Tengo un plan

Hace unos meses, compartí en Instagram una ilustración de Pictoline sobre el ikigai, un concepto japonés que viene a ser algo así como "la razón de vivir". Incluso hay un diagrama (quién sabe qué tan auténticamente japonés sea) en que el ikigai se ilustra como la intersección de lo que amas, en lo que eres bueno, lo que necesita el mundo y por lo que te pueden pagar. Casi de inmediato recibí el mensaje de un amigo que me recomendaba hacer el ejercicio del diagrama, y en particular, que no lo dejara para la próxima crisis existencial.

Nunca hice el ejercicio como tal, pero la idea me anduvo rondando por la cabeza como otras tantas que llevaban meses (e incluso años) atascadas en 257 pestañas en una ventana en modo incógnito titulada "¿Qué carajos hago con mi carrera?" Hasta que, a través de otro ejercicio, di con lo que me atrevería a llamar un nuevo objetivo profesional, el cual contempla un cambio de carrera.

No sé si lo consiga (aunque tengo un plan, ¡y ya eso es mucho!), pero solo saber que existe y ver con más claridad hacia adónde apunta la fecha me emociona lo suficiente como para seguir el camino. Quizás es simplemente la intencionalidad la que hace una diferencia. Saber que cada acción tiene un propósito y que yo estoy detrás de cada acción.

Tal vez en un par de años esta sea una historia diferente que contar. Ya veremos.




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