Dulce amargo amor

Yo en el amor

martes, enero 31, 2017

¿Alguna vez han dedicado mucho tiempo a desear algo y, cuando por fin lo tienen, no es lo que ustedes tanto estaban esperando? Algo así me pasó hoy, cuando deliberé por media hora si me "merecía" o no algo dulce después del almuerzo. Aunque la respuesta debería haber sido "No, no lo necesito. Apártate, Satanás", sucumbí a mis más bajos instintos (forever niña gordita 😭). Siendo la persona indecisa que a veces soy, no fue sino hasta la tercera tienda a la que entré que me convencí de comprar algo: un relámpago. 

Sí, este es un relámpago, también conocido como éclair. Oh là là, señor francés.
Al frente del mostrador había una fila de dorados relámpagos con crocante cubierta de reluciente caramelo, y aunque yo sabía que ese bodoquito de pasta choux relleno de crema pastelera no me iba a cambiar la vida, hice mi orden. "Un relámpago para llevar, por favor", a lo que la señorita de la panadería procedió a tomar uno del fondo, que de lejos parecía que no tenía caramelo.

¿Quién querría un relámpago sin caramelo? Todo el propósito de la existencia de los relámpagos es que podamos morder el caramelo duro, a expensas de embarrarnos la nariz de miel (#truestory). El relleno cremoso es como un bonus track. Sin embargo, no dije nada. Pude haberle dicho "¿Me puede dar uno de estos?" y señalar uno de los caramelosos. No me estaban dando lo que yo quería y necesitaba, y no dije nada.

Y mientras pagaba $0.60 por algo que no me iba a hacer feliz, solo pensé para mis adentros "Yo en el amor". A veces tan incapaz de hablar y de decir las cosas como si todavía fuera la niña de 5 años que a mediados del año escolar la profesora se dio cuenta de que no hablaba con nadie.

Online

Observadora participante en Tinder

domingo, enero 29, 2017

Hace un par de días, alguien me persuadió de crear una cuenta de Tinder, una aplicación móvil que se encarga de conectarte con personas con quien en teoría tienes algo en común, basándose en la información que le proporcionaste a Facebook. Básicamente te sugiere personas con quien tienes conocidos en común y que siguen a las mismas páginas. Si te parecen (para lo que sea que andas buscando), los deslizas a la derecha. Sino, a la izquierda.

¿Izquierda o derecha?

Descargué la app por curiosidad, aunque convencida de que no me interesa conocer a alguien en este momento, lo cual yo sé suena contradictorio. Adentrarme en ese mundillo era un pasatiempo con fines de investigación, algo así como un ejercicio antropológico, aplicando la observación participante y el análisis de contenido. Porque pues, así soy yo.

A pesar de lo que uno se pueda imaginar, Tinder ofrece un entorno seguro. Nadie se puede contactar a menos que el interés sea mutuo y, aún cuando se "hace match", queda a opción de cada quien si le envía un mensaje al otro. Con la comodidad que da estar del otro lado de la pantalla, comencé a revisar todos los perfiles que la app me sugirió. La cara de Britney Spears ilustra fidedignamente muchas de mis reacciones esa noche:

Like for real

Mientras rechazaba de manera indiscriminada a la gran mayoría de especímenes masculinos entre 29 y 34 años a 25 kilómetros a la redonda, llegando varias veces al punto en que Tinder ya no tenía más usuarios que mostrarme, me fui fijando en otros detalles. Como lo común que eran las selfies tras el volante, la típica foto con un trago en la mano, la pose de thumbs up 👍, la foto con el grupo de amigos en alguna fiesta, la foto de "Mírame, he viajado", o "Mírame, tengo un hobby cool".

Entre más fui entendiendo cómo funcionaba la app, me detenía en algunos perfiles y leía la descripción que algunos ponían de sí mismos (inserte el GIF de Britney otra vez), las canciones que seleccionaban en Spotify o las fotos que compartían en Instagram. En un máximo de seis fotos, me hacía una idea vaga de quién podría (o no) ser esta persona a tantos kilómetros de mí.

Analizaba a los otros y seguro lo mismo hicieron ellos conmigo, pensando tal vez que era una snob por decir que me gustan las conversaciones inteligentes. Quizá lo más curioso sea que, mientras hacía las de antropóloga, me analizaba a mí misma. ¿Qué tiene este perfil que me hace detenerme más de 2 segundos en él? ¿Qué hace que te dé a la derecha? ¿Qué dice de mí que este me "guste" y aquel no?

Es interesante como nuestras personas virtuales construyen identidad y también crean percepciones. Lo que somos y no somos en público o en internet alimenta el imaginario que los otros tienen de nosotros. A veces lo que aparentamos ser termina siendo más poderoso que lo que somos. Porque a veces toca ponernos estas máscaras. Es adaptación. Instinto de supervivencia. Como cuando te empeñas por dar la mejor impresión en una entrevista o reunión de trabajo, aunque por dentro estés muerta de miedo, hecha un manojo de nervios.

