Ideas aleatorias

Súper cabelleras

jueves, septiembre 06, 2018


¿Por qué las súper heroínas andan con el cabello suelto? La Mujer Maravilla, Black Widow, y ahora Carol Danvers, alias Captain Marvel. Todas con una cabellera lustrosa, que se mueve al ritmo de sus pasos, rebotando sutilmente sobre sus hombros, eso sí, sin un cabello fuera de lugar, no importa qué tan intensa sea la batalla.

La única protagonista que recuerdo que estiliza su cabello recogido en una cola de caballo alta es The Wasp. Claro, con un look como recién salida del salón.

Ocurrencias random que se cruzan por mi mente al ver a Brie Larson en la portada de Entertainment Weekly.

A mí sí me emociona ver "Captain Marvel" en 2019 🙌 La vida es eso que pasa entre un estreno de Marvel y el otro.

Online

Sabiduría en el humor gráfico

martes, julio 24, 2018

Siempre me han gustado las tiras cómicas. Mafalda es, por ejemplo, una de mis favoritas. Me cuesta creer que haya una persona a la que no le gusten, pero supongo que a medida nos hacemos cada vez más adultos es más probable que perdamos el contacto con esa parte de nosotros capaz de reír y reflexionar con personajes plasmados en papel.

La buena noticia en la era digital es que ahora es más fácil tener acceso a viñetas y tiras cómicas de artistas de prácticamente cualquier lugar del mundo. Gracias a la omnipresencia en redes sociales, estos artistas difunden su ingenio por diferentes canales, aparte de los tradicionales como los libros, revistas y periódicos. Conocerlos es tan sencillo como hacer scroll en nuestro feed de Instagram o de Facebook.

Esta es la lista de quienes me hacen reír (y pensar), en ningún orden en particular.

1. Tute - Humor al diván

Este argentino en particular me encanta, con sus viñetas mordaces acerca de las relaciones humanas. Siempre me sorprende con lo mucho que dice con apenas unas cuantas palabras.

Una publicación compartida de Tute (@tutehumor) el


2. The New Yorker Cartoons

Este perfil en Instagram comparte las viñetas de diferentes caricaturistas de la revista "The New Yorker", lo que permite ver diversidad de estilos y temas. Suelen compartir viñetas de años pasados, lo que también te da un vistazo a cómo enmarcaron con humor ciertos acontecimientos históricos o apreciar cómo hay situaciones que nunca cambian.



3. 72 kilos

Esta viñeta es probablemente la más motivadora de la lista. Curiosamente, acabo de descubrir que comenzó como un blog y hay un marcado contraste entre la primera publicación en 2008 y la más reciente, lo que en muchos sentidos nos habla de evolución y cambio, e inspira mucho más, seas corredor o no.


4. Agustina Guerrero, alias "La Volátil"

Captura algunas de las vulnerabilidades (¿o volatilidades?) femeninas con las que muchas nos identificamos. La amo y punto.



5. Flavita Banana

Otra viñetista femenina, con un estilo y humor particular.



6. Mostropi

Opi y Kipi, la pareja más linda de amigos desde Colombia.





7. The Good Advice Cupcake

La pequeña Cuppy, el "pastelillo de los buenos consejos" es una obra de Loryn Brantz y figura en Buzzfeed. Esparce dulzura y tough love por igual. Como un plus, también hay una versión animada de ella y es adorable.



8. Puterful

Este es la competencia menos dulce de Mr. Wonderful. Admito que me hacen reír con sus ocurrencias, aunque es un sentido del humor muy español.

En la TV

Alguien deme lo que Phil está comiendo

lunes, julio 23, 2018

Un buen programa de televisión hace todo lo correcto para ser memorable, hasta la canción del opening. Acabo de pasar unos 10 minutos buscando en YouTube y Spotify sin éxito alguno la canción que antecede el programa de Netflix "Somebody Feed Phil" para explicarles por qué me hace feliz desde el primer minuto. Tal vez les esté haciendo un favor al no encontrar la pegajosa canción, porque de lo contrario la andarían en la cabeza de aquí a la eternidad. Así que tendré que explicarles de otra manera por qué Phil Rosenthal me hace feliz.




La premisa de este programa es simple y no es nada que no hayan visto antes: Un tipo recorre diferentes ciudades del mundo comiendo de todo, con una fotografía excelente que hace que te enamores visualmente de cada lugar. Desde comida callejera hasta algunos de los restaurantes más galardonados de la escena culinaria. La diferencia, a mi manera de ver, es que Phil es uno de los nuestros, una persona relativamente común y corriente que, a pesar de tener la gran suerte de poder hacer este programa, reacciona como lo haría una persona que se maravilla ante las pequeñas cosas de la vida.

Quédate con quien te vea como Phil a la comida

Mi mamá dice que tiene cara de tonto. Yo digo que es de felicidad genuina, y los ojos y los gestos que hace en el momento de que le ponen un plato de comida enfrente o cuando prueba un platillo son una de las cosas que más me gustan del programa. Cero pretensiones, cero necesidad de ponerse en un altar superior por cuánto conocimiento tenga sobre la comida o el lugar, cero deseo de ser una guía absoluta. Por el contrario, Phil parece ser solo un observante de paso. Él mismo admite que solo es un lucky bastard.

Necesitamos más personas así en la pantalla. Alguien que al viajar hace lo mismo que haría uno de nosotros: tener una videollamada con sus papás para decirles lo increíble que es el lugar que está visitando. Aunque si hay algo que quisiera imitar de Phil es su habilidad de conectarse con personas del país que visita. Kudos a los productores que le consiguen invitados tan interesantes que le abren las cocinas de sus restaurantes y sus casas. 

No olvidaré el episodio de Ciudad de México en que Enrique Olvera (su restaurante "Pujol" está entre los 50 mejores restaurantes del mundo y tiene su propio episodio de "Chef's Table") lo invita a comer a su casa. Enrique Olvera toma Tecate. ¡Tecate! No quiero sonar como una lunática, pero ese fun fact me hizo comprar una en mi siguiente visita al supermercado solo para probarla. O en el episodio de Nueva York, cuando Massimo Bottura (el dueño del restaurante #1 en el mundo) se levanta a pedir un bocado del salmón que ordenaron en la mesa de la par... y luego dice que estaba sobrecocido. O cuando en Israel Phil simplemente se sienta con un grupo de señoras que se han reunido para un café en un centro comercial, o el grupo de amigos en Lisboa con los pasteles de nata.

Phil es quizás como el tío cuyos relatos de viajes y experiencias te gusta escuchar Yo no tengo un tío así, pero Phil puede adoptarme en su familia de Netflix el día que él quiera y espero que sea por muchas, muchas temporadas más.

Estas son las ciudades que ha visitado a la fecha:

Temporada 1:
  1. Bangkok
  2. Saigón
  3. Tel Aviv
  4. Lisboa
  5. Nueva Orléans
  6. Ciudad de México

Temporada 2: 
  1. Venecia
  2. Dublín
  3. Buenos Aires
  4. Copenhagen
  5. Ciudad del Cabo
  6. Nueva York

Demasiado personal

¿Me estoy perdiendo algo de la vida?

domingo, julio 22, 2018

El "Fear Of Missing Out" (FOMO por sus siglas en inglés) ha sido caracterizado como el miedo a perderse de algo en redes sociales, lo que irónicamente hace que las personas vivan prendidas a sus dispositivos móviles. Mi FOMO es un tanto distinto. Digamos que no tiene nada que ver con el mundillo digital, y está más relacionado con la vida misma.

