Dulce amargo amor

Reglas para el novio perfecto

miércoles, febrero 05, 2014

A una pareja de hermanitas de 6 y 9 años se les ocurrió la lista más genial de reglas para novios ("List of boyfriend rules") y, como buena mamá del siglo XXI, a su progenitora le dio por subirla a Twitter y un mes después fue a parar en la revista Time.

Se pueden hacer varias interpretaciones de la graciosa lista: ¿Cómo se le ocurren esas ideas a niñas de esa edad? Tuvieron que haberlo escuchado de un adulto. ¿A qué exponemos a los niños cuando pensamos que no están escuchando? ¿Arruinamos a los niños con nuestras propias concepciones de la vida y las relaciones humanas? ¿Cómo influyeron en nuestras ideas los adultos a nuestro alrededor?

Lo curioso es que estoy de acuerdo con buena parte de la lista, por eso decidí remarcar las cinco cosas básicas que esperaría que cualquiera de mis hijos tuviera presente en la suya a cualquier edad:

  1. Buenos modales (Good manners): van más allá de saludar y abrirte la puerta; incluye darte la oportunidad de hablar, no interrumpirte y ponerte atención mientras hablas. Es mostrar consideración por el otro.
  2. Escucha (Listens): y que tenga un interés genuino por lo que estás diciendo.
  3. Cásate con alguien que te respete (Marry someone who respects you): tu forma de pensar, tus decisiones, tus planes, todo.
  4. Listo (Smart): que no se fijen en nadie que no lo sea ni en alguien que no valore lo suficiente lo muy listos que ellos son.
  5. Que te haga reír (Makes you laugh): porque cuando nada funcione y todo vaya mal, el sentido del humor es lo último que queda.

Porque hijos, cuando uno no sabe lo que quiere es capaz de conformarse con migajas, y como decía su bisabuela "No es así la cosa".


Solo en El Salvador

Conclusión electoral

martes, febrero 04, 2014

El peor y más grande problema de este país es la corrupción. Lo peor es que no permite que se solucione ninguno de los demás problemas.


Mente femenina

¿Qué fue de los Pedro Infante del mundo?

domingo, febrero 02, 2014


Recuerdo haber visto sin falta al menos una película de Pedro Infante casi todos los sábados por la noche cuando tenía 7 u 8 años. Seguro no soy la única en haber pasado por esa fase. Mi favorita era "Pablo y Carolina", que ahora que lo pienso, tiene en su argumento un tema de travestismo extraño para la época.

Probablemente no es la mejor película de Pedro Infante, ni la más romántica, pero me gusta. Me gusta en ese modo extraño en que también me gustó "Pillow talk", con Rock Hudson y Doris Day. O incluso "You've got mail". Dos personajes que no se soportan en la vida real, pero que se enamoran. Soy rara, lo sé.

Aunque el hombre bien macho, bigotón y de botas, dista de ser mi tipo -Alejandro Fernández, si estás leyendo esto, no me hagas caso-, esta noche viendo el final de "Pablo y Carolina" me puse a pensar ¿qué fue de los Pedro Infante del mundo?



[Mientras haya vida en este mundo... Te amaré, vida mía]

¿Cómo fue que pasamos de los Jorge Negrete, Rock Hudson (sí, yo sé que era gay), Clark Gable à la Rhett Buttler, Cary Grant, Humphrey Bogart a cantantes enclenques y vampiros de brillantina?

Hace un par de días mi mamá llegó a la conclusión de que Raphael era el Justin Bieber de su época y recordó lo feliz que se sintió en sexto grado por conseguir una foto de él para su álbum de recortes. No porque Raphael fuera el estereotipo rebosante de virilidad que describía en las líneas de arriba... Simplemente me pareció curioso. Interesante. Y se me ocurrió esto. Cómo los estereotipos y las preferencias evolucionan en cada generación. Sería un buen tema para un ensayo o un estudio cultural.

¿Yo? Yo me quedaría con Clooney. O con DiCaprio a sus casi 40 años bien puestos.



Distiempo

Noche de domingo

domingo, febrero 02, 2014

Todos los domingos, cuando el día muere, siento de súbito que debería estar haciendo más con mi vida.

Todos los días deberían sentirse como noche de domingo.


Pseudo motivacionales

Concesiones

sábado, febrero 01, 2014

Hasta cierto punto se siente bien delegar la responsabilidad de preocuparse a alguien más. Dejar las aflicciones en manos ajenas. Sentir que alguien tiene tu espalda cubierta. Que si te caes, te ayudará a levantarte.

Es una concesión de poder que no todos estamos dispuestos a hacer, hasta que crecemos lo suficiente para dejarlo ir. Pedir y aceptar ayuda nos cuesta. Confiar, aún más.

Pero no sabremos si podemos hacerlo hasta que lo intentamos.