Así soy yo

Yo y mi pánico al conflicto

viernes, abril 29, 2011

Siempre me ha dado la impresión de que le huyo al conflicto. No sé si es porque tiendo a reaccionar torpemente a los dimes y diretes en un intento por tratar de seleccionar las mejores palabras, porque me da miedo convertirme en la versión femenina de Hulk a la hora de defenderme en un caso extremo o porque simplemente no le hallo sentido a ponerme a discutir sobre algunos temas o con ciertas personas. 

Esto hace que muchas veces deje pasar cosas que a cualquier otro le parecerían graves afrentas, o que, si el conflicto fue inevitable, después ande disculpándome hasta por cosas que no he hecho o dicho, con tal de seguir adelante y pasar la página. 

Esa soy yo, hay gente que hace todo lo contrario, y más que evitar los conflictos, los buscan. Se toman todo a pecho o lo convierten en algo personal. Algunos tendrán sus motivos, pueda que estén defendiendo sus creencias, valores y principios, y es válido, tal vez lo inapropiado es la manera de hacerlo, sobre todo si recurren a vociferar y desestiman las perspectivas ajenas. Pero otros pareciera que lo hacen por hobby, por puro vacil. 

¿El que se enoja pierde? ¿O gana? Comente y conversemos

Divagando ando

Alzar el vuelo

jueves, abril 28, 2011


Tuve que preguntarle a medio centenar de personas si ellos estarían dispuestos a irse del país en un futuro para caer en la cuenta de que nunca me he puesto a pensar si a mí me gustaría emigrar. A los encuestados se les da la opción de responder "Sí", "No", "Tal vez", pero mi respuesta es "No sé".

No tengo esposo ni hijos que considerar en la decisión, solo mi núcleo familiar. Tampoco tengo bienes propios que me mantengan aquí, ni deudas que me esperen. No tengo un trabajo fijo o un contrato irrevocable. Hablo el idioma, tengo visa, el mundo es mi ostra. ¿Por qué no alzar el vuelo?

Aún así, nunca he pensado irme del país, al menos no para vivir. No permanentemente. Tal vez para estudiar (eso sí se me ha ocurrido infinidad de veces), pero siempre con la idea de regresar a corto o mediano plazo... no 30 o 40 años después, como hacen algunos compatriotas.

La pregunta que acompaña a mi "No sé" es: ¿Para qué? Hay gente convencidísima de que irse del país es sinónimo de progreso, casi sin importar el país de destino, lo cual no me parece del todo cierto. El que es perico en todos lados es verde. El verdadero problema radica en qué oportunidades se le ofrezca al perico, y hoy las oportunidades escasean no solo en nuestro país, sino a lo largo y ancho del globo. 

A esto hay que sumar otros factores como la discriminación y el tipo de oportunidades que se le ofrecen a los migrantes, sin importar si en su país de origen tenían 20 títulos colgados de la pared. No es por menospreciar -trabajo es trabajo-, pero también es algo que hay que sopesar. ¿Si usted aquí no lava ni un plato, cómo espera ir a lavar toda una vajilla?

Huir de la violencia también se le puede venir a la mente, pero ¿qué me dice de la violencia que sufren los inmigrantes en su camino hacia el sueño americano estadounidense? De los secuestros, las violaciones, las masacres. Esa es , ha sido y seguirá siendo la realidad para millones de personas que desean cruzar la frontera, cueste lo que cueste. 

Otra gente le apunta a la "mejor calidad de vida", lo cual me parece relativo. Hace un par de meses escuché a una pareja de salvadoreños que tienen décadas residiendo en Suecia hablar acerca de cuánto les quitaban en impuestos (más del 40% si no me equivoco), pero todo lo que recibían a cambio: salud, educación, alimentación en las escuelas, horarios de trabajo regulados según edad y género, hasta licencias de maternidad de 18 meses para él o ella. Era una maravilla, me sentí dispuesta a no ver la luz del sol por meses y empacar hacia el país nórdico, a pesar de los mitos en torno a los índices de suicidio y los casos de depresión. 

Al final del día, me sigo inclinando por un "No sé", con leves inclinaciones hacia un "Tal vez, no estoy segura pero no lo descarto", siempre y cuando halle una respuesta válida y de peso a mi "¿Para qué?". 

Y usted, ¿estaría dispuesto a emigrar? Comente y conversemos.

Mente femenina

Zapatofilia

martes, abril 26, 2011

Mi nombre es Raquel, tengo un par de pies y más de 20 pares de zapatos. Me da bastante vergüenza decirlo, estando consciente de que hay cientos de miles de niños que caminan descalzos por el mundo. Lo intento, pero no lo logro. Me fascina de manera absurda ver zapatos. Sí, sí, yo que les he dicho que no creo en la moda.

