Que adonde estés no sea acomodado

viernes, octubre 26, 2012

En el cruce de la avenida Bernal con la calle a San Antonio Abad, cada noche se pone un hombre con barba a pedir limosna. Está pechito, pero entero. Tiene sus dos brazos y sus dos piernas, ve, habla y oye. Camino a casa reparaba en que lo he visto pedir casi cada noche por al menos tres años. Tres años (o quién sabe cuántos más), en que se ha parado en el semáforo a pedir comida, cigarros o dinero.

En lugar de preocuparme por mi sujeto de observación, me puse a pensar en cuántas personas parecidas a él conozco: acomodadas. ¿Cuántas personas están exactamente en el mismo lugar que hace dos, tres, cinco o más años? El mismo puesto, el mismo trabajo, el mismo nivel de estudios, el mismo currículo, la misma relación infeliz, la misma falta de relaciones interpersonales, la misma mala condición física, los mismos quebrantos de salud… Lo mismo, lo mismo, lo mismo.

¿Adonde estaba usted hace 2 años? ¿Adonde está ahora? ¿Avanzó, retrocedió o se acomodó?

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