Mente femenina

Ideas para mejorar el servicio de strippers

miércoles, octubre 31, 2012

Y ahí estaba yo, en plena despedida de soltera, llorando de la risa, dividiendo mis pensamientos entre si el sujeto en cuestión se sentía denigrado, y un escéptico "¿qué efecto se supone que tenga esto?", porque claro, necesito racionalizarlo todo, cuando de repente me puse a divagar en cómo se podría mejorar el negocio de los bailarines exóticos masculinos, o sea strippers.



Sí, sí, era la primera y única vez que tenía un stripper enfrente, pero si generalizamos a partir de esa experiencia, encontramos que hay distintas áreas de mejora en esta oferta para atender mejor las demandas del mercado, tales como:

1. No a todas las mujeres nos gusta el mismo tipo de hombre. Hablo de ese tipo cholo mastodonte musculoso. Ofrezca distintos tipos y tamaños de cuerpos.

2. No todas las mujeres tienen la misma fantasía y definitivamente no a todas nos gustan los clichés. El aviador tipo Tom Cruise en Top Gun es tan de los '80. Piense en más temas, más novedosos o más complejos, o al menos diferentes de los integrantes de The Village People.

3. No a todas las mujeres nos gusta tenerlo todo "in your face" (no pun intended). Hay diferentes formas de ser sensual. Piense en otras además de las obvias. Caballero, incluso para bailarle a una mujer enfrente se necesita juego previo.

Ahí las tiene. Tres sencillas claves de cómo hacer negocio para toda ocasión, y no solo despedida de soltera. Y pues, si algún día usted ofrece el servicio de futbolista con plante similar al de Iker Casillas que llegue a amenizar el evento con todo y guantes, páseme su número. Quien quita y algún día me caso.

Mente femenina

De por qué a las mujeres nos da pena hablar de sexo

miércoles, octubre 31, 2012


No sé cómo son sus amigas, pero las mías no parecen sacadas de un episodio de "Sex and the City". Siempre me ha llamado la atención la facilidad de esos cuatro personajes para sentarse alrededor de una mesa y hablar pues, obviamente, de sexo: la falta de, el exceso de, las posiciones de, los juguetes de… Sexo, sexo, sexo, ¡sexo!

Pero les decía, mis amigas no parecen Samantha Jones. Nunca he pertenecido a un grupo que se asemeje a Samantha, Carrie, Miranda y Charlotte. Daba por hecho que al 99% de las mujeres les (nos) da pena hablar de sexualidad -la propia y la ajena también, porque ¡ay niña!-. Hasta que fui por primera vez a una despedida de soltera.

Las despedidas de soltera son todo un ejercicio de observación participante: los juegos, las bebidas espirituosas, las decoraciones, el entretenimiento, pero sobre todo las conversaciones. Fue justo en medio de la escucha de esas conversaciones que me pregunté por qué a las mujeres nos da pena hablar de sexo.

No porque nadie hablara, sino porque se necesitó el ritual de despedir de la soltería a una, para que otras se animaran a hablar. ¿Hay que estar en un ambiente íntimo para sacar el tema? ¿Hay que tomar al menos tres vasos de sangría? ¿Hay que participar en juegos exóticos? ¿Todas las anteriores?

La respuesta la podemos adivinar. Se me ocurren en particular dos clichés. Primero, "es cultural". ¿Pero por qué? Ni siquiera hablo de gritarlo a los cuatro vientos tipo Madonna en su etapa s&m, sino ahí, en la intimidad del grupo, al estilo de Carrie y compañía. Segundo, "es generacional". Sí, pero hasta algunas baby boomers lo hacen. Vi a un grupo de septuagenarias en una función de "Monólogos de la vagina" reírse al escuchar el orgasmo de señora católica de alta sociedad -no cuenta como hablar, pero estar ahí dice algo-.




Supongo que el miedo no se limita a hablar, sino a ESCUCHAR a alguien más tocar el tema. ¿Se sentiría cómoda escuchando a su amiga hablar acerca de sexo? Y por último a la confianza. ¿Pueden hablarlo como dos personas adultas? ¿Puede quedar entre ustedes dos?

Hablemos



Carrera

Pasión (No. 1)

sábado, octubre 27, 2012

Si nos olvidamos fácilmente de lo que nos apasiona y lo dejamos de lado, ¿será que de verdad nos apasionaba?

