Viajes

Bruselas y Brujas: Una historia de dos ciudades

domingo, mayo 13, 2018

Paré en Bélgica como es común para muchos turistas: porque me quedaba en el camino entre París y otra parte, en mi caso, Ámsterdam. Lo aparté premeditadamente para que fuera un fin de semana "tranquilo", para descansar y agarrar fuerzas para la siguiente semana. Y sí, fue tranquilo, pero no menos cansado. Fueron horas esparcidas en Bruselas y un viaje del día a Brujas, llenas de balcones con flores y puertas coquetas, un desvío que vale la pena hacer una vez en la vida.

Los ciclistas desnudos en el Grote Markt


Considerando que mi bus llegó a la Gare du Midi proveniente de París bajo la llovizna después del mediodía de un sábado, en mi primer día en la capital belga me tocó conformarme con un paseo de un par de horas. Fui consciente de las limitaciones de tiempo que tendría en Bruselas desde la planificación, por tanto desde un principio mi expectativa fue ver todo lo que pudiera desde afuera (y comer 😍, pero más de eso después). Visitar una atracción o un lugar específico habría sido un sacrificio de tiempo valioso, y en algunos casos, era imposible porque los lugares estaban cerrados (los museos en lunes, por ejemplo).

El mejor lugar para ver en Bruselas, y su principal atractivo turístico, es sin lugar a dudas su gran plaza, o Grote Markt, alrededor de la cual transcurría la vida comercial de la ciudad en el siglo XVII, y en la actualidad, donde se aglomeran decenas de turistas para ver los impresionantes edificios y sus fachadas con detalles de oro. Pero más que los edificios, lo que nunca se me olvidará es el grupo de ciclistas desnudos. No sé si protestaban por algo, si lo hacían solo por diversión, o qué, pero cualquier persona que se atreva a salir en pelotas con ese frío, merece mi respeto.

Podríamos decir que no son tanto los lugares los que recordamos, sino las experiencias a través de nuestros sentidos. Lo que vemos (los encajes a la venta en las vitrinas), escuchamos, olemos (¡los gofres!), degustamos (¡los gofres!), sentimos. Nuestras reacciones. Una risa, una lágrima, la sensación de angustia o la de libertad. Eso es al final lo que nos queda de la visita a un lugar.

   

   

   
En el sentido de las agujas del reloj: el Ayuntamiento, Tintin y Milou afuera de una tienda de chocolates,
turistas en el Mannekin Pis, Le Cygne en Grote Markt, la fuente de Charles Buls, y el Museo de la Ciudad de Bruselas


Otros lugares de interés en los alrededores del Grote Markt son el Mannekin Pis, una fuente de un niño haciendo pipí, de la que sigo sin entender el atractivo; las Galerías Saint-Hubert, y cerca de ahí la fuente de Charles Buls, una simpática estatua de un alcalde de Bruselas con un perro; y la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula. Todas de fácil acceso deambulando sin rumbo por aquí y por allá.

Brujas, donde lo que más importa es el viaje y no el destino


Podría publicar un millón de fotos de Brujas. No que las tenga, pero si las tuviera, podría hacerlo sin pensarlo dos veces y apenas acompañarlas con unas líneas que digan que Brujas es quizás una de las ciudades más fotogénicas del mundo. No que conozca todo el mundo, pero imagino que si hicieran esa lista, probablemente agregarían en ella a la capital de la región de Flandes Occidental.

€15.20 y una hora en tren separan Bruselas de Brujas. Mi reacción inicial al bajarme del tren fue similar a cuando salí del aeropuerto de Florencia. El Brujas medieval que todos vemos en las fotos es un casco histórico anidado en una ciudad que sí va con los tiempos. Para el turista a pie, la forma más fácil de llegar a ese casco histórico es seguir los rótulos... o seguir a otros turistas que sí parecen saber adónde van.

