Babosadas pandémicas

Nunca me puse a pensar con detenimiento cómo sería mi vida cuando fuera grande. Por ejemplo, cuando tuviera 34 años. Alguna vez de adolescente hice un punteo del curso "lógico" de mi vida. Iba a graduarme del colegio, estudiar en la universidad, graduarme de la universidad, conseguir un trabajo, estudiar una maestría (algo que le escuchaba decir a mi mamá), iba a hacer un viaje a Europa, iba a conocer a alguien, enamorarme, casarme (según mis cálculos, a los 27 años), a tener dos hijos (de nuevo, según mis cálculos entre los 30 y 33 años) y algún día, íbamos a ir todos a Disney. No me pregunten por qué a Disney, pero era una parte relevante del plan. Y la verdad es que he llevado esa vida lineal, con la excepción del amor porque, parafraseando a Beatriz Aurora Pinzón Solano, quizás el amor no es para mí. No le huyo porque ni siquiera se me presenta.

Cómo va a ser la vida cuando sea grande -en este caso lo que me queda de los treintas y las próximas décadas-, es la clásica babosada en que yo me pongo a pensar al cumplir años en medio de una pandemia en que empezamos a ver cada vez más cerca de nuestros círculos que cualquiera de nosotros se puede morir por respirar (o cuando no podamos hacerlo). Como todos, tengo miedo, y también como todos, mis miedos son muy personales. Mis papás y varios seres queridos están en primera línea. El 50% de mi hogar es población vulnerable. Si nos ponemos técnicos, yo misma tengo precondiciones que me hacen más vulnerable. Tengo la suerte de poder trabajar 100% del tiempo desde casa y salgo solo si es estrictamente necesario, pero la realidad es que he tenido que hacerme a la idea de que existe una probabilidad de que el virus entre a mi casa. Y es difícil pensar en el futuro (admítolo, tratando de tener una mínima ilusión de control sobre la situación) cuando el presente es tan incierto. También es díficil dejar de pensar babosadas derivadas de la incertidumbre. ¿Debería hacer un testamento? ¿Debería mi familia entrar en deudas en un caso extremo por mantenerme viva? ¿Qué más tengo por vivir (que no sea superfluo)? ¿Qué más tengo por ofrecerle al mundo? Babosadas al fin y al cabo, que dudo sea la única persona en el planeta a la que se le están cruzando por la mente.

Para mientras, concentro todos mis esfuerzos en sobrevivir, preferiblemente con la mente más presente en el tiempo presente.


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