Hace poco cumplí 32 años. Como una mujer soltera y sin hijos, sin prospectos ni de lo uno ni de lo otro, a estas alturas de la vida una creería que ya debería estar acostumbrada a los comentarios y preguntas relacionados con la maternidad. Aunque soy muy buena esquivándolas, en mi interior no salgo ilesa, porque la verdad es que yo también lo pienso, en ocasiones constantemente.

Quisiera saber de quién es esta ilustración para poder darle el crédito debidamente.


¿Estoy perdiéndome de algo por no estar en una relación? Si no llegara a experimentar una relación afectiva sana, vivir con alguien, el matrimonio o todas las anteriores, ¿de cuántas experiencias humanas me estaría quedando afuera? Sin los hijos, ¿cómo voy a saber qué se siente que otro ser humano dependa enteramente de mí? O qué se siente en el pecho verlo crecer y convertirse en su propia persona. Compartir sus sueños y sus miedos.

Esto importa, claro está, porque para mí son cosas deseables, si bien sé que no es algo para lo que esté del todo lista en la actualidad. Si fuera un capricho voluble, ni siquiera estaríamos teniendo esta conversación, y aunque estoy segura de que puedo tener una buena vida soltera y sin hijos, hay una parte de mí que está convencida de que está perdiéndose de algo. Es como tener un paquete de cable y que te salga un anuncio de que HBO no está disponible para ti. O que un sitio web te diga que un video no está disponible para tu país. O que el mesero te informe que ya no tienen del postre que sonaba más apetecible en el menú.

¿Me estoy perdiendo algo de la vida? Solo el tiempo lo dirá.


En la TV

Jake Peralta y su "Nine-Nine!"

sábado, julio 21, 2018


¿Les pasa que ven lo mismo, lo mismo y más de lo mismo, o en su defecto, solo lo que Netflix les sugiere? Tal vez yo soy la única, pero antes de sucumbir a "Brooklyn Nine-Nine" tenía un buen rato de no soltar un par de carcajadas y "descubrir" una comedia como tal -ya les había hablado de "The Good Place", pero sigo debatiéndome entre si califica como comedia o algo más... ¿tragicomedia tal vez?-.

No he descubierto nada nuevo. Brooklyn Nine-Nine lleva ya 5 temporadas de combinar la comedia con un ligero toque de género policíaco, aunque por momentos no sabes si es una sátira o si realmente intentan incorporar algo de seriedad tipo "Law and Order" y sus congéneres. De haberlo sabido antes, no estaría poniéndome al día en Netflix, donde pueden encontrar las primeras cuatro temporadas.

Admito que, aparte de mi falta de conocimiento sobre el plot de la serie, mi aversión a Andy Samberg fue lo que me mantuvo alejada de esta joya. Sí, Andy Samberg no me cae del todo bien porque lo asocio con su persona de "Saturday Night Live", pero a Jake Peralta... A Jake Peralta lo adoro. Creo que uno de los factores determinantes de la simpatía del show es que no hay personaje que caiga mal. A todos se les agarra cariño.

El ego de Jake (que van desinflando un poco cada temporada), la obsesiva y perfeccionista Amy, el ingenuo Boyle, la agresiva Rosa, el conciliador Terry, la loca y sarcástica Gina, hasta a los buenos para nada Hitchcock y Scully... todos son, pues, todos unos personajes. Pero mi favorito absoluto es el Capitán Raymond Holt. ¿Cómo hace el actor para no mostrar ninguna expresión facial? En serio. Si yo fuera él, no podría contener la risa.

Un jefe así, por favor 💙

Juntos hacen un gran equipo de detectives (y cast). Me encanta en particular cuando hacen su grito de "Nine-Nine!". Así que gracias al genio que decidió salvarlos de la cancelación, porque esta serie tiene potencial para ir para largo.


Divagando ando

4 verdades duras

sábado, julio 14, 2018

De alguna manera fui a parar al blog "Barking up the wrong tree", a un post titulado "4 harsh truths that will make you a better person" ("4 verdades duras que te harán una mejor persona"), que se resumen así: te vas a morir, cualquier cosa que valga la pena tomará más trabajo, nunca serás perfectamente feliz y las personas te decepcionarán. Vaya combinación.


Estas 'verdades' no podrían ser más... verdaderas. Yo incluso agregaría una quinta: La vida no es justa. En lugar de frustrarnos, aceptar estas verdades deberían motivarnos. ¿Llevaríamos la misma vida si recordáramos que nuestro tiempo en este mundo es finito? Si dejáramos de aspirar a una "vida perfecta" y de creer que seremos felices hasta que lo tengamos todo, probablemente seríamos más felices. Y si dejáramos de tener expectativas sobre los demás, el golpe de la decepción sería menor (o inexistente), porque pues, las cosas pasan.

Pero quizás la mejor de todas, y la más complicada, sea "Cualquier cosa que valga la pena tomará más trabajo". Aunque sea tan fácil desanimarse.

Alguien me dijo que la motivación es oscilante y que por eso es mejor tener disciplina y estar motivado. Tal vez esa persona tiene toda la razón.

Divagando ando

Consejos no solicitados

sábado, julio 14, 2018

A veces toca morderse la lengua para no dar consejos u opiniones no solicitadas. Me pasa más seguido de lo que quisiera (o debería), pero con el tiempo y la práctica, cada vez me vuelvo más consciente de cuándo quedarme callada y dejar que la otra persona resuelva por su cuenta lo que tenga que resolver. Porque por más grande que sea el cariño, una no puede ir por el mundo pretendiendo que puede arreglar las vidas ajenas. Después de todo, pensar siquiera que tenemos "la solución", "la razón" o "un mejor punto de vista", simplemente es pretencioso de nuestra parte.




Divagando ando

¿Por qué no podemos dejar lo que nos hace mal?

miércoles, junio 27, 2018


A veces me siento tan culpable como el perrito de la foto. Especialmente cuando tengo una recaída en un mal hábito, llámese la comida, hacer scrolling infinito en Instagram cuando podría estar durmiendo, binge watch la temporada de una serie de TV en un fin de semana en que tenía que hacer algo productivo, hablar con una persona.

¿Por qué no podemos dejar lo que nos hace mal? ¿Por qué cuando tenemos hambre (o ansiedad) el cerebro nos engaña para que creamos que cualquier comida es buena? ¿O por qué cuando nos sentimos solos aceptamos casi cualquier compañía? Aunque en ambos casos no sean lo mejor para nosotros. Claro, luego nos sentimos como el perrito de la foto.

No tengo respuestas para esas preguntas.

Ideas aleatorias

La felicidad fabricada

miércoles, junio 27, 2018

Estoy en una racha de días en que por momentos me siento súper feliz. No sé si se deba a que este sábado es mi cumpleaños o qué. Empecé a sospechar que toda esta felicidad era fabricada por Spotify, con la mezcla perfecta de canciones de Pablo Alborán en modo aleatorio en mi camino al trabajo. O por una presentación que tuve que dar, para la cual pasé todo el mes preparándome y me dejó sintiéndome realizada nivel GIF de Beyoncé en concierto (sí, este), aunque con una gran nostalgia por viajar. O si fue el bao de panceta de Boca Boca, una suave almohadita de sabor 😍. O el cardenal que me comí de postre 💕. O la secuela de "Los Increíbles" y el corto animado que pasaron antes de la función, "Bao".

