Introspección

(Des)conexión

martes, agosto 05, 2014

El tiempo fuera sirve para desconectarte del resto pero no te garantiza conectarte contigo.

Adultez

27 lecciones en un año

lunes, junio 30, 2014

Acá se recopilan 25 entradas publicadas entre el 2 de julio de 2013 y el 30 de junio de 2014

#2701
A veces las personas que menos te conocen son más capaces de ver lo esencial de ti y demostrarte su aprecio con pequeños detalles.

#2702
Nadie te dice "Por favor" ni "Gracias" por hacer lo que se supone que debes hacer, no importa cuán bien lo hagas.

#2703
A veces no está mal aprovecharse de las pequeñas cosas que te ayudan a ver con mejores ojos la vida, aunque solo sean efecto placebo.

#2704
Termina siendo un problema no perdonar, no perdonar a tiempo, perdonar siempre y perdonar todo.

#2705
A veces nos sorprenden nuestros pensamientos acerca de nosotros mismos. Es porque nunca dejamos de descubrirnos.

#2706
Todos tenemos una versión de nosotros mismos que nos caía un poquito mejor.

#2707
Una cosa es cierta sobre la familia: pueden ser insoportables, te pueden caer mal, pero en el fondo los quieres. Al 99% de ellos.

#2708
Hay quienes que con poco hacen mucho. No cambian el mundo, pero sí el mundo de alguien. Tal vez no para siempre, pero sí cuando más se necesita. Hoy sí que lo necesité.

#2709
Al final de cuentas, todos somos producto de la imaginación de alguien más. Y somos de manera diferente según quien nos imagina.

#2710
Las cosas que somos capaces de decir cuando alguien hace las preguntas correctas nos pueden llegar a sorprender y a enseñar más de lo que imaginamos. [Esto es quizá lo más interesante que he aprendido en estos casi tres meses]

#2711
Personas incompletas hacen personas incompletas. Desbalanceados hacen desbalanceados. Y así. Hasta que uno decide lo contrario.

#2712
Quien te quiere debe quererte tal como sos. Pero uno también debe querer ser la mejor versión posible de sí mismo.

#2713
A veces no estamos preparados para las cosas que deseamos. A veces las cosas que deseamos no están listas para nosotros. Y así.

#2714
No cualquiera tiene la capacidad de sentirse genuinamente feliz por la felicidad de otra persona, más aún si apenas la conoce.

#2715
En ocasiones necesitamos hacer ciertas cosas por y para nosotros mismos, aunque los demás no lo entiendan.

#2716
Al final de cuentas nos aterra volver a cometer el mismo error porque no queremos volver a sufrir todo lo que ya sufrimos.

#2717
Está bien tomar riesgos... Mientras se calculen bien y sean la decisión más informada posible.

#2718
No se puede ir por el mundo comparando tu vida con la de los demás. Menos aún si insistes en salir perdiendo siempre. [Esto técnicamente no lo he terminado de aprender (y me cuesta), pero no está de más tenerlo como propósito para 2014]

#2719
A veces vamos por la vida pretendiendo que no sabemos lo que queremos, cuál es nuestra meta, solo porque nos da miedo decirla en voz alta, que nunca lleguemos a alcanzarla y el mundo nos recuerde que alguna vez deseamos algo y fracasamos en el intento. Si es que intentamos.

#2720
Todos necesitamos a alguien/algo en quien/que podamos depositar amor [Observando a Lucas].

#2721
Las decisiones se componen por una parte de información, y por otra, de fe. A menudo sentimos que no podemos tomar una decisión, no importa cuánta información recabemos. Lo que nos falta es fe. Sentir que esa es la decisión correcta. Y también pasa al revés. A veces no se necesita de mucha información para saber que vamos por el camino indicado.

#2722
A menudo hasta ignorar algo/alguien requiere un gran esfuerzo y un desgaste extraordinario de energía.

#2723
Hay un punto, no sé cómo, en que uno empieza a preguntarse el "What's in it for me?" con más frecuencia que antes. Es raro. Muy adulto.

#2724
La mejor capacidad que puedes tener es la de reírte de ti mismo. No te puedes tomar tan en serio. [El día del pollo tikka masala]


#2725
Es un cliché, pero cosas maravillosas pasan cuando uno menos las espera. Algunas se planean. Otras se improvisan. Otras son una combinación de ambas. La clave está en abrirse a las posibilidades.

#2726
Todos podemos estar solos. La realidad es que todos deberíamos saber estar solos. Quizás estar solos es más práctico y hasta más fácil. Pero como alguien me dijo una vez, no nacimos para estar solos y por tanto no deberíamos insistir en excluirnos. Las cosas pasan. Pero para que pasen necesitamos estar ahí. Presentes.