Al principio creía que era poco usual padecer de este mal, pero pronto descubrí que a más mujeres les pasa lo mismo -a unas más, a otras menos-, como en esta entrada de Clau en Tras el Cristal. Si hay hombres que se excitan viendo pies y zapatos de tacón alto (y no necesariamente estilo stripper), ¿qué tiene de sorprendente que a las mujeres también nos emocione ver un par de lindos zapatos, más si están en oferta? 

Tengo cuando menos 2 teorías al respecto: la primera es que es más probable encontrar un par de zapatos que te queden bien, casi sin importar tu talla o tu tipo de cuerpo, a encontrar ropa que te talle bien en este mundo en que la XS es la nueva M. La segunda sostiene que se le saca más provecho a un buen par de zapatos (o a los accesorios, por ejemplo), que a una prenda de vestir. Exempli gratia: un vestido o una blusa siempre se van a ver igual... a menos que los combine con otros zapatos, cartera y bisutería.

Obviamente no compro cada par de zapatos que me hace ojitos colochos desde una vitrina. Aún no he desenterrado una botija o narcobarril que me permita tal despilfarro de verdes. Pero cuando hay necesidad, deseo y poder adquisitivo, caigo ante la tentación.

Yo los veo como una inversión. Tengo pares con más de 5 años y, aunque no sean el último grito de la moda o los más in, trendy o no sé qué, a mí me gustan. Para que yo deje salir a un par de zapatos de mi clóset es porque de verdad han recorrido un buen kilometraje o porque el zapatero ya no supo cómo remendarlos. Algunos, como "los de fiesta", los mantengo ahí guardaditos porsiaca.

Creo que los zapatos hablan de la personalidad y aspiraciones de los pies que los llenan. Es más, quizá hasta por eso "vitrineamos" tanto las mujeres: nos imaginamos la vida del maniquí. Y si tal vez compramos aunque sea un pedacito de ese estilo de vida, como un par de zapatos por ejemplo, acortamos la brecha entre lo que somos -cómo nos presentamos-, y cómo nos gustaría que nos vieran y percibieran.

¿Qué dicen sus zapatos de usted? Comente y conversemos.

PD. Lo curioso es que los zapatos que más uso son un par de tenis maltrechos. Siempre tengo un par de ese tipo: primero fueron unos Kickers que duraron más de 5 años hasta que la suela se llenó de hoyos; luego un par de All Stars (rosados, por cierto) que corrieron con la misma suerte; unos Hush Puppies morados que terminaron moldeados anatómicamente por el uso. 

Las disculpas del caso. Ando altos los niveles de estrógeno. En la próxima escribo una entrada más "yo", y menos "me gustaría ser femenina algún día". ¿Fútbol tal vez? ¡El Manchester United hoy juega las semis!

Mente femenina

Por qué las mujeres hablamos tanto

lunes, abril 25, 2011

Seguramente esta pregunta ya le ha cruzado por la mente. Es probable que aún no le haya encontrado respuesta. Quizá lo considere uno de esos misterios sin resolver. Quizá en efecto lo sea.

Que conste eh, no podemos generalizar. Hay mujeres mudas, algunas monosilábicas y otras hablan hasta con las piedras. Pero junte a dos o más mujeres y seguro logrará que entre ellas hablen hasta de la inmortalidad del cangrejo.

Entonces, ¿por qué las mujeres hablamos tanto? Hay motivos tanto biológicos -desde cómo funciona nuestro cerebro-, como socioculturales que explican este fenómeno. 

Para comenzar, las mujeres prestamos más atención a los detalles (sí caballero, de ahí vienen todos los comentarios que hace su novia o esposa cuando dice "¿Viste cómo andaba vestida la fulana?"). Y de remate, por lo general las mujeres tenemos mejor memoria (sí, por eso es que difícilmente se nos olvidan las cosas que ustedes hacen o dicen). A esto le debemos sumar los procesos de socialización y los patrones culturales que seguimos a menudo inconscientemente.

Por supuesto, yo tengo mi propia hipótesis, si bien no tengo la respuesta definitiva. Las mujeres hablamos tanto entre nosotras, simple y sencillamente porque la mayoría de los hombres habla tan poco. Es una maravilla encontrar a otro ser humano con quien hablar sobre detalles, emociones, dilemas existenciales, sueños y aspiraciones, entre otros temas. Algo similar a encontrar un oasis en pleno desierto.

¿Se imagina usted hablando con un hombre acerca de su frustración sexual, por poner un ejemplo radical? ¿O contándole que se siente gorda? ¿Que odia su trabajo o a su jefe? No lo creo. Por alguna razón la mayoría de hombres sigue un guión a la hora de hablar sobre temas personales. Responden algo parecido a: "De qué te preocupas. Ya vas a ver que todo va a salir bien. Eres tan exagerada". 

