Mente femenina

Entre Christian Grey y salir del clóset

jueves, marzo 28, 2013

Tengo una confesión que hacer. No me importa si la quieren leer o no. Tampoco me importa si corren a contársela a alguien más. Es que ya nada me importa. No puedo suprimir por más tiempo el deseo de decirles que salí del clóset. Del clóset de las mujeres que leen... novelas románticas. Femeninas. De esas que la sociedad nos enseña a despreciar y ver por encima del hombro.



El clóset era un lugar seguro, casi agradable. En serio, me la pasaba bien ahí. Veía en la comodidad de mi casa DVDs de comedias románticas y, cuando me armaba de valor y me despojaba de la vergüenza [gulp] también iba al cine a verlas. Sin embargo, si usted también es fan de las chick flicks, tal vez concuerde conmigo sobre que ya no las hacen como antes. No recuerdo cuándo fue la última vez que vi una buena. Una que hiciera click conmigo. Que me diera ganas de verla tantas veces hasta aprenderme los parlamentos.  

Con esas películas conocí a Bridget Jones. A Rebecca Bloomwood. A Gracie Hart. A Kathleen Kelly. Demonios, amo a esas mujeres. Podríamos hacernos cheras cualquier día.

Cuando mi amiga me regaló el libro "Confessions of a Shopaholic" para mi cumpleaños #25 -en lo que asumo fue una indirecta-, no lo pude soltar. Lo disfruté. Seguí con mi vida -aburrida como de costumbre-, hasta que otro libro de Sophie Kinsella se cruzó en mi camino. "Remember me". El Mount Blanc hizo que mi hermana y yo nos retorciéramos de la risa. Pero de nuevo, seguí con mi vida. Entonces "Julie and Julia" cayó en mis manos y bueno, ya sabemos cómo me afectó. Fue eso o el dolor remanente de la laparoscopia. Igual, seguí con mi vida.

De vez en cuando me acercaba a la sección de esos librillos en La Ceiba, tratando de convencerme de que no valía la pena leer "Sex and the city" cuando ya has visto la serie. O "The Devil wears Prada". Me alejaba cuidadosamente de ellos argumentando que mi dinero estaba mejor invertido en libros "serios".

Hasta que bajé la aplicación de Kindle y las arcas de Amazon se abrieron de par en par. 

Lo primero que hice fue bajar clásicos pretenciosos que no costaban un cinco. Pero luego, una noche cualquiera, después de escuchar a las locutoras de cierta radio del adulto joven (en serio, ¿cuándo empecé a caber en esa categoría?) y leer a varias tuiteras mencionar al tal Christian Grey, me di a la tarea de averiguar cuál era la gran alharaca alrededor de estos libros.

Sabía que tenían algo que ver con s-e-x-o, pero no fue sino hasta que leí la descripción que exclamé "¡Jesús, María y José!". No, el sadomasoquismo no es lo mío. Seguí leyendo las reseñas y me causaron gracia las comparaciones con "Twilight". Lo confieso [gulp]... yo leí "Twilight". Los cuatro libros. Hasta uno de los borradores de lo que habría sido el quinto, desde la perspectiva de Edward. Sí, yo también suspiré con Edward Cullen. No Robert Pattinson. Edward Cullen.

Asustada por mi búsqueda en Google, opté por dejar "50 Shades of Grey" en la sombra. No necesito saber qué pasa. Puedo vivir con el misterio. Pero la curiosidad por este fenómeno de lectoras femeninas pudo más. Empecé a explorar la categoría. Algunos títulos dejaban mucho que desear. Lo único que les faltaba era a Fabio en la portada. El resto no me decía nada. Hasta que uno en particular llamó mi atención.



Este Fabio

Leí la descripción y era exactamente una comedia romántica. Parecía el plot de "Pillow talk", aquella película de los 60's con Doris Day y Rock Hudson. Esa en la que basaron "Down with love". Convencida de que no había nada malo (vamos, que cumpliré 27 este año), bajé la muestra.

Dos capítulos después, corría frenéticamente buscando mi tarjeta para comprar el libro. Tenía que tenerlo. Necesitaba saber qué pasaba entre Caroline y Simon. Y así fue, estimados lectores, cómo empecé a leer novelas románticas que Disney no podría convertir jamás en película.