#2727
Si alguien me hubiera preguntado hace 10 años cómo me imaginaba que sería mi vida a los 28, probablemente habría dicho muchas de las cosas que tengo. Esas que todos asumimos son el orden "natural" de las cosas. Pero la vida es bien curiosa y se encarga de dárnoslas a nuestra medida y a su debido tiempo.

***
No me puedo quejar de las 27 cosas (aunque algunas incoherentes) que aprendí este año.
Fue un buen 27.

Dulce amargo amor

Enamorada

domingo, junio 29, 2014

Me sorprende la cantidad de emociones que se pueden llegar a sentir, en ocasiones invadiéndote todas al mismo tiempo. Desde tranquilidad cuando estás con esa persona hasta angustia cuando piensas que algo le puede pasar. Felicidad. Gratitud. Ilusión. Convicción. Todo por una persona.

También me asombra la cantidad de pequeños cambios para bien que el otro puede propiciar. Como cuando tu enfado se borra con las risas que él provoca con sus bromas justamente para verte sonreír. O la seguridad y la confianza que te infunde para dejarte ser, dejarte ir.

Las ideas también cambian. Ya no haces planes solo para ti, sino para los dos. "Lo mío" se sustituye más frecuentemente por "lo nuestro". Tus planes ya no son solo para dentro de tres meses, sino para dentro de tres años o más. La eternidad tal vez. Lo que antes nunca te habías imaginado tener o hacer, los lugares adonde no se te había ocurrido ir de repente se convierten en un deseo.

Todo por ti.

Tú me cambiaste la vida.
Todo lo encuentro en ti.
Hoy ya no hay dudas aquí.

Viajes

Un día caótico

domingo, mayo 25, 2014

Día 6. Roma no se construyó en un día pero yo me propuse a conocerlo en uno. Tomé el tren de alta de velocidad de Florencia a Roma en la oscuridad de las 7 a.m. Fue una de las cuatro ocasiones en que pagué un taxi en todo el viaje, pero fue necesario porque no me animé a caminar en lo oscuro hasta la estación de Santa Maria Novella. Dormí casi todo el trayecto, las dos horas que duró. Así de cansada estaba con el insomnio de las últimas noches. Ritmo circadiano descompuesto.

Al llegar a la estación Roma Termini, el caos. Cientos de personas por doquier. Y la lluvia. Lluvia en diciembre. De todos los días para conocer la ciudad eterna me tocó el más gris. Desayuné rápido y busqué la parada de los buses rojos que hacen un circuito por los lugares turísticos must see. Elegí los buses porque no sabía nada sobre dónde estaba qué cosa ni cómo llegar. No tenía ni siquiera un mapa.

Después de un arranque difícil bajo la llovizna, llegué al Coliseo. Y me decepcioné. Porque el Coliseo era gris. No se veía como en las fotos y en las películas. Lo adornaba un árbol de navidad gigante que me recordó que solo faltaban cuatro días para la Nochebuena. Desde un principio sabía que no entraría al sitio histórico, por restricciones de tiempo y presupuesto. Con lo que no contaba era con la lluvia. Vendedores ambulantes se paseaban con sombrillas en mano, pero el miedo a ser robada me detuvo de buscar mi billetera entre el desorden de mi bolso.

De todos los lugares, Roma fue donde más acechada me sentí y más miedo tuve por los carteristas. Probablemente todo este recuento está sesgado por la sensación de desesperación que tuve ese viernes.

El Coliseo. Gris.

Después de esperar por el bendito bus lo que se sintió como una eternidad bajo la llovizna, opté por no bajarme sino hasta el Vaticano. En el recorrido, una de las vistas más bonitas fue el monumento a Vittorio Emanuele II frente a la Piazza Venezia, donde curiosamente a la par había una manifestación. Ya a lo largo de la semana había visto en las noticias que había disturbios en Roma, así que esta protesta se veía pacífica comparada con las de la televisión.




Luego, el bus llegó a la Via della Conciliazione, la entrada al Vaticano. Sorteando los charcos hechos por la lluvia y esquivando a los vendedores que ofrecían todo tipo de tours y casi ver al mismísimo Papa Francisco, llegué a la Piazza di San Pietro, con su árbol de navidad al centro y una fila que rodeaba al menos el 60% de la plaza para entrar a la Basílica. Desalentada por el cansancio de caminar bajo la lluvia por miedo a deslizarme, me quedé sin ver La Pietà. Mi consuelo fueron los Musei Vaticani.


De las estampas más curiosas del Vaticano fue ver a la policía llevarse con algo de brusquedad a un vendedor que estaba por la plaza. Uno no se imagina que esas cosas pasen en un lugar así.