Indudablemente hay hombres con quienes se puede hablar por horas, conversaciones muy placenteras de temas variados y obteniendo la perspectiva masculina, pero no es lo mismo. La conexión y el grado de confianza que se tiene con una amiga es, a falta de mejor palabra, especial.

Quizá por eso las mujeres nos tomamos el tiempo para almuerzos o cenas de 3 ó 4 horas con el propósito de  ponerse al día con la vida de la otra, y llenamos cafés, bares y restaurantes. Algunas incluso reciben facturas telefónicas por montos de 3 dígitos (casos extremos, pero los hay). Otras invocan a sus amigas para que se conecten al Msn o Skype. 

Sentimos la urgente necesidad de hablar. Piénselo de esta manera: a algún lugar tiene que ir a parar todo lo que nos pasa por la cabeza e inevitablemente nos sale por la boca. Con alguien tenemos que compartirlo todo. ¡Qué sé yo! Insisto: una mejor pregunta es por qué los hombres hablan tan poco.

Comente y conversemos.

Solo en El Salvador

La responsabilidad social mal entendida

jueves, abril 14, 2011

Esta mañana abrí el periódico para enterarme que un restaurante de comida rápida había hecho una donación a una asociación que tiene como misión generar conciencia sobre los riesgos cardiovasculares en los niños. Doble paradoja.

Si la empresa en cuestión fuera socialmente responsable para con los niños (que al final de cuentas son quienes se atipujan de hamburguesas), ¿no deberían empezar por freír sus papas en algún tipo de aceite más "saludable" -como si eso fuera posible-? ¿O en hacer sus hamburguesas con carne molida de buena calidad, sin Dios sabe qué como extra topping? Hágase un favor y vea Fast Food Nation o infórmese a través de The Meatrix

En segundo lugar, la promoción (porque no se me ocurre llamar de otra manera a este tipo de pseudo evento en relaciones públicas) era que se designaría un día para que la gente comprara el big producto estrella y que el total de las ventas sería donado a la asociación antes mencionada. Mi pregunta entonces es, ¿qué donó la filial salvadoreña de la segunda franquicia más grande del mundo? Todo el dinero donado salió de los bolsillos del consumidor. 

Vamos más allá: se vendieron 9,634 hamburguesas y se donaron $27,938.67 (según el cheque enorme que salen sosteniendo sonrientes en la plana completa que sale en el periódico). ¿Donaron $2.90 por hamburguesa vendida cuando en el menú la hamburguesa vale $3.00 (o $5 en combo)? Hay algo que no me cuadra y no es solo la matemática.

En todo caso, ¿cuál fue la acción de responsabilidad social de la empresa? ¿Poner mupis, anuncios en los periódicos, cuñas en la radio, spots en televisión, ads en Facebook? Si este es el caso, lo que se promocionó fue el consumo. ¿Cuánta gente tiene conciencia de los riesgos cardiovasculares gracias a esta gran campaña? ¿Los mismos que comieron hamburguesas, papas fritas, pasteles, Coca-Cola, batidos y sundaes?

Una muestra más que la responsabilidad social que "predican" las empresas en el país está mal entendida. El concepto sin contaminar es precioso en la teoría, pero la práctica nos demuestra una realidad muy distinta, que da mucho coraje incluso. La RSE debería empezar en casa, con los empleados, e irse ampliando a la comunidad a la que pertenece la empresa, todo con acciones para un desarrollo sostenible. Y ninguna de esas palabras ("desarrollo" y "sostenibilidad") cabe en el caso anteriormente escrito.

Qué bien por la asociación que hoy tiene $27K dólares que antes no tenía. Pero qué mal por las empresas que siguen creyendo que los consumidores somos estúpidos.

No me encanta.

Demasiado personal

Soledad crónica

miércoles, abril 13, 2011


A veces me siento sola. Unas más, otras menos. Pero al final de cuentas: sola. Tengo mis ciclos, montañas rusas de emociones. Unas estoy arriba, otras abajo. Pero cuando caigo en el precipicio, siempre me golpeo con el sentimiento de soledad. ¿Será que la soledad es crónica?

Divagando ando

Cuando faltan las palabras

viernes, abril 08, 2011

Pasa. Uno da bocanadas de aire tratando de hallar las adecuadas (en en extrema urgencia, ¡cualesquiera!), pero no las encuentra. No salen de la boca. Algunas ni siquiera llegan a la punta de la lengua. Las situaciones en que pasan varían: puede ser ante una pregunta incómoda, un comentario impertinente (para mientras contamos hasta 10) o algo que nos toma por sorpresa y nos deja literalmente sin palabras.