    

        

    
 Escenas preciosas por todas partes


Hay tres horas y veinte minutos entre la primera foto que tomé y el Belfort, el campanario en el grote markt, si bien es cierto que ese tiempo incluye un paseo en bote (yo hice el de Boten Stael sobre la calle Mariastraat, donde dos perros aprovechaban a calentarse bajo el sol plácidamente), un almuerzo de moules-frites en compañía de cisnes y caminar por el Beguinaje, un monasterio otrora habitado por monjas y mujeres laicas. De acuerdo con Google Maps, se puede llegar de la estación a la plaza caminando en 20 minutos. ¿Quién necesita 3 horas de su tiempo si se va a perder de todas esas cosas?

La vista antes del paseo en bote por el canal


Es caminando que una se da cuenta que este lugar, descrito por muchos como mágico o digno de cuentos de hadas, es una lección de vida acerca de cómo lo más importante es el viaje y no el destino. Casas de ladrillos, marcos de ventanas rojos, puertas negras o verdes, Ave Marias o imágenes de la Virgen adornando las fachadas por doquier, balcones con flores, el delatador rótulo de Pizza Hut que te recuerda que no estás atrapado en el tiempo.

Si alguien me preguntara qué hice en Brujas, la respuesta probablemente sería una lista corta. Todo lo que hice fue caminar. Y si alguien me preguntara exactamente cuál fue mi ruta desde la estación de tren hasta el grote markt y de vuelta, no sé si podría reconstruirla. No recuerdo ni siquiera si me perdí, porque cuando uno no sabe para dónde va, dónde estás en determinado momento no es tan importante. Para mí simplemente fue un domingo perfecto, de esos paseos que imagino son comunes para aquellas familias belgas que no se espantan con la idea de decenas de turistas deambulando por todas partes.


La gran plaza, o grote markt, y al fondo el campanario Belfort

Comerse un lugar

Así como tenemos una lista de lugares que ver y cosas por hacer, a veces los turistas también tenemos una lista de cosas por comer en cada ciudad que visitamos. En Bélgica, lo admito, esta última lista consistía en todos los clichés. Las papas fritas con mayonesa (frites), los mejillones en vino blanco con papas fritas (moules-frites), los waffles de Liège con chocolate y fresas (gaufres), y los chocolates...


Todos los chocolates de todas las formas y sabores que te pudieras imaginar, tiendas enteras dedicadas a los chocolates en cada cuadra alrededor del Grote Markt y de camino al centro de Brujas, con vitrinas a cual más coqueta, algunas ofreciendo inclusive productos aptos para diabéticos, y otras con el apoyo de unos cuantos amigos azules muy famosos originarios de Bélgica, Los Pitufos. Mi dinero fue a parar a La Belgique Gourmande, los €4.50 mejor invertidos en apenas unos cuantos bombones, algunos de los cuales me acompañaron a Brujas y me los comí felizmente en un jardín en medio de a saber dónde.

Experimentar un vecindario

Parte de lo que me permitió hacer un viaje "tan largo" fue la posibilidad de alquilar una habitación en la casa de un perfecto desconocido a una fracción de lo que costaría un hotel. La desconocida en cuestión en Bruselas era Anne, una señora amable aunque seria, con quien me entendí en un remedo de franglais. 

Su apartamento está en la Rue du Mont-Blanc, en Saint-Gilles, un barrio encantador en que lo primero que vi al salir de la estación del metro en Horta fue un muro con graffiti. El camino estaba lleno de casas con puertas interesantes y flores en los balcones, además de un pequeño jardín con un rótulo que me pareció curioso en que pedían a los vecinos que las dejaran crecer. Aquí y en la China, siempre hay malos vecinos 😁.

 

 


Dentro del apartamento, el encanto pintoresco lo ponían los cuadros pintados por la propietaria. Hasta donde pude ver, había uno de diferentes tonos en cada habitación, incluida el baño, donde irónicamente la pintura era de la sala de baño. Inception. Sumando a la hospitalidad, en la habitación tenía a mi disposición guías turísticas y mapas para que pudiera desplazarme con confianza.

Este fue el único lugar en que conviví con una familia, si por convivir entendemos saludar e interactuar poquísimas palabras a la hora del desayuno, cuando Anne me servía té, tostadas, yogurt y fruta, si bien lo que más recuerdo es el Speculoos, una pasta dulce con sabor a una galleta tradicional. Mi descripción no es la mejor, pero la impresión duró lo suficiente como para que comprara un frasco en un supermercado en Ámsterdam, donde me entendí a señas con los encargados porque no hablaban inglés.