¿Se puede fabricar la felicidad? ¿Puede una curar cada experiencia de su vida para procurar que esa burbuja no se rompa? Para que sigamos bailando y cantando, sonriendo sin mayor motivo. Sintiéndonos felices e ignorando las demás emociones que se van acumulando debajo de la piel o que se anidan en el estómago. ¿Se puede? ¿Podemos pretender por tanto tiempo? ¿Será una felicidad real? Y, ¿tan siquiera importa si es real? ¿Qué diferencia a mi felicidad inducida por Pablo Alborán y Spotify de una con otros motivos? ¿Es menos válida mi felicidad fabricada?

Mientras tanto, un par de canciones más no le harán daño a nadie.




Mente femenina

Ser lindas

jueves, mayo 31, 2018

Hay una escena en "Miss Congeniality 2" en que Gracie Hart (Sandra Bullock) firma un autógrafo para una niña que, si no mal recuerdo, le comenta que los niños le hacen bullying en la escuela por su apariencia, a lo que ella le responde algo que se traduce como "A la gente le importa la gente que se cuida" y le aconseja que haga algo diferente con su cabello. ("People care about people who care about themselves").

A menudo me pregunto qué tan cierto es esto. Quizás porque he escuchado a mis dos ex-novios literalmente decirme la misma frase: "Es que te has descuidado", en medio de discusiones de por qué las cosas no funcionaban. Quisiera estar exagerando, pero no. Lo curioso es que ninguno de ellos podría ser el poster child del autocuidado y yo nunca pretendí ser diferente de lo que soy.

La realidad es que vivimos en un mundo de apariencias, donde lamentablemente en más de una ocasión cómo te ves es cómo te juzgan, y esto es tan cierto para las mujeres. Todas tenemos experiencias que lo comprueban. Por ejemplo, en el día de mi graduación, alguien me dijo que era el momento de concentrarme en encontrar un mejor trabajo, pero que para eso tenía que perder peso, porque tener una maestría no basta.

He tenido personas preguntarme en un contexto de trabajo por qué no sonrío más, por qué soy tan seria, y en el otro extremo me han felicitado por llegar a un evento "dressed to kill", lo cual admito había sido mi objetivo a manera de boost automático de autoconfianza. Siempre hay alguien que se fija en todo, aunque no lo parezca

Y en el tema de las apariencias, he escuchado a dos prominentes empresarias hablar en diferentes eventos que tenían por propósito empoderar a las mujeres sobre cómo podemos hacer todo lo que nos propongamos en nuestras carreras... sin descuidarnos de ser lindas, delicadas y femeninas. Ahora, "ser linda" sí es una frase que me choca mil veces más que el "Es que te has descuidado".

Sinceramente, si ser linda y femenina es verme como una Stepford wife o esa idea frívola que tenemos por femineidad, lamento informarles que no creo estar equipada genéticamente para serlo. Conmigo básicamente es "What you see is what you get". No maquillaje, no zapatos altos, no visitas al salón cada semana. Tendría que pasar por un make-over como la gran mayoría de las protagonistas de los chick flicks que para conseguir el trabajo, el novio, los amigos, el respeto, el éxito o más tienen que alterar por completo su apariencia.

Sí, como Mia Thermopolis.

Y esto no es algo que haga consciente, como una declaración en contra de ciertos cánones de belleza. Sino que es la suma de los hábitos que me he creado o no a lo largo de 32 años. Es mi estética. Es mi personalidad. Es mi pereza de hacer cita en OPI para que me quiten el gel. Es mi miedo a que me dañen el cabello. Es mi "prefiero apagar cinco veces la alarma" a salir de mi casa maquillada. No significa que no lo disfrute cuando lo hago. Es agradable sentirte bien cuando consideras a tu juicio que te ves linda. 

Irónicamente en la relación exclusiva en que estoy conmigo misma estoy a un paso de verme en el espejo y decirme "Es que te has descuidado". Lo veo en mi mala alimentación, falta de ejercicio y consecuente aumento de peso (adiós avances 💔). Lo veo en mi cansancio acumulado y mis ojeras por la falta de sueño. Lo veo en los exámenes de sangre que no me salieron bien. Lo veo en la sonrisa a medias. Y más importante, lo siento en mi espíritu. Algo tengo que hacer y pronto.

Entonces, ¿ser o no lindas? Esa es la cuestión. Ya hay suficientes mensajes contradictorios acerca de la femineidad, pero mi respuesta es sí y no. Ser y sentirse "linda" es tan relativo y subjetivo que creo que lo más importante es respetar qué entienden las demás por ello y las decisiones que toman al respecto. En las sabias palabras de Gracie Hart cuando se redime a sí misma al final de la película: lo que necesitamos es la fortaleza para aferrarnos a nuestras creencias mientras la sociedad nos quiere obligar a moldearnos a una imagen de muñeca Barbie.


En lo personal, más que ser linda, prefiero sentirme bien por dentro, ser feliz y estar satisfecha conmigo misma, más allá de cómo me veo. Sentirse "linda" viene por añadidura.

Ah, y la paz mundial.

En el cine

Los rieles para un tren que algún día llegará

miércoles, mayo 30, 2018


Hay una escena en "Under the Tuscan sun" en que el signor Martini está ayudando a Frances a encontrar una serpiente adentro de la casa y ella se quebranta y le dice que no sabe qué estaba pensando al comprar una casa tan grande cuando ella está sola. Él le cuenta una historia de una sección en los Alpes, una parte muy alta de las montañas entre Austria e Italia, y cómo construyeron los rieles para conectar Viena con Venecia antes de que existiera un tren que hiciera el viaje porque sabían que algún día el tren llegaría.

Esta es probablemente la escena que me hizo enamorarme de esta película, aparte de la representación idílica de la región de Toscana. Tan sencillo como pensar que no porque lo que deseas no está frente a ti deberías de dejar de trabajar o hacer algo al respecto para facilitar que algún día pase. Construir los rieles del tren, que puede ser tantas cosas. Ahorrar, estudiar algo, desarrollar una habilidad en particular, hacer una compra importante.

Me gusta creer que soy la constante empleada del mes en la empresa ferroviaria de mi vida, pero la realidad es que hay días en que trabajar no hace sentido si se pierde de vista cómo es el tren que estás esperando y hacia dónde te va a llevar. Lo que sí es seguro es que es mejor estar preparada a que el tren llegue y no tenga puente por donde cruzar.

¿Acaso no aman cuando una historia se queda con ustedes de esta manera?

En la TV

Seinfeld: El show acerca de nada

martes, mayo 29, 2018

Kramer, George, Elaine y Jerry
"Seinfeld" terminó en 1998 tras nueve temporadas. Yo tenía apenas 12 años y, aunque no habíamos visto las primeras temporadas, recuerdo que a mi mamá y a mí nos encantaba verlo, lo que supongo era un poco raro para alguien de mi edad. Seguimos viendo los re-runs por años, y volvería a ver todos los episodios otra vez si estuvieran disponible en un servicio de streaming.

