Viajes

Caminando por Manhattan

lunes, diciembre 04, 2017


Nueva York es una de mis ciudades favoritas en todo el mundo. Sí, es cierto que no tengo un pasaporte lleno de sellos para comparar, pero estoy convencida de que podré recorrer otros rincones del mundo y seguirá siendo de mis favoritas, adonde seguiré eternamente planeando viajes imaginarios para volver "algún día".

Hace un año fue mi turno de regresar a Nueva York y experimentarla de otra manera. Lejos de las típicas atracciones turísticas, sin itinerarios ajetreados, a pie y en silencio, sin WiFi ni datos, entre el otoño y el invierno, y con el espíritu navideño a reventar. 

Navidad por todas partes

Tomar el tren hacia la estación Penn en Manhattan al final de la tarde y salir de ese mundo subterráneo a una plétora de luces de todos los colores. Cruzar la 34 y ver el edificio de Macy's con su enorme rótulo con la palabra "Believe" ("Cree") y sus escaparates decorados para la época. Avanzar al parque Bryant para ver el mercadillo de Navidad con sus ventas, los patinadores sobre la pista de hielo y el árbol de navidad con su decoración patriótica en rojo, blanco y azul. Seguir caminando por la quinta avenida, desviarme en el centro Rockefeller para ver el famoso árbol de "Mi pobre angelito 2", momento que repetiría días más tarde acompañado de fresas cubiertas de chocolate Godiva después de la función del "Christmas Spectacular" de las Rockettes en el Radio City Music Hall, fórmula perfecta para entrar en el espíritu de la navidad. 

Detenerme a ver el juego de luces y música en la fachada de Saks Fifth Avenue, mientras los policías dirigen el tránsito de los cientos de peatones que han salido a la calle ese domingo. Ver afuera de la Catedral de San Patricio a un coro de monjas jóvenes cantando villancicos y que una de ellas llamara mi atención por usar zapatos tenis con su hábito. Un par de bloques más arriba, admirar los escaparates de Bergdorf's con sus diseños intrínsecos y maniquíes ataviados de ropa y zapatos que jamás podría costear. Una hora después, sentarme en Times Square, al centro de todas las luces, en medio de tantos otros turistas como yo y recordar la letra de "New York, New York", de Sinatra.

Caminar, caminar, caminar


Otro día comenzó desde la punta de la isla con vista a la Estatua de la Libertad, en el parque Battery donde conocí oficialmente el otoño en las hojas amarillas y rojizas de los árboles que aún no habían sucumbido al frío del invierno. Ese día debo haber caminado unas 20 calles, con breves paradas en la Iglesia de la Trinidad, el memorial a los ataques terroristas del 9/11, el Oculus (la estación de metro más cara del mundo), hasta atravesar Tribeca, y después SoHo y sus calles empedradas y edificios con detalles de hierro en sus fachadas, y llegar al parque Washington Square, fácil de reconocer por todo aquel que vio "Friends" alguna vez en su vida. 

En mi experiencia viajando he descubierto que no cualquiera comprende el placer de solo caminar. Siempre me preguntan "¿Pero qué hiciste?", "¿Adónde fuiste?", "¿Ahí que hay?". No siempre hago algo aparte de caminar. Ni voy a lugares específicos todo el tiempo. A veces en los lugares en los que termino ni siquiera hay algo concreto, un monumento o un sitio icónico. Pero caminar es más que caminar. Es ver la arquitectura de la ciudad transformarse ante tus ojos. Son los murales, los rótulos, las calcomanías pegadas en un acto de vandalismo urbano, los graffitti. Son los establecimientos comerciales, ver a la gente entrar y salir en su vida diaria, interactuando entre ellos. Es preguntarse qué tipo de vida llevan los habitantes de esos vecindarios y pensar si uno sería feliz ahí.
Una de las desventajas de viajar en diciembre es lo temprano que anochece. Para cuando me había trasladado de Greenwich Village a Chelsea en el metro, todo lo que pude ver desde el parque Highline fueron las luces de Nueva Jersey, a pesar de que no eran ni las 6 p.m. Ese lunes, taché de mi lista de deseos culinarios conocer el mercado de Chelsea, abajo de las instalaciones del canal de televisión por cable Food Network. Cualquier día que termine con un rollo de langosta califica como perfecto, en mi humilde opinión.

Tienes un e-mail

La principal ventaja de viajar sola es que nadie cuestiona tu salud mental al momento de proponer ideas como recorrer los lugares en que se desarrolla una de tus películas favoritas. En este caso: "You've got mail". Después de un paseo rápido en los alrededores del parque de Madison Square, incluyendo una estampa curiosa de una plazuela con hamacas frente al edificio Flatiron, me moví 73 calles hacia arriba, específicamente al Upper West Side, el vecindario en que se desenvuelve la historia de Kathleen Kelly y Joe Fox (F-O-X).

