De vitrinear y otras malas costumbres

lunes, octubre 22, 2012

Hace un par de meses pasé a Metrocentro porque me quedaba en el camino y necesitaba comprar un regalo. Al recorrer los pasillos no pude evitar notar que cada vez que voy hay algún tipo de renovación, pequeña o grande, ocurriendo en cualquiera de sus etapas. Es incluso entretenido caminar de un lado al otro y encontrar algún espacio, por mínimo que sea, en que permanezca un vestigio de los noventas. Y entonces es inevitable recordar las salidas domingueras típicas de la familia salvadoreña en que el trip era simplemente ir a vitrinear.

Te bajabas de la 30-B en "La isla", mucho antes de que construyeran La Despensa, y te atravesabas la calle en medio del gentío para ingresar por Metrosur, donde estaban las tiendas viejas y almorzabas en un Pollo Campero que siempre estaba a reventar o el clásico Rancho Alegre: el foodcourt por excelencia antes de que los llamáramos foodcourts. Te pasabas al otro lado de la calle, caminabas por el parqueo y llegabas a la esquina de Mike Mike, donde un invidente vendía paquetitos de Clorets -aún lo hace, como comprobé en junio pasado-. Empezabas tus rondas vitrina por vitrina, entrando y saliendo de las tiendas si acaso tenías la necesidad de comprar algo. Y eso era todo, hasta que dieran las 5 p.m. o te aburrieras. La vida era simple (¿o nosotros éramos los simples?).

Probablemente le siguieron (siguen) añadiendo etapas porque ya nos acabamos todas las anteriores, y las remodelan para crearnos la ilusión de ver algo nuevo, aunque sean las mismas vitrinas de hace 40 años.

Las modas van y vienen, y la costumbre de vitrinear no se detiene.

P.D. Algunas de las tiendas que recuerdo incluyen La Moda Parisiense, Yolanda Desirée, Molina Civallero, Bigith, Schwartz y Kismet. ¿Y usted?

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