Del otro lado del charco: Brooklyn

martes, septiembre 06, 2011


Si se aventura a cruzar el puente, allá del otro lado del charco está Brooklyn. Por favor no lo asocie con la tienda que está en Metrocentro. En verdad Brooklyn tiene su encanto, con sus casas y calles antiguas. Puede ir a DUMBO, el área debajo del puente de Manhattan, que es aparentemente el lugar más trendy y ofrece tiendas como la chocolateria de Jacques Torres. O puede ir a su jardín botánico, zoológico y museo de arte, los tres ubicados en el área de Prospect Park, lo que los hace fácilmente visitables en el mismo día.

Yo quería hacer todas esas cosas, pero al final no hicimos ninguna. Atravesarnos el puente, aunque estaba contemplado en la To-Do list, surgió de forma espontánea. El puente estaba ahí, nosotros también. Y cuando llegamos del otro lado, lo que se nos ocurrió primero fue ir hasta Coney Island, uno de los lugares que mi hermana más deseaba conocer. Yo... yo ni siquiera voy al campo de la feria, no me gusta ir a Consuma y no me gustan las ruedas que atentan contra mi bienestar físico y mental. 

Pero ahí estábamos ese viernes por la tarde, después de media hora en el metro, en las calles llenas de freak shows, juegos de arcadas y ruedas.

Por mucho que una navegue por la web tratando de anticipar cada detalle del viaje, siempre hay cosas que resultan ser diferentes a como una las imaginaba. Yo sabía que el boardwalk de Coney daba al mar, pero no se me ocurrió que habría un muelle y que cientos de personas estarían bañándose en esa agua de apariencia sucia (muy fría, según dicen), y que lo harían al más fiel estilo del Majahual: mujeres en shorts, niños bañándose con huacalito... ese tipo de especímenes playeros.

Al final no pude huirle a las ruedas. La Wonder Wheel, alias la chicago, anuncia con orgullo que no ha tenido un solo accidente desde 1920. Subirse le costará $6 por persona, pero la vista los vale. Eso sí, de preferencia no se suba a una de las jaulitas giratorias si usted es tan miedoso como yo, o de lo contrario gritará como loco cuando el movimiento de péndulo lo tome por sorpresa.

Si lo suyo son las atracciones fuertes, puede subirse a la clásica Cyclone, una montaña rusa de madera que le revolverá el estómago por el módico precio de $8. Yo lo hice solo por acompañar a mi hermana así como ella me acompañó a los museos. No obstante, fueron los 2 ó 3 minutos más horripilantes de mi existencia y terminé sintiéndome mal de tanto gritar. Apenas abrí los ojos y juraría que se me salieron las lágrimas. El clac-clac del hierro con la madera es insoportable y, por momentos, de la velocidad, sientes que te levantas del carrito. Tuve que comprar la foto de souvenir con mi cara horrorizada para que las personas que me conocen me creyeran que en verdad me había subido.



Dicho esto, aunque tiene su encanto vintage, en Coney Island no verá nada que no haya visto antes en El Mundo Feliz o Playland Park. Lo que no significa que una visita a Coney no sea una linda manera de pasar la tarde en Brooklyn.

Eso sí, prepárese para otros 60 minutos en el metro de regreso a Penn Station.

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4 comentarios

  1. que horror!!! yo no me subiria a una de esas ni porqu eme paguen! >.<

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  2. Dafne, hay cosas que se hacen por pura solidaridad :)

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  3. He descubierto que no soy solidaria :s *muerome de miedo* :s @Magdalogo

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  4. Magdalogo, yo también descubrí que