Pare de gritar

lunes, octubre 22, 2012

Me pasó esperando en un lugar de comida rápida. Con la vecina. Hasta en pleno aeropuerto. Seguro les ha pasado que escuchan una conversación ajena de principio a fin. No tengo agudos los oídos. Simplemente hay personas que vienen con un solo volumen: alto. ¿Qué son? ¿Sordos?


La peor es la vecina de la casa a la par de la que está enfrente de la mía. Sí, así de lejos. Y no cuesta escuchar todas sus conversaciones telefónicas. ¡De su habitación a la mía! No tengo por qué enterarme de que hace tiempo le mintió a alguien diciéndole que buscaba alquilar su casa porque no podía con los gastos y, con mucha, mucha, mucha pena (nótese el sarcasmo), le pidió prestados la mísera cantidad de $600. Pasadas las 11 de la noche. ¿Qué se supone que haga? ¿Taparme los oídos en la comodidad de mi propia cama?

No, no quiero saber que tenés problemas de rivalidad entre hermanas, niña que está sentada a mis espaldas mientras me como una hamburguesa. Tampoco necesito saber señor maleducado que la risa del "hijo de la gran puta" que venía a la par suya en el avión lo traía desesperado.

Lo peor es pensar: ¿seré yo, Señor? ¿Seré yo la metida? Ahora cada vez que hablo con alguien en un lugar lleno de gente imagino que soy igual de gritona que estos personajes. ¿Me estarán escuchando? ¿Necesito hablar en código?

Hora de empezar a susurrar.

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