Caminé 20 minutos hasta llegar a la entrada de los Museos Vaticanos, donde están las estancias de Rafael y la Capilla Sixtina. Hice el recorrido largo en el que haces un circuito por todas las salas abiertas al público. Mis pies no estuvieron tan de acuerdo, pero al final del día, en estas situaciones uno termina caminando con el espíritu. Al llegar a la Capilla Sixtina, repleta de personas y guardias sigilosos de que nadie tome fotos ni video, no pude evitar admirar cómo esta obra se pudo realizar con la tecnología del siglo XV. Nada de lo que se haga en este siglo con las comodidades y conveniencias que tenemos se le pueden comparar.

En las estancias de Rafael sí se pueden tomar fotos.

Al salir del museo a media tarde, di por finalizada mi estadía en el Vaticano. Busqué el bus y me fui directo a la parada de la Fontana di Trevi. Hasta que la hallé. Y fue magnífico. Pasé sentada enfrente por unos buenos veinte minutos, tratando de capturar mentalmente todos los detalles del momento, con la fortuna de que un rayo de sol se asomó por un breve instante para iluminarla. Bellissima. Tiré mi moneda al agua con la esperanza de regresar algún día. Uno menos gris.

La Fontana di Trevi

Después de mucho caminar, hice una parada técnica por un pedazo de pizza rellena que me comí mientras caminaba hacia la Piazza di Spagna y la famosa escalinata. Si conté cuántas gradas eran, a estas alturas ya lo olvidé.

Roma a los pies de la Escalinata de España.

Un día caótico terminó con un gelato de chocolate mientras esperaba el bus que me llevara a la estación para tomar el tren de regreso a Florencia. A dormir. Finalmente.

Viajes

De sentirse inmensamente afortunada

sábado, mayo 24, 2014

Día 5. Este fue de los pocos días que tenía planeado con anticipación. Dos puntos en la agenda: la Galleria degli Uffizi y la Galleria dell'Accademia. 'El nacimiento de Venus' y el 'David'. Botticelli y Miguel Ángel. Me atravieso el Ponte Vecchio en medio del frío como todas las mañanas -lo digo como si fuera algo habitual y este no fuera mi tercer día aquí, pero así de cómoda me siento-. Decido caminar al lado del Arno y llego pronto al cul de sac que da a la entrada de la Galleria degli Uffizi, que queda a pasos del Palazzo Vecchio y la Piazza della Signoria.


La Galleria degli Uffizi tiene forma de U
Como ya se ha vuelto habitual en este viaje, me topo con una excursión de turistas asiáticos que siguen a su guía a todas partes. Ellos no son los únicos afuera. A pesar del frío y que el recinto aún no abre sus puertas, decenas de turistas aguardan para poder entrar. Algunos, como yo, van con su reservación en mano. 

Después de una revisión que incluye rayos X, empiezo a seguir flechas. El recorrido comienza en el segundo piso y es fácil no perderse porque el edificio tiene forma de U. Voy de sala en sala viendo un desfile de madonnas con el bambino en brazos y me entretengo con los bustos y las esculturas en los pasillos, y los frescos en el techo. 

Cuando llego a "El nacimiento de Venus" no puedo evitar sentir una mezcla de emoción y de decepción. Muchos la pasan de largo. Por un momento pareciera que soy la única persona prestándole atención a la expresión de su rostro detrás del vidrio (la obra está cubierta, me imagino, por protección). 

Después de tres o cuatro horas voy para afuera. Camino por las calles con una confianza ridícula, como si perteneciera aquí. Doy de nuevo con Santa Maria dei Fiori, imponente a la vista, y me meto a un bar en la esquina de al lado. Combino las señas con mi italiano básico de principiante y ordeno un panino de berenjena y la Coca-Cola más cara de mi vida (¡4,50!). Observo las costumbres italianas para entretenerme mientras descanso las piernas y agarro ánimos para seguir caminando.

Retomo las calles y me auxilio del mapa y de las flechas para dar con la Galleria dell'Accademia, cuya entrada pasa un poco desapercibida sin pena ni gloria en la Via Ricasoli. Después de los rayos X de rutina, entro en el hogar de una de las esculturas más reconocidas -si no la más- en la historia. Este museo no está ni la mitad de lleno que la Galleria degli Uffizi (probablemente fue por la hora), así que me da la sensación de tenerlo para mí sola. Pinturas gigantescas y otras obras de escultura le hacen el pasillo al David, que está ahí en medio, dispuesto a recibir toda la atención.

