Los otros

It's complicated

martes, mayo 31, 2011

Cuando estaba pequeña le preguntaba por qué usted no me quería. Y no es que no me quisiera, en verdad, sino que así lo percibía. Ante mi existencialismo infantil, ella siempre decía "No es que no te quiera, es que te quiere a su manera". Nunca me pareció una buena manera de querer, pero de algo a nada, supongo que era un consuelo. Por eso creo que, cuando usted refunfuña de vez en cuando "... No me quieren y tanto que las quiero yo", me dan ganas de decirle "No es que no lo quiera, lo quiero a mi manera". Pero entonces tendría que explicarle que uno cosecha lo que siembra y terminaríamos peor.

Cuando estaba un poco más grande usted me decía que no era su obligación quererme pero que lo hacía porque quería y en algún nivel eso se suponía que me tenía que hacer sentir agradecida. Y más que agradecida, obligada a devolver con creces tanta "gratitud". También me dijo que todo lo que pudiera lograr era solo por y gracias a usted. Pero solo era buena para lo académico, para todo lo demás (nadar, correr, jugar un deporte, manejar) era torpe, como se tomaba la molestia en hacérmelo saber. Cuando valía únicamente por mis notas al menos valía por un reflejo somero de mi capacidad intelectual; hoy valgo por cuánto gano.

Siempre qué van a decir los otros y nunca qué vamos a sentir nosotros. Siempre las apariencias. Siempre el miedo ridículo al ridículo. Siempre la necesidad de tener más, el deseo de lo material. 

De adulta he llegado a la conclusión de que yo sé tanto de usted como usted de mí: casi nada. Y sí, a veces me pregunto si llegaré a los cuarenta años y todavía habrán momentos en que sienta el mismo miedo que a los diez cuando hago algo mal. O si a mis cincuenta seguirá aprovechando cada oportunidad para preguntarme "¿Cuánto has bajado?" -o en el peor de los casos, ¿Verdad que has subido? Sí, se te nota-. He de admitir que la capacidad de poder analizar por qué usted es o deja de ser así o asá ha contribuido enormemente a que me deje de afectar. No soy yo, es usted. 

Pero aún así, tenemos una relación, ya sea por costumbre, obligación o simplemente porque somos familia; y por relationship status: It's complicated
   
Feliz cumpleaños. Aunque desconozca que escribo. Ni que tengo un blog. Ni sepa qué es un blog porque solo lee cadenas.

Dulce amargo amor

Prueba y error

viernes, mayo 27, 2011


A todos nos gustan los zapatos. Algunos de verdad guardamos la esperanza de encontrar el par de zapatos perfecto con el que recorrer el resto de nuestra vida. Sin embargo, sencillamente no es tan fácil. Olvídese del cuento, los zapatos perfectos no llegarán a tocar a la puerta de su casa para que se los pruebe. Usted tiene que salir a buscarlos. Salga al mercado en su búsqueda.

Yo soy de la opinión de que usted puede vitrinear todo lo que quiera, vea todos los zapatos que se le crucen por el camino. Examínelos. Mire si le gusta el color, el tamaño del tacón, el estilo en general. No le recomiendo que se pruebe todos los zapatos, solo aquellos que usted piense en el fondo que le quedarán bien. Como el refrán dice: encuentre la horma de sus zapatos

El punto es que se los pruebe. Siéntalos. ¿Le aprietan? ¿Cree que puede soportar el dolor de andar con unos zapatos que le incomodan? Vuelva a olvidar el cuento, no sea como la hermanastra de Cenicienta, no intente hacer que le queden los zapatos equivocados, solo porque son bonitos o porque se los van a chulear en la calle. Tampoco se los lleve porque están en oferta, algunos son de precios bajos y calidad aún más baja. 

Hay zapatos que tal vez después de lo que las mujeres conocemos como "amaestramiento" terminen por quedar, pero es un camino muchas veces tortuoso, lleno de ampollas (incluso callos, según me dijo alguien por ahí). Todas conocemos cuánto pueden llegar a doler los pies por culpa de una mala elección de zapatos. Esos, mejor devuélvalos o ya no se los vuelva a poner. No intente a toda costa que le queden, va a terminar mal. Después hasta cuesta retomar el camino.

Y cuando halle a los zapatos perfectos, después de tanta prueba y error, vívalos, disfrútelos. Los zapatos se hicieron para andar. Eso sí, no le puedo garantizar que solo necesite un par para toda su vida. Pero si se desgastan, aprecie el camino recorrido y vuelva al paso número uno.

