Mente femenina

Tipos divertidos

lunes, septiembre 10, 2012

Could he BE any cuter?
¿Qué tienen en común Paul Rudd, Jason Segel y Seth Rogen (además de un puñado de películas relacionadas directa o indirectamente con Judd Apatow)? Son lindos. Muy lindos. Al menos en mi opinión.

Llevo tiempo pensándolo. ¿Cómo puede ser sexy un tipo con jewfro y voz carrasposa (Rogen)? Hace los papeles menos atractivos ("Zack and Miri make a porno", por ejemplo) y casi siempre interpreta personajes de cuestionable capacidad intelectual, pero es adorable. Segel cautiva a cualquiera mientras canta y baila con Los Muppets o en "How I met your mother". Y a Rudd solo basta verle la carita o recordarlo en Clueless como el Mr. Knightley moderno.

Tal vez no encajen en el canon universal de belleza, pero algo tienen de atractivo. Son graciosos. Son tipos divertidos que no necesitan más sex appeal que hacerte reír. Y hacer reír requiere algo (o mucho) de inteligencia. Claro, el sentido del humor no es lo único que importa, pero ah, cómo ayuda.

Si los tipos salieran a competir, el divertido sería un gran rival. Poco se puede congeniar con un guapo cabeza hueca y con un genio aburrido. Pero un tipo divertido que te haga literalmente feliz, ese es el más atractivo de todos.

Este fue un post muy forzado solo para decirles que Jason Segel es lindo y no me molestaría conocer algún día a alguien que me haga reír como Marshall Eriksen. Culpemos a "The Five Year Engagement" por esta incoherencia.

Mente femenina

Las mujeres, el taller y el carwash

sábado, septiembre 08, 2012

(No es lo mismo, es distinto)

Cuando nos regalaron el carro, la entrega oficial incluía una lección de "Cómo lavar tu vehículo". A estas alturas la garantía ya expiró como para preguntar por qué no hubo clase de "Cómo cambiar llantas", que quizá habría sido más útil, pero no viene al caso.

Por meses, mi progenitor me hizo creer que el lavado del carro era una tarea personal e intransferible. Así pasaron muchas mañanas de domingo. No me tome a mal, en ocasiones disfrutaba la tarea. Sin embargo, lavar un carro en una cochera pequeña y tener que sacar la manguera desde el fondo de la casa era todo un lío. Incluso era preferible completar la faena entre dos personas. Hasta que llegó el día en que mi mamá me sentenció: "Con toda el agua que gastás, me saldría mejor darte pisto para un carwash".

¿Pagar por que alguien más haga lo que yo puedo hacer? ¡Inaudito! ¿Pero por qué no? ¡Que viva el outsourcing!

En casi cinco años he pasado por una decena de carwashes (¿?), la mayoría de los cuales son lugares inhóspitos con sofás viejos llenos de manchas sospechosas y/o incómodas sillas plásticas, si los hubiera. Porque lo peor de ir al carwash es la espera (cualquiera que ha robineado un carro sin más opción que quedarse lo sabe). Incluso acuñé el término "Literatura de carwash", refiriéndome a la revista femenina que paso comprando antes de ir a lavar el carro.

Casi ninguna mujer se quejaría si este fuera el personal encargado de lavar su carro

El día que llegué a un taller sobre el bulevar Constitución que tiene un carwash fancy me vino a la mente una idea millonaria. Por un dólar más que en mi carwash habitual, aquí se espera con aire acondicionado, pantalla gigante con cable, revistas del mes en curso e incluso tienen una pequeña cafetería surtida de bebidas y chucherías, que además ofrece combos de sándwiches y hotdogs. Lo malo de este lugar: el 90% de las veces está demasiado lleno.