Dos décadas después, aún recuerdo a Seinfeld y sus amigos cuando me encuentro en una situación tan mundana como buscando el carro en el estacionamiento de un centro comercial o esperando mesa en un restaurante. También recuerdo al Soup Nazi, el baile de Elaine, cuando Jerry y Kramer intercambian apartamentos, el episodio de los muffin tops, el papá de George y el Festivus, el de la apuesta, todos momentos memorables del programa con el característico sarcasmo y algo de humor negro.

Era el "show acerca de nada", pero tocaba tantos "algos" de la vida común y corriente, que es difícil olvidar el sentido del humor de esos cuatro personajes tan peculiares y sus peripecias en Nueva York en los noventas. El neurótico George Constanza, el alocado Cosmo Kramer, el quisquilloso Jerry Seinfeld, y mi favorita, la cómica Elaine Benes. Ya saben, yada yada yada.


   

No cualquier persona entiende esto, cómo un programa de televisión puede influir tanto en la cultura popular y marcar a una generación. Por ejemplo, si entienden el "We were on a break!" es porque son de los míos y veían "Friends". Es de esas cosas que me causan fascinación.

Quizás es la edad, pero me pregunto por qué no hacen las comedias como antes. Para mientras, aquí les dejo esta joya:


Mente femenina

Mujeres que viajan solas

lunes, mayo 28, 2018

Conozcan a Jada Yuan, la periodista que tiene actualmente el trabajo de mis sueños: está viajando a los 52 lugares a visitar que dicta la lista anual del New York Times, después de ser seleccionada de entre 13,000 candidatos. Pueden leer los artículos de Jada sobre cada uno de los lugares en la sección de viajes del NYT (The 52 Places Traveler), o seguirla en Instagram (@alphajada) para tener un behind the scenes de cómo es viajar por 52 lugares desperdigados por el mundo en un solo año.

Esta es una de las fotos que tomó en el Salar de Uyuni, en Bolivia, adonde hizo un viaje del día desde La Paz, en su parada #9 (a la fecha lleva 19/52) y ahora ya está en mi wish list:


Por si Jada no fuera lo suficiente cool (por lo menos a mis ojos), responde a los mensajes de Instagram, donde me tomé el atrevimiento de escribirle para decirle que me inspiraba no solo a viajar más y a hacerlo de una manera diferente, sino también a tratar de elevar mi escritura. Tuve un momento de fangirl cuando me respondió, lo admito, pero la verdad es que las mujeres necesitamos más mujeres que viajen solas (o acompañadas) y que nos inspiren a hacerlo. Y las que nos inspiran necesitan saberlo.

No tienen que ser periodistas. Pueden ser escritoras como Cheryl Strayed o actrices como Reese Whiterspoon que hagan la adaptación al cine (Strayed escribió "Wild" y Whiterspoon compró los derechos del libro para llevarlo a la gran pantalla con ella como protagonista). Otros ejemplos populares son Frances Mayes con "Under the Tuscan Sun" (Diane Lane) y Elizabeth Gilbert con "Eat, pray, love" (Julia Roberts).

No tiene ni siquiera ser una figura pública. Puede ser una amiga, una conocida o una perfecta extraña a quien seguimos en una red social. Para muestra, hace poco me uní a "Women who travel", un grupo cerrado en Facebook creado por la revista Conde Nast Traveler. He aprendido mucho de las mujeres en el grupo, a pesar de que no soy muy activa en él. También me he sentido bien al poder ofrecer consejos a viajeras que solicitan recomendaciones. Porque de eso se trata: de ser una comunidad.

Pero no basta con la inspiración. Una vez tomada la decisión, las mujeres que viajamos solas necesitamos respeto y ánimos, y no sentir que necesitamos justificarnos ante los demás. Me dijeron que tenía una crisis de edad cuando anuncié que me iría en un viaje de tres semanas por mis 30 años (fue una mujer de mi edad y lo dijo en serio). Me recriminaron "derrochar dinero en viajes en lugar de pensar en invertirlo", cuando eso dista de ser cierto. Me han insinuado que lo hago "porque tengo dinero", cuando sí, hago dinero con mi trabajo, ahorro desde hace ocho años, aprovecho oportunidades (millas ajenas, ofertas de vuelos, ofrecimientos de lugares donde quedarme a dormir) y siempre viajo apegándome a un presupuesto. Me han exclamado "¡Y cómo es que te da permiso tu mamá?", cuando yo no se lo pido a nadie.

Me han señalado que esto no lo podría hacer si estuviera casada y/o tuviera hijos - esto último lo he escuchado en diferentes tonos: mujeres mayores que me lo dicen en son de "Aprovecha mientras puedas"; alguien con la intención de venderme la soltería/soledad como algo bueno que me permite viajar para ir a un concierto (aunque yo confío que continuaría haciéndolo aún si tuviera una pareja. No podría estar con alguien incapaz de entender que mis viajes son míos); y también me lo he dicho yo misma en pleno viaje, llegando a cuestionarme si de verdad quiero un esposo e hijos algún día, algo que había asumido por mucho tiempo que sí. Más sobre eso próximamente.

También necesitamos seguridad. Hay países a los que no me atrevería a ir sola o a usar el transporte público o alojarme en un Airbnb. Tampoco podemos dejar de lado que el mundo no es un lugar seguro para las mujeres en general. Pero ya hemos avanzado tanto como para quedarnos en casa.

Así que sal.


Cosas que pasan

El poder de la risa

lunes, mayo 28, 2018

Hace un año recibí mi nariz roja 🔴 en Fábrica de Sonrisas, una organización de voluntarios que busca cambiar el estado psicológico y emocional de niños y adultos en hospitales, asilos y orfanatos a través de la risoterapia, bajo el lema "Vivir, servir y siempre sonreír". Ajá, sí, como Patch Adams, el referente que todos tenemos gracias a la película de Robin Williams.

Llegué a Fábrica por el deseo de servir a través del voluntariado. Vi la foto de una amiga de la universidad con su bata y nariz y, a pesar de que teníamos años de no hablar, me animé a preguntarle en qué consistía. Ella fue quien me invitó a la convocatoria en febrero de 2017, y requirió valentía de mi parte aceptar la propuesta porque lo nuevo y desconocido me aterra. Así soy yo.

Requirió aún más valentía terminar el proceso de formación, cuatro meses que coincidieron con ajustes importantes en un área predominante de mi vida. No puedo dar muchos detalles de lo que sucede ahí por toda la mística que rodea a Fábrica desde el primer día, pero lo resumo con decir que uno cambia, no importa si mucho o poco, pero sí hay un cambio ahí aunque te tome tiempo verlo.

Lo más importante que he aprendido en este año es que la risoterapia funciona. Lo veo en casi cada una de mis visitas. Lo he visto en pacientes en los hospitales Rosales, Zaldaña y el Divina Providencia. Lo he visto con los enfermeros y los familiares de mis pacientes. Lo he visto en los abuelitos del San Vicente de Paúl, Sara Zaldívar y el Santa Mónica. Lo he visto con los niños del Hogar Vito Guarato. Lo he visto en mí porque a veces el paciente soy yo, y ellos los Sonriseros. Reír alivia. Reír conforta. Reír te abstrae de tus penas. Reír te hace feliz.

