Viajes

Un pensamiento final

jueves, septiembre 08, 2011

Que Nueva York es lindo en verano, que me gustaría regresar alguna vez en el futuro y entrar al Lincoln Center, ya sea al ballet o a la ópera, no solo irme a sentar a la fuente, sino de verdad vivir la experiencia del teatro... y otras tantas cosas que quedaron pendientes.

Que lo que más falta es el dinero y que siempre va a faltar, pero que si usted aparta el tiempo para buscar y rebuscar en internet encontrará varias maneras de ahorrarse unos centavos (como enseñar la Metrocard en Madame Tussauds para un 20% de descuento).

Que el tiempo tampoco abunda pero que no hay que andar apresurada, porque al final de cuentas una anda disfrutando y no vale la pena ofuscarse. A veces es mejor detenerse y sentarse solo a ver (como cuando va a la Grand Central Station solo porque sí).

Que usted tiene que perder la pena y meterse adonde quiera y pueda. Como la Biblioteca Pública y la exhibición que tenían para conmemorar sus 100 años. Ver es gratis. Oír también es gratis por si halla algún músico tocando en la estación del metro o en la entrada del Met sobre la quinta.

Que un sistema de transporte público efectivo es admirable y también digno de envidia. Buses, subterráneos, trenes, todos cumplen con un horario. O que si es de día puede caminar, caminar y caminar porque todos lo hacen, unos con más prisa que otros.

Que usted se lleva la paranoia de acá a cualquier lugar adonde vaya. Los primeros días abraza la cartera contra sí cuando va en el tren y vuelve a ver a todas partes cuando va caminando, hasta que después cae en la cuenta de que cada quien anda en lo suyo y nadie se fija en nadie.

Que lo que más se puede admirar de una metrópoli como Nueva York son sus espacios públicos, aunque varios sean administrados de manera privada o a través de asociaciones.

Que cuando usted anda turisteando hace cosas que jamás haría en casa, pero que tal vez debería comenzar a hacerlas 

Que si usted desea algo, puede hacerlo. Solo tiene que empezar ese proyecto y llevarlo a cabo. Y en ese punto tengo que agradecerle mucho a la persona que me decía "No lo piense, hágalo", citando libros acerca de puyar cajas y comer ranas.

Esto es todo por este blog.

Gracias por haberme acompañado hasta acá.

Nos vemos.

Viajes

Luces, cámara y Wicked

martes, septiembre 06, 2011

De la experiencia en Time Square y Broadway, déjeme contarle que:

a) El Museo de Madame Tussauds NO vale la pena, pero si su acompañante quiere ir, acompáñela/o. Es ridículamente caro, las estatuas están desgastadas, algunas no se parecen a quien las inspiró (e.g. George Clooney) y en verdad no hay tanto qué ver. Ah, y si va por tomarse una foto con Justin Bieber, lleve dinero extra, porque acercarse a él y los Obamas tiene un costo adicional.

b) Prepárese para dos cosas: ga$tar en un restaurante temático (Hard Rock Café, Planet Hollywood, etc.) o para hacer una cola interminable en McDonald's (hay uno a la salida de Madame Tussauds). Si no le parece ni una ni la otra, encuentre el Subway que está en la calle de Toys R Us, donde podrá sentarse a comer a gusto (suena tonto, pero no todos los lugares de comida en NY tienen mesas y/o sillas).

c) Time Square es un mar de gente SIEMPRE. Las dos veces que caminamos por ahí eran cientos de personas. Llega un punto en que te cruzas la calle con otras 20 ó 30 almas. No espere que las tiendas sean diferentes: Toys R Us, M&M World, Hershey's World, Forever 21... todas con cientos de personas dándose de codazos y con enormes filas para pagar. Aún así, ¡no deje pasar la oportunidad de entrar!

d) VAYA A UNA OBRA DE BROADWAY. Por lo que usted más quiera en la vida, ¡vaya! Y yo le voy a decir cómo sentarse en primera fila y pagar la entrada más barata de todo el teatro... al menos para ver Wicked.

No, no le voy a contar la obra. Solo le voy a decir que es lo mejor que he visto en toda mi vida, aunque sé que no tengo mucho con qué compararlo. Que no sabía que uno podía pasar con la boca abierta por más de dos horas. Que no sabía que se podía salir feliz del teatro y a la vez triste. No, no se la voy a contar.

Le diré cómo hacer que pase. Cómo conseguir la entrada en $90 y sentarse en primera fila.

Verá, el Gershwin tiene asientos a la par de la orquesta. Son en la primera fila, pero un poco a los costados y por eso los llaman de "visión limitada". Si se quiere sentar al centro la entrada le costará más de $300, pero si puede vivir con no ver al último bailarín en el fondo, compre los asientos BB (esto lo hace a través de TicketMaster). Yo vi bien en todo momento, a pesar de estar en el extremo y pues, cuando los actores salen por los balcones, una cabecea pero no es el fin del mundo.