También pasa que a veces no se conocen las palabras. ¿Ha visto alguna vez a un niño tratar de explicar algo que le es desconocido o que no comprende del todo? Se quedan en blanco y se ofuscan de la misma frustración de no poder comunicar en palabras la maraña de sus pensamientos. No hay que ser niños para que eso pase. 

Para describir, por ejemplo. Descríbame la sensación más agradable que alguna vez haya experimentado. Describa -sin ayuda de su lenguaje corporal- el gol más fantástico que ha visto anotar a un jugador de su equipo favorito. Describa lo que pasó por su mente a raíz de una canción, un libro, una pintura, un lugar, una obra de teatro, un ballet, una escena curiosa que vio en la calle hoy. ¿Se quedó corto en adjetivos? A mí me pasa.

No hablo de hacer versos inspirados, un haiku o qué sé yo. Hay momentos en que simplemente nos ponemos mudos. Momentos en que nuestras competencias lingüísticas y comunicativas se truncan. ¿Por qué será?

Pseudo motivacionales

Lo que todo el mundo necesita

jueves, abril 07, 2011

¿Sabe que es lo que todo el mundo necesita? Hablar. A veces me sorprende las situaciones en las que la gente intenta sacarle plática a uno -y sí, a veces, dependiendo del contexto, me parece molesto (discúlpeme señora, pero yo no voy al gimnasio para que me cuente que no alcanza a leer los subtítulos de TBBT mientras sudamos lado a lado)-. Pero al final de cuentas, la gente necesita hablar. 

Hay días en que andamos cosidos o pegados los labios: aún en medio de mucha gente y su cháchara, no decimos ni pío. Mal que bien, es un alivio encontrar con quién podamos abrir la boca y compartir lo que sea que tenemos en mente (o alma, en caso de que sean penas las que nos agobian). Estoy convencida de que tener con quién hablar -más que una conversación superficial típica del día a día- ayuda a apalear la soledad.

Por eso nunca está de más escuchar. 

Demasiado personal

Cicatrices

lunes, abril 04, 2011

El día que me quitaron los puntos
Me veo al espejo todos los días. Quizá tengo algo de Estelle en "A puerta cerrada". Mi propio reflejo me recuerda que existo, que no he terminado de hacerme invisible. 

¿Sabe qué es lo que más veo desde hace 3 meses? Mi cicatriz en el cuello. No por vanidad. Ni siquiera me molesté en untarme algún menjurge, tampoco la cubro con maquillaje.

La miro y hasta me río porque sé que esta es la menor de mis cicatrices. Llevo otras cuantas más y más grandes que nadie ve, porque no me las grabaron en la piel con bisturí, sino con palabras y acciones.

A veces hasta yo me olvido que están ahí. No porque hayan terminado de cicatrizar, sino porque ya no me detengo a contemplar mis heridas.

Hoy que mi cicatriz se empieza a esconder entre los pliegues naturales de mi cuello, pienso en cómo todas mis cicatrices han pasado a ser parte de mí y me han hecho como soy. Para bien o para mal.

El día de algo

Un día como hoy

viernes, abril 01, 2011

Nació este blog. Sé que cuando hablo de la blogósfera tiendo a recurrir a mi experiencia individual (aquí, aquí y aquí) o a mis observaciones del colectivo (acá).

Dos aspectos rescato de mis divagaciones profusas sobre el tema de "la blogueada": el primero es que con el tiempo se cae en la cuenta de que uno solo escribe para sí mismo, lo que es en extremo liberador. No se puede quedar bien con todo el mundo y ciertamente no vale la pena intentarlo, so pena de despersonalizarse y/o volverse loco.

El segundo es que, al menos en mi caso, la gratificación me la da encontrar que en el mundo hay más personas que tienen las mismas ocurrencias, atraviesan situaciones similares y viven emociones un tanto parecidas. Creo que ya se los he dicho pero no está de más admitir que sí, me hacen sentir menos sola. Comprendida.

Hoy que se cumplen 2 años quiero mas bien pensar en el futuro y creer que mientras pueda -se me ocurran cosas y no se termine de agotar la poca irreverencia que me queda (si es que alguna vez la he tenido)-, voy a seguir por aquí (por muchos pensamientos bloguerísticos suicidas que tenga de vez en cuando).

Espero que así sea.

Gracias por haber leído alguna de las 291 entradas anteriores, especialmente a quienes he tenido la oportunidad de "conocer" a través de sus comentarios en el blog, Facebook, Twitter y hasta el chat de Gmail. Si le parto un pastelito al niño los invito.