par de palmaditas en la espalda son requeridas de parte de su pareja, acompañadas de un "No te preocupes, a todos les pasa, mi amor" para reconfortarlos.

Y como si tanto chinchineo aún no ha logrado mal acostumbrarlos, es probable que a la mañana siguiente necesite un poco más de reafirmación positiva, una carita alegre en su tarea, su oficina atiborrada de flores y una gran pancarta con su nombre agradeciéndole por ser maravilloso, increíble, espectacular, magnífico, el non plus ultra, cuerpo de Adonis y sangre de tigre (gracias Charlie Sheen).

Sí mujeres, como si trabajar más que ellos y ganar menos no fuera suficiente, la publicidad intenta hacerlos más mandilones y ahora les implanta la idea de que hay que rendirles pleitesía y reafirmarles nuestra eterna gratitud porque ellos son el sexo "fuerte" ya que, desde luego, solo somos objetos sexuales a los que hay que impresionar, encantar, impactar... el único verbo que les faltó usar es "someter". Por algo dice Castells que el poder se reproduce comunicativamente.
Usted, sí usted "macho que se respeta", hágase un favor y deje de ser tan inseguro, que para la autoestima no hay medicina que se la levante.

Como dice Paquita la del Barrio, pobres pistolitas ustedes tacos placeros.

* Esta entrada estuvo largamente postergada desde que vi los anuncios allá por septiembre del año pasado.

Mente femenina

Moda que no acomoda

viernes, marzo 04, 2011

Cuando se trata de moda me pasa algo similar al fútbol: me gusta verlo, pero no practicarlo. Soy cualquier cosa menos fashionista. Por el contrario, puedo pasar por fashion victim

Pero el hecho de que no me guste disfrazarme vestirme "in" no significa que no sepa apreciar lo que se ponen los demás y en este mundo voyeurista en el que vivimos sobran las oportunidades para enterarse cuál es el último grito de la moda. 

Como (casi) cualquier mujer (sin oficio y con acceso internet), me meto a la web de Christian Lauboutin allá a los meses en una noche de aburrimiento y me deleito viendo zapatos preciosos de 14 cm. de alto y $895 de precio, que jamás podría comprar ni "domar". Si la noche no pinta para más puede que termine viendo vestidos de novia de Oscar de la Renta o curioseando las galerías de imágenes con las colecciones de diseñadores cuyos apellidos no puedo pronunciar. Mientras navego recuerdo aquel documental sobre la última colección de Valentino (aún con Valentino Garavani), los vestidos cosidos a mano lentejuela por lentejuela y cómo me pareció casi inverosímil que tuviera en su staff a su musa (yo que pensaba que eso de "esperar a que baje la musa" era retórico). Suspiro y pienso en cuánta cosa linda se puede hacer con retazos de tela, y por un segundo, solo por un segundo, es como si la industria de la moda y yo nos reconciliáramos y por un momento la admiro como una forma de arte en sí misma.
 
Entonces, otra tarde sin oficio, veo mujeres pasearse por la alfombra roja con vestidos, tan, pero tan, tan, tan, tan ¡FEOS! y caigo en la cuenta de que hay de artistas a artistas, y que aparentemente los diseñadores que hacen esos vestidos inexplicables (algunos de los cuales dudo si hasta Lady Gaga se los pondría) deben ser algún tipo de artista abstracto y discúlpeme si usted sí sabe de moda, muy haute couture podrá ser pero el sentido común ante todo. No me importa si cuesta $30,000 dólares, si es feo, ¡es feo! Y algunos no solo son feos sino que rayan en el borde de lo ridículo.
Parafraseando el dicho "La mona aunque se vista de seda, mona se queda", podríamos acuñar uno nuevo de "Si te vistes con un vestido pura ________, pura ________ te vas a ver".
Claro, qué importa la opinión de alguien que a todas luces no es conocedora de la materia ni es el target de todos los Gucci, Pucci, Versace y compañía, pero de una u otra forma todos estamos sujetos a los caprichos de la tal moda -industria que mueve BILLONES de dólares al año- y de los que toman las decisiones (allá en Vogue, Ana Wintour y sus grandes gafas), como le explica el personaje de Meryl Streep a Anne Hathaway en The Devil Wears Prada.