Claro, esto demuestra que el taller/carwash es bueno. No obstante, en aras del emprendedurismo y la larga espera, aquí están mis recomendaciones para quien desee poner un negocio de este tipo dirigido a las mujeres:


  1. Ponga sillas reclinables. Sí, sé que son carísimas, pero también serían altamente apreciadas por la clientela.
  2. Dé una bebida complementaria. Un vasito con agua, gaseosa, té helado o una taza de café hacen maravillas para el espíritu impaciente.
  3. Ofrezca otro servicio con el que matar el tiempo. En las 3 HORAS que llevo aquí no me habría molestado cortarme el pelo y hacerme el manicure y pedicure. Un masaje de piedras calientes tampoco me habría caído mal. Por Dios, hasta habría tomado una clase de aeróbicos o de baile. Con gusto habría pagado por ellos en mi desesperación.
  4. Considere poner juegos para niños. Me gustan pero cuando están desesperados pueden ser muy molestos.
  5. Varíe la literatura disponible en la sala de espera y procure que sea actual. En septiembre de 2012 no me interesan las tendencias para primavera-verano del 2004, ni cuando Brad Pitt y Jennifer Aniston eran una feliz pareja.
  6. Ponga música que no solo sea reguetón y salsa. ¿Necesito decir más?
Ahí las tiene. No pido comisión por mis ideas. Tampoco ofrezco invertir. Tan solo pido que a alguien se le encienda el foco y se anime a atendernos como clientas premium.

Mente femenina

El taller y las mujeres

sábado, septiembre 08, 2012

Siempre he dicho que las mujeres somos presa fácil en los talleres. No sé si es real o si es paranoia, lo cierto es que los mecánicos salivan al ver a una mujer sola parquearse en su taller. No porque la imaginen en las poses de calendario de aceite de motor que adornan las paredes de su establecimiento, sino porque imaginan la factura que les pasarán por el trabajo.

Venía con un piloto de "Maintenance Required" encendido y en la mente un "Hay que cambiar el aceite y tal vez revisar los frenos". Aceite y pastillas de freno, ese es todo mi vocabulario de mecánica. Ahora me iré sabiendo cuando al menos que bujías, inyección, aceite de caja y no sé que otra cosa son caros. Caros, caros, ¡carísimos!

Lo que me da más cólera es pensar "¿Me estarán bajando?" Y un "¿Por qué no vine con mi papá?" que intento con fuerzas suprimir de mi mente, como si él, por el simple hecho de ser hombre, en verdad supiera de mecánica. En alguna ocasión he bromeado que el día que mi papá ya no esté voy a verme en la obligación de casarme para que la responsabilidad del mantenimiento del carro siga recayendo en un hombre.

Me acaban de venir a enseñar una bujía para que vea que el repuesto es de primera calidad. ¡En mi vida he visto una bujía! ¿Qué quiere que le diga? ¿Que es bien brillante? Y entonces me da más cólera conmigo misma porque YO debería saber. YO que ni siquiera sé cambiar llantas. YO que lo único que sé es poner gasolina, pagar el seguro y llamarle desesperada a mi papá cuando me pasa algo relacionado al carro.

No debería saber por ser hombre o por ser mujer, sino por ser propietaria de un vehículo.


Si conoce de un lugar que imparta buenas clases de mecánica básica en el área de San Salvador, deje su comentario después del tono.