Aún si solo es por 90 minutos a la semana, he visto caras transformarse frente a otro compañero doctor. Cuando estoy ahí, no soy del todo yo. Soy más libre de mí misma. Canto, bailo, me río. He conocido, si bien de forma fugaz, a personas con algunas de las historias de vida más interesantes que he escuchado. He sentido en un abrazo el cariño genuino de perfectos desconocidos solo por estar ahí para ellos. He sentido que sirvo para algo y alguien más.

La segunda cosa más importante es que los voluntarios no somos santos. Somos humanos y como tales cometemos toda una serie de equivocaciones en nuestras vidas. Puede ser en nuestra casa, el trabajo, en una relación, con un amigo, con nosotros mismos. Pero sí sé que cuando cambio de nombre y me pongo mi bata y mi nariz, me obligo a intentar ser una mejor versión de mí misma. Una que quiere creer en el "Yo quiero, yo puedo, yo lo voy a hacer".

Pero de todas las cosas que he aprendido, quizás la menos pensada es el poder de las burbujas, sin importar la edad del paciente. Si con un sencillo burbujero puedo hacer sentir mejor a alguien, así sea solo estando parada soplando burbujas para que ellos las revienten, estoy dispuesta a hacerlo las veces que sea necesario.

Esperemos que sea por muchos años más.


Viajes

¿Cuántos son demasiados viajes?

domingo, mayo 27, 2018

La respuesta es obvia: Nunca serán suficientes. Hace 9 años, cuando sabía menos de la mitad acerca de la vida de lo que hoy sé, escribí una entrada muy fantasiosa titulada "Quiero ver el mundo", una lista de los lugares que quería visitar algún día y qué haría ahí cuando tuviera la oportunidad. Con el tiempo he logrado ir a algunos de esos lugares, aunque han habido ideas que estaban en la lista que al momento de llegar al lugar ni siquiera se me cruzaron por la mente. Resulta que no las deseaba tanto como para hacerlas.



He, por ejemplo, visitado la Basílica de Guadalupe en México D.F., pero fallé con los tacos en El Zócalo y los tequilas en Garibaldi. Hace un mes vi el letrero de Hollywood y caminé sobre las estrellas en el Paseo de la Fama. También vi las vitrinas en Rodeo Drive y paseé en Venice, pero David Beckham me sigue debiendo la foto con su estatua de cera. Volví a ver el mar turquesa del Caribe hasta San Andrés, Colombia, en 2015, pero sigo sin conocer América del Sur y tantos otros lugares más.

He, sin embargo, tenido la buena fortuna de vivir muchas experiencias a mis (prácticamente) 32 años, que sin planearlo han convertido este blog en una bitácora de viajes, tanto así que me di a la tarea de recopilarlos cronológicamente. Han sido experiencias que me han enseñado mucho, principalmente a saber manejarme por el mundo. Literalmente. Y sigo teniendo la cabeza llena de sueños. Aquí entre nos, soy como el universo cinemático de Marvel y tengo una larga lista de viajes soñados de aquí a por lo menos el 2036, si bien soy realista acerca de cuáles son las probabilidades de que pasen.

Anexo [Enlace]: Todos los relatos de viajes que van quedando en el blog

Pero si algo he aprendido es que hay que atreverse a pensar que algunas cosas que parecen improbables, sí pueden llegar a pasar algún día. He vivido experiencias que a veces me pregunto cómo no se me habían ocurrido antes. Todo es cuestión de planear y ahorrar, pero sobre todo de no compararse con otros. Yo conozco varias personas que a mi edad han viajado a muchísimos lugares más. Hay que pensar que cada quien conoce mejor sus circunstancias y simplemente sentirse inspirados por los demás.

No sé cuál será mi próximo destino ni cuándo, aunque cada vez que digo que no vuelvo a viajar por un tiempo, vuelve a atravesarse un viaje en mi camino.

Lo que sí sé es que hay más tiempo que vida y cuando se acabe, nadie me va a quitar lo bailado.

Amor

Del amor, el respeto y la honestidad

sábado, mayo 26, 2018



Las primeras tres acepciones de la palabra "amor" de acuerdo con la Real Academia Española cubren bastante bien la pregunta milenaria "¿Qué es el amor?", aunque imagino que la parte de la "propia insuficiencia" puede resultar controvertida para muchos. O tal vez yo soy la única rara, no lo sé. 

La pregunta vino a mi mente cuando hace meses encontré este video de Jimmy Kimmel, en que le pedían a niños que explicaran qué es el amor. Mi respuesta favorita es la de la chiquilla rubia en el minuto 2:34 que dice "Ya no me interesan esas cosas, cosas como casarse. Siento que solo quiero ser soltera ahora". Oro puro. 




Como hago con muchas otras cosas, almacené la pregunta en una gaveta mental hasta que recientemente descubrí, sin querer, que en mi diccionario personal, la definición de amor (o en su defecto de cariño, que es una inclinación de amor hacia alguien) incluye la existencia de respeto y honestidad, comenzando por uno mismo y por cómo tratamos a otros, sin importar si se trata de tu pareja o alguien a quien pretendes, un amigo o alguien de tu familia, quien sea.

Si la otra persona no te respeta, ¿realmente te quiere?

Si una persona prueba una y otra vez ser deshonesta al borde del descaro, ¿realmente cabe en tu vida?

No. La respuesta siempre es no.

Sin querer sonar como Walter Riso: Ve y encuentra el amor, amistad o cariño en otra parte. Donde haya respeto y honestidad.

Viajes

Madrid y los tintos de verano

sábado, mayo 26, 2018

Madrid y yo comenzamos con el pie izquierdo desde el momento en que llegué al London City Airport para que me dijeran que mi vuelo había sido cancelado y me mandaran a Heathrow en un taxi de esos negros con un tipo insoportable que no hacía más que quejarse, aprovechándose de que yo hablaba español y el conductor no. Un día perdido, con todo y boleto para el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Aquello de que no hay que comprar boletos para el mismo día que llegas a un lugar es muy cierto.

El camino de Barajas hacia el Airbnb se me hizo eterno, con dos cambios de líneas en el metro. Tan cansada estaba que dejé que un extraño me ayudara a subir mi maleta por las gradas a mi salida en Atocha, aún con miedo de que saliera corriendo con ella, pero sin ganas de protestarle a mi cuerpo. Esa maleta que llevaba dos semanas de arrastrar de un país a otro. Creo que no hubo anfitrión de Airbnb que no juzgara de reojo su tamaño, ya fuera cuando tocaba subirla en un minúsculo ascensor o cuando ofrecían su ayuda para subirla por escaleras estrechas.

Tal vez fue suerte de principiante, pero en todo el viaje la mayoría de mis alojamientos resultaron estar muy bien ubicados y aún los que estaban más alejados estaban a una distancia "caminable" de la estación del metro o el tram, lo que facilitaba usar el transporte público. Mi Airbnb en Madrid estaba en la ubicación perfecta, desde donde podía caminar a todas partes, especialmente a la estación de Atocha, donde tomé los trenes a Toledo, Sevilla y de vuelta a Barajas el día de mi partida. Ese piso sería mi centro de operaciones para la última semana de mi viaje.

De museos y parques

Cibeles, que ya se me apareció en un sueño, como quien dice "¿Cuándo vas a regresar?"