Esa especie de peregrinaje me llevó al jardín de la calle 91, en medio del parque Riverside, donde los protagonistas finalmente se "conocen"; el Café Lalo, donde se citan por primera vez y Joe cae en cuanta que Kathleen es Shopgirl; y Verdi Square, entre otros. Fui una fanática feliz.


Es interesante cómo dependiendo del vecindario en que te muevas, puedes apreciar un Manhattan completamente diferente, no solo en arquitectura y el perfil de las personas que se logra observar sino también, como dirían los más místicos, en sus vibras. El Upper West Side se siente así de "cool" y relajado como nos lo hace creer la película de Nora Ephron, a diferencia de su vecino del este.

Una experiencia y un recuerdo

La noche acaba bajo la llovizna en el teatro David H. Koch, en el Centro Lincoln para las artes escénicas, con una función del ballet "El Cascanueces", de esas cosas que te alegran el corazón y que quisieras por un momento tener a alguien a tu lado para compartirlo. Una experiencia en sí misma.


Desde ver en el metro a un caballero ataviado en su traje, unas niñas en sus vestidos más elegantes de el camino al teatro, el bullicio del lobby, el libreto de Playbill con la información de la obra, los detalles del vestuario, los decorados del escenario y, sobre todo, la destreza de bailarines y músicos, todo hizo que el precio del boleto valiera la pena. Lo que no tiene precio es sentirte doblemente afortunada al recordar de la nada aquel disco compacto con la música de Tchaikovsky que pertenecía a tu abuelo, y que por un tiempo sonabas para hacer las tareas del colegio.


Esta ciudad entera, con todo lo que me falta por explorar y descubrir, lugares que volver a ver y experiencias nuevas por vivir, la volvería a visitar todas las veces que pudiera. Con algo de suerte tal vez lo pueda hacer de nuevo el día menos pensado.

Para mientras, hay otros destinos en lista de espera.


Fechas qué recordar: 3 - 9 diciembre, 2016
Duración real: 5 días
Experiencias para siempre: "The Nutcraker" (New York City Ballet), "Christmas Spectacular" (Radio City Music Hall).
Comida memorable: Chelsea Market (llevar hambre y dinero), primera cerveza (Stella Artois), Eataly (demasiadas opciones), Alice's Tea Cup (cerca de Central Park, por Strawberry Fields), Whole Foods (abrumador), Godiva (las fresas cubiertas con chocolate), Max Brenner Chocolate Bar (cerca de Union Square), Wolffer Estate en los Hamptons (la cata de vino y el queso de cabra borracha).
Qué faltó de esencial: Central Park de día en otoño/invierno, el árbol de navidad del MET, Butter (reservación que perdí en el restaurante de Alex Guarnaschelli 💔).
Qué aprendí: Menos es más.

Lecciones de humildad

domingo, noviembre 26, 2017

Para alguien que considera mantener su ego a raya y no "creerse demasiado", he llegado a la conclusión de que este último año ha sido una lección de humildad, con lo que no quiero decir que la haya terminado de aprender.

Hubo un momento del año en que me sentí errada en un área de mi vida, negada de algo que pensé que ya me había ganado a fuerza de trabajo y esto me hizo dudar de mí misma, lo que quizás me dolió más que el "agravio" en sí mismo.



Casi nueve meses después, todo lo que puedo decir es, pues, shit happens. Todos tenemos que darnos en los dientes a veces, como la lechera que llora por la leche derramada al quebrar su cántaro por ir soñando despierta, y este era mi turno.

Según el diccionario, humildad es la "virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento". Aunque no suene necesariamente esperanzador, quizás lo que necesito es seguir aprendiendo de mis limitaciones y debilidades y como me dijo alguien, no tomarme tan en serio.



En la TV

Esas películas de navidad de Hallmark

domingo, noviembre 26, 2017


Oficialmente estoy a una película de navidad de creer que si voy a un centro comercial a pedirle a Santa Claus un novio para navidad, él me lo enviará en un plazo de 20 años cuando los corazones de ambos estén listos. O que si saco a pasear a Lucas, mi perro, existe la probabilidad de tener un meet cute con el amor de mi vida. O que puedo conocer a un espíritu navideño o tener un accidente que me haga viajar en el tiempo, por lo general en Nochebuena, y tener una segunda oportunidad para cambiar de rumbo mi vida. O que puedo conocer y enamorarme del príncipe heredero de un país diminuto de nombre ficticio como Montsaraui, Aldovia o Cordinia.

