Mujeres multifuncionales

miércoles, mayo 18, 2011

Cuando se habla de economía y género, si es que se habla de ello, se cae en la cuenta de que el comportamiento económico de hombres y mujeres es diferente debido a los roles que nos asignan socialmente. La división sexual del trabajo tiene mucho que ver en el asunto, porque el trabajo doméstico no se toma en cuenta en términos económicos.

En el libro que ocupa mi mesa de noche actualmente encontré una anécdota de una mujer que decía necesitar una esposa. No, no era lesbiana. Trabajaba, estaba casada y tenía hijos. Quería una esposa para que se encargara de ella como asistente personal. Sí, suena misógino, pero tiene mucho de razón porque es común que las mujeres nos encarguemos también de otros.

Mi intención no es hablar de las inequidades en torno al género que aún existen en el ámbito laboral y consecuentemente en la vida económica de los países. Mi postura no es económica ni de experta en tema de género (que no lo soy) ni feminista (mucho menos), solo es una simple observación de que a las mujeres, por el simple hecho de ser mujeres, nos toca trabajar el doble.

La primera vez que me percaté de esto fue en un taller sobre género en el que fui a parar por cuestiones de trabajo. Nos pusieron a hacer un ejercicio en grupos que consistía en hacer la agenda de un día común y corriente en la vida de una mujer y, curiosamente, en ambos grupos el resultado fue similar y más o menos el siguiente:

4:30 a.m. La mujer se levanta, se baña y se arregla.
5:00 a.m. La mujer despierta al esposo y se dispone a preparar desayunos, loncheras y almuerzos
5:45 a.m. La mujer despierta a los niños, los baña y arregla
6:15 a.m. La mujer pone el desayuno en la mesa y alista a todos para salir
6:45 a.m. La mujer está dejando frente al colegio a los niños
7:00 a.m. La mujer se va a trabajar, aprovecha a llegar temprano para adelantar y pasa en la oficina todo el día
5:30 p.m. La mujer sale corriendo de la oficina para pasar por los niños a una guardería o donde un familiar
6:00 p.m. La mujer revisa cuadernos y supervisa a los niños mientras hacen las tareas, al tiempo que prepara la cena
7:00 p.m. El hombre llega y la cena ya está puesta en la mesa. Si no, aprovecha a leer el diario o ver televisión
8:00 p.m. La mujer sigue supervisando las tareas de los niños mientras ella misma hace las tareas del hogar. Otra alternativa (si tiene ayuda en la casa) es dedicarse al trabajo que llevó de la oficina. El hombre sigue viendo televisión.
9:00 p.m. Una vez haya acostado a los niños, la mujer al fin puede sentarse a ver televisión o a conversar con su esposo
10:00 p.m. Horas extras en la cama
10:30 p.m. Arreglar mochilas, uniformes u otros tiliches para mañana
11:00 p.m. Dormirse

Al terminar el ejercicio caí en la cuenta de que vivo la vida de un hombre soltero porque solo me ocupo de mí misma, pero fácilmente pude identificar a muchas mujeres que concuerdan con la descripción. Cuando estábamos pequeñas, mi mamá cumplía con ese horario (si le restamos al esposo y le sumamos que teníamos quién nos ayudara en casa), y lo hacía de lunes a viernes, más los mandados del fin de semana.

Lo que yo me pregunto es: ¿De verdad tiene que ser así? No podemos generalizar, hay hogares en que los hombres también contribuyen, pero ellos son la excepción a la regla. Me desalienta pensar que, en cierta manera, el poder androcéntrico de las sociedades en que vivimos espera que así lo sea, que tengamos dos trabajos y que apenas se nos reconozca uno que, en algunos casos, es mal remunerado y no se realiza en las condiciones laborales óptimas (mujeres que ganan menos, pocas mujeres en altos cargos, acoso laboral, cositas).

Estamos ante un problema de dimensiones culturales. Lo único que se me ocurre es que las propias mujeres estamos en la obligación de enseñarle a los demás cómo cuidarse a sí mismos. Sea al esposo o a los hijos. No tenerlos, como se dice en buen salvadoreño, boquita qué querés. Las responsabilidades se deben compartir. Claro, eso en el caso de que se tenga con quien, porque tampoco hay que dejar de lado los hogares monoparentales.

En todo caso, criemos a niños que cuando lleguen a hombres sean lo suficientemente machos como para saber que ser una mujer multifuncional quiere huevos ovarios. He dicho. 

Tal vez las próximas generaciones corran con mejor suerte.

Comente y conversemos.

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4 comentarios

  1. Realmente genial! Definitivamente a estas alturas todos esperan que ya sea que tengás rol de hermana, hija, nieta e incluso novia tenés que tener todo el tiempo una actitud servicial. Tus incovenientes con el tiempo no existen para los demás, es triste. Hasta a las mamás se les olvida eso.

    Saludos!

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  2. Es honorable conocer a mujeres que han terminado sus carreras universitarias siendo esposas y madres a la vez. Como decía una buena amiga “con la escoba en una mano, el libro en la otra, con un pie en la cocina y el otro siguiendo al bebé”.
    Aun no tengo ese horario; pero, llegue muy cerca de tenerlo cuando trabajaba de 8am a 4pm; no hay enfermedad que valga; hay que cumplir con las obligaciones.
    No me quejo de mi esposo, colabora siempre y cuando se le solicite con anticipación. Saluditos Raquel.

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  3. Lamentablemente es cierto. Nuestro rol de mamás, esposas, mujeres, etc. Nos lleva a tener horarios de aproximadamente 20 horas al día (en mi caso llego a la casa como a las 8 de la noche).
    Pero es bueno enterarse de que en Europa y Estados Unidos las cosas están cambiando radicalmente en ese sentido, siendo la mujer quien ahora goza de los mejores puestos, salarios, estudios; y según pronósticos dentro de 10 años (aprox) los hombres van a ser los que van a tener que asumir ciertos roles femeninos. Con suerte por aquí todo eso va a estar pasando dentro de 20 años o más.
    Te dejo el link al estudio en donde leí todas estas "cositas".

    http://www.prosumer-report.com/blog/2011/02/gender-shift-the-millennial-generation/

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  4. MaLu, a veces me pongo a pensar si será porque nosotros nos dejamos al caer en la creencia, propia de nuestra multifuncionalidad, que los demás no saben hacer las cosas. Cuando lo más probable es que no los dejamos porque no lo hacen a nuestra manera y he ahí el problema.

    Silvia, el punto es ¿por qué hay que pedírselo (a ellos)? ¿Por qué no toman la iniciativa?

    Flor, creo que todo depende de que el sistema aborde de manera integral la problemática. Algunas leyes ya están, instituciones también... pero los esfuerzos aislados nunca suman. Es cuestión de que todos los actores se involucren, empresa privada incluida.

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