Escucha tan bien o mejor que el resto de espectadores y está tan cerca que ve detalles inútiles como que cada actor tiene vestuario y zapatos diseñados especialmente para su personaje, o que el micrófono es ese puntito que tienen en la frente.

Y esa noche, cuando salga del teatro, va a ser la noche en que le gustaría quedarse a vivir en Nueva York, para ir una vez al mes al teatro hasta que se aburriera de ver todas las obras en cartelera o hasta que presentaran otras. Broadway, el Radio City Music Hall, Carnegie Hall, el Lincoln Center... música, ballet, obras de teatro...

Algún día.

Viajes

Del otro lado del charco: Brooklyn

martes, septiembre 06, 2011


Si se aventura a cruzar el puente, allá del otro lado del charco está Brooklyn. Por favor no lo asocie con la tienda que está en Metrocentro. En verdad Brooklyn tiene su encanto, con sus casas y calles antiguas. Puede ir a DUMBO, el área debajo del puente de Manhattan, que es aparentemente el lugar más trendy y ofrece tiendas como la chocolateria de Jacques Torres. O puede ir a su jardín botánico, zoológico y museo de arte, los tres ubicados en el área de Prospect Park, lo que los hace fácilmente visitables en el mismo día.

Yo quería hacer todas esas cosas, pero al final no hicimos ninguna. Atravesarnos el puente, aunque estaba contemplado en la To-Do list, surgió de forma espontánea. El puente estaba ahí, nosotros también. Y cuando llegamos del otro lado, lo que se nos ocurrió primero fue ir hasta Coney Island, uno de los lugares que mi hermana más deseaba conocer. Yo... yo ni siquiera voy al campo de la feria, no me gusta ir a Consuma y no me gustan las ruedas que atentan contra mi bienestar físico y mental. 

Pero ahí estábamos ese viernes por la tarde, después de media hora en el metro, en las calles llenas de freak shows, juegos de arcadas y ruedas.

Por mucho que una navegue por la web tratando de anticipar cada detalle del viaje, siempre hay cosas que resultan ser diferentes a como una las imaginaba. Yo sabía que el boardwalk de Coney daba al mar, pero no se me ocurrió que habría un muelle y que cientos de personas estarían bañándose en esa agua de apariencia sucia (muy fría, según dicen), y que lo harían al más fiel estilo del Majahual: mujeres en shorts, niños bañándose con huacalito... ese tipo de especímenes playeros.

Al final no pude huirle a las ruedas. La Wonder Wheel, alias la chicago, anuncia con orgullo que no ha tenido un solo accidente desde 1920. Subirse le costará $6 por persona, pero la vista los vale. Eso sí, de preferencia no se suba a una de las jaulitas giratorias si usted es tan miedoso como yo, o de lo contrario gritará como loco cuando el movimiento de péndulo lo tome por sorpresa.

Si lo suyo son las atracciones fuertes, puede subirse a la clásica Cyclone, una montaña rusa de madera que le revolverá el estómago por el módico precio de $8. Yo lo hice solo por acompañar a mi hermana así como ella me acompañó a los museos. No obstante, fueron los 2 ó 3 minutos más horripilantes de mi existencia y terminé sintiéndome mal de tanto gritar. Apenas abrí los ojos y juraría que se me salieron las lágrimas. El clac-clac del hierro con la madera es insoportable y, por momentos, de la velocidad, sientes que te levantas del carrito. Tuve que comprar la foto de souvenir con mi cara horrorizada para que las personas que me conocen me creyeran que en verdad me había subido.



Dicho esto, aunque tiene su encanto vintage, en Coney Island no verá nada que no haya visto antes en El Mundo Feliz o Playland Park. Lo que no significa que una visita a Coney no sea una linda manera de pasar la tarde en Brooklyn.

Eso sí, prepárese para otros 60 minutos en el metro de regreso a Penn Station.

Solo en El Salvador

Los buseros son como un mal novio

lunes, septiembre 05, 2011

(Permítame hacer un paréntesis).

Les das oportunidad tras oportunidad, te prometen que van a hacer algo para que los perdonés y cuando llega el tiempo de que cumplan con su promesa, se hacen los de los panes y te quieren ver la cara de maje.

El problema no es que tu novio sea malo, el problema sos vos que seguís aguantándolo.

(Tenía que quitarme las ganas de decirlo).