Aunque risibles, todas estas ideas descabelladas provienen de los tramas de películas navideñas, de esas de Hallmark, Lifetime e inclusive Netflix que este año lanzó su primera producción original de este subgénero. Encuentro difícil justificar cómo cada año caigo en las deliciosas mieles del poder hipnotizador de estas películas previsibles, trilladas y, algunas, francamente ridículas. Pero lo hago. Es un placer (no tan) culposo que me permite apartarme de la realidad, al menos por algunas horas. Inclusive he encontrado en el camino a un par de personas que comparten el gusto por estos títulos, y con las que el comentario en vivo, lleno de crítica sarcástica, se convierte en parte de la experiencia.

Pero hey, si me hace feliz, ¿qué más da?


Sobre escribir

Nada qué decir

sábado, septiembre 30, 2017


Hace 8 años que comencé este blog creía que tenía algo qué decir. No siempre tenía un tema interesante y probablemente no tenía un estilo de redacción bien desarrollado, pero lo hacía. Nunca fui mucho de escribir sobre las cosas que me pasaban. Más bien escribía sobre cosas que pensaba. Cosas que se me ocurrían en una situación cualquiera y que, al menos en mi mente, tenían cierto humor irreverente. Eso era lo que escribía.

En las raras ocasiones que recuerdo mi antigua vida de escribir, llego a la terrible conclusión de que a mis 31 años cada vez se me ocurren menos cosas. No tengo tiempo de pensar. Cada vez soy menos capaz de poner atención a mis propios hilos de pensamiento y ni qué se diga recordarlos días después cuando al fin tenga la disponibilidad (y disposición) de sentarme frente a un teclado a ponerlo en palabras que se tejan entre ellas hasta convertirse en entradas con sentido.

Quizás lo peor de todo sea que he perdido la confianza y no sé si realmente soy buena escribiendo. Naturalmente buena. Leo ensayos en Modern Love en el NYT y me pregunto si yo podría escribir así. Leí un texto de García Márquez en una revista en un avión, entre otros artículos, y me pregunté por qué yo no podía escribir así. Hace poco leí una novela de Rosa Montero ("Carne", altamente recomendada) y me pregunté qué tenía que hacer para logar escribir así.

No es como que espere llegar a escribir como un Nobel de Literatura, pero me pone a pensar si dejé de hacerlo porque no me gustan los resultados cada vez que me auto edito. Tengo un par de borradores que no han avanzado en meses, sobre lugares que visité hace más de un año. Y mientras escribir un par de entradillas sobre temas banales es relativamente fácil, pareciera que no logro hilvanar más de tres párrafos cuando quisiera decir más o quisiera decir algo mejor.

Es una mala combinación tener poco qué decir y sentir que perdiste la voz para hacerlo. Pero tal vez aún valga la pena intentarlo.

Fitness goals

Fitspiration

jueves, abril 13, 2017

Cuando estás esforzándote por bajar de peso, como parte de tu plan secreto para recuperar el control o simplemente cambiar tu vida, necesitas apoyo. Alguien que te aleje la mano del galón de sorbete de "Rocky road" o alguien que te diga que está bien comerte un pedazo de pastel de zanahoria de la San Martín porque no somos nada, la vida es prestada y porque tiene la cubierta de queso crema más deliciosa del mundo. Alguien que se anime a hacer ejercicio contigo o a probar cosas nuevas.

Me imagino que debe ser agradable tener a alguien así, pero yo no tengo a esas personas en mi vida, un fitness sidekick o una lifestyle change cheerleader. OK, me acabo de inventar esos términos, pero pueden existir personas así en tu vida real. Y si no las hay, Instagram es un buen lugar para encontrarlas. ¿En un sitio donde la gente comparte su día a día en fotos, comentarios y hashtags? Quién lo habría imaginado *sarcasmo*.

Para mí la inspiración o fitspiration viene de @haley_j_smith y @ariellesays, dos chicas no muy diferentes a mí y a cualquier otra chica, que comparten su experiencia en la pérdida de peso. Ambas han perdido más de 100 libras cambiando su estilo de vida, léase aprendiendo a comer mejor e incorporando el ejercicio como parte de su vida.


