Música

Michael Bublé es mágico y no estoy exagerando

domingo, marzo 31, 2019

Si son el unicornio en peligro de extinción que ha seguido por algún tiempo este blog (que justo este 1 de abril cumple 10 años de existir... 10 años... ¡10 años!), probablemente saben que los conciertos son uno de mis contados vicios. Si son el unicornio que lee con detenimiento, tal vez recuerden que Michael Bublé era el que estaba pendiente en mi bucket list.

Me enorgullece anunciar, estimado vacío llamado internet, que después de más de seis años de espera, al fin pude tachar al crooner canadiense de mi lista y fue mágico. Michael Bublé es mágico y no estoy exagerando. Reto a cualquiera a encontrar a un artista contemporáneo que cante tan bien, sea tan gracioso, dulce, entretenido, amable, genuino y me quedo corta de adjetivos.



Hace muchos años, después de un concierto de Juan Luis Guerra, me pregunté "¿Por qué los artistas no hablan más en los conciertos?", y no fue sino hasta este 26 de marzo que encontré a un artista que no solo habla, sino que hace de su interacción con el público parte del show mismo. Al relatar las múltiples ocasiones en que Bublé hizo reír al público con sus bromas (muchas de ellas dad jokes), habló en español (con algo de acento argentino), se tomó selfies con asistentes, firmó letreros, cantó con una  chica y hasta tomó el teléfono de otra mientras hacía una llamada por FaceTime, alguien me hizo la broma que era igualito a Luis Miguel en el concierto que dio recientemente en San Salvador.

Creo que la calidez de Michael Bublé habla bien no solo de su profesionalismo, sino de su afabilidad. Recuerdo que en el documental de su gira anterior ("Michael Bublé: Tour Stop 148"), él habla de la responsabilidad que siente hacia los asistentes de sus conciertos, que gastan el dinero que les cuesta ganar para ir a verlo por una noche. Yo pude ver y escuchar esto en vivo, y sentí que cada centavo había sido una sabia inversión de la cual obtuve un retorno con creces.

Hasta la próxima vez, algún día.

An evening with Michael Bublé 💕
P.D. Si usted no conoce las canciones originales de Michael Bublé, le dejo esta lista en Spotify. La primera es mi favorita: "Haven't met you yet". Para ponerse al día con su última producción, recomiendo esta lista en YouTube, un track by track, y el soundtrack de "bublé!" su especial para la cadena NBC.

Demasiado personal

Regresar a la realidad

domingo, marzo 31, 2019

Escribo estas líneas sentada en el borde de la fuente en la Piața Unirii. Son las 4:08 p.m. en Bucarest y la gente marcha con sus vidas. Con sus rutinas que desconozco pero que me imagino incluyen almuerzos familiares y paseos por las calles. El sol brilla y el viento sopla. El frío es tolerable y por ratos hasta se siente calor. Los niños juegan. Los pájaros cantan. Me imagino que así se siente la libertad.

En esta situación irreal de un trabajo que no es mi trabajo y una casa que no es mi casa, de una manera u otra me he acostumbrado a esta vida que no es mi vida. En esta vida, los fines de semana no son una rutina, si no contamos las visitas a la lavandería los domingos. Los fines de semana son una aventura, aún si solo se trata de salir a caminar por una calle o un parque que antes no conocía. Y aún cuando paso por edificios que ya he visto antes, los sigo viendo con ojos nuevos, a diferentes horas del día y bajo otra luz. También ya tengo lugares favoritos, rincones donde me siento bien y que me ayudan a sentirme menos pasajera.

Es mi cuarto domingo aquí y empiezo a preguntarme si tal vez me costará regresar a la realidad, quizás porque nunca he estado en otro país por tanto tiempo de corrido. Porque esta situación rara en que te trasplantas temporalmente a otro país no es como una vacación en que estás consciente de lo efímero de cada momento. Estás más aquí que allá, tienes una rutina fuera de tu rutina. Una vida fuera de tu vida. O tal vez no me costará nada regresar, porque después de unos días será como si nunca hubiera pasado. Ya veremos.