Misceláneos por aquí y por allá

A sabiendas de que esta sería mi única vez en Bélgica, un poco de llovizna no me detuvo de aprovechar mi última mañana en Bruselas antes de tomar el bus camino a Ámsterdam. Mitad improvisación, mitad lo que sugería uno de los mapas en la casa de Anne, la primera parada fue el Palacio Real y el Parque de Bruselas, caminando hasta el Palacio de Justicia por la aún empedrada rue de la Regénce, donde me guarecí de la lluvia bajo un arco de santos en la Iglesia de Nuestra Señora del Sablón. La mayoría de estos nombres no los supe hasta que exploré Bruselas después en Google Maps. Porque la vida es así, no siempre necesitas saber dónde estás para apreciarlo.




 
Alrededores de Square Ambiorix. La segunda foto es Huis Saint-Cyr. Esto lo descubriría hasta después.

Lo que sí tenía en mente era la idea terca de ver arquitectura art nouveau. Francamente no sé ni de dónde lo saqué. Creo que lo vi en algún programa del Discovery Channel cuando era una pre-adolescente que pensaba que estudiaría arquitectura y la idea se quedó conmigo después de tantos años. Así terminé mi tour por Bruselas en el parque Marie Louise y Ambrioix, un área que según mi mapa era una de las mejores para ver edificaciones de ese estilo. Qué tan art nouveau eran, no lo sé, pero lo logré.

Hay algo en la idea de hacer algo tan random, que me parece emocionante. Eso y que nadie sepa adónde estás. Que sí, es cierto que a veces puede ser una idea terrorífica, pero otras, es liberadora.


A continuación en el viaje: Ámsterdam



Fechas qué recordar: Del 18 al 20 de junio de 2016
Duración real: 2 días
Experiencias para siempre: Brujas.
Comida memorable: Todo, pero quizás más los gofres con chocolate y fresas, porque era una experiencia doble para el olfato y el gusto.
Qué faltó de esencial: Cerveza (en ese tiempo me gustaba sentirme moralmente superior a los demás y decía con orgullo "Jamás he tomado una cerveza". Era bien odiosita. Hoy ya no son esos tiempos. Y aunque no soy gran conocedora, habría sido algo interesante de hacer en un destino conocido por sus cervezas. También quisiera visitar el Museo del Cómic (Centre Belge de la Bande Dessinée).
Qué aprendí: Que no es necesario "hacer" algo. A veces solo existir en un lugar es suficiente.
Presupuesto aproximado: $240, incluyendo el Ouibus y dos noches de Airbnb (pero sin contar la sombrilla, bufanda y calcetines que tuve que comprar a causa del frío en un H&M donde no me entendían mi francés y la cajera no hablaba inglés).

Viajes

México lindo y querido para principiantes

martes, mayo 08, 2018

No comí tacos en el Zócalo, ni me tomé los tequilas con los mariachis en Garibaldi ni fui a la pirámide de Teotihuacán ni me subí a una chalupa llena de flores en Xochimilco. Mi primera visita a Ciudad de México (CDMX) fue demasiado corta para tachar todos los ítems de la romántica lista que había escrito ocho años antes en este mismo blog.

Probablemente si hubiera planeado este viaje a mi manera, habría hecho todas esas cosas y hasta más. Sin embargo, este viaje fue una excepción en muchos sentidos. Para comenzar, que la mayoría de decisiones no las tomé yo. Las fechas tenían que coincidir con las fiestas patrias (ese era todo el trip), la duración se vio limitada a cuántos días de permiso podíamos conseguir y el presupuesto era una preocupación porque no tuve suficiente tiempo para ahorrar.

Aún así, si la vida te da limones y tres días en CDMX, toca sacarles provecho para mientras llega la siguiente oportunidad de explorar esta enorme ciudad y, por qué no, otros estados del país. En resumen, estos son los consejos de viaje que espero sean útiles para quienes planean próximamente una estadía -corta o larga- en la capital mexicana.