Ese martes comenzó casual con una caminata bajo el sol hacia el Museo del Prado, donde tenía una reservación para la exposición que conmemoraba el V centenario de la muerte del Bosco, que era el acontecimiento del año (2016) en el museo madrileño. En general, el Prado es un museo bastante navegable, que dedica la gran mayoría de sus metros cuadrados a la pintura española del año 1110 a 1910. Uno de los principales atractivos son las salas dedicadas a Velásquez, con el enorme cuadro Las Meninas en la sala 12.

Si me preguntan, lo que más disfruté de mi visita fue la cafetería, no por el carísimo bocadillo de jamón que terminé comprando porque tenía hambre y aún me quedaba medio museo por ver, sino por la señora de Indonesia vestida muy elegante con quien departí en el almuerzo. Fue de las contadas conversaciones que tuve en todo el viaje y nos entendimos en inglés, algo que ella no dejó pasar desapercibido, halagando mi falta de acento. 

Ninguna de las dos sabía dónde estaba el país de la otra en el mapa, aunque yo siempre explico "two countries below Mexico". Ella estaba en Madrid porque su hija, que había estudiado en una de las mejores universidades de negocios en Londres estaba ahí por una reunión de trabajo, y había ido al Museo a entretenerse en su ausencia. Hablamos de museos y de otras ciudades europeas. Quisiera recordar más de nuestra conversación, pero lo que sí es seguro, es que nunca olvidaré cómo nuestras soledades se acompañaron por unos minutos.

    

      
De izquierda a derecha: San Jerónimo El Real, Real Academia de la Lengua, Puerta Felipe IV a la entrada al parque del Buen Retiro, plaza Parterre, estanque grande del Retiro, y el Palacio de Cristal


 A mi salida del museo, me di a la tarea de buscar la entrada al Parque del Buen Retiro. A esa hora, el sol quemaba tanto que las plantas de mis pies me resintieron por mi selección de calzado. El Retiro, como casi cualquier espacio público al aire libre en las ciudades que visito, me hizo sentir envidia de los madrileños. Quisiera creer que si viviera ahí, iría al Retiro todos los fines de semana. Tal vez sería mi parque favorito y caminaría hasta darle la vuelta a la fuente frente al Palacio de Cristal y luego me iría frente al estanque grande a ver a las parejas y familias en los botes. Y quizás, justo como en esa primera visita a finales de junio de 2016, no terminaría de conocer cada rincón, porque me quedaría con aquellos que me gustan más.

La puerta de Alcalá: mírala, mírala, mírala, mírala
Salí por el acceso que da a la icónica Puerta de Alcalá, desde donde caminé en línea recta por la calle de Alcalá, pasando por la Fuente de Cibeles, y frente a ella, el Palacio de Correos, que por aquella fecha vestía la bandera arcoíris en apoyo al desfile del orgullo gay. Cibeles es un conocido punto de celebración para los aficionados del Real Madrid, y justo donde termina el Paseo del Prado, comienza el Paseo de Recoletos, seguido por el Paseo de la Castellana, la calle que lleva al Estadio Santiago Bernabéu. La noche siguiente recorrería esta calle en el bus 27, por sugerencia de Nico, mi anfitrión de Airbnb, quien al comentarle que iba al concierto de Plácido Domingo me dijo que mejor aprovechara de ver las calles y los edificios desde el bus, en lugar de tomar el metro.


   
Dos de las esquinas frente a Cibeles

La calle de Alcalá tiene algunos de los edificios más bonitos de Madrid, entre ellos Metrópolis. Hasta que llegué a la Puerta del Sol. Yo soy esa turista despistada (o cansada de caminar) que no vio la estatua del Oso y el Madroño, ni el Kilómetro Cero. Lo que vi fue el movimiento de la gente de un lado al otro, y los comercios por todas partes. Me di por satisfecha y comencé a caminar de regreso a Ronda de Atocha. No sé si no tomé el Metro bajo la lógica de que apenas eran un par de paradas o qué, pero sí recuerdo ver el Teatro Calderón en mi camino. 

Tío Pepe en la Puerta del Sol
Esa fue la primera de dos noches que terminé en un 100 Montaditos por la conveniencia de que me quedaba en el camino... y por los tintos de verano. Hay algo cómico en tener que aprender a hacer cosas tan básicas como ordenar tu comida cuando llegas a un lugar que no conoces y que por ende no sabes cómo funciona, tanto así que ordené una cantidad absurda de comida.  Pero quién no ama terminar un día con comida y bebida en abundancia, en un lugar en que las risas de amigos y colegas rompen el silencio de los viajantes solitarios, donde con un poco de vino te animas a intercambiar palabras en francés con un grupo de oficinistas bulliciosos.

> En medio del viaje: Toledo

Feliz cumpleaños a mí

En mi segundo día en Madrid, salí de la ciudad. Me fui a Toledo y por la noche fui al concierto "Plácido en el alma", un espectáculo que terminó bien pasada la 1:00 a.m. Don Plácido (qué cómo más se le llama a un artista de ese nivel), nos despidió diciendo que ya era muy noche, que nos fuéramos con cuidado por favor. Mares de personas salían por los vomitorios del estadio del Real Madrid buscando la salida y luego, la estación del metro, donde se agolpaban para alcanzar uno de los últimos trenes de regreso a casa. 

Con tantas emociones para un día - desde el momento en que corrí en Toledo para alcanzar el tren de regreso, hasta caer en cuenta que estaba escuchando a Andrea Bocelli cantar "Nessun dorma" en vivo-, es justo decir que mi cumpleaños me encontró un poco exhausta. O serían las tres semanas fuera de casa, los 30 años, pensar que el viaje estaba por acabarse y tenía que regresar a mi poco atractiva vida habitual. O todas las anteriores.

Ese 30 de junio fue y continúa siendo la única vez que he pasado un cumpleaños sola. Seis meses antes alguien me había dicho que todo el viaje era una "crisis de edad" (vaya manera de juzgar), lo cual no podría ser menos cierto. Y aunque no voy a negar que con el viaje tenía la intención de, por qué no, "encontrarme a mí misma", yo no tuve uno de esos momentos de despertar espiritual en que de repente todo se volvió más claro. Lo que recibí fue lección tras lección de cómo andar por la vida y ser resiliente. Para eso viajo, sin importar la edad que tenga.


      

      
De izquierda a derecha: La Plaza de España con Cervantes, Don Quijote y Sancho Panza; el Palacio Real; los Jardines de Sabatini, la Plaza de Oriente con el Teatro Real al Fondo; el Palacio Real visto desde la Catedral de la Almudena; y un edificio en algún lugar entre la Plaza Mayor y la Plaza del Sol

Fue un perfecto día soleado en el que la primera parada fue la Plaza de España, presidida por una estatua de Miguel de Cervantes y a sus pies, Don Quijote y su fiel escudero Sancho Panza. Mi mala ubicación espacial me previno de encontrar el Templo de Debod, que se veía tan cerca en mi captura de pantalla de Google Maps*, pero con el cual no pude dar porque no entendí adónde tenía que cruzarme la calle. Y lo admito, llega un punto en que ya estás tan cansada en que no te vas a molestar en ir a ver qué vas a encontrar si caminas un par de cuadras más en la dirección contraria, porque en todo lo que piensas es que luego vas a tener que caminar de regreso al punto donde comenzaste.