#transformationtuesday for some of the new followers I got this week thanks to @fitbit for featuring my story! On the left was my proposal day in July 2015 at 280ish lbs. On the right was March 2017 at 170ish lbs. Both girls are happy and loved life, but the girl on the right is just a bit more relaxed and much more healthy! There are lots of ups and downs in this journey, but it's all been worth it! I struggle with motivation and cheat days just like everyone. You just have to balance it out so that the good outweighs the bad! I started slow with changing small eating habits like logging food and drinking more water. I started workouts gradually, too with the Couch-to-5k app. So start your journey today! Who knows where you could be in a year or so! - Shameless plug for My Race, My Pace Virtual 5k! Start your running off with the goal of completing a virtual 5k! For more details and sign-ups, go to the link in my bio! This is the last week to sign up! - Pants are @pucket_pants - #oneworkoutatatime #onedayatatime #onemealatatime #transformation #weightlosstransformation #beforeandafter #beforeandafterweightloss #weightloss #myracemypace #myracemypace5k #myracemypacevirtual5k #virtual5k #virtualrun #5k #couchto5k #c25k #fitbit #fitspo #fitspiration
Una publicación compartida de Haley Smith (@haley_j_smith) el


Aunque sé que no estoy ni por cerca de tener ese nivel de compromiso conmigo misma, mucho menos en estos últimos meses, anima ver a otras personas humanizar la experiencia y ponerle rostro y personalidad, especialmente porque lo hacen de una manera positiva ✊. Y a veces todo lo que se necesita son ánimos.

Para un enfoque más centrado en el ejercicio, pueden seguir a Haley. Para ideas de cómo cocinar y comer más saludable, pueden seguir a Arielle (ella está a dos fotos de convencerme de cocinar arroz de coliflor... y de comer coliflor en general). También pueden leer los artículos de Arielle en Buzzfeed donde habla de las cosas que le ayudaron a perder peso.

Happy #transformationtuesday! There are a few things I want to point out here regarding my change. 1) I went from being the girl who always felt the need to hide her body with some type of inanimate object (a pillow or a purse), to the woman who doesn't even think twice about a security shield. 2) I went from the girl who refused to leave the house without a cardigan or sweater - despite being hot and uncomfortable - just to not reveal her arms, to the woman who loves wearing sleeveless shirts. 3) I went from the girl who was always so ashamed in her own skin, to the woman who loves herself and DGAF about what other people think. 4) Even though the girl on the left had a lot of insecurities and body image issues, she was also strong enough to make a change and become the woman on the right. 💪 . People ask me every single day about motivation, how to get started, what to do, etc. The thing is, you can throw all your excuses at me and defend yourself on why you haven't started, but I ultimately cannot help you, because this is YOUR JOURNEY, and YOU have to be willing to fight for it. I didn't just wake up one day and love veggies and taking spin classes. I took initiative, exercising became a habit, and cooking became a hobby. This is a LIFESTYLE CHANGE, not a DIET. So don't "wait till Monday" or "start after vacation" - do this now for your health, not a dress size or a number on a scale. ✌️#transformationtuesday #weightwatchers #weightloss #weightlossjourney #beforeandafter #down100lbs #weightwatchersjourney #weightwatcherssisterhood #wwsisters #motivation #inspiration
Una publicación compartida de Arielle (@ariellesays) el

No es por ponernos cursi (o tal vez sí), pero al final toca recordar:



Depresión

¿Para qué?

jueves, abril 13, 2017

No sé por dónde empezar porque no sé qué quiero decir. Y la mimosa que acompañó mi desayuno y se me subió a la cabeza no tienen nada que ver. O tal vez sí, porque no solo se me dificulta hilvanar mis ideas -de por sí ya revueltas-, sino también mecanografiarlas de manera coherente. Al menos podré culpar la pobre calidad de mi escritura a mi estado de confusión.

De la última vez que escribí a acá han pasado una serie de cambios que amenazan con deshacer todo el progreso que pensaba que había hecho en los últimos meses. Toda esa persona fuerte en la que pensaba que me había reinventado a mí misma, esa que se sentía segura y encaminada a buscar contento con su vida, desaparece día con día, para regresar adonde comenzó o inclusive a un par de pasos atrás.

Alguien me dijo que esto es salir de mi zona de confort, pero yo no recuerdo haberme sentido tan confortablemente para comenzar, porque todo se siente una lucha, todo el tiempo. Como nadar a contracorriente cuando por ratos apenas y floto. Y cansa. Me siento exhausta y solo hace que me pregunte para qué lo hago. ¿Para qué? ¿Para qué me someto a una vida de infelicidad la mayor parte del tiempo? ¿Es para lograr algo? ¿Tan siquiera es factible que de verdad lo logre si sigo así? Y si lo es, cuando lo logre, ¿habrá valido todo la pena?

Yo. Todos los días. Convenciéndome de levantarme.

En algún lado leí hace muchos años una frase de Soren Kierkegaard que dice "Nadie está tan terriblemente cautivo y ningún cautiverio resulta tan imposible de quebrar como aquel en que el individuo se retiene a sí mismo". Lo hace ver tan fácil, y quizás sí es así de fácil, entonces ¿por qué no puedo hacerlo?

