Mente femenina

De los baños femeninos

miércoles, diciembre 21, 2011



En la última campaña publicitaria de una marca de zapatos equis se dan a la tarea de hacerse la pregunta existencial: "¿Por qué las mujeres van al baño en grupo?". Erróneamente le han informado al público que lo hacen -y digo "lo hacen" porque yo voy a hacer mis asuntos yo solita, sin necesidad de barra-, para hablar de los hombres a sus espaldas.

Caballeros, lamento informarles que las mujeres vamos a hablar de ustedes, para bien o para mal, en sus narices o a sus espaldas, no solo en los baños, sino en cualquier lugar.
Dicho esto, yo tengo la respuesta a por qué las mujeres van al baño en manada. Muy fácil: por bayuncas. Conozco a amigas a quienes tengo en alta estima, que han llegado a los 25 o 26 años, todas profesionales, y aún dicen "¿Vamos al baño?" en medio de una reunión social. Llámeme individualista, pero yo no siento la necesidad de que alguien me acompañe al baño desde que me enseñaron a limpiarme por mi cuenta.
Lo que me lleva a una pregunta aún más importante: ¿por qué las mujeres insisten en hablar en los baños públicos? No hablo de las pláticas casuales mientras estás lavándote las manos. No. Mi problema es con las mujeres que, estando cada una en su inodoro, se dedican a sostener una conversación. Es probable que así como se les aflojan los esfínteres se les aflojen las habilidades sociales. No obstante me sigue pareciendo molesto.
Cuando vas a ese santuario de paz y tranquilidad, donde entras en un estado zen para hacer tus asuntos, estás ocupada y no buscas ser molestada. Es perturbador que alguien quiera sacarte plática mientras estás sentada ALLÍ, peor aún si es una persona que apenas conoces. Multitasking aparte, las conversaciones de inodoro a inodoro deberían ser erradicadas.
Usted no está para preguntármelo, ni yo para decírselo, pero el único motivo por el que hablaría en un baño público sería en caso de extrema urgencia para que alguien me pasara cuadritos de papel higiénico.
¿A usted también le molestan las o los parlanchines de inodoro? ¿O es de los que prefiere las conversaciones de baño público?

Divagando ando

Manos amigas

sábado, diciembre 17, 2011

El hecho de que el 99.9% de las personas no estén dispuestas a tan siquiera levantar un dedo para ayudarte o que nazca de ellos hacerte un favor, en verdad te hace apreciar el hecho de que el 0.1% restante aún sea capaz de tenderte una mano amiga.

A veces me pregunto si acaso yo soy demasiado exigente, siempre esperando que los demás actúen como yo lo haría. No sé por qué lo sigo haciendo, si ya sabíamos que lo mejor es no esperar nada de nadie.

¿Te ha pasado? ¿Qué piensas?

Cosas que pasan

Descarriada

martes, diciembre 13, 2011

Hace 10 días choqué con otro vehículo. Estuve involucrada en un siniestro, como dicen las aseguradoras. No fue un choque aparatoso. Estúpido sí, pero relativamente sencillo. Esa tarde comprendí por qué la gente dice "una fracción de segundo". Es que por una fracción de segundo mi cerebro se nubló por completo. Iba trazando una ruta mental de por dónde me tenía que meter para llegar a mi casa. Eran las 4:30 p.m., había estado despierta desde las 6:30 a.m. y solo había dormido tres tristes horas. ¿De verdad importa? Cuando le llamé a mi mamá ella pensó que me había quedado dormida porque "me desvelo demasiado". Así toca buena parte del tiempo. Pero nunca me había tocado ir a chocar con alguien porque me pasé un alto. Un alto. ¡Un alto! Yo ni siquiera me atravieso los semáforos cuando están en amarillo. Yo siempre pongo atención. Pero pasa. En una fracción de segundo.


Te decía que hace 10 días estamos "descarriadas" en mi casa. El carro ya tiene 10 días de estar en el taller pero no le han hecho nada. Ve tú a saber por qué. Con algo de suerte tal vez no pase de este año. No entiendo por qué se tardan tanto, si solo tienen que cambiarle un farol y arreglar el bumper. No entiendo a los señores de los talleres. No los entiendo porque me cuesta confiar en ellos. Para mientras, he tenido la fortuna de contar con alguien que me da ride en la ruta de casa-trabajo, trabajo-casa. También estoy conociendo las múltiples variables de la 42 (A, B, C, x, y, z, etc.). Eso de dar un tour por todo Merliot, el Plan de la Laguna y Antiguo Cuscatlán para llegar a la UCA puede ser entretenido cuando una trata de ser positiva. Aunque sé que no tengo mucho de qué quejarme, lo que más me entristece es no poder cuidar a mi familia.

Sé que servir de chofer tal vez no califica como "cuidar", pero cuando son las 10 u 11 de la noche y no sabes cómo se va a regresar del trabajo tu hermana de 20 años, la falta de carro te pone en un lío, te entra la angustia y solo sientes la impotencia

Nunca pensé que podría depender tanto de un carro. Para mientras, espero al lado del teléfono la llamada del seguro, cruzo los dedos para que a los del taller los iluminen y cuento los días para que nos lo devuelvan.

Los otros

¿Alguna vez creceremos?

jueves, diciembre 08, 2011

Soy de esas personas que, cuando algo me molesta... pero realmente me MOLESTA... es sumamente difícil sacudirme la idea de la cabeza. Pasa, por ejemplo, que me queda el mal sabor de boca producto de una conversación con alguien con quien, por lo general, sostenemos un diálogo automático de <<"¿Cómo te ha ido?", "Bien, gracias ¿y a usted?", "Bien también">>, pero que cuando nos salimos del guión existe un 90% de probabilidad que la conversación tome un giro desagradable de su parte cuando le da por sacar los temas: 
(a) Peso - Predique con el ejemplo.
(b) Cuánto gano - Ni que me mantuviera y/o le debiera dinero.
(c) En qué vas a invertir tu dinero - Yo manejo mis propios ahorros, muchas gracias.
(d) Que no puedo manejar carros mecánicos - Para eso son los automáticos y si no, ahí está el bus.
(e) Críticas sin sentido hacia ella o a ella - No espere que no brinque si las toca a ellas.
(f) Todas las anteriores.
Hoy es una de esas noches con mal sabor de boca. A veces me pregunto si soy yo la del problema, pero cuando lo pongo en perspectiva, cada vez son menos los golpes bajos que consiguen tener efecto en mí. Y sin embargo, el simple hecho de que aún existan uno o dos que logren sacarme el aire y dejarme en calidad de knock-out me sigue molestando. MOLESTANDO. Ya ni siquiera me molesta con la otra persona, sino que me molesta conmigo misma.

Me afecta más que me afecte. Cualquiera diría que después de 25 años de críticas una ya sería sorda o inmune. Pero no. Sigo teniendo algo de esa niña de 7 u 8 años a la que regañaban por hacer el ridículo en clases de natación porque tenía miedo de tirarse a la piscina. Sigo siendo humana, supongo. Me hace preguntarme si alguna vez creceremos de nuestras inseguridades (*). Es evidente que él no lo hizo y que en cambio solo las proyecta en los demás. ¿Pero yo? ¿Tengo esperanzas de llegar a los 30 o 40 años sin que me afecte?

Hoy es una de esas noches en que me consuela pensar que tal vez solo un par de personas lean esta entrada y que a muy pocas personas les da por comentar. Así solo escribo para mí. 

(*) Outgrow our insecurities