Gratitud

miércoles, junio 22, 2011

Los 22 de junio siempre me hacen recordar el colegio. Tal vez porque de adulta me hace falta el asueto. Con un poquito de esfuerzo puedo recitar los nombres de al menos el 90% de mis profesores. Si voy un poco más allá hasta puede que recuerde las aulas exactas en las que recibí clases cada año y recorro mentalmente los pasillos del colegio. Para haber tenido tantos problemas en los primeros años, guardo buenos recuerdos de ese lugar. 

De los planes de trabajo semanal, las guías y el trabajo personal, las quincenas (que rara vez terminé), los grupos en que tocaba sentarse porque así era la disposición de las mesas (aún en 8°), los carteles y las puestas en común, los álbumes y los frisos, hasta de las planas de estética en los cuadernos cuadriculados de 3 mm. Tuve que llegar a la universidad para darme cuenta de que el colegio había hecho un buen trabajo conmigo. Pero más que el colegio y el sistema, la gratitud se la debo a la gente que se cruzó en mi camino.

Un nombre destaca sobre el resto: Vilma O., quien fue mi profesora de lenguaje y literatura en noveno y primer año. Gracias a usted Vilma jamás en la vida se me olvidará que se escribe "monstruo" y no "mounstro", y que por escribir a la carrera y no revisar el examen antes de entregarlo le descuentan 0.05 puntos por cada error de ortografía a uno. También gracias a usted aprendí a resumir mis respuestas en las exactas cinco o diez líneas que usted pedía (o a hacer la letra más chiquita). Y a recordar qué pasó antes, durante y después del pasaje de un libro. Por usted aprendí todos los géneros literarios y sus características, en grandes rasgos la historia de la literatura universal occidental. Cada vez que pienso en mi hábito de lectura pienso en usted, aunque lamento informarle que no leo tanto como debería. Por todo eso, tantos años después le doy las gracias. 

De la universidad no puedo decir lo mismo. 53 materias después no me acuerdo del nombre de todos los catedráticos que se cruzaron en el camino, pero no olvido particularmente a aquellos que más bien representan experiencias traumáticas en su momento. Hoy que tengo colgado el cartón en la pared puedo decir que hay cosas peores que una humillación pública por parte de un profesor que disfruta cuasi sadísticamente del abuso de poder, algo así como un refill de ego. Así que: gracias.

De quien sí tengo los recuerdos más preciados es de usted Gladys C. Todo, absolutamente todo y hasta más de lo que alguna vez me tocó hacer en una de las investigaciones de la U me ha servido en mi vida laboral, con la diferencia de que ¡hoy me pagan! Por sacar a la pseudo investigadora social que hay en mí, siempre le estaré infinitamente agradecida, así como por sus consejos y amistad.
Es curioso cómo a medida crecemos la figura del maestro es cada vez menos distante. En la maestría, es extraño pero no se siente que sean profesores. Ya no los llamas "seño" ni "profe" ni "mire Lic". No son tus pares, hay una relación de respeto pero tampoco existe esa diferencia abismal entre aprendiz y maestro.  Me pregunto cómo será en un doctorado... ¿?

Pero la función del maestro sigue siendo la misma: te lleva de la mano y te enseña el camino hasta que hallas el propio.

En fin, si es usted profesor (o "Licenciado en Educación" como se llaman hoy), tenga este día mis dulces himnos cantemos de gloria al maestro abnegado en loor.

Y usted, ¿a qué maestro le debe gratitud y por qué? Comente y conversemos

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1 comentarios

  1. Pues bueno Raquel, del profesor que mas me acuerdo y del cual mejores recuerdo tengo es del de ciencias naturales y sociales de 7° grado, su clase me gustaba mucho, yo era de los que más participaba en su clase, y por eso me daba puntos extras, jamás me voy a olvidar de algo que siempre nos decía:

    “Los profesores somos orientadores y no verdugos”

    Saludos.-

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