Divagando ando

Que adonde estés no sea acomodado

viernes, octubre 26, 2012

En el cruce de la avenida Bernal con la calle a San Antonio Abad, cada noche se pone un hombre con barba a pedir limosna. Está pechito, pero entero. Tiene sus dos brazos y sus dos piernas, ve, habla y oye. Camino a casa reparaba en que lo he visto pedir casi cada noche por al menos tres años. Tres años (o quién sabe cuántos más), en que se ha parado en el semáforo a pedir comida, cigarros o dinero.

En lugar de preocuparme por mi sujeto de observación, me puse a pensar en cuántas personas parecidas a él conozco: acomodadas. ¿Cuántas personas están exactamente en el mismo lugar que hace dos, tres, cinco o más años? El mismo puesto, el mismo trabajo, el mismo nivel de estudios, el mismo currículo, la misma relación infeliz, la misma falta de relaciones interpersonales, la misma mala condición física, los mismos quebrantos de salud… Lo mismo, lo mismo, lo mismo.

¿Adonde estaba usted hace 2 años? ¿Adonde está ahora? ¿Avanzó, retrocedió o se acomodó?

Cosas que pasan

De cantar en público y las nuevas experiencias

martes, octubre 23, 2012

En mi último cumpleaños, mis amigas me llevaron a un karaoke. Fue una gran noche. Había cantado antes en un karaoke, pero de esa forma bayunquita en que te quedás sentada en la mesa y nadie realmente te ve. Aquí no. Fue una experiencia nueva, diferente. Te parás frente a todo el mundo, con o sin el apoyo moral de unos cuantos ml. de alcohol, y perdés la pena. Para cuando cerramos nuestra velada, ya estábamos cantando "Highway to hell" de AC/DC.

El viernes pasado regresamos al mismo lugar y la experiencia no fue tan buena. No nos ponían las canciones y cuando al fin pusieron una, no era la que habíamos pedido. Fiasco total. Lo único rescatable de la noche fue el cierre con "Living on a prayer" de Bon Jovi.



Supongo que volver a un karaoke es como regresar al mismo lugar de tus vacaciones, darte cuenta de que es diferente a como lo recordabas y decepcionarte. ¿Pero acaso no son todas las experiencias así? Variables e impredecibles.

Y si nada es igual a la segunda o tercera vez, ¿no nos debería motivar eso a seguir intentando? Si a la primera nos fue mal, tal vez las subsiguientes experiencias sean mejores. Y si nos fue bien, ¿por qué no nos podría ir aún mejor?

A la tercera podría terminar cantando "Don't stop believing" de Journey.

NPI

No olvidar

martes, octubre 23, 2012

Los malos recuerdos se encargan de suprimir los buenos, mas no por eso hay que olvidar que alguna vez existieron.

Mente femenina

La mujer del 2062

martes, octubre 23, 2012

Estaba yo en una cena de esas a las que vas por compromiso, y por puro compromiso me sentí en la necesidad de llevar la conversación, en vista de que todos los demás no hacían el intento. Como a menudo sucede en esas situaciones, terminé hablando conmigo misma en voz alta. Esta vez empecé hablando de por qué Los Supersónicos eran más entretenidos que Los Picapiedras, y terminé alegando que Los Supersónicos eran aún más retrógrados que los habitantes de Piedradura.


¿Por qué? Mientras criticaba que Vilma Picapiedra estaba sometida a ser la ama de casa que prepara costillas de brontosaurio para el cavernícola de Pedro, caí en la cuenta de que Ultra Sónico era peor. Lo único que hace es apretar botones para preparar la comida y dar órdenes a Robotina. ¿Eso es lo que esperaban de nosotras en el año 2062? ¿Seguir de amas de casa y extender la mano para arrebatarle la billetera a nuestro esposo e ir de compras a Júpiter?

En la mente de los creativos de Hanna-Barbera los carros volaban pero las mujeres no habíamos avanzado ni una milésima. ¿Por qué no hicieron que el jefe de Súper Sónico fuera una mujer, la señorita Cosmo? Y digo 'señorita' porque en el 2062 la mujer puede ser soltera hasta que quiera, ¡y no solterona!

Yo sé, yo sé. Ambas caricaturas las dibujaron hace más de 50 años, pero aún si revisamos a la fecha de hoy, ¿qué nos dicen las industrias culturales acerca de la mujer del 2062?

Quedan 50 años para saber cuánto habremos avanzado y cómo será la vida de la Ultra Sónico real.

P.D. Me gustan mis conversaciones conmigo misma. Alegamos bastante.