Las palabras no alcanzan para describir la impresión que da estar frente a esa escultura de 5 metros. No hay por donde empezar. Es digno de verse desde todos los ángulos y notar detalles tontos como la perfección hasta en el dedo pequeño del pie. Te deja sin palabras y no quedan ganas de otra cosa más que de estar ahí viéndolo, admirándolo, casi en actitud de reverencia. Y no te fijas en nada más hasta que eventualmente los guardias rompen el silencio pidiéndole a algún turista que se abstenga de tomar fotos. 

Aquí algo que mucha gente confunde: el David original estuvo anteriormente en la Piazza della Signoria, donde ahora se encuentra una copia a escala. Una curiosidad más de la Galleria dell'Accademia es que tienen un simpático centro de recursos multimedia donde uno puede aprender más sobre la historia del David y de las técnicas de pintura de la época. Probablemente el David sea el único motivo por el que las personas visitan este museo, pero no hay que descartarlo en una visita a Florencia.

Es curioso pero cinco meses después solo recuerdo ciertos detalles de las cosas. Es como si mi cerebro tuviera una capacidad limitada para recuperar toda la información que almacenó en cuestión de horas. Pero lo que queda es un sentimiento y ese es el de sentirme inmensamente afortunada por las oportunidades que la vida me dio/da. Poder decir que he estado en algunos de los museos más importantes del mundo antes de cumplir los 30 años tal vez para alguien no significa nada, pero para mí representa mucho. Es un triunfo personal poder ver con mis propios ojos el talento de hombres que siguen siendo únicos sin importar cuántos siglos pasen. 

La tarde muere con otra visita a Santa Maria dei Fiori, deambular por las calles hasta encontrar la Piazza della Repubblica con su carrusel y los restaurantes y tiendas lujosas alrededor, comerme un gelato de fragola e nocciola (extraña combinación, pero poco importa cuando sabe tan rico) y atravesarme el puente una vez más.

Piazza della Repubblica
Por la noche, la última cena. Gracias a TripAdvisor doy con la Osteria Vecchio Vicolo, en la via Lambertesca. El menú lo conforman una sopa clásica de la Toscana llamada ribollita (hecha a base de vegetales, frijoles cannellini y pan desmenuzado), pasta con las mejores albóndigas que probaré en toda mi vida y una copa de Montepulciano. Y me puedo llamar feliz.

Viajes

Un día de perfección improvisada

domingo, marzo 30, 2014

La Piazza della Signoria y el Palazzo Vecchio

Día 4. Mi primera mañana en Florencia empezó con una carrera al restaurante en la terraza del hotel 15 minutos antes de que quitaran el desayuno que estaba incluido en la reservación. El desayuno "gratis", desde mi punto de vista, es una de las mayores ventajas que se debe sacar en cualquier viaje. Desayunar bien te ayuda a postergar un poco la hora de almuerzo o hacerlo más liviano y por ende, más barato (al menos en teoría). 

Como primer punto en la agenda no existente de este miércoles, atravieso el Ponte Vecchio lleno de turistas. Admiro las vitrinas de las joyerías sobre el puente mientras calculo mentalmente cuánto cuesta en dólares ese dije o esos aretes, para luego conformarme con mirar. En el puente hay un busto adornado con un rótulo prohibiendo colgar candados a su alrededor, so pena de querer una multa de cientos de euros.

Al otro lado del Arno, me adentro por las calles estrechas y empedradas de la vecchia Firenze hasta que doy, por fortuna, con la Piazza della Signoria y el Palazzo Vecchio, con su falso David afuera en el museo de esculturas al aire libre.



Vista de Il Duomo desde el Palazzo Vecchio

A unos pasos está la Galleria degli Uffizi, pero por este día improviso y terminó entrando al museo del Palazzo Vecchio, donde tuve la intención de subir hasta la punta de la torre pero la capacidad de mis pulmones desiste y se queda recuperándose del aire frío en la terraza. Tampoco me puedo quejar: la vista es espectacular.

Sigo el mapa del museo prácticamente vacío viendo qué puedo descubrir en cada sala, hasta que después de ver decenas de pinturas de la madonna con su bambino y Giovanni il Battista, me entretengo con otros detalles curiosos, como aprender que los lirios son el símbolo de Florencia o que las presuntas historias que cuentan algunos cuadros sobre personajes florentinos los asemejan a personajes de la Biblia. 

Al salir del Palazzo Vecchio cruzo por aquí y por allá hasta que doy con un bar. Es un bar piccolo pero muy bonito, cerca de la piazza de San Firenze. Tengo más sed que hambre, pero no está de más hacer una pausa. Aquí aprendí que en Italia el tamaño de una pizza "personal" se traduce a una pizza que fácilmente puede se compartir entre dos personas o más. Pero los ingredientes... es increíble cómo algo tan simple puede saber tan bien. Mi almuerzo incluyó WiFi y un tiramisú más que perfecto para más tarde.