Visita a la Virgen de Guadalupe


La Basílica de Guadalupe es una parada obligatoria para muchos católicos que visitan el Distrito Federal, ya sea como turistas o como peregrinos. La experiencia comienza desde el camino hacia el santuario. Tiendas con todo tipo de productos con imágenes alusivas a la Virgen de Guadalupe y a San Juan Diego adornan la Calzada de Guadalupe, mientras en el aire se mezclan alabanzas y canciones de reguetón a todo volumen para captar la atención de los clientes.

Metros más adelante comienzan a aparecer los peregrinos. Esa mañana, una mujer iba de rodillas a ver a la Virgen mientras su acompañante la grababa con su celular. Fe en tiempos de redes sociales. Frente a la Basílica, otros visitantes hacían fila para entrar a misa junto con el sacerdote. Como dato curioso, en el lugar hay misas a toda hora de 6:00 a.m. a 9:00 p.m., de lunes a domingo. 

La Basílica -actual y antigua-, las capillas, las parroquias... las visitamos todas, leyendo un poco de la historia por aquí y por allá. Subimos el cerrito del Tepeyac, con la fuente de las Apariciones de la Virgen y las rosas. El momento cúspide, claro, es quedar frente al manto de la Virgen de Guadalupe en el altar de la Basílica, mientras te deslizas en una banda transportadora, como una escena futurista de "Los Supersónicos".

    
De izq. a der.: Basílica de Guadalupe (donde está el manto de la Virgen), Templo Expiatorio a Cristo Rey
(antigua basílica, ahora inclinada) y el interior de la Capilla del Pocito.

Yo recomendaría visitar el santuario independientemente del credo de cada quien, siempre y cuando puedan hacerlo con el debido respeto, a manera de conocer una parte importante de la cultura mexicana. Los interesados deben calcular al menos dos horas para la visita.

"Viva México. ¡Que viva!"



Todo el propósito de este viaje era vivir el grito de la independencia de México, de preferencia en el Zócalo. Y lo conseguimos... llegamos al corazón de CDMX en medio de miles de personas, después de atravesar varios puntos de seguridad. Del concierto gratuito que ofrecen antes de los actos de independencia, apenas alcanzamos a ver actuar a "la madre de todas las bandas", la Banda El Recodo. No voy a omitir que bailé "Las Fresas" como si nadie me veía 😂.

Luego de la música, el grito de independencia por parte del Presidente Enrique Peña Nieto, las arengas a "los héroes que nos dieron patria" y menciones de solidaridad con Oaxaca, que días antes había sido afectado por un terremoto de 8.1; seguido de los impresionantes fuegos artificiales que tenían por escenario principal la Catedral. En medio de la fiesta, a nadie podría imaginar que apenas cuatro días después, México viviría otro terremoto.

Entre las notas curiosas: el grito lo dan a las 11:00 p.m., no a medianoche, y que la gente no grita tanto como parece en televisión, una transmisión que tampoco capta los insultos a gritos al Presidente.

  

Pero en México la independencia es más que un solo acto. Desde el momento que aterrizamos la noche del miércoles pudimos ver las decoraciones del Zócalo a lo lejos. Un "¡Viva México!" que más que luces y colores eran una declaración de patriotismo. Un patriotismo que se ve en todas partes. Mis favoritas: los artículos a la venta para celebrar el grito, como las pestañas postizas verde, blanco y rojo; y la manera sutil o no tan sutil de vestirse el 15 de septiembre, como la oficinista en el metro que combinó su outfit y maquillaje con los colores de la bandera, o los niños vestidos desde la mañana con sus trajes típicos. También es fiesta, como la feria en Coyoacán y el desfile militar que paraliza el tráfico en las principales arterias de la ciudad el 16 de septiembre.

Tarde en Chapultepec

Dicen que cuando viajamos tendemos a hacer cosas que en casa no haríamos. En mi caso se trata de ir a los parques. Admiro los grandes espacios públicos, pero rara vez pongo pie en uno en El Salvador. Quizás es porque no exploramos tanto en nuestra vida "normal". Pero si tuviera un Bosque de Chapultepec en mi ciudad, no dudaría en pasar cada tarde de sábado comiéndome un elote asado con mayonesa y queso rallado (o dos) mientras observo a los demás visitantes alrededor de los voladores de Papantla.