¿Que cómo terminó el ejercicio? No puedo saber cuántos usuarios en total habrán deslizado mi perfil a la derecha y cuántos otros a la izquierda. Otra bondad de Tinder dependiendo de cómo lo veas: no conoces la magnitud del rechazo. De mi parte, deslicé la pantalla a la derecha unas contadas veces, algunas bastante aleatorias y hubo una en particular que se sintió como ponerle un sello de "Te felicito" a alguien porque también seguía The New York Times.

Por supuesto que esto minó las probabilidades de avanzar el experimento hacia otra etapa. La de conversar con un perfecto desconocido. Esa para la que no estoy lista. Hice un solo match. Alguien a quien no pienso escribirle, por mucho que Tinder me diga que "Te perderás el 100% de las memorias que nunca generes".

Pero gracias por participar amigo, pasa por tu bolsa de churros 😉.

Adultez

Tiempos mejores

domingo, enero 29, 2017

Un día de estos platicaba con alguien sobre cómo pareciera que la tendencia de los tiempos en que vivimos es hacer todo lo posible por volver a tiempos que fueron mejores. Lo vemos en Netflix con "Fuller House" y las "Gilmore Girls". Para muestra, yo me declaro orgullosamente culpable de haber visto cada uno de los 153 episodios anticipando el regreso de Rory y Lorelai a Stars Hollow.

También pasa en la música, donde es común ver a artistas tratar de revivir sus años de gloria, con nuevos discos, giras de reencuentro o shows residentes en Las Vegas. Si por el precio de un boleto a un concierto de Magneto y Mercurio puedo regresar a mis 11 años cuando el cassette de "Chicas chic" era una de mis más preciadas posesiones, pues doy por bien servido ese dinero.

Héctor, mi favorito de Mercurio, con Alan, mi favorito de Magneto, porque realmente quién recuerda a los otros 4.

Tal vez sea porque llegamos a un punto en nuestras vidas en que necesitamos escapar y volver a lo simple. A reírte de las bromas tontas de Kimmy Gibbler, a revivir la ansiedad adolescente de quién es mejor, si Dean o Jess (mil veces Jess 😍), o por los recuerdos que traen canciones sin sentido que hablan de estar como un flan en continuo temblor.

O tal vez sea porque esos son pasados seguros a los que regresar, nos recuerdan algo que fuimos y, en parte, nos hicieron un poquito lo que somos.

En el cine

La la land y el enésimo regreso de los musicales

domingo, enero 29, 2017

Solo una persona que no ha visto ni un musical en su vida creería que "La la land" es una película original. Hay escenas que parecen calcadas de películas de Gene Kelly, de "Singin' in the rain" y "An American in Paris". No sé en qué momento de mi vida me convertí en el tipo de persona a la que le gustan los musicales y las películas clásicas. Sin embargo, sí. Soy del tipo de persona a la que los primeros minutos de "La la land" le parecen hasta molestos en su falta de originalidad y exceso de homenajes a los grandes musicales de antaño. Bonita visualmente, pero nada nuevo. Así como "The artist" me pareció simpática (Jean Dujardin 😉), pero terminé con la sensación de que ya había visto la historia antes... ¿adonde será? Ah, sí. En "Singin' in the rain" 😒.

Oh boy, oh boy. Ryan Gosling is a natural.
Así transcurría la primera parte de la película entre números musicales que aumentaron mi deseo de llegar a mi casa y revisar en Netflix cuántos títulos de Gene Kelly podría encontrar para bingewatch en un fin de semana (conclusión: ninguno 😢), hasta que, entre la música y el baile, la historia de Mia y Sebastian al fin comenzó a desarrollarse. Y entonces los personajes interpretados por Emma Stone y Ryan Gosling me hicieron sentir todos los warm, fuzzy feelings que ninguna película me había hecho sentir en mucho tiempo.

Creo que el verdadero mérito de "La la land" recae en que, mientras los personajes se van enamorando, uno se va enamorando de ellos, como individuos y como pareja. Eso es lo que nos hace consumir historias. Generar ese nivel de empatía en el espectador debería ser el objetivo de todo personaje, y por tanto, del guionista detrás de la película.

Las actuaciones también contribuyen. Aunque en esto me siento un poco dividida porque ninguno de los papeles fue demasiado demandante y, con la excepción de dos escenas concretas hacia el final de la película en las que, a mi gusto, ella resaltó más, sentí que Stone y Gosling estaban solo siendo ellos, teniendo la buena química que se traen en la gran pantalla. Y por Ryan Gosling siendo él mismo me refiero a ser endemoniadamente hermoso.