Viajes

Caminando por la Quinta

jueves, septiembre 01, 2011

Que no pueda comprar, no significa que no pueda ver. Dedique una tarde a pasearse por la quinta avenida. Puede ser al salir del MoMA y caminar desde la 53 a la 58, donde está el Hotel Plaza. Si las piernas y las ganas le dan para más, otra opción es poner como punto de partida la 42, donde está Bryant Park y la biblioteca pública, o comenzar desde la 50 al salir del Rockefeller Center y ver la catedral de San Patricio.

En su paso puede pegar la nariz en la vitrina de Harry Winston. Si tiene ganas, métase a Tiffany's, aunque sea al primer piso y vea de reojo los diamantes y trate de descubrir si tienen el precio (1). La Trump Tower está abierta al público: puede tomarse un café en Starbucks o subir al jardín. También puede entrar a mirujear a Bergdorf Goodman -yo no lo hice a sabiendas de que los vestidos que cuestan más de mil dólares no son lo mío-. Pero usted hágalo porque puede.

Eso sí, no deje de entrar a la FAO Schwarz, es el sueño de todo niño hecho realidad. Y si no tiene a quien comprarle, pues al menos puede darse gusto en la dulcería donde puede comprar a granel o todo el chuncherío imaginable con sus marcas favoritas, como camisas de Hershey's y brillos labiales de Jolly Ranchers.

Si quiere seguir caminando, pásese a Madison, después a Park y de ahí a la avenida Lexington. Métase a Bloomingdale's y salga espantada de los precios (¿blusas de $98?). En verdad hay tiendas por todas partes, una marca tras otra. 

Si llega a la tercera con la 60, entre a Dylan's Candy Bar y compre dulces o suba por un postre. Por menos de $4 puede comerse un sorbete pequeño (kiddie cup). Hágase un favor y pruebe el de pastel de terciopelo rojo si lo tienen ese día en el mostrador. Si anda con tiempo, puede ir al famosísimo Serendipity (el de la película). Le digo lo del tiempo porque la espera es de al menos 90 minutos.

Al final recuerde que las mejores cosas de la vida son gratis y que por ver no se paga. Lo más que le puede costar es la suela de sus zapatos... y un sorbetillo.

(1) No, no tienen etiquetas de precios. Yo vi.

Viajes

¿Esto es arte?

jueves, septiembre 01, 2011

"No jodás, ¡esto lo podría haber hecho yo!", dijo mi alera al ver un cuadro de Miró. No la defiendo por ser mi hermana, ni por haberse bancado ir a siete museos -no siempre voluntariamente-, sino porque en verdad parecía un garabato hecho a lápiz por un niño de parvularia. Entonces, vamos a la pregunta: ¿qué es arte?

Nueva York está lleno de museos y galerías de arte. Incluso Long Island, la otrora costa dorada llena de mansiones ahora convertidas en museos. Como dato curioso, así como las salas están llenas de pinturas, esculturas e instalaciones, están llenas de nombres pomposos de sus benefactores, los grande$ patrone$ del arte, mecena$ del siglo XX y XXI. Rockefeller, Frick, Heckscher, Guggenheim, Vanderbilt... casi siempre en parejas: el señor y la señora fulanito.

En LI visitamos el Nassau County Museum of Art, donde tuve el gusto de conocer a Richard Avedon; bueno, al menos sus fotografías. No sé a ustedes, pero a mí siempre me ha gustado el ingenio de Annie Leibovitz para el retrato y "descubrir" a Richard Avedon fue aún mejor. El retrato de Marilyn Monroe es intrigante, tiene la mirada puesta al vacío y la palabra que se viene a la mente al ver su expresión es "tristeza", de la más profunda.

Hasta ahí íbamos miel sobre hojuelas. Entonces conocí a Josef Albers y su homenaje al cuadrado me dejó realmente cuadrada. Me pareció interesante, pero me gustó. Incluso me dieron ganas de aventurarme a hacer uno de esos dibujos geométricos en esteroides. Y ahí todo hizo click: me sentía como en clase de taller de comunicación visual con aquel profesor excéntrico y su Kandinsky, y no podía evitar de preguntarme ¿esto es arte? ¿Por qué? ¿Quién dice?

Ya me lo había preguntado en el Met, pero seguía sin respuesta aparente en el de Nassau y el Heckscher (Huntington, LI), hasta que llegamos al MoMA ese jueves y la pregunta se hizo aún más evidente según avanzábamos por todas las salas. 