Y uno aquí quejándose porque no hay tallas para mujeres reales en las perchas de los almacenes, o porque no halla zapatos que no parezcan de gladiador romano o de dominatriz, o asombrándose al ver mujeres vestidas en colores neón o estampados animales, cuando la realidad es que la industria de la moda se infiltra verticalmente de Dolce a gabanas.

Más que tener ropa de moda, hay que tener espejos de cuerpo entero.

Mente femenina

Pensamientos estériles

jueves, marzo 03, 2011

A finales de septiembre, en medio del torbellino, me diagnosticaron síndrome de ovarios poliquísticos. Tengo quistes pequeñititos en los ovarios. No sé por qué me da tanta pena decirlo, no es como que se trate de una enfermedad venérea, solo es algo que se formó en mi cuerpo sin qué ni para qué, sin que yo me diera cuenta. Es tratable, lo es. Me dicen que me van a prescribir otra pastilla, la segunda en mi cóctel, y que eso, sumado a cambios en mi estilo de vida, podría hacer que desaparezcan tan mágicamente como aparecieron. 

Pero luego me dicen que existe la posibilidad de que tenga problemas de fertilidad "en un futuro", aunque siempre hay un doctor que, después de que sale con un "por ejemplo, si actualmente usted estuviera casada y quisiera tener hijos, probablemente le costaría o no podría", lo trata de deshacer con un "pero eso no lo sabemos ahora". Le doy crédito, él tiene un punto, pero que te digan de la manera más políticamente correcta "Usted tal vez no pueda tener hijos" no deja de ser un golpe bajo, de esos que te sacan el aire y te parten el alma. 

Para rematar no faltan las conversaciones con conocidas que padecen o padecieron la misma condición y te dicen cuántos años pasaron "intentando" hasta casi perder la esperanza -alguien incluso me dijo que no poder tener hijos era lo de menos-. A veces me pongo a pensar, más de lo que quisiera y debería, si yo podría ser como esta última persona o cómo me sentiría si llegado el momento la madre naturaleza me dijera "No Raquel, tú no", y aunque el pensamiento sea hipotético, la emoción es real. 
Es como que a usted de mujer le den una visa que sabe que algún día vencerá, allá cuando le llegue la menopausia, pero que ahora resulte que el día que quiera subirse al avión de la maternidad, existe la mínima probabilidad de que lo detengan en migración y después de un full body cavity search resulte de que su visa ha sido denegada. Y yo sé que no todas las mujeres aspiran a ser mamás, pero esta ilusa que expone su vida íntima aquí como en raras ocasiones sí.
Entonces me pongo a pensar en todas las mujeres para las que debería ser ilegal tener hijos -denegarles esa visa por completo, por seguir con la metáfora-, desde las que son negligentes, las que los abandonan, las que dejan que sus hijitos sean abusados (si es que no son ellas las que sirven de proxeneta), las que los maltratan, las que los ponen a pedir o a robar en las calles, hasta las que se suben al elevador naranja de Multiplaza con sus hijos y dos empleadas domésticas (delatadas por el uniforme, por supuesto) y entre un piso y el otro le pegan al niño mayor en la cabeza mientras le dicen entre dientes "Me vas a hacer caso", y después no evito preguntarme si la naturaleza en verdad es sabia y cómo mujeres así sí pueden tener hijos y alguien como yo tal vez no.   

Este es el ir y venir de mis pensamientos estériles sobre algo que se me escapa de las manos, que podría ser o no ser. Quizá eso es lo que te termina de dar la patada al hígado, no saber cuán probable es lo que te dicen que "es probable" y solo saber, en cambio, que no es algo que puedas controlar. Supongo que lo único que puedo esperar es que los estériles sean solo mis pensamientos.

Quizá esta es una de esas raras entradas en que me sobreexpongo y que escribo con el solo propósito de hacerle saber a aquel que se pueda identificar con lo que lee que no está solo.