* Y aquí comienzan los spoilers. Considérese advertido. *

La historia va de una aspirante a actriz y un pianista con sueños frustrados de abrir un club de jazz, que se conocen un tanto por serendipia en Hollywood y que comparten poco más de un año juntos, en el que él la alienta a escribir su propia obra de teatro y ella indirectamente lo hace sentirse obligado a tomar un trabajo fijo en una banda. Hasta aquí íbamos bien, pero claro, como pasa en la vida, pasa en las películas, llegan a un punto álgido en que tienen que tomar decisiones de vida y carrera.

💔💔💔💔💔 

Recuerdo pensar "¿En qué va a terminar esto? ¿Los van a separar, verdad? No, no pueden no terminar juntos".  Terminan separados, por supuesto. Mia y Sebastian cumplen con su cometido en la vida del otro en su fugaz tiempo juntos. Cinco años después, ella regresa a Los Ángeles como una gran actriz, casada y con una hija, y nuevamente por serendipia, ella y su esposo entran a este pequeño club de jazz: Seb's.

Cruzan miradas, él desde el escenario y ella en el público, y en ese momento que pasa desapercibido para todos los demás, con su canción de fondo, todos los "Y si hubiéramos" pegan de golpe en un número musical. Ella se levanta, se detiene en la puerta, vuelve a ver y comparten una última mirada y sonrisa, como quienes recuerdan todo lo que fueron y no son. The end. La historia termina como debe ser.

¿Veredicto? "La la land" es una historia romántica contada de manera artística, visual y sonoramente muy bien lograda, perfecta para personas con un soft spot por los musicales o el jazz en particular. O para los soñadores a los que se les salen lágrimas furtivas en las salas de cine.

Tal vez este sea el enésimo regreso de los musicales. Uno triunfal y moderno, esperemos.

😍😍😍😍😍

P.D. Yo también quiero alguien que me encuentre porque recuerda que hay una biblioteca frente a mi casa. ¿Quién no?

Nostalgia

lunes, enero 23, 2017

Hay días extaños en que la nostalgia se cuela sin invitación, mi cerebro me traiciona y me pongo inútilmente a pensar en las cosas que pude haber hecho de otra manera y si el resultado habría sido diferente. Pero no. Todo es como debe ser. Pasa lo que tiene que pasar.

Hoy es uno de esos días extraños, y de ribete, la nostalgia se trajo consigo flashes de un pasado feliz, pero al fin y al cabo, pasado. Aunque yo sé que estos momentos pasan, no puedo evitar desear un botón con el que darle fast forward al tiempo, como si estuviera en un episodio de "Black Mirror".

Para mientras lo inventan, solo voy a dejar que pase, que la invitada no deseada salga, cierre la puerta y pierda la llave.

Viajes

Viaje de regreso a la adolescencia

domingo, enero 22, 2017

Cuando salió la noticia de que los Backstreet Boys tendrían un show residente en Las Vegas en marzo y junio de este año, lo primero que pasó por mi mente fue que tal vez esta era la oportunidad para cumplir un sueño de adolescencia. Me emocioné, sí. Tanto como mis ánimos de aquellos días me lo permitieron. Pero no era esa emoción exorbitante que habría esperado, como la vez de Justin Timberlake.

Un buen lunes a finales de septiembre moví todas las piezas necesarias para hacerme de una entrada a uno de los conciertos de marzo. Lo compré sin más consulta que referencias de cómo eran las localidades en The Axis, el teatro dentro de Planet Hollywood, y vagas proyecciones de precios de boletos de avión y tarifas de hoteles.

"Larger than life". Un nombre pomposo para un show.


Por más que he estado tratando de hacer memoria, no recuerdo que a mis 13 ó 14 años cruzara por mi mente la idea de que algún día vería a los Backstreet Boys en concierto. Era así de inalcanzable y yo soñaba así de poco. Me conformaba con ver un especial en HBO (la gira "Into the Millennium") y seguir sus pasos por MTV, hasta que coincidió que el grupo se separó y yo me separé de ellos cuando mis gustos musicales cambiaron.

Ahora que falta poco menos de dos meses, la emoción va creciendo por poquitos. Mi compañera de viaje se encarga de sonar a Nick, Howie, Kevin, Brian y A.J. en Spotify y convertir el carro en un karaoke. A veces yo misma me sorprendo de cuántas canciones se me había olvidado que existían y, sobre todo, de cuántas letras recuerdo como si todavía estuviera en el colegio, cuando una compañera de clases me pagaba por traducirlas del inglés al español.


Esta era mi favorita allá por el 2001

Heme aquí, otra vez, a punto de hacer algo que jamás me habría imaginado que podría. Pienso que después de la primera vez que te das "permiso" de soñar, es difícil detenerse (gracias Manchester United, 2011). Claro, hay limitaciones. El tiempo y el dinero, las principales. Pero qué maravilla tener la capacidad de imaginar que se puede, aunque ese "algún día" tarde en llegar y aún si nunca llega, al menos saber que en el fondo de tu corazón querías algo diferente para ti.

Así le doy la bienvenida al 2017. Soñando e intentando convertir sueños en realidad.