Picasso, Matisse, Rembrandt, Monet, van Gogh, Miró, Cézanne, Dalí, Pollock, Warhol, Kahlo... una conoce los nombres y los ismos, pero no es lo mismo estudiarlos en los libros que tenerlos enfrente. Te quedas parada, mueves la cabeza de un lado al otro como quien le busca otro ángulo, y tratas de descifrarlo. Para algunos te quedas corta de palabras y dices algo simplista como "Es bonito". Para otros dices "Es... raro". Pero para todos surge la inquietud de por qué es arte. 
El cuadro que pareciera que todos los visitantes quieren ver es "Noche estrellada" de Van Gogh -hasta se toman fotos con él- y ¡el hombre nunca vendió un solo cuadro! Nadie lo consideró "arte" mientras él estaba vivo, pero hoy pagan millonadas cuando subastan una de sus pinturas. ¿Entonces?
Tal vez simplemente no hay una respuesta correcta y el arte es como la belleza: está en el ojo del que la ve.

O tal vez yo soy la ignorante y la tapita del tacón que se me arruinó es arte que nos habla de la fragilidad de nuestros pasos por esta vida terrenal. ¡Pfff!

Anuncio #1: Vaya al Museo de Arte Moderno (MoMA). No se arrepentirá. Y si puede, empiece desde arriba hacia abajo.

Anuncio #2: Nada ilustra mejor el tema que este post de Ligia, alias Simeonístico.

Viajes

In the jungle, the mighty jungle ♫

jueves, septiembre 01, 2011

Estas son las últimas. Lo prometo *levanta la mano derecha honorablemente*.

La última vez que fui al Parque Zoológico Nacional fue en el '99 cuando Manyula (Q.D.D.G.) todavía estaba con nosotros; pero por algún motivo y sin ninguna razón se nos metió en la cabeza que queríamos ir a un zoológico del "primer mundo". Antes de que un treehugger se me abalance como un león a su presa, solo diré que hay cosas que no cambian, pero otras en que es notorio que, al menos en otras partes del mundo, los zoológicos trabajan orientados a la preservación de las especies.

De los cuatro zoológicos operados por la Wildlife Conservation Society (WCS) en NY, nosotras elegimos el del Bronx, en parte por ser el más grande y en otra solo para decir "Yo me fui a meter al Bronx". Solo la experiencia para llegar al zoológico es un trip en sí misma: en la 54 con Madison tomás un bus express (el BxM11) para el que tendrás que deslizar tu MetroCard (la tarifa del bus es $5.50), so pena de tener que cancelar con puras monedas porque el conductor, por mucho que le rogués, jamás de los jamases te agarrará un billete. Subís por Madison y vas viendo los aparadores de boutiques y tiendas como Cavalli, Carolina Herrera, Coach y Prada, hasta que el Upper East Side se esfuma y el panorama se convierte en Spanish Harlem y Harlem. Pasás el puente y ya estás en otro borough, el Bronx. El bus te dejará a una distancia caminable de la puerta B del zoológico (unos 10 minutos).

Si hay una palabra que describe al zoológico del Bronx es "educativo". Todo el recinto está diseñado para que se aprenda sobre sus habitantes... eso si uno se toma el tiempo de andar leyendo cada viñeta o de travesear los juegos interactivos en las exhibiciones. Pero aparte de eso podemos decir que es igual a cualquier otro, igual al de El Salvador. Animales en las jaulas y gente tomando fotos. Claro, verás animales que aquí no hay, todos en un mejor estado, más pollones, con más espacio para andar y sin niños que les avienten bolsas de churritos.

Una de las exhibiciones más atractivas es la de Madagascar, donde se aprende sobre la fauna de la isla africana, y no, no está patrocinada por la película, pero al menos es simpático ponerle una cara real a los lémures y los fossa. Si usted gusta, puede tararear mentalmente la canción y mover el bote mientras se pasea por el recinto... I like to move it, move it move it ♫

No todos los animales están enjaulados per se. En algunas exhibiciones uno es el enjaulado, como en la de los gorilas, donde los humanos atraviesan la reserva en una suerte de pasillo con ventanas. Quiero pensar que los monos eran los que nos veían como en vitrina, a pesar de no prestarnos atención y optar por retozar de a galán.

Un último consejo es que, si usted pierde el último bus BxM11, no cunda en pánico. Aparentemente es súper común perderse en el Bronx. Nosotras salimos por la puerta B, donde pasa el bus, y al ver que el de las 5:21 era el último nos tocó preguntar adónde tomar el metro y caminar hasta la estación de Pelham Parkway para tomar el 2 de regreso a Penn Station (nuevamente, no le tenga miedo al metro, es su amigo). Algunas estaciones del Bronx y Brooklyn no son subterráneas, así que, en el camino puede disfrutar una vista áerea de los vecindarios y sus múltiples grafittis.

¿Vale la pena ir hasta allá? Sí y no. Vaya si tiene un alto interés en la vida silvestre o si viaja con niños. Caso contrario, mejor póngalo en la lista de "Tal vez". Otra opción es que no dé la gran remada hasta el Bronx, sino que vaya al de Central Park. O vaya solo por el trip una vez en la vida.