Esos malditos increíbles libros. Con sus malditos increíbles personajes. Después de Simon y Caroline vinieron Sky y Holder. Luego Ryan y Kate. Ayer terminé el primero de Grace y Jack. Hoy decidí descansar, por lo menos del género. Tengo los "White girl problems" esperando para reírme. Y "Austenland" para refrescar mi amor por todas las cosas relacionadas a Jane Austen.

Lo cierto es que se siente bien vivir en una época en que las mujeres de cualquier edad ahora leen libros como "50 Shades..." sin esconderlos. Si el sexo es lo más natural del mundo, ¿por qué no se habría de escribir o leer al respecto? Para muestra, la última persona que yo habría imaginado leería ese tipo de libros acaba de terminar el último de la trilogía Grey.

Dejando el tema del pudor atrás, debo admitir que encontré un motivo más para admirar el poder del internet. Cualquiera puede escribir y vender su libro en Amazon/Kindle. Tanto así que he llegado a pensar ¿por qué yo no? Bueno, bueno, quizá es el desvelo acumulado hablando. O el daño cerebral que me ha causado esta nueva adicción.

¿No sabía ni que existía Christian Grey? Póngase al día:



Para lo demás, existe Google.

Si usted ya leyó el dichoso libro u otros de su género, por favor deje su comentario. No importa si es anónimo. Quiero saber por qué cree que estos libros se han hecho tan populares entre las mujeres. U hombres.

Mente femenina

Ryan Gosling me trastornó de por vida

jueves, marzo 28, 2013


Hace un tiempo llegué a la conclusión de que Ryan Gosling me trastornó de por vida. Al diablo Disney, ellos solo son parcialmente culpables. Gosling y sus abdominales de Photoshop han arruinado la vida íntima -existente o inexistente- de millones de mujeres. ¿Por qué? Simplemente porque pone las expectativas demasiado altas. 

Ni siquiera es porque el tipo es pre-cio-so y cada centímetro de su físico lo hace merecedor de estar en la lista. Sino porque Noah lo convirtió en el Rhett Buttler o el Rick Blaine de nuestro tiempo. Ryan Gosling saca a cualquier romántica enclosetada de su escondite.

Viendo "The Notebook" pensé: "¡Ajá! Ryan Gosling tiene la culpa". Él o Nicholas Sparks. Pero vamos, quién no recuerda cuando se bajan del barquito en plena lluvia y ella le dice 'Why didn't you write to me? It wasn't over for me. I waited 7 years for you and now it's too late'. Y Ryan le dice 'I wrote you 365 letters, I wrote every day for a year'. Y creo que él se acerca y le dice 'It isn't over' y la besa. Y la levanta en sus brazos (¡esos brazos!) y se la lleva a la casa… y pues, "eso" pasa [Inserte, si lo desea, un suspiro aquí]. 


Pasa al estilo de Hollywood. En "Crazy Stupid Love" lo hace de nuevo [Sin pena, inserte otro suspiro acá].




De acuerdo con mi teoría, Hollywood se esmera en hacer una distinción simbólica entre los eufemismos "tener sexo" y "hacer el amor", cuando Sheldon Cooper no se complicaría y lo llamaría "coito". Usan la carita (y el cuerpecito) de actores como Gosling para que podamos ponerle nombre y apellido a las emociones evocadas por historias como las de Sparks y otros tantos escritores o guionistas. O simplemente a esos deseos que no nos atrevemos a compartir con nadie.

Por favor, Nora Ephron hizo deseable a Tom Hanks en "Sleepless in Seattle" y en "You've got mail" y casi lo logra con Billy Crystal en "When Harry met Sally".

Con la iluminación y la banda sonora adecuada, consiguen que muchas mujeres a menudo idealicemos de manera romántica el mismo acto que muchos hombres conciben como una escena sacada de una película porno. ¿Venus y Marte? Mejor intenten con comedia romántica versus Noches de Clímax.

Y de ahí que haya tantas parejas frustradas por el mundo.

Es solo una teoría. No debe tomarla tan a pecho.