Sigo las flechas que me llevan en mi camino a Santa Maria dei Fiori, con su fachada de mármol y su famosa cúpula. El edificio, de proporciones monumentales, desafía el tiempo y una no puede sino ponerse a pensar cómo pudieron construirlo hace tantos siglos. En el costado hay una entrada para quienes desean entrar específicamente a rezar o prender una vela, mientras que los demás turistas entran por las puertas en la fachada principal.

Fachada y cúpula de Santa Maria dei Fiori

En las tres iglesias que visité esta semana -la Sagrada Familia, Notre Dame y Santa Maria dei Fiori-, me pareció curioso que los administradores de los recintos hacen un esfuerzo por que en su interior aún se respete el hecho de que, aparte de maravillas arquitectónicas e históricas, su principal funcionalidad es ser un lugar para la adoración.

Al final de la tarde, el cansancio y el sueño me vencen. No me queda más que recordar que a final de cuentas estoy aquí para el dolce far niente y que puedo irme a dormir una siesta. Sí. Siesta. Se vale. Estoy de vacaciones.


Ponte Vecchio antes del atardecer

Viajes

Atardecer mágico en Florencia

domingo, marzo 30, 2014

Día 3. Florencia me ha llamado la atención desde el momento en que mi maestra de Lenguaje asignó una tarea sobre arte del renacimiento en primer año bachillerato. Así conocí el "Nacimiento de Venus" de Botticelli. Tampoco puedo negar que todas las veces que vi "Under the Tuscan Sun" y las pocas de "Eat, pray, love" también me llevaron a interesarme por Italia. Italia como ese lugar mágico del dolce far niente y la dolce vita.

Llegué a Florencia un martes después del mediodía. El aeropuerto Amerigo Vespucci es tan pequeño que los aviones te dejan en medio de la pista, donde autobuses te esperan para llevarte a la terminal. La Florencia turística que todos vemos en fotos es un sitio histórico que guarda los secretos del medioevo y el renacimiento, como una Antigua Guatemala que una vez llegas ahí se te olvida que dejaste atrás una ciudad.

Con mi italiano de principiante, ordené un taxi que me llevara al hotel que había reservado en oferta por internet*. El Hotel Pitti Palace al Ponte Vecchio fue una de las sorpresas más agradables de todo el viaje, y aunque estoy segura de que no se compara con los lujos de los Médici, para mí sí lo fue. Después de revivir con una siesta en una cama donde bien cabían cuatro personas, salgo con mapa en mano a explorar a pie, la manera más eficiente de moverse en Florencia.

Ponte Vecchio visto desde el ponte Santa Trinita
Elijo el mejor puente para atravesar el río Arno. Desde el ponte Santa Trinita se alcanza a ver el ponte Vecchio y el ponte alla CarraiaDel otro lado, encuentro la piazza Santa Trinita para descubrir que no todas las piazzas son enormes. Algunas son solo monumentos en medio de las calles estrechas. Una escultura dedicada a la justicia vigila desde lo alto de su columna las tiendas de Salvatore Ferragamo, Ermenegildo Zegna y Gucci, entre otras. 

Ponte alla Carraia sobre el río Arno

Mi presupuesto no incluye el fino cuero italiano. En cambio, me conformo con un cannolo siciliano que compro da portare en una pequeña tienda. Voy con mi bolsita en mano viendo qué hay a la vuelta de cada esquina, hasta dar con la piazza dell'Unità Italiana y la estación de Santa Maria Novella.

Todas las advertencias acerca de los carteristas hacen efecto en mi cabeza cuando veo a un joven seguir a una pareja insistiendo que les compre algo o les dé dinero. Mi mano se afianza sobre mi cartera y empiezo a caminar más rápido. Llego hasta una banca frente a la Basilica di Santa Maria Novella y tomó un respiro para comerme el cannolo. Oddio! Mamma mia! Volvería a Italia solo por comer otro de esos.

Santa Maria Novella

Anochece temprano y la prudencia de la primera noche en otro país desconocido me indica que es tiempo de irme para el otro lado del río. Me voy por otro puente, el Carraia, para ver qué más encuentro. Las calles están tan solas y son apenas las 6 de la tarde. Busco un restaurante para cenar y mis pies me llevan hasta la Piazza de Pitti. El palacio detrás de la plaza fue la residencia de los Médici y ahora alberga exhibiciones de arte.





Me decanto por un café enfrente de la plaza que anuncia una cena con prezzo fisso. Por una cantidad que a mí me parece absurda pero que para estándares europeos aparentemente es una "ganga", puedo elegir un primo y un  secondo con su contorno. Mi fantástica primera cena en Italia fue un antipasto de cortesía, pan de la casa frito en aceite de oliva; de primo, gnochetti con camarones y alcachofas; de secondo, un filete de carne y de contorno, papas salteadas.