Fitness goals

Avances

miércoles, febrero 01, 2017

Mi peso y yo hemos mantenido una relación amor - odio por mucho tiempo. Casi toda mi vida prácticamente. De niña siempre fui "gordita". Una combinación de malos hábitos alimenticios, comerme mis emociones y nula actividad física que me acompañó hasta bien entrada mi adolescencia, y ahora en mi adultez.

Me obligaron a ir al nutricionista por primera vez a mis 15 años. A mis escasos 1.54 metros de estatura estaba en un grado de obesidad media. O en palabras de mi médico de aquel entonces, era una bicha atrapada en el cuerpo de una señora. Un año después había perdido 50 libras a base de una mejor alimentación, aunque admito, cero actividad física.

Tan poco estaba acostumbrado el mundo a mi nueva apariencia que en el colegio una vez me apartaron de la clase para cuestionarme si tenía algún trastorno alimenticio. Otra persona me dijo que no importaba cuánto rebajara, siempre tendría las piernas gordas. Aún estando "delgada" la gente seguía teniendo toda clase de opiniones acerca de mi cuerpo.

Dejaré esto por aquí y me alejaré lentamente...

Logré mantener el peso bajo control por poco más de un año (esta vez sí con ejercicio), hasta que entré a la universidad y al cabo de cuatro años me había encargado de recuperar todo lo que tanto me había costado perder y encima, subir casi 30 libras más. De nuevo la historia se repitió y me obligaron a ir a otro nutricionista. Dos años más tarde, había retomado las riendas de ese aspecto de mi vida y había perdido unas 40 libras. Las suficientes como para no llorar solo de pensar que tenía que ir a una playa pública en un viaje con mi familia.

Sin el afán de hacer de este post un ejercicio de aritmética de Baldor, al año había vuelto a recuperar todo ese peso. Un año después, en medio de dos sustos de salud, había logrado bajar 30 libras. Si buscaran la definición de "Yoyo" o "Rebote" en un diccionario ilustrado encontrarían mi foto al lado. O muchas fotos mías, de mis distintos cuerpos. Fast forward a finales del 2015: en cuatro años había superado mi peso más alto de la manera más autodestructiva posible y con creces, y tocaba mi fondo más bajo (en lo físico, al menos).

Recuerdo cuando vi la báscula e incrédula pensé "¿Cuándo pasó esto?", "¿Cómo dejé que esto pasara?". Pesaba 244 libras, llegué a usar un vestido talla 3X para una boda y era sumamente miserable. Hasta que llegó un punto en enero de 2016 en que sin proponerme mayor cosa ni tener un plan concreto (no más nutricionistas), comencé una serie de cambios. Algunos tan básicos como preferir el agua sobre todas las bebidas y evitar el pan a toda costa. Pero los más significativos tienen que ver con moverme.

Empecé por caminar hasta 3 kilómetros en un parque y me inscribí en clases de salsa on 1 estilo Los Ángeles (algo que en un millón de años jamás habría imaginado). Eso me sirvió de preparación física para un viaje de tres semanas en que caminé hasta desgastar un par de zapatos nuevos. En los últimos meses del año aproveché el gimnasio gratuito de mi trabajo haciendo cardio de 40 a 60 minutos, e inclusive fui donde un entrenador físico con la esperanza de que me diera una rutina de pesas que pudiera seguir. A medida me fui sintiendo más cómoda con mi cuerpo comencé a probar otras cosas, como yoga y dos carreras de cinco kilómetros (caminando, aún no troto siquiera). Quizás lo más importante es que no he dejado de moverme.

¿Adivinen quién ha perdido 45 libras?

YOOOOOOOOOOOOOOOO

Y aunque yo sé que me falta un buen camino por recorrer, con este avance he recuperado cinco años de mi vida y nunca me había sentido tan confiada de que esta vez es un cambio permanente. Nunca quiero regresar a eso. Quiero sentirme cómoda con mi cuerpo y tener la condición física para hacer más cosas que difícilmente habría podido hacer antes o que nunca se me habrían cruzado por la mente. Quiero, sobre todas las cosas, ser amable conmigo misma.

Ahora un mensaje de Elle Woods para motivarnos todos 😉:


Dulce amargo amor

Yo en el amor

martes, enero 31, 2017

¿Alguna vez han dedicado mucho tiempo a desear algo y, cuando por fin lo tienen, no es lo que ustedes tanto estaban esperando? Algo así me pasó hoy, cuando deliberé por media hora si me "merecía" o no algo dulce después del almuerzo. Aunque la respuesta debería haber sido "No, no lo necesito. Apártate, Satanás", sucumbí a mis más bajos instintos (forever niña gordita 😭). Siendo la persona indecisa que a veces soy, no fue sino hasta la tercera tienda a la que entré que me convencí de comprar algo: un relámpago. 