Ahora lea todo lo anterior y cada vez que lea zapatos sustituya la palabra por "pareja", "hombre", "mujer", según sea el caso. 

Comente y conversemos.

Carrera

Dejémoselo al de comunicaciones

viernes, mayo 27, 2011

Hace dos años me gradué. Solo dos años y se siente tan distante. Nada comparable a los 25 años de graduados que acaban de cumplir mis papás, pero sí, el tiempo se ha sentido.

Cuando egresé sabía que no era la misma persona que entró a la universidad recién salida del colegio. Cuando me gradué no era la misma que egresó. Y ahora que ya voy a 3/4 de la otra universidad, también siento que no soy la misma.

La maestría ha cambiado tanto mi manera de ver el mundo, la realidad en la que vivo y mi profesión, que aunque a veces me pregunto qué hago ahí, en el fondo sé que llegué adonde tenía que estar. Yo lo resumo en: todas las aplicaciones para las que no sabía que la comunicación servía.

Lo mismo con los lugares a los que he llegado a trabajar y las personas tan diversas que me ha tocado conocer, cuestiones para las que el pregrado nunca me preparó pero que salen en el camino. Quiero suponer que porque tienen que salir y porque me van a llevar a alguna parte.

Hoy podría hablar prácticamente de cualquier cosa, de cómo los días felices son los que uno recuerda más y mejor, de que el subempleo no es ni bueno ni malo pero que para mí ya no es suficiente, o de que no sé para dónde va mi carrera. Cualquier cosa.

Pero la verdad es que solo quiero decir una: cómo la profesión del comunicador es incomprendida en el mundo laboral. Si usted le dice a alguien que estudió comunicaciones seguramente le dirán a cambio: "Ah, es periodista". No. "¿Fotógrafo?". No. "¿Diseñador?". No. "¿Hace páginas web?". No. "¿En publicidad es que trabaja?". No. "Entonces en mercadeo". No.

Puede hacer cualquiera de las anteriores y probablemente le pidan en un trabajo que haga todas las anteriores. A mí me han pagado tres dígitos por hacer una presentación en PowerPoint y recibieron el producto final como si había descubierto la cura para el cáncer.

El problema es ese, que creen que pueden dejárselo todo al de comunicaciones. Hasta algo tan trivial como hacer una carta, revisar la ortografía de un documento o "dejar bonita" una tabla hecha en Word (esa última sí me molestó porque era el colmo de la inutilidad cuando se supone que vivimos en un mercado laboral en que todos debemos ser multifuncionales).

Nuestro trabajo se relega a algo tan instrumental en algunos lugares de trabajo, que pierde sentido haber pasado cinco años escuchando que la comunicación era estratégica. Sí, da cólera. Desanima. No todos lo percibimos, y si observamos el fenómeno, no a todos les molesta.

De hecho, quizá solo sea cuestión mía. Tal vez solo a mí me aburre diseñar tarjetas y diplomas, escribir discursos, notas y boletines. Yo y mi estúpida utopía por tener un trabajo que me apasione, que cambie vidas. Entre más conozco, más me cuestiono.

Al final del día, trabajo es trabajo, dinero es dinero. Por algo se tiene que empezar. Aún así, ¿hasta cuando se puede uno resignar a que le guste la vida que vive, en lugar de vivir la vida que le guste?

Quizá mi mamá tiene razón y soy "un espíritu libre". Pero por hoy, solo por hoy, dígame que no estoy sola y que tal vez alguien más se siente así.

Comente y conversemos.

Los otros

7 años

lunes, mayo 23, 2011

Hace 7 años, aquel domingo gris. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. El teléfono que suena en horas inusuales. Ella bajando las gradas, su cara como si hubiera visto un espanto. Su llanto ahogado por la ducha. La espera, la incertidumbre, la negación, todas seguidas por los porqués. ¿Por qué? ¿Por qué alguien le haría eso? Los hechos, la realidad, el llanto. La ropa negra, la noche negra, los hombres en la funeraria llevando el ataúd. Acercarme y no reconocerlo, porque no quiero, porque esto no puede estar pasando. Uno de los días más angustiosamente largos de mi vida. No, no se me olvida, no sé si porque no puedo o porque no quiero.

A veces me pregunto, cuando ya no estemos nosotros, ¿quién preservará el recuerdo de que alguna vez él existió? Ese hombre generoso y detallista, papá y abuelo de los niñitos preciosos. ¿Y cuando se me vaya olvidando a mí? Cuando ya no recuerde su rostro, su sonrisa, sus frases exactas. No, quiero aferrarme hasta del último recuerdo. Aunque siga llorando cada 23 de mayo o 24 de agosto por el resto de mi vida. Llorando como si hubiera sido ayer.