Una comida italiana completa incluye al menos cinco platos. Primero es el antipasto o el "antes de la comida", que pueden ser aceitunas, bruschetta o un carpaccio, por ejemplo. Luego va el primo o primer plato, que por lo general es pasta, arroz e incluso sopa; seguido del secondo, el plato fuente, que es cualquier proteína acompañada del contorno o guarnición. Si con todo eso aún no te has llenado, puedes comerte todo el pan de la canasta que ponen en tu mesa. El broche de oro es el dolce o postre.

Ahora puedo entender la parte de "Eat" del libro de Elizabeth Gilbert. 

Cierro la noche pellizcándome y pensando "De verdad estoy aquí. Esto es real". Funcionó construir los rieles antes de que pudiera pasar el tren por ahí.


* Yo usé www.hotels.com y lo recomendaría para planear su próximo viaje. No recibo ni un centavo por darle este consejo :)

Viajes

Regocijarse en Gaudí y su Sagrada Familia

domingo, marzo 30, 2014

Día 2. Las personas que me conocen podrán decirle que soy en extremo organizada. Algo así. A sabiendas de que tendría solo un día en Barcelona intenté meter todo lo que pude en el itinerario de ese lunes 16. Desafiando el jetlag, me levanté temprano y una vez ataviada de toda mi indumentaria invernal que completaba mi look de Michelín, me dirigí al comedor del hotelillo por el desayuno incluido. Era un paraíso de tortilla de patatas, croissants y paquetitos de Nutella (como una versión refinada de la Nucita). 

En la calle apenas y hay gente para ser casi las 9 a.m. Me cruzo la plaza en búsqueda de la parada del bus turístico que me ayudará a maximizar mi tiempo en la Ciudad Condal. La ruta azul del Bus Turístic inicia su recorrido por el Passeig de Gràcia, una de las principales avenidas de Barcelona donde, a menos que sea tan despistado como yo, podrá observar el trabajo de Gaudí en la Casa Batlló y La Pedrera. El bus va buscando su camino entre edificios de apartamentos desde cuyos balcones cuelgan banderas de Cataluña y que abren paso a la parada más esperada de todo el recorrido, al menos para mí: la Sagrada Familia.

Siendo previsora, había comprado mi entrada en línea con un par de semanas de anticipación. Siempre me parecerá curioso que en Ticketmaster se pueda adquirir entradas para ver una iglesia. Llego tan a tiempo que, después de haber pasado por seguridad, resulta que aún no es mi hora de entrada. Se dan las 10 y al fin puedo entrar en medio de varios grupos de turistas asiáticos que siguen obedientemente a sus guías, como si se tratara de una excursión escolar. 

Recojo la audioguía que incluye la entrada y la voz del narrador empieza a susurrarme al oído todo un recital de datos que debería saber o aprender, como si estuviera en una clase de arquitectura o historia del arte. En la fachada de la entrada al público, la más nueva, Jesús te recibe con la cruz a cuestas en unas esculturas geométricas con marcadas líneas rectas. Hay esculturas por todas partes, todas contando un pasaje diferente de la Biblia. Al entrar, la magnificencia de los colores de los vitrales que se dan a la tarea de filtrar la luz que viene de afuera y que llenan el recinto de un aspecto mágico. 

Interior de la Sagrada Familia

Me encanta la sensación que te embarga al entrar en un lugar grande. Grande en todos los sentidos, no solo físicamente. Te hace sentir pequeña y recordar la insignificancia de tu humanidad. Si no fuera así, ¿cómo podrías asombrarte de las cosas que te pone enfrente la vida? Esa capacidad de admiración, muy propia de los niños, no la deberíamos de perder nunca.


Fachada del nacimiento, Sagrada Familia.

Después de embobarme viendo la fachada del nacimiento, me tomé el tiempo de ver las exposiciones acerca de Gaudí, lo que me ayudó más a entender la magnitud de su obra y su visión innovadora para la época. Aunque no soy la más creyente de los creyentes, no me deja de dar la impresión de que el talento y la inspiración no son fortuitos.

Al salir de la basílica no es ni el mediodía y ya me puedo dar por satisfecha de haber venido hasta acá. La prisa, el cansancio y el frío son malos consejeros para el viajero con tiempo limitado, así que una vez de vuelta en el bus, voy eligiendo deliberadamente cuáles paradas saltarme. El Parc Güell y el Tibidabo deben quedarse para "la próxima", si es que la próxima algún día llega. Veo el Camp Nou desde el bus, me cambio de ruta y no me bajo sino hasta la parada de la Plaza de España.