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10 cosas

10 cosas que se aprenden de un trip al mar

sábado, septiembre 08, 2012



  1. No sea bayunco y lleve calzoneta, bikini, trikini o al menos una lycra y camiseta. Cuando vea la piscina o el mar, le van a dar ganas.
  2. De nuevo, deje de ser bayunco y báñese. Seguramente el resto de los excursionistas van a andar demasiado entonados como para acordarse de sus tuches y sus canillas cheles.
  3. En mi opinión: sáltese la piscina y métase al mar. ¿Para que viaja tan lejos si no es para meterse al mar? Nada como que lo revuelquen los tumbos, aunque de regreso vaya con una maletada de arena en la calzoneta.
  4. Es altamente aconsejable que siempre, siempre, ¡siempre! lleve consigo una buena toalla. De lo contrario le tocará orearse con la brisa o ir con las nalgas mojadas en el camino de regreso.
  5. Úntese protector solar tal como le enseñó su mamá. Después se lamentará el bronceado de motorista de unidad de transporte pesado y el ardor en nariz y brazos. #TrueStory.
  6. Fíjese bien en quién le ofrece alcohol. ¿Tienen un motivo ulterior para embriagarlo? ¿Toma tanto como usted? No hace mayor diferencia, pero no está de más notarlo. De esa manera tendrá a quien culpar por la goma del día siguiente.
  7. Si le ofrecen tequila de buena marca, ¡acéptelo! Claro, recuerde el punto número 6. El tequila es una de esas bebidas espirituosas por las que alguien tan cuadrado como yo está dispuesto a hacer una excepción en su política de "Ay sí, ay sí, yo no tomo". Eso sí, aplique la regla de 3 (solo 3 shots) y calcule si es o no ladrillo seco.
  8. Cuidadito con ponerse a tuza si la excursión es de la oficina. Una cosa es chupar en familia y amigos de confianza. Una muy diferente es hacerlo con compañeros de trabajo. No importa si el resto liba de a galán. En ese bacanal siempre habrá alguien sobrio (o/) que se acuerde de lo borracho que andaba fulano, zutano, mengano y perencejo. Piense que hoy existe Facebook y Twitter.
  9. Evite a toda costa hacer el ridículo o causar una mala impresión con su jefe, el bicho/a que le gusta, los papás de su novio/a o hasta con sus hijos/as. Siempre en relación a los puntos 6, 7 y 8, está bien que disfrute socialmente, pero está mal que pierda el autodominio. Tómelo de alguien que a los 12 años le perdió el respeto a un adulto que confundió el pasillo con el baño. Nada en exceso, todo con medida.
  10. Baje sus barreras. Está bien divertirse. Es humano. ¿Qué es lo peor que le puede pasar? ¿Tener que admitir que lo pasó bien?








Foodie

Comida china: anti forever alone

jueves, septiembre 06, 2012

Declaro a la comida china anti forever alone. La mayoría de los restaurantes ofrece platos para 4 personas, las órdenes de wontons son generalmente para 6. Familias, amigos, todos alrededor de una mesa donde los platos llegan uno tras otro. En definitiva: están hechos para el disfrute del colectivo.

En el Diamante de China -uno de mis favoritos-, logré negociar que me vendieran media orden de tacos chinos (trae 6), algo que agradezco profundamente, y aún así es demasiado para una persona. ¿Qué hace un forever alone con 2 tazas de arroz cantonés o un mini volcán de chao mein?

Forever alones del mundo, ¡únamonos! Por más restaurantes chinos dispuestos a servirle porciones adecuadas al comensal solitario que se sienta en la mesa del rincón.

Demasiado personal

Silencio incómodo

martes, septiembre 04, 2012

Y ahí estaba, en la misma capilla donde hice mi primera comunión, frente a la Hermana que impartía la catequesis para prepararnos para tomar el pan y el vino. Y fue como un flashback: aquella tarde de 1995 en que no hallaba qué decirle al padre Julián (¿?) al momento de la confesión. Sabía que tenía pecados -a diferencia de la Menchedita Copalchines (1)-, pero no me sentía cómoda hablando con el Padre, por miedo a ser juzgada o vista "feo".

Al siguiente domingo, estaba ahí con mi uniforme y una crucita de cerámica, cuando pasó el primer momento de silencio incómodo después de la hostia: no sabía en qué tenía que ponerme a pensar a la hora de arrodillarse y cerrar los ojos. Traté de acordarme de alguna oración especial, tuve miedo de no haber puesto atención en clases y terminé pensando, irónicamente, "Dios, ¿qué hago?". Pasaron años antes de que perdiera la pena y le preguntara a mi mamá qué se suponía que tenía que pensar en ese momento, de nuevo, por el miedo a ser juzgada como una "mala cristiana". "Habla con Dios", me dijo. "Oh Dios, no sé cómo no se me ocurrió eso", pensé yo *sarcasmo*.

Hace un par de años dejé de incluir "Ir a misa" en mi lista de propósitos de año nuevo. Simplemente se me olvidó después de años de no cumplirlo. Quizá soy una de esas personas que carecen de lado espiritual o como dice Molly Flynn: Soy una católica practicante que perdió muchas prácticas. Todo se reduce a que me cuesta creer sin pensar demasiado.

Y ahí estaba, en la misma capilla en la que hice mi primera comunión hace 17 años, habiendo pasado 3 desde mi última confesión. Llegó el silencio incómodo (aún más por haber comulgado bajo presión social) y solo pude pensar "Dios, lo siento porque vine tarde a misa, por nunca haber aprendido qué tengo que decir en este momento, pero sobre todo, porque casi no hablamos".