Chapultepec son 678 hectáreas de espacios verdes, lagos, zoológico y museos, de los que apenas alcanzamos a explorar una pequeña parte, especialmente considerando que era feriado y algunas de las atracciones estaban cerradas, como el Castillo de Chapultepec, un lugar de particular interés para muchos salvadoreños, considerando que fue ahí que se firmaron los Acuerdos de Paz de 1992 que pusieron fin al cruento conflicto armado.  

      

      
De izq. a der.: El mejor elote en el universo, los voladores de Papantla en Chapultepec, la representación de un altar de muertos, el Museo Nacional de Antropología, una pareja de enamorados y el Castillo de Chapultepec

Si por aquellas casualidades de la vida tienen que priorizar durante su visita, mi recomendación sería el Museo Nacional de Antropología, con una basta colección de piezas arqueológicas representativas de las diferentes poblaciones prehispánicas y culturas de México, incluida la Piedra del Sol, popularmente conocida como Calendario Azteca. 

Piedra del Sol en el Museo Nacional de Antropología

Mis favoritas fueron las salas de etnografía, ubicadas en la segunda planta, que detallaban la historia y características de los pueblos originarios. Las viviendas, los textiles, la agricultura, la religión (i.e. los altares de muertos), las tradiciones y costumbres, todas exhibidas de manera tal que los visitantes no pueden sino enamorarse cada vez un poquito más de México y la riqueza de su historia. 

Es el patriotismo en todas sus formas. Ese patriotismo que casi llega a envidiarse de turista. Lo recuerdo de la primera vez que visité México hace nueve años, viendo el show nocturno "México Espectacular" en Xcaret, un parque en Cancún. Era una verdadera fiesta mexicana con todos los estilos musicales, bailes y trajes típicos, y los más emocionados, los que más aplaudían, los que más vitoreaban, los que más disfrutaban eran los propios mexicanos, un espectáculo en sí mismo.

La entrada al museo cuesta $70 pesos mexicanos (alrededor de USD$3.60). Algo importante a notar es que el recinto es inmenso. Si el cansancio - y los pies - te traicionan, verlo todo será imposible.

Choose your own adventure



Protestas en el Ángel de la Independencia el 16 de septiembre por los 43 estudiantes de Ayotzinapa

Ciudad de México está llena de microaventuras, con una oferta variada de cosas para ver y hacer, en la que cada quién elige qué experiencia vivirá. Puedes pasar un día en el centro de Coyoacán, con sus plazas, fuentes, iglesias y encanto de pueblo, y pasar la siguiente mañana en el Museo Soumaya, en Polanco, una de las zonas más posh en la delegación de Miguel Hidalgo. El Museo Soumaya, compuesto de la colección privada de arte de Carlos Slim, uno de hombres más ricos del mundo, es un regalo de su dueño para el pueblo mexicano. La entrada al museo es gratuita.

   

     
De izq. a der.: Fotos 1 y 2: Estampas de Coyoacán, el Zócalo en plenos preparativos un día antes del grito, el Palacio de Bellas Artes, escultura de Botero y el Museo Soumaya en Polanco

Otra microaventura es caminar por el centro histórico, desde un Zócalo que se preparaba para el grito y se engalanaba con sus decoraciones de "¡Viva México!", hasta el Palacio de Bellas Artes, siempre con la guía del reloj de la Torre Latinoamericana. Al viajero intrépido, una distancia de cuatro o cinco cuadras lo separan de la famosa plaza Garibaldi desde la Casa de los Azulejos, donde si llegas demasiado temprano, todavía verás a algún mariachi engullendo un par de tacos en un puesto en la calle antes de irse a trabajar.

Garibaldi desierto, cuando la noche aún no comienza, puede desconcertarte. Pero la vida está ahí. Nosotras la encontramos en un restaurante llamado "La Malagueña", con una cuestionable reputación en Yelp, algo de lo que me acabo de enterar. Nosotras corrimos con suerte y disfrutamos el show de variedades por lo que es: entretenimiento popular que incluía a un imitador de Juan Gabriel graciosísimo, mariachis y música en vivo. Ver bailar a parejas mexicanos de todas las edades bailando cumbia al son de Los Ángeles Azules es suficiente entretenimiento -y dance goals- para mí, con todo y sueltes y vueltas.