Plaza de España
Aparte del frío, una de las desventajas de viajar en invierno es que todo es más gris y no dejas de sentirte un poco decepcionada cuando estás enfrente de un lugar que has visto en fotos y se ve... diferente (como me pasó en el Coliseo en Roma).

Empiezo a caminar hacia el Palacio de Montjuïc. No dejen que las gradas los engañen. A los lados hay escaleras eléctricas que ayudan a agilizar el paso. Sin holgura de tiempo y presupuesto, opto por ver el palacio desde afuera, sin entrar al Museo Nacional D'Art de Catalunya que alberga en su interior.



Al fondo, Palacio de Montjuic
El miedo a perder el siguiente bus me previene de visitar el Museo del Pueblo Español. Aunque tengo bastante confianza en los buses tipo hop on, hop off, una de sus desventajas es que es difícil de predecir cuándo van a pasar. Entre más largo es el recorrido, más probabilidades hay de que haya un retraso, ya sea por el tráfico o por la cantidad de buses que ponen en circulación dependiendo de la temporada.

El bus sigue su recorrido por Montjuic, pasando por el Palau Sant Jordi, donde celebraron los Juegos Olímpicos de 1992 y todavía se ve la antorcha olímpica. Mi siguiente parada es el Teleférico de Montjuïc desde donde se alcanza a ver todo Barcelona y el Mediterráneo.

Barcelona a tus pies

Basta llegar hasta arriba e identificar a lo lejos la Sagrada Familia para ver qué tan lejos he llegado en un día.

En todos los sentidos.

Viajes

Anochecer en Barcelona

domingo, marzo 30, 2014

Día 1. Aterricé en Barcelona un domingo de diciembre hacia el final de la tarde. Por primera vez en 27 años estaba sola en un lugar nuevo a kilómetros de distancia de mi casa. Ya en Barajas había sentido la ansiedad de la separación, el típico "¿Qué estoy haciendo?" que se te viene a la cabeza cuando todo a tu alrededor es desconocido y el "No puedo creer que al fin lo estoy haciendo" que le sigue automáticamente. Nervios y emoción al mismo tiempo.

Sin importar cuántas oportunidades para viajar se me presenten en el camino, los aeropuertos siempre me causan estrés. Esa sensación de "No hay vuelta atrás" que se anida en tu estómago desde el momento en que sales por la puerta. Así salgo del Prat, siguiendo la señalización que me lleve al Aerobus. Esperando mi turno para subir al siguiente bus, me entretengo observando a una chica con un glamouroso abrigo de piel que incendiaría los ánimos de cualquier activista de PETA.

A mí las 16 horas de vuelo y los meses de cansancio atrás se me notan, pero los tengo que dejar de lado porque tengo que aprovechar al máximo los próximos 9 días. Subo al bus y acomodo mis maletas como puedo. Voy pendiente de cada parada hasta que la luz se enciende en la Plaça Catalunya. Llegué. Ya está oscuro, hace frío allá afuera y después de varias vueltas no logro encontrar el pequeño hotelillo que reservé por internet. Es tan pequeño que no tiene rótulo y en lugar de lobby hay una relojería.

La habitación es del tamaño de una caja de fósforos. La vista es de las azoteas y chimeneas vecinas. Pero el baño está limpio, la cama es cómoda, la habitación se calienta en un santiamén y el WiFi conecta casi al instante. Me abrigo, salgo de la habitación y me dispongo a explorar con mapa en mano. El hotelillo está justo al inicio de La Rambla que se ilumina para Navidad o 'Nadal'. Cientos de personas llenan las calles con bolsas en las manos, seguramente comprando sus regalos.

Busco comida y agua. No como desde el desayuno y mi cena de la noche anterior terminó en una de esas bolsas que te dan las azafatas tratando de ser amables mientras disimulan su cara de asco. Como buena turista con un presupuesto -y con miedo de no tener suficiente efectivo en la moneda local-, todo me parece exorbitantemente caro. Voy entre las calles siguiendo las campanadas y el bullicio de la gente. Me di por vencida con el mapa y me dediqué a seguir flechas hasta que di con la Fira de Santa Llucía enfrente de la Catedral de Barcelona, justo en el Barrio Gótico.

Vista de la Catedral de Barcelona de día
Me paseó entre los puestos y sonrío con los Caganers. Si mi abuelito estuviera vivo, ese habría sido su regalo de navidad. De regreso me entretengo viendo las vitrinas de los grandes almacenes, todas decoradas para las fiestas. Vuelvo al punto donde comencé y me decido por cenar en La Cervecería. Una copa de sangría y tres montaditos son mi cena para celebrar que llegué al otro lado del mundo.