Mente femenina

La lista

jueves, marzo 28, 2013

Si usted ha visto casi todos los episodios de las diez temporadas de Friends -como yo, por ejemplo-, seguro recuerda el episodio de "la lista", en que Chandler menciona que Janice y él han enlistado las cinco celebridades con quienes les gustaría pasar una noche sin que el otro se moleste. Sí, la lista.


Todas las mujeres tenemos una. A algunas les dará pena decir la suya en público, en parte porque tener una "lista" suena tonto e ingenuo. Tan ingenuo como Ross y su lista laminada.

A otras les dará pena porque tener una "lista" es una prueba de que, en general, les gustaría tener sexo (sí, dije sexo), pero aparte, de que sostienen fantasías con estos hombres inalcanzables.

Sobre este punto me encantaría tener los argumentos para sostener desde la psicología por qué fantaseamos o haber investigado antes de ponerme a escribir esto por capricho. Como no los tengo, puede empezar por leer aquí.

Supongo que es necesario y hasta saludable mientras no interfiera con nuestra vida normal. Vamos, que a nadie le ha hecho daño salivar mientras ve a Channing Tatum bailar en "Magic Mike". Es completamente normal que admiremos al sexo opuesto. Hombres y mujeres. 

Tratando de explicarle a mi progenitora por qué había tanta gente hablando del tal Christian Grey, le dije que era porque las mujeres se lo imaginan como el hombre más guapo del mundo. Ella respondió en automático "Ryan Reynolds". Por Dios mamá, Ryan Reynolds definitivamente no es el hombre más guapo del mundo.

Volviendo al tema, les comparto mi lista -no laminada y que puede cambiar en cualquier momento-, en ningún orden en particular:


  1. David Beckham
  2. Hugh Jackman
  3. Adam Levine
  4. George Clooney
  5. Ryan Gosling
  6. Bradley Cooper
  7. Michael Fassbender
  8. Jon Hamm
  9. Joe Manganiello
  10. Jake Gyllenhaal
Pueden disfrutar al #1 y son más que bienvenidas a compartir sus listas:



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Borrón y cuenta nueva

lunes, marzo 11, 2013


Muchas veces, cuando llevamos tiempo y esfuerzo invertido en una tarea, nos parece inconcebible volver a empezar. Creemos en la introducción, nudo y desenlace, cuando no toda historia debería llegar a su fin por inercia, porque la arrastró la corriente, porque era predecible.

Muchas veces es preferible borrar buena parte de la historia, sin importar cuántas páginas sean. Todo para garantizar que esa es la historia que queremos contar y que justo ese es el punto final que deseamos poner.

A eso le quiero poner mi firma.


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De autoeditarse

domingo, marzo 10, 2013

En febrero empecé a escribir una entrada llamada '10 cosas que ODIO con cada célula de mi cuerpo'. A falta de un par de cosas para redondear la lista, escribí el siguiente párrafo que cerraría la entrada:

"También odio, por ejemplo, haber empezado a escribir esta entrada hace 19 días. Que no me guste. Que no la sienta. Que no pueda dedicar tiempo a pensar bien una tan sola idea".

Acabo de decidir no publicarla. No todavía. Habrá párrafos que tal vez rescate y los meta en otra entrada. Pero es que no me gustaba. ¿Por qué le voy a poner mi firma a algo que no me gusta? Que no me convence, que no me apasiona.

Y entonces, al escribir el párrafo anterior descubrí que ese es uno de mis mayores problemas en la vida. O en la suya también, no sé.

Son pocas las cosas que podemos darnos el lujo de hacer por convicción. En el colegio estudiamos cosas que no nos interesan. En la universidad hacemos proyectos que no nos importan. En el trabajo, pues, digamos que con frecuencia no somos nosotros los que hacemos la descripción de nuestros puestos.

Quisiera tener un gran párrafo con una conclusión que los llevara a la reflexión. La realidad es que no tengo respuesta a mi propia pregunta.

Solo sé que a veces salen cosas buenas de autoeditarse tanto. ¿Por qué no he de pensar en cómo mejorar cada línea? De este blog o de esta vida.

Y si eso es "existencialismo", llámenlo como quieran.