Yo en el amor

martes, enero 31, 2017

¿Alguna vez han dedicado mucho tiempo a desear algo y, cuando por fin lo tienen, no es lo que ustedes tanto estaban esperando? Algo así me pasó hoy, cuando deliberé por media hora si me "merecía" o no algo dulce después del almuerzo. Aunque la respuesta debería haber sido "No, no lo necesito. Apártate, Satanás", sucumbí a mis más bajos instintos (forever niña gordita 😭). Siendo la persona indecisa que a veces soy, no fue sino hasta la tercera tienda a la que entré que me convencí de comprar algo: un relámpago. 

Sí, este es un relámpago, también conocido como éclair. Oh là là, señor francés.
Al frente del mostrador había una fila de dorados relámpagos con crocante cubierta de reluciente caramelo, y aunque yo sabía que ese bodoquito de pasta choux relleno de crema pastelera no me iba a cambiar la vida, hice mi orden. "Un relámpago para llevar, por favor", a lo que la señorita de la panadería procedió a tomar uno del fondo, que de lejos parecía que no tenía caramelo.

¿Quién querría un relámpago sin caramelo? Todo el propósito de la existencia de los relámpagos es que podamos morder el caramelo duro, a expensas de embarrarnos la nariz de miel (#truestory). El relleno cremoso es como un bonus track. Sin embargo, no dije nada. Pude haberle dicho "¿Me puede dar uno de estos?" y señalar uno de los caramelosos. No me estaban dando lo que yo quería y necesitaba, y no dije nada.

Y mientras pagaba $0.60 por algo que no me iba a hacer feliz, solo pensé para mis adentros "Yo en el amor". A veces tan incapaz de hablar y de decir las cosas como si todavía fuera la niña de 5 años que a mediados del año escolar la profesora se dio cuenta de que no hablaba con nadie.

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