De por qué aún tengo mis dudas sobre si me puedo ir de mi casa

martes, septiembre 10, 2013


Probablemente ya les he contado que cuando estaba en el colegio y era más joven e ilusa pensaba que a los 27 ya iba a estar casada o por lo menos al lado de la persona con quien me casaría. 

Probablemente tampoco les sorprenda que llegué a los 27 y sigo estando tan soltera como en bachillerato. Y si no les sorprende, me cuentan por qué.

En el último par de años más amigas a mi alrededor se están casando. Mientras me siento feliz por ellas, no nos demos paja, en más de una ocasión se me ha cruzado por la cabeza el típico "¿Y por qué yo no?". 

De esos gloriosos momentos Bridget Jones que la vida me regala y que tan siquiera me sirven para seguir escribiendo en el blog entradas como esta.

El viernes por la noche cenábamos en la casa de mi amiga casada. Ahí mismo, entre jugar con el bebé, ayudar a cocinar y muy posiblemente arruinar su licuadora mientras preparaba las margaritas, caí en la cuenta de que aún no puedo irme de mi casa. Mi mamá tiene razón. Mi inutilidad es tan grande.

Para muestra, acabo de fracasar como buena ama de casa salvadoreña con mis tortitas de fideos. Algo pasó con la mezcla del huevo o qué sé yo. Tendré que compensar mis destrezas culinarias de clásicos de comedor con otros artes y talentos.  

No hay duda de que hay una curva de aprendizaje al momento de independizarse. Tengo la esperanza de que voy a aprender a hacer las cosas que no puedo y a dejar de renegar por las que no me gusta hacer, como ir al supermercado, por ejemplo.

Pero en este preciso momento simplemente no estoy lista y no solo en el sentido financiero, sino que hablo en general. Mi mamá de verdad cree que podría morirme a la primera gripe que me dé viviendo sola. Yo sé que exagera, pero no me extrañaría ni me avergonzaría que venga corriendo a la casa cuando eso pase.

Y ya no hablemos de casarse y tener hijos, por mucho que me gusten los niños. Llevo un buen tiempo pensando que necesito vivir sola mucho antes de decidir vivir con alguien más. Tengo que aprender a cuidarme antes de cuidar a alguien más. Tengo que dejar de depender de alguien para que alguien pueda depender de mí. Yo sé que puedo.

Así las cosas, Raquel del futuro, espero que esta entrada te sirva para recordar que en algún momento reconociste que no estabas lista para dejar de ser hija de mami, pero sobre todo, que ya no lo seas.

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