Dulce amargo amor

Reglas para el novio perfecto

miércoles, febrero 05, 2014

A una pareja de hermanitas de 6 y 9 años se les ocurrió la lista más genial de reglas para novios ("List of boyfriend rules") y, como buena mamá del siglo XXI, a su progenitora le dio por subirla a Twitter y un mes después fue a parar en la revista Time.

Se pueden hacer varias interpretaciones de la graciosa lista: ¿Cómo se le ocurren esas ideas a niñas de esa edad? Tuvieron que haberlo escuchado de un adulto. ¿A qué exponemos a los niños cuando pensamos que no están escuchando? ¿Arruinamos a los niños con nuestras propias concepciones de la vida y las relaciones humanas? ¿Cómo influyeron en nuestras ideas los adultos a nuestro alrededor?

Lo curioso es que estoy de acuerdo con buena parte de la lista, por eso decidí remarcar las cinco cosas básicas que esperaría que cualquiera de mis hijos tuviera presente en la suya a cualquier edad:

  1. Buenos modales (Good manners): van más allá de saludar y abrirte la puerta; incluye darte la oportunidad de hablar, no interrumpirte y ponerte atención mientras hablas. Es mostrar consideración por el otro.
  2. Escucha (Listens): y que tenga un interés genuino por lo que estás diciendo.
  3. Cásate con alguien que te respete (Marry someone who respects you): tu forma de pensar, tus decisiones, tus planes, todo.
  4. Listo (Smart): que no se fijen en nadie que no lo sea ni en alguien que no valore lo suficiente lo muy listos que ellos son.
  5. Que te haga reír (Makes you laugh): porque cuando nada funcione y todo vaya mal, el sentido del humor es lo último que queda.

Porque hijos, cuando uno no sabe lo que quiere es capaz de conformarse con migajas, y como decía su bisabuela "No es así la cosa".


Solo en El Salvador

Conclusión electoral

martes, febrero 04, 2014

El peor y más grande problema de este país es la corrupción. Lo peor es que no permite que se solucione ninguno de los demás problemas.


Mente femenina

¿Qué fue de los Pedro Infante del mundo?

domingo, febrero 02, 2014


Recuerdo haber visto sin falta al menos una película de Pedro Infante casi todos los sábados por la noche cuando tenía 7 u 8 años. Seguro no soy la única en haber pasado por esa fase. Mi favorita era "Pablo y Carolina", que ahora que lo pienso, tiene en su argumento un tema de travestismo extraño para la época.

Probablemente no es la mejor película de Pedro Infante, ni la más romántica, pero me gusta. Me gusta en ese modo extraño en que también me gustó "Pillow talk", con Rock Hudson y Doris Day. O incluso "You've got mail". Dos personajes que no se soportan en la vida real, pero que se enamoran. Soy rara, lo sé.

Aunque el hombre bien macho, bigotón y de botas, dista de ser mi tipo -Alejandro Fernández, si estás leyendo esto, no me hagas caso-, esta noche viendo el final de "Pablo y Carolina" me puse a pensar ¿qué fue de los Pedro Infante del mundo?



[Mientras haya vida en este mundo... Te amaré, vida mía]

¿Cómo fue que pasamos de los Jorge Negrete, Rock Hudson (sí, yo sé que era gay), Clark Gable à la Rhett Buttler, Cary Grant, Humphrey Bogart a cantantes enclenques y vampiros de brillantina?

Hace un par de días mi mamá llegó a la conclusión de que Raphael era el Justin Bieber de su época y recordó lo feliz que se sintió en sexto grado por conseguir una foto de él para su álbum de recortes. No porque Raphael fuera el estereotipo rebosante de virilidad que describía en las líneas de arriba... Simplemente me pareció curioso. Interesante. Y se me ocurrió esto. Cómo los estereotipos y las preferencias evolucionan en cada generación. Sería un buen tema para un ensayo o un estudio cultural.

¿Yo? Yo me quedaría con Clooney. O con DiCaprio a sus casi 40 años bien puestos.



Distiempo

Noche de domingo

domingo, febrero 02, 2014

Todos los domingos, cuando el día muere, siento de súbito que debería estar haciendo más con mi vida.

Todos los días deberían sentirse como noche de domingo.


Pseudo motivacionales

Concesiones

sábado, febrero 01, 2014

Hasta cierto punto se siente bien delegar la responsabilidad de preocuparse a alguien más. Dejar las aflicciones en manos ajenas. Sentir que alguien tiene tu espalda cubierta. Que si te caes, te ayudará a levantarte.

Es una concesión de poder que no todos estamos dispuestos a hacer, hasta que crecemos lo suficiente para dejarlo ir. Pedir y aceptar ayuda nos cuesta. Confiar, aún más.

Pero no sabremos si podemos hacerlo hasta que lo intentamos.