Lo que sí encontré fueron los Jardines de Sabatini, un rinconcito precioso atrás del Palacio Real. El paisajismo puede hacer maravillas para una ciudad. Después, el Palacio Real de Madrid y a su lado, la Catedral de la Almudena. De mi mamá he aprendido a entrar a cuanta iglesia se me atraviese en el camino y, aunque a menudo se me olvida pedir las tres gracias, siempre intento apreciar el interior, en especial el silencio y a los otros visitantes que sí están concentrados en oración. La Almudena no fue la excepción y me aseguré, en honor a mi mamá, de agradecer por un año más de vida.

¿Otras formas de celebrar un año más? Caminar por toda la Calle Mayor en busca del Mercado de San Miguel, un conocido mercado gastronómico donde una indecisa como yo sufre y le da tres o cuatro vueltas hasta que decide que lo mejor es picar un poco de todo lo que le da la gana. Ensalada de cangrejo con alga wakame, gazpacho, tortilla de patatas, queso Camembert frito, flan de verduras, banderillas de aceitunas que estaban deliciosas... pero lo que más recuerdo, irónicamente, es el mojito de vermut capaz de noquear a los inexpertos. 


  
A la izquierda, Plaza de la Villa. A la derecha, Plaza Mayor


Por suerte, salí victoriosa (y en pie) de ahí y me fui hasta la Plaza Mayor, donde me desvié a la Chocolatería San Ginés para tomar chocolate con churros, algo que le había prometido a mi hermana que haría. Creo que nunca había tenido un cumpleaños tan libre. Ni cuando cae en fin de semana. La nostalgia me alcanzó en el Corte Inglés, donde compré una porción de pastel red velvet y otros postres miniatura que me acompañaron al apartamento en Madrid, desde donde le mandé una foto a mi familia. Feliz cumpleaños a mí.

Ese jueves fue el último día que exploré Madrid, ya que a la noche siguiente solo me despediría de la ciudad, de España y Europa a mi regreso de mi pequeña aventura por Sevilla, una vez más en el 100 Montaditos de Atocha, con una jarra de tinto de verano y más comida de la que necesitaba (todo por menos de $12). Como dijo Shakira, ahí te dejo Madrid. Hasta la próxima vez.


> A continuación en el viaje: Sevilla



* Todo el viaje lo hice sin datos y dependía de encontrar Wi-Fi gratuito, por lo que antes de salir de casa me aseguraba de llevar capturas de pantalla de los mapas e indicaciones que pudiera necesitar en el día. Esto, como se pueden imaginar, no siempre funcionaba.

Fechas qué recordar: Del 27 de junio al 1 de julio* de 2016
Duración real: 4 días, dos de los cuales hice viajes del día a Toledo y a Sevilla
Experiencias para siempre: Caminar por todas partes.
Comida memorable: El Mercado de San Miguel. 100 Montaditos y el tinto de verano. Churros con chocolate en San Ginés.
Qué faltó de esencial: Explorar más allá del Centro. El Templo de Debod.
Qué aprendí: Que hay que respetar cuando el cuerpo ya está cansado.
Presupuesto aproximado: Alrededor de $550, contando el vuelo de Londres a Madrid y cinco noches de estadía en Airbnb (aunque este último era bastante barato e incluía pan, mermelada y jugo para el desayuno). El día de mi cumpleaños me fui un poco de bolsa con la comida y gasté una millonada en probar varias cosas en el Mercado de San Miguel, por lo que aún es posible quedar por debajo de ese presupuesto.

Viajes

Bruselas y Brujas: Una historia de dos ciudades

domingo, mayo 13, 2018

Paré en Bélgica como es común para muchos turistas: porque me quedaba en el camino entre París y otra parte, en mi caso, Ámsterdam. Lo aparté premeditadamente para que fuera un fin de semana "tranquilo", para descansar y agarrar fuerzas para la siguiente semana. Y sí, fue tranquilo, pero no menos cansado. Fueron horas esparcidas en Bruselas y un viaje del día a Brujas, llenas de balcones con flores y puertas coquetas, un desvío que vale la pena hacer una vez en la vida.

Los ciclistas desnudos en el Grote Markt


Considerando que mi bus llegó a la Gare du Midi proveniente de París bajo la llovizna después del mediodía de un sábado, en mi primer día en la capital belga me tocó conformarme con un paseo de un par de horas. Fui consciente de las limitaciones de tiempo que tendría en Bruselas desde la planificación, por tanto desde un principio mi expectativa fue ver todo lo que pudiera desde afuera (y comer 😍, pero más de eso después). Visitar una atracción o un lugar específico habría sido un sacrificio de tiempo valioso, y en algunos casos, era imposible porque los lugares estaban cerrados (los museos en lunes, por ejemplo).

El mejor lugar para ver en Bruselas, y su principal atractivo turístico, es sin lugar a dudas su gran plaza, o Grote Markt, alrededor de la cual transcurría la vida comercial de la ciudad en el siglo XVII, y en la actualidad, donde se aglomeran decenas de turistas para ver los impresionantes edificios y sus fachadas con detalles de oro. Pero más que los edificios, lo que nunca se me olvidará es el grupo de ciclistas desnudos. No sé si protestaban por algo, si lo hacían solo por diversión, o qué, pero cualquier persona que se atreva a salir en pelotas con ese frío, merece mi respeto.

Podríamos decir que no son tanto los lugares los que recordamos, sino las experiencias a través de nuestros sentidos. Lo que vemos (los encajes a la venta en las vitrinas), escuchamos, olemos (¡los gofres!), degustamos (¡los gofres!), sentimos. Nuestras reacciones. Una risa, una lágrima, la sensación de angustia o la de libertad. Eso es al final lo que nos queda de la visita a un lugar.

   

   

   
En el sentido de las agujas del reloj: el Ayuntamiento, Tintin y Milou afuera de una tienda de chocolates,
turistas en el Mannekin Pis, Le Cygne en Grote Markt, la fuente de Charles Buls, y el Museo de la Ciudad de Bruselas


Otros lugares de interés en los alrededores del Grote Markt son el Mannekin Pis, una fuente de un niño haciendo pipí, de la que sigo sin entender el atractivo; las Galerías Saint-Hubert, y cerca de ahí la fuente de Charles Buls, una simpática estatua de un alcalde de Bruselas con un perro; y la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula. Todas de fácil acceso deambulando sin rumbo por aquí y por allá.

Brujas, donde lo que más importa es el viaje y no el destino


Podría publicar un millón de fotos de Brujas. No que las tenga, pero si las tuviera, podría hacerlo sin pensarlo dos veces y apenas acompañarlas con unas líneas que digan que Brujas es quizás una de las ciudades más fotogénicas del mundo. No que conozca todo el mundo, pero imagino que si hicieran esa lista, probablemente agregarían en ella a la capital de la región de Flandes Occidental.

€15.20 y una hora en tren separan Bruselas de Brujas. Mi reacción inicial al bajarme del tren fue similar a cuando salí del aeropuerto de Florencia. El Brujas medieval que todos vemos en las fotos es un casco histórico anidado en una ciudad que sí va con los tiempos. Para el turista a pie, la forma más fácil de llegar a ese casco histórico es seguir los rótulos... o seguir a otros turistas que sí parecen saber adónde van.