Cosas que pasan

Pare de gritar

lunes, octubre 22, 2012

Me pasó esperando en un lugar de comida rápida. Con la vecina. Hasta en pleno aeropuerto. Seguro les ha pasado que escuchan una conversación ajena de principio a fin. No tengo agudos los oídos. Simplemente hay personas que vienen con un solo volumen: alto. ¿Qué son? ¿Sordos?


La peor es la vecina de la casa a la par de la que está enfrente de la mía. Sí, así de lejos. Y no cuesta escuchar todas sus conversaciones telefónicas. ¡De su habitación a la mía! No tengo por qué enterarme de que hace tiempo le mintió a alguien diciéndole que buscaba alquilar su casa porque no podía con los gastos y, con mucha, mucha, mucha pena (nótese el sarcasmo), le pidió prestados la mísera cantidad de $600. Pasadas las 11 de la noche. ¿Qué se supone que haga? ¿Taparme los oídos en la comodidad de mi propia cama?

No, no quiero saber que tenés problemas de rivalidad entre hermanas, niña que está sentada a mis espaldas mientras me como una hamburguesa. Tampoco necesito saber señor maleducado que la risa del "hijo de la gran puta" que venía a la par suya en el avión lo traía desesperado.

Lo peor es pensar: ¿seré yo, Señor? ¿Seré yo la metida? Ahora cada vez que hablo con alguien en un lugar lleno de gente imagino que soy igual de gritona que estos personajes. ¿Me estarán escuchando? ¿Necesito hablar en código?

Hora de empezar a susurrar.

Solo en El Salvador

De vitrinear y otras malas costumbres

lunes, octubre 22, 2012

Hace un par de meses pasé a Metrocentro porque me quedaba en el camino y necesitaba comprar un regalo. Al recorrer los pasillos no pude evitar notar que cada vez que voy hay algún tipo de renovación, pequeña o grande, ocurriendo en cualquiera de sus etapas. Es incluso entretenido caminar de un lado al otro y encontrar algún espacio, por mínimo que sea, en que permanezca un vestigio de los noventas. Y entonces es inevitable recordar las salidas domingueras típicas de la familia salvadoreña en que el trip era simplemente ir a vitrinear.

Te bajabas de la 30-B en "La isla", mucho antes de que construyeran La Despensa, y te atravesabas la calle en medio del gentío para ingresar por Metrosur, donde estaban las tiendas viejas y almorzabas en un Pollo Campero que siempre estaba a reventar o el clásico Rancho Alegre: el foodcourt por excelencia antes de que los llamáramos foodcourts. Te pasabas al otro lado de la calle, caminabas por el parqueo y llegabas a la esquina de Mike Mike, donde un invidente vendía paquetitos de Clorets -aún lo hace, como comprobé en junio pasado-. Empezabas tus rondas vitrina por vitrina, entrando y saliendo de las tiendas si acaso tenías la necesidad de comprar algo. Y eso era todo, hasta que dieran las 5 p.m. o te aburrieras. La vida era simple (¿o nosotros éramos los simples?).

Probablemente le siguieron (siguen) añadiendo etapas porque ya nos acabamos todas las anteriores, y las remodelan para crearnos la ilusión de ver algo nuevo, aunque sean las mismas vitrinas de hace 40 años.

Las modas van y vienen, y la costumbre de vitrinear no se detiene.

P.D. Algunas de las tiendas que recuerdo incluyen La Moda Parisiense, Yolanda Desirée, Molina Civallero, Bigith, Schwartz y Kismet. ¿Y usted?

Dulce amargo amor

Amor de estudiante

miércoles, octubre 03, 2012

"Los dos cogidos de la mano, por las calles"
Hay cosas que nunca sabremos. En mi caso, una de esas cosas es la experiencia de un amor adolescente. Habré tenido al menos un par de enamoramientos "serios" entre los 13 y los 17 años, todos no correspondidos (¿ven el patrón ahí?).

Con el tiempo, he llegado a dudar de que fueran reales. Algunos los he olvidado, no necesariamente por aquello de la memoria selectiva, sino por su intrascendencia. Y sin embargo, en mis momentos de pensamientos inútiles he llegado a preguntarme cómo habría sido tener un "novio de manitas sudadas", o en la versión moderna de Katy Perry, un teenage dream.


Teenage Dream versión "Aaaw", con música de los Warblers de fondo


Ir, como en canción de Sanz, "los dos cogidos de la mano" "a la puerta del colegio", como en canción de Magneto, y pensar tontamente "es el amor de mi vida", sabiendo en el fondo que mi profesor de matemáticas de noveno grado tenía razón, y ese primer amor se asemeja a las líneas paralelas: nunca se tocan.

Hay experiencias que simplemente no nos toca vivir.