Sí, este es un relámpago, también conocido como éclair. Oh là là, señor francés.
Al frente del mostrador había una fila de dorados relámpagos con crocante cubierta de reluciente caramelo, y aunque yo sabía que ese bodoquito de pasta choux relleno de crema pastelera no me iba a cambiar la vida, hice mi orden. "Un relámpago para llevar, por favor", a lo que la señorita de la panadería procedió a tomar uno del fondo, que de lejos parecía que no tenía caramelo.

¿Quién querría un relámpago sin caramelo? Todo el propósito de la existencia de los relámpagos es que podamos morder el caramelo duro, a expensas de embarrarnos la nariz de miel (#truestory). El relleno cremoso es como un bonus track. Sin embargo, no dije nada. Pude haberle dicho "¿Me puede dar uno de estos?" y señalar uno de los caramelosos. No me estaban dando lo que yo quería y necesitaba, y no dije nada.

Y mientras pagaba $0.60 por algo que no me iba a hacer feliz, solo pensé para mis adentros "Yo en el amor". A veces tan incapaz de hablar y de decir las cosas como si todavía fuera la niña de 5 años que a mediados del año escolar la profesora se dio cuenta de que no hablaba con nadie.

Online

Observadora participante en Tinder

domingo, enero 29, 2017

Hace un par de días, alguien me persuadió de crear una cuenta de Tinder, una aplicación móvil que se encarga de conectarte con personas con quien en teoría tienes algo en común, basándose en la información que le proporcionaste a Facebook. Básicamente te sugiere personas con quien tienes conocidos en común y que siguen a las mismas páginas. Si te parecen (para lo que sea que andas buscando), los deslizas a la derecha. Sino, a la izquierda.

¿Izquierda o derecha?

Descargué la app por curiosidad, aunque convencida de que no me interesa conocer a alguien en este momento, lo cual yo sé suena contradictorio. Adentrarme en ese mundillo era un pasatiempo con fines de investigación, algo así como un ejercicio antropológico, aplicando la observación participante y el análisis de contenido. Porque pues, así soy yo.

A pesar de lo que uno se pueda imaginar, Tinder ofrece un entorno seguro. Nadie se puede contactar a menos que el interés sea mutuo y, aún cuando se "hace match", queda a opción de cada quien si le envía un mensaje al otro. Con la comodidad que da estar del otro lado de la pantalla, comencé a revisar todos los perfiles que la app me sugirió. La cara de Britney Spears ilustra fidedignamente muchas de mis reacciones esa noche:

Like for real

Mientras rechazaba de manera indiscriminada a la gran mayoría de especímenes masculinos entre 29 y 34 años a 25 kilómetros a la redonda, llegando varias veces al punto en que Tinder ya no tenía más usuarios que mostrarme, me fui fijando en otros detalles. Como lo común que eran las selfies tras el volante, la típica foto con un trago en la mano, la pose de thumbs up 👍, la foto con el grupo de amigos en alguna fiesta, la foto de "Mírame, he viajado", o "Mírame, tengo un hobby cool".

Entre más fui entendiendo cómo funcionaba la app, me detenía en algunos perfiles y leía la descripción que algunos ponían de sí mismos (inserte el GIF de Britney otra vez), las canciones que seleccionaban en Spotify o las fotos que compartían en Instagram. En un máximo de seis fotos, me hacía una idea vaga de quién podría (o no) ser esta persona a tantos kilómetros de mí.

Analizaba a los otros y seguro lo mismo hicieron ellos conmigo, pensando tal vez que era una snob por decir que me gustan las conversaciones inteligentes. Quizá lo más curioso sea que, mientras hacía las de antropóloga, me analizaba a mí misma. ¿Qué tiene este perfil que me hace detenerme más de 2 segundos en él? ¿Qué hace que te dé a la derecha? ¿Qué dice de mí que este me "guste" y aquel no?

Es interesante como nuestras personas virtuales construyen identidad y también crean percepciones. Lo que somos y no somos en público o en internet alimenta el imaginario que los otros tienen de nosotros. A veces lo que aparentamos ser termina siendo más poderoso que lo que somos. Porque a veces toca ponernos estas máscaras. Es adaptación. Instinto de supervivencia. Como cuando te empeñas por dar la mejor impresión en una entrevista o reunión de trabajo, aunque por dentro estés muerta de miedo, hecha un manojo de nervios.

¿Que cómo terminó el ejercicio? No puedo saber cuántos usuarios en total habrán deslizado mi perfil a la derecha y cuántos otros a la izquierda. Otra bondad de Tinder dependiendo de cómo lo veas: no conoces la magnitud del rechazo. De mi parte, deslicé la pantalla a la derecha unas contadas veces, algunas bastante aleatorias y hubo una en particular que se sintió como ponerle un sello de "Te felicito" a alguien porque también seguía The New York Times.