Mente femenina

Desmadre

jueves, mayo 19, 2011

Cerca del día de la madre una marca X tenía una promoción en la que regalaban no sé qué y le preguntaban a los niños por qué le daban una "estrellita" a su mamá. A un programa de esos, una revista matutina que no sintonizaría por voluntad propia, llamó al estudio una niña (que no sé que haría a esas horas en casa) y respondió que su mamá se la merecía porque le lavaba la ropa, le hacía la comida, le ayudaba con las tareas, jugaba con ella, le contaba cuentos. La pequeña concursante, sin querer queriendo, se puede atribuir la inspiración para la entrada donde hablábamos de las mujeres multifuncionales.

Si usted es lector regular, seguramente ya conoce mi pensar y sentir respecto a la maternidad (aquí, acá y acullá), pero la realidad es que al no tener hijos es poco lo que puedo aportar al decir que ser madre es todo un desmadre. Lo único que tengo son mis observaciones. Ser mamá cuesta. Es trabajoso. Doloroso también. Más allá del parto que es lo que nos atemoriza a algunas (gracias Discovery H&H y tu "No sabía que estaba embarazada"), hay gajes del oficio de mamá para las que ni una epidural funciona (de nuevo, gracias Discovery H&H y tu "Niñera S.O.S").

A veces pienso también en las mamás que, como mi abuela, no saben qué fue de sus hijos en tiempos del conflicto armado y lo único que pueden visitar es una foto a blanco y negro. Y en todas las que los pierden a diario en nuestros días a causa de la delincuencia. Me da tristeza.

El domingo leía una nota en La Prensa Gráfica en que hacían referencia a un estudio publicado por Save the Children respecto a los mejores y peores países donde ser madre. Noruega se posicionó en el primer lugar, mientras que Afganistán en el último del índice global.
En Noruega las tasas de mortalidad materna e infantil son bajas, la esperanza de vida y la escolaridad de las mujeres son altas y los permisos por maternidad duran en promedio un año
¿Sabe en qué lugar está El Salvador? El número 40 de la categoría de "Países menos desarrollados" (ver página 30). 39 puestos debajo de Cuba y 22 por debajo de China donde por ley solo se permite tener un hijo por mujer. 82 peldaños nos separan de Noruega y estamos a 80 por encima de Afganistán en el índice general. Ni bueno ni malo, podrán concluir algunos. Justo a la mitad de la tabla. Si fuera campeonato de fútbol diríamos que no somos campeones pero tampoco nos vamos al descenso.

Tal vez no esté en mi imaginación y en efecto: ser mamá cuesta. Es necesario hablar sobre políticas que contribuyan a mejorar las condiciones para la maternidad de forma integral y en todos los aspectos: salud pública, economía, seguridad laboral, etc., más allá de traer a ex presidentas a inaugurar proyectos donde se harán intervenciones en pequeña escala que seguramente ayudarán a algunas, mas no a la mayoría.

Pero para hacer esas políticas es necesario un proceso de construcción participativo en que se involucren todos los actores, sector privado incluido (en serio, a veces me pregunto, ¿tanto les costará poner una guardería en algunas empresas? ¿Tienen idea de cuan productivas serían las mujeres trabajadoras si no tuvieran que estar preocupadas cada minuto de su jornada laboral por dónde y con quién están sus hijos?), y que además se tomen en cuenta las distintas realidades en que viven la maternidad las mujeres.

Mientras a las mujeres les sigan dando estrellitas doradas (o peor aún, promesas de que nunca van a estar solas), y no alternativas sostenibles a largo plazo que faciliten su trabajo como madres, seguiremos como estamos. No porque un estudio lo diga, sino porque las mujeres lo viven día a día.

En alguna medida, un par de mamás tuiteras motivaron esta entrada (así y asá). Ambas participan en un blog que me parece muy interesante y se llama Día de la madre. Aunque yo creo que al día de la madre habría que cambiársele el nombre a: Día de la apreciación de parte de los hijos. Pero un aprecio real, no por la multifuncionalidad y la actitud servicial de estas mujeres, sino por su integridad.

Si usted es mamá en El Salvador, tenga mis respetos.

Comente y conversemos.

Mente femenina

Mujeres multifuncionales

miércoles, mayo 18, 2011

Cuando se habla de economía y género, si es que se habla de ello, se cae en la cuenta de que el comportamiento económico de hombres y mujeres es diferente debido a los roles que nos asignan socialmente. La división sexual del trabajo tiene mucho que ver en el asunto, porque el trabajo doméstico no se toma en cuenta en términos económicos.