Boulevard Unirii, a pasos de la plaza de la Constitución, frente al Palacio Parlamentario

* Originalmente escrito a mano el domingo 10 de marzo y editado una y otra vez. 

Spoiler alert: Regresar a la realidad cuesta.

Divagando ando

La vida es buena

lunes, marzo 18, 2019

Una fracción del gentío en Estambul al final del domingo

Hay una sensación más inmensa que la gratitud y la satisfacción cuando ves hacia atrás, todos los momentos vividos, los lugares visitados, las experiencias, y sólo puedes pensar para ti misma "La vida es buena". Debe haber una palabra en alemán para encapsular todo eso.

Demasiado personal

Líneas desde Bucarest

viernes, marzo 08, 2019


"Escribo estas líneas desde Bucarest, Rumanía" es una frase que jamás pensé que escribiría en este blog o que diría en general. Pero heme aquí. Mi catorceavo* día lejos de todo lo que conozco, del único país que he llamado hogar. Lejos de mi familia, incluido Lucas. Lejos de mis comodidades emocionales y materiales, como mi cama y la almohada que mi cuello extraña todas las noches. Lejos también de intangibles como el calor (humano y atmosférico).

Sé que esta situación -un viaje de trabajo- no se le compara a vivir aquí, pero me esfuerzo en pretender que así es. Que ese apartamento al que llego todas las noches después de la oficina no es un habitación de hotel, sino una casa -si bien temporal- en la que el tocador del baño está lleno de todos los productos que pensé que podría necesitar en estas casi cinco semanas y donde una foto de mi familia decora el espejo del pasillo de la entrada. En este juego de pretender, vivo la fantasía de vivir sola por primera vez y me tomo a pecho la responsabilidad de lavar los platos que ensucio cuando ocasionalmente ceno en el apartamento, aunque sé que si lo deseo o necesito, hay alguien que puede limpiar todo el lugar cuando no estoy, porque sigue siendo un hotel.

Pretendo que es lo más normal del mundo pedir un Uber a todas partes, lo que resulta conveniente versus descifrar el transporte público cuando no hablas rumano, pero a la vez puede ser complicado cuando en efecto tú no hablas rumano y el conductor no habla inglés y te deja frente a una gasolinera en medio de Dios sabe dónde, a cuadra y media de la lavandería que buscabas, a la que solo puedes ingresar escaneando un código QR con una aplicación en tu teléfono y donde tienes que aprender nuevamente a hacer una tarea tan básica como lavar la ropa, algo que has hecho decenas de veces antes pero que acá, como muchas cosas, funciona de otra forma.

Otros días pretendo, por ejemplo, que no tengo tanto frío a pesar de que la temperatura esté a 5° C, con tal de no ponerme capa tras capa de ropa y no sentirme como el muñeco Michelin, que suficiente tengo con mis rollos naturales. O para no sentir que atravieso una menopausia temprana en el sofocante hervor de la calefacción en espacios cerrados. Pretendo también que entretenerme viendo Netflix es suficiente compañía, lo cual a fuerza de ser sincera es algo que también pretendo cuando estoy en mi hábitat natural. 

Pero quizás lo que más me pregunto es si estoy pretendiendo o si es natural la sensación de estar bien y no extrañar terriblemente a nadie. Si pretendo o de verdad podría acostumbrarme a vivir así, con un océano de por medio y 8 horas de diferencia. 

Ya me he preguntado esto antes: ¿Qué me ata a El Salvador? La primera respuesta que se me viene a la mente es mi familia, pero hasta eso está funcionando bien gracias a la tecnología, aunque estoy consciente de que no ha pasado tanto tiempo y estoy en una especie de situación irrealista. Entonces, ¿qué me detiene de buscar otros horizontes? No lo sé. Siempre he pensado que es la falta de valentía. 

¿Podría pretender ser valiente, arrancar mi vida de raíz y trasplantarme a otra tierra? Tal vez sí, tal vez no. Para mientras, me quedan 20 días para pretender que soy una salvadoreña más viviendo en el exterior, o que soy una residente anónima más caminando por las calles de Bucarest.

* Originalmente escrito a mano el sábado 2 de marzo en un bistro en las callecitas detrás del Ateneo.

En mente