Por supuesto que esto minó las probabilidades de avanzar el experimento hacia otra etapa. La de conversar con un perfecto desconocido. Esa para la que no estoy lista. Hice un solo match. Alguien a quien no pienso escribirle, por mucho que Tinder me diga que "Te perderás el 100% de las memorias que nunca generes".

Pero gracias por participar amigo, pasa por tu bolsa de churros 😉.

Adultez

Tiempos mejores

domingo, enero 29, 2017

Un día de estos platicaba con alguien sobre cómo pareciera que la tendencia de los tiempos en que vivimos es hacer todo lo posible por volver a tiempos que fueron mejores. Lo vemos en Netflix con "Fuller House" y las "Gilmore Girls". Para muestra, yo me declaro orgullosamente culpable de haber visto cada uno de los 153 episodios anticipando el regreso de Rory y Lorelai a Stars Hollow.

También pasa en la música, donde es común ver a artistas tratar de revivir sus años de gloria, con nuevos discos, giras de reencuentro o shows residentes en Las Vegas. Si por el precio de un boleto a un concierto de Magneto y Mercurio puedo regresar a mis 11 años cuando el cassette de "Chicas chic" era una de mis más preciadas posesiones, pues doy por bien servido ese dinero.

Héctor, mi favorito de Mercurio, con Alan, mi favorito de Magneto, porque realmente quién recuerda a los otros 4.

Tal vez sea porque llegamos a un punto en nuestras vidas en que necesitamos escapar y volver a lo simple. A reírte de las bromas tontas de Kimmy Gibbler, a revivir la ansiedad adolescente de quién es mejor, si Dean o Jess (mil veces Jess 😍), o por los recuerdos que traen canciones sin sentido que hablan de estar como un flan en continuo temblor.

O tal vez sea porque esos son pasados seguros a los que regresar, nos recuerdan algo que fuimos y, en parte, nos hicieron un poquito lo que somos.

En el cine

La la land y el enésimo regreso de los musicales

domingo, enero 29, 2017

Solo una persona que no ha visto ni un musical en su vida creería que "La la land" es una película original. Hay escenas que parecen calcadas de películas de Gene Kelly, de "Singin' in the rain" y "An American in Paris". No sé en qué momento de mi vida me convertí en el tipo de persona a la que le gustan los musicales y las películas clásicas. Sin embargo, sí. Soy del tipo de persona a la que los primeros minutos de "La la land" le parecen hasta molestos en su falta de originalidad y exceso de homenajes a los grandes musicales de antaño. Bonita visualmente, pero nada nuevo. Así como "The artist" me pareció simpática (Jean Dujardin 😉), pero terminé con la sensación de que ya había visto la historia antes... ¿adonde será? Ah, sí. En "Singin' in the rain" 😒.

Oh boy, oh boy. Ryan Gosling is a natural.
Así transcurría la primera parte de la película entre números musicales que aumentaron mi deseo de llegar a mi casa y revisar en Netflix cuántos títulos de Gene Kelly podría encontrar para bingewatch en un fin de semana (conclusión: ninguno 😢), hasta que, entre la música y el baile, la historia de Mia y Sebastian al fin comenzó a desarrollarse. Y entonces los personajes interpretados por Emma Stone y Ryan Gosling me hicieron sentir todos los warm, fuzzy feelings que ninguna película me había hecho sentir en mucho tiempo.

Creo que el verdadero mérito de "La la land" recae en que, mientras los personajes se van enamorando, uno se va enamorando de ellos, como individuos y como pareja. Eso es lo que nos hace consumir historias. Generar ese nivel de empatía en el espectador debería ser el objetivo de todo personaje, y por tanto, del guionista detrás de la película.

Las actuaciones también contribuyen. Aunque en esto me siento un poco dividida porque ninguno de los papeles fue demasiado demandante y, con la excepción de dos escenas concretas hacia el final de la película en las que, a mi gusto, ella resaltó más, sentí que Stone y Gosling estaban solo siendo ellos, teniendo la buena química que se traen en la gran pantalla. Y por Ryan Gosling siendo él mismo me refiero a ser endemoniadamente hermoso.

* Y aquí comienzan los spoilers. Considérese advertido. *

La historia va de una aspirante a actriz y un pianista con sueños frustrados de abrir un club de jazz, que se conocen un tanto por serendipia en Hollywood y que comparten poco más de un año juntos, en el que él la alienta a escribir su propia obra de teatro y ella indirectamente lo hace sentirse obligado a tomar un trabajo fijo en una banda. Hasta aquí íbamos bien, pero claro, como pasa en la vida, pasa en las películas, llegan a un punto álgido en que tienen que tomar decisiones de vida y carrera.