En el libro que ocupa mi mesa de noche actualmente encontré una anécdota de una mujer que decía necesitar una esposa. No, no era lesbiana. Trabajaba, estaba casada y tenía hijos. Quería una esposa para que se encargara de ella como asistente personal. Sí, suena misógino, pero tiene mucho de razón porque es común que las mujeres nos encarguemos también de otros.

Mi intención no es hablar de las inequidades en torno al género que aún existen en el ámbito laboral y consecuentemente en la vida económica de los países. Mi postura no es económica ni de experta en tema de género (que no lo soy) ni feminista (mucho menos), solo es una simple observación de que a las mujeres, por el simple hecho de ser mujeres, nos toca trabajar el doble.

La primera vez que me percaté de esto fue en un taller sobre género en el que fui a parar por cuestiones de trabajo. Nos pusieron a hacer un ejercicio en grupos que consistía en hacer la agenda de un día común y corriente en la vida de una mujer y, curiosamente, en ambos grupos el resultado fue similar y más o menos el siguiente:

4:30 a.m. La mujer se levanta, se baña y se arregla.
5:00 a.m. La mujer despierta al esposo y se dispone a preparar desayunos, loncheras y almuerzos
5:45 a.m. La mujer despierta a los niños, los baña y arregla
6:15 a.m. La mujer pone el desayuno en la mesa y alista a todos para salir
6:45 a.m. La mujer está dejando frente al colegio a los niños
7:00 a.m. La mujer se va a trabajar, aprovecha a llegar temprano para adelantar y pasa en la oficina todo el día
5:30 p.m. La mujer sale corriendo de la oficina para pasar por los niños a una guardería o donde un familiar
6:00 p.m. La mujer revisa cuadernos y supervisa a los niños mientras hacen las tareas, al tiempo que prepara la cena
7:00 p.m. El hombre llega y la cena ya está puesta en la mesa. Si no, aprovecha a leer el diario o ver televisión
8:00 p.m. La mujer sigue supervisando las tareas de los niños mientras ella misma hace las tareas del hogar. Otra alternativa (si tiene ayuda en la casa) es dedicarse al trabajo que llevó de la oficina. El hombre sigue viendo televisión.
9:00 p.m. Una vez haya acostado a los niños, la mujer al fin puede sentarse a ver televisión o a conversar con su esposo
10:00 p.m. Horas extras en la cama
10:30 p.m. Arreglar mochilas, uniformes u otros tiliches para mañana
11:00 p.m. Dormirse

Al terminar el ejercicio caí en la cuenta de que vivo la vida de un hombre soltero porque solo me ocupo de mí misma, pero fácilmente pude identificar a muchas mujeres que concuerdan con la descripción. Cuando estábamos pequeñas, mi mamá cumplía con ese horario (si le restamos al esposo y le sumamos que teníamos quién nos ayudara en casa), y lo hacía de lunes a viernes, más los mandados del fin de semana.

Lo que yo me pregunto es: ¿De verdad tiene que ser así? No podemos generalizar, hay hogares en que los hombres también contribuyen, pero ellos son la excepción a la regla. Me desalienta pensar que, en cierta manera, el poder androcéntrico de las sociedades en que vivimos espera que así lo sea, que tengamos dos trabajos y que apenas se nos reconozca uno que, en algunos casos, es mal remunerado y no se realiza en las condiciones laborales óptimas (mujeres que ganan menos, pocas mujeres en altos cargos, acoso laboral, cositas).

Estamos ante un problema de dimensiones culturales. Lo único que se me ocurre es que las propias mujeres estamos en la obligación de enseñarle a los demás cómo cuidarse a sí mismos. Sea al esposo o a los hijos. No tenerlos, como se dice en buen salvadoreño, boquita qué querés. Las responsabilidades se deben compartir. Claro, eso en el caso de que se tenga con quien, porque tampoco hay que dejar de lado los hogares monoparentales.

En todo caso, criemos a niños que cuando lleguen a hombres sean lo suficientemente machos como para saber que ser una mujer multifuncional quiere huevos ovarios. He dicho. 

Tal vez las próximas generaciones corran con mejor suerte.

Comente y conversemos.