De tacos, tostadas y cemitas

   

  
En el sentido de las agujas del reloj: tostada de camarón, cerveza Indio, cemita de jamón y tacos de longaniza

Si de algo me arrepiento, es de no haber probado más platillos. En parte fue porque mi estómago simplemente no lo permitía. Nuestro hotel incluía desayuno mexicano a la carta, con su respectiva canasta de pan con las más deliciosas conchas, y esto nos jugaba en contra pues nos daba hambre hasta bien entrada la tarde. Es más, me atrevería a decir que casi ni comíamos.

Nuestra aproximación a la comida fue sencilla, con la excepción del ultra hipster Mercado Roma, donde probé una cemita y una Victoria. En Coyoacán almorzamos tostadas en el mercado. Y compramos comida callejera cuando las ganas nos podían más que el temor a enfermarnos, como el elote en Chapultepec 😍.

Lo que siempre quedará grabado en mi corazón son los tacos de longaniza en Tacontento en Londres con Génova después del grito en el Zócalo, acompañados de una Indio. No sé si fue el hecho de que habíamos estado paradas por horas o que en la zona de nuestro hotel no habían muchas opciones a esa hora de la madrugada, pero le dedicaría rancheras a esos tacos...

Yo, recordando esos tacos de longaniza

Cómo moverse

Subirse al metro en hora pico califica como un deporte extremo solo para valientes. No hay palabras para describirlo. A pesar de mi experiencia en el transporte público en otras ciudades, en México hay un momento en que sientes que la marea humana solo te arrastra de un lugar a otro y en más de un momento, tu espacio personal está tan invadido que no sabes dónde termina lo tuyo y comienza lo de los demás, lo que para ser franca, te vuelve un tanto paranoica. Este vídeo ilustra mejor la situación.


Una alternativa, aunque tienen en su contra el tráfico, son los taxis -seguros y baratos, dependiendo de la zona en que te muevas-, y para el que desee abarcarlo todo, el Turibus.

    

Y volver, volver, vooolver 🎵

Esta era la primera vez que viajábamos en familia y como adultas. Así como al viajar sola conoces facetas de ti misma que hasta entonces desconocías, lo mismo pasa cuando lo haces en grupo. Basta con decir que a veces no nos gusta lo que descubrimos, pero confío en que con un poco de práctica se consigue mejorar en este aspecto.

No con esto digo que no haya disfrutado de compartir la experiencia con ellas, valga la aclaración. Lo disfruté, ¡y mucho! Pero vaya que los de "The Amazing Race" andaban en algo al momento de crear un concurso en que el desafío es trabajar en equipo en una carrera por el mundo. A nosotras nos habrían eliminado en la primera parada 😔. En todo caso, espero que podamos coincidir nuevamente pronto.

Casi siempre califico un viaje dependiendo de la respuesta a la pregunta "¿Volvería a ir?". CDMX es de esos lugares a los que la respuesta es "Sí", sin pensarlo tanto. Quizás por todas las cosas que no alcancé a ver, pero siento que aún me quedan cosas por hacer y ver. Ahora hablamos de visitar México en el Día de los Muertos. Yo me conformo con cualquier fecha. Algún día.



Fechas qué recordar: 13 al 16 de septiembre de 2017
Duración real: 3 días.
Experiencias para siempre: Grito de independencia en El Zócalo (con todo y Banda El Recodo).
Comida memorable: Los tacos de longaniza 💕
Qué faltó de esencial: Muchas cosas. Entrar al Palacio de Bellas Artes y verlo de día. La catedral. Xochimilco. Teotihuacán. El Castillo de Chapultepec. Probar más comida. La lista sigue y sigue.
Qué aprendí: Los pros y contras de viajar con otras personas. Ah, y que el Museo Jumex no es sobre jugos (inside joke).
Presupuesto aproximado: Debajo de $150, sin contar boleto de avión y alojamiento con desayuno incluido. En general, la comida y el transporte son bastante baratos. 

En mente