    

        

    
 Escenas preciosas por todas partes


Hay tres horas y veinte minutos entre la primera foto que tomé y el Belfort, el campanario en el grote markt, si bien es cierto que ese tiempo incluye un paseo en bote (yo hice el de Boten Stael sobre la calle Mariastraat, donde dos perros aprovechaban a calentarse bajo el sol plácidamente), un almuerzo de moules-frites en compañía de cisnes y caminar por el Beguinaje, un monasterio otrora habitado por monjas y mujeres laicas. De acuerdo con Google Maps, se puede llegar de la estación a la plaza caminando en 20 minutos. ¿Quién necesita 3 horas de su tiempo si se va a perder de todas esas cosas?

La vista antes del paseo en bote por el canal


Es caminando que una se da cuenta que este lugar, descrito por muchos como mágico o digno de cuentos de hadas, es una lección de vida acerca de cómo lo más importante es el viaje y no el destino. Casas de ladrillos, marcos de ventanas rojos, puertas negras o verdes, Ave Marias o imágenes de la Virgen adornando las fachadas por doquier, balcones con flores, el delatador rótulo de Pizza Hut que te recuerda que no estás atrapado en el tiempo.

Si alguien me preguntara qué hice en Brujas, la respuesta probablemente sería una lista corta. Todo lo que hice fue caminar. Y si alguien me preguntara exactamente cuál fue mi ruta desde la estación de tren hasta el grote markt y de vuelta, no sé si podría reconstruirla. No recuerdo ni siquiera si me perdí, porque cuando uno no sabe para dónde va, dónde estás en determinado momento no es tan importante. Para mí simplemente fue un domingo perfecto, de esos paseos que imagino son comunes para aquellas familias belgas que no se espantan con la idea de decenas de turistas deambulando por todas partes.


La gran plaza, o grote markt, y al fondo el campanario Belfort

Comerse un lugar

Así como tenemos una lista de lugares que ver y cosas por hacer, a veces los turistas también tenemos una lista de cosas por comer en cada ciudad que visitamos. En Bélgica, lo admito, esta última lista consistía en todos los clichés. Las papas fritas con mayonesa (frites), los mejillones en vino blanco con papas fritas (moules-frites), los waffles de Liège con chocolate y fresas (gaufres), y los chocolates...


Todos los chocolates de todas las formas y sabores que te pudieras imaginar, tiendas enteras dedicadas a los chocolates en cada cuadra alrededor del Grote Markt y de camino al centro de Brujas, con vitrinas a cual más coqueta, algunas ofreciendo inclusive productos aptos para diabéticos, y otras con el apoyo de unos cuantos amigos azules muy famosos originarios de Bélgica, Los Pitufos. Mi dinero fue a parar a La Belgique Gourmande, los €4.50 mejor invertidos en apenas unos cuantos bombones, algunos de los cuales me acompañaron a Brujas y me los comí felizmente en un jardín en medio de a saber dónde.

Experimentar un vecindario

Parte de lo que me permitió hacer un viaje "tan largo" fue la posibilidad de alquilar una habitación en la casa de un perfecto desconocido a una fracción de lo que costaría un hotel. La desconocida en cuestión en Bruselas era Anne, una señora amable aunque seria, con quien me entendí en un remedo de franglais. 

Su apartamento está en la Rue du Mont-Blanc, en Saint-Gilles, un barrio encantador en que lo primero que vi al salir de la estación del metro en Horta fue un muro con graffiti. El camino estaba lleno de casas con puertas interesantes y flores en los balcones, además de un pequeño jardín con un rótulo que me pareció curioso en que pedían a los vecinos que las dejaran crecer. Aquí y en la China, siempre hay malos vecinos 😁.

 

 


Dentro del apartamento, el encanto pintoresco lo ponían los cuadros pintados por la propietaria. Hasta donde pude ver, había uno de diferentes tonos en cada habitación, incluida el baño, donde irónicamente la pintura era de la sala de baño. Inception. Sumando a la hospitalidad, en la habitación tenía a mi disposición guías turísticas y mapas para que pudiera desplazarme con confianza.

Este fue el único lugar en que conviví con una familia, si por convivir entendemos saludar e interactuar poquísimas palabras a la hora del desayuno, cuando Anne me servía té, tostadas, yogurt y fruta, si bien lo que más recuerdo es el Speculoos, una pasta dulce con sabor a una galleta tradicional. Mi descripción no es la mejor, pero la impresión duró lo suficiente como para que comprara un frasco en un supermercado en Ámsterdam, donde me entendí a señas con los encargados porque no hablaban inglés.

Misceláneos por aquí y por allá

A sabiendas de que esta sería mi única vez en Bélgica, un poco de llovizna no me detuvo de aprovechar mi última mañana en Bruselas antes de tomar el bus camino a Ámsterdam. Mitad improvisación, mitad lo que sugería uno de los mapas en la casa de Anne, la primera parada fue el Palacio Real y el Parque de Bruselas, caminando hasta el Palacio de Justicia por la aún empedrada rue de la Regénce, donde me guarecí de la lluvia bajo un arco de santos en la Iglesia de Nuestra Señora del Sablón. La mayoría de estos nombres no los supe hasta que exploré Bruselas después en Google Maps. Porque la vida es así, no siempre necesitas saber dónde estás para apreciarlo.




 
Alrededores de Square Ambiorix. La segunda foto es Huis Saint-Cyr. Esto lo descubriría hasta después.

Lo que sí tenía en mente era la idea terca de ver arquitectura art nouveau. Francamente no sé ni de dónde lo saqué. Creo que lo vi en algún programa del Discovery Channel cuando era una pre-adolescente que pensaba que estudiaría arquitectura y la idea se quedó conmigo después de tantos años. Así terminé mi tour por Bruselas en el parque Marie Louise y Ambrioix, un área que según mi mapa era una de las mejores para ver edificaciones de ese estilo. Qué tan art nouveau eran, no lo sé, pero lo logré.

Hay algo en la idea de hacer algo tan random, que me parece emocionante. Eso y que nadie sepa adónde estás. Que sí, es cierto que a veces puede ser una idea terrorífica, pero otras, es liberadora.


A continuación en el viaje: Ámsterdam



Fechas qué recordar: Del 18 al 20 de junio de 2016
Duración real: 2 días
Experiencias para siempre: Brujas.
Comida memorable: Todo, pero quizás más los gofres con chocolate y fresas, porque era una experiencia doble para el olfato y el gusto.
Qué faltó de esencial: Cerveza (en ese tiempo me gustaba sentirme moralmente superior a los demás y decía con orgullo "Jamás he tomado una cerveza". Era bien odiosita. Hoy ya no son esos tiempos. Y aunque no soy gran conocedora, habría sido algo interesante de hacer en un destino conocido por sus cervezas. También quisiera visitar el Museo del Cómic (Centre Belge de la Bande Dessinée).
Qué aprendí: Que no es necesario "hacer" algo. A veces solo existir en un lugar es suficiente.
Presupuesto aproximado: $240, incluyendo el Ouibus y dos noches de Airbnb (pero sin contar la sombrilla, bufanda y calcetines que tuve que comprar a causa del frío en un H&M donde no me entendían mi francés y la cajera no hablaba inglés).

En mente