Divagando ando

Me reservo el derecho a diferir

miércoles, mayo 11, 2011

¿Se imagina un mundo en el que a todos nos gustara el mismo color? Supongamos que a todos nos gustara el negro: nos vestiríamos de negro de pies a cabeza todos los días, hasta la ropa interior. ¿O que tal si a todos nos gustara el mismo sabor de sorbete? Llegaríamos a la heladería a ordenar y no habría que tomar una decisión: ni fresa ni chocolate, solo vainilla. ¿O si todos votáramos por el mismo candidato? No habría ni siquiera necesidad de hacer elecciones porque solo existiría un partido político. 

Ahora imagínese que todos pensáramos igual. Conversaríamos solo para recibir del otro una reafirmación positiva de lo que ya pensamos. Probablemente no conversaríamos en absoluto; aunque claro, siempre hay quienes prefieren que su interlocutor le diga solo lo que quieren escuchar. Tampoco habría televisión por cable porque todos veríamos el mismo canal; ni equipos de fútbol porque todos apoyaríamos al mismo, bajo el supuesto de que a todos nos tendría que gustar el fútbol; no habrían varios géneros musicales porque todos escucharíamos la misma música y muy probablemente del mismo artista.

Si todos pensáramos lo mismo, habláramos sobre lo mismo, viéramos lo mismo, leyéramos lo mismo, escucháramos lo mismo, creyéramos en lo mismo y opináramos lo mismo, ¿acaso no seríamos todos más de lo mismo?

Si usted se precia de ser diferente, ¿por qué insiste en que los demás sean iguales a usted? ¿Por qué se queja de que los demás no piensen, opinen, digan y hagan lo mismo que usted? Que a usted le guste o disguste X o Y cosa no lo hace mejor ni peor persona, y ciertamente no lo convierte a usted en un ser superior ni al otro en una criatura inferior. Si ya sabe que todos somos diferentes, ¿por qué insiste en renegar las diferencias?

¿Y qué si al otro le gusta el reguetón o qué sé yo? ¡Ahí déjelo ser! Para usted él o ella es diferente, pero hay más personas que se identificarán con él. La diversidad es algo con lo que nos enfrentaremos a diario por los siglos de los siglos. ¿Vale la pena ir por el mundo tratando de evangelizar a todo al que se encuentre para que acepte su verdad como LA verdad absoluta? Muchas cuestiones de la vida no tienen respuestas correctas y solo aplica la de "Todas las anteriores". 

Si a usted le molesta en sobremanera que otros vivan de manera diferente a usted, entonces por su salud mental limítese a convivir y socializar en círculos en que usted solo sea uno más entre quienes son todos iguales. No agregue a otros a su Facebook, no siga a personas diferentes en Twitter, no lea blogs con los que no simpatice, no sintonice la radio y siempre, siempre, tenga el control remoto a la mano. Tal vez necesite confinarse a su casa por el resto de su vida, o incluso encerrarse en su cuarto hasta el final de sus tiempos. 

Si usted va a diferir, hágalo con respeto. El mismo respeto que usted pide de los demás. Hay maneras de expresar un punto de vista. Tampoco lo haga bajo la premisa de que ganará un alma más, porque entonces lleva todas las de perder. Él otro probablemente piensa lo mismo acerca de su opinión y cree que usted es quien está equivocado. Pero si ambos superan los prejuicios iniciales y comparten sus perspectivas sobre el tema en discordia tal vez descubran que ahí donde hay diferencias también hay similitudes. O que simplemente son diferentes, pero que está bien que así sea.

Y si usted no tiene nada constructivo qué aportar, mejor no lo diga. Solo supérelo y siga con su vida.

Yo me reservo el derecho a diferir, ¿y usted? Comente y conversemos.

Por cierto, ¿sabía que el voto de una vendedora del mercado tiene la misma validez que el de un intelectual de bolsillo? Curioso.

Así soy yo

Los golpes de la vida

martes, mayo 03, 2011

¿Saben? He descubierto que soy una dadora compulsiva de consejos no solicitados. Creo que ya se los había comentado, pero la verdad es que por más que intento, siempre termino recayendo. Uno creería que eso de abstenerse de dar consejos es cosa fácil, pero la parte más difícil es entender que la otra persona tiene que descubrir por sí misma qué le conviene. Ah, eso es lo que cuesta. Dejar que el otro se dé los pencazos necesarios, esos golpes que solo la vida proporciona. Aún más cuando uno quiere que las cosas les salgan bien y cree que da consejos útiles. O en todo caso, cuando se desea a toda costa evitarles el dolor, porque aunque se aprenda de ellos, los golpes siempre duelen.

Pero hay que hacerlo, hay que morderse la lengua. ¿O no? Comente y conversemos.