💔💔💔💔💔 

Recuerdo pensar "¿En qué va a terminar esto? ¿Los van a separar, verdad? No, no pueden no terminar juntos".  Terminan separados, por supuesto. Mia y Sebastian cumplen con su cometido en la vida del otro en su fugaz tiempo juntos. Cinco años después, ella regresa a Los Ángeles como una gran actriz, casada y con una hija, y nuevamente por serendipia, ella y su esposo entran a este pequeño club de jazz: Seb's.

Cruzan miradas, él desde el escenario y ella en el público, y en ese momento que pasa desapercibido para todos los demás, con su canción de fondo, todos los "Y si hubiéramos" pegan de golpe en un número musical. Ella se levanta, se detiene en la puerta, vuelve a ver y comparten una última mirada y sonrisa, como quienes recuerdan todo lo que fueron y no son. The end. La historia termina como debe ser.

¿Veredicto? "La la land" es una historia romántica contada de manera artística, visual y sonoramente muy bien lograda, perfecta para personas con un soft spot por los musicales o el jazz en particular. O para los soñadores a los que se les salen lágrimas furtivas en las salas de cine.

Tal vez este sea el enésimo regreso de los musicales. Uno triunfal y moderno, esperemos.

😍😍😍😍😍

P.D. Yo también quiero alguien que me encuentre porque recuerda que hay una biblioteca frente a mi casa. ¿Quién no?

Nostalgia

lunes, enero 23, 2017

Hay días extaños en que la nostalgia se cuela sin invitación, mi cerebro me traiciona y me pongo inútilmente a pensar en las cosas que pude haber hecho de otra manera y si el resultado habría sido diferente. Pero no. Todo es como debe ser. Pasa lo que tiene que pasar.

Hoy es uno de esos días extraños, y de ribete, la nostalgia se trajo consigo flashes de un pasado feliz, pero al fin y al cabo, pasado. Aunque yo sé que estos momentos pasan, no puedo evitar desear un botón con el que darle fast forward al tiempo, como si estuviera en un episodio de "Black Mirror".

Para mientras lo inventan, solo voy a dejar que pase, que la invitada no deseada salga, cierre la puerta y pierda la llave.

Viajes

Viaje de regreso a la adolescencia

domingo, enero 22, 2017

Cuando salió la noticia de que los Backstreet Boys tendrían un show residente en Las Vegas en marzo y junio de este año, lo primero que pasó por mi mente fue que tal vez esta era la oportunidad para cumplir un sueño de adolescencia. Me emocioné, sí. Tanto como mis ánimos de aquellos días me lo permitieron. Pero no era esa emoción exorbitante que habría esperado, como la vez de Justin Timberlake.

Un buen lunes a finales de septiembre moví todas las piezas necesarias para hacerme de una entrada a uno de los conciertos de marzo. Lo compré sin más consulta que referencias de cómo eran las localidades en The Axis, el teatro dentro de Planet Hollywood, y vagas proyecciones de precios de boletos de avión y tarifas de hoteles.

"Larger than life". Un nombre pomposo para un show.


Por más que he estado tratando de hacer memoria, no recuerdo que a mis 13 ó 14 años cruzara por mi mente la idea de que algún día vería a los Backstreet Boys en concierto. Era así de inalcanzable y yo soñaba así de poco. Me conformaba con ver un especial en HBO (la gira "Into the Millennium") y seguir sus pasos por MTV, hasta que coincidió que el grupo se separó y yo me separé de ellos cuando mis gustos musicales cambiaron.

Ahora que falta poco menos de dos meses, la emoción va creciendo por poquitos. Mi compañera de viaje se encarga de sonar a Nick, Howie, Kevin, Brian y A.J. en Spotify y convertir el carro en un karaoke. A veces yo misma me sorprendo de cuántas canciones se me había olvidado que existían y, sobre todo, de cuántas letras recuerdo como si todavía estuviera en el colegio, cuando una compañera de clases me pagaba por traducirlas del inglés al español.


Esta era mi favorita allá por el 2001

Heme aquí, otra vez, a punto de hacer algo que jamás me habría imaginado que podría. Pienso que después de la primera vez que te das "permiso" de soñar, es difícil detenerse (gracias Manchester United, 2011). Claro, hay limitaciones. El tiempo y el dinero, las principales. Pero qué maravilla tener la capacidad de imaginar que se puede, aunque ese "algún día" tarde en llegar y aún si nunca llega, al menos saber que en el fondo de tu corazón querías algo diferente para ti.

Así le doy la bienvenida al 2017. Soñando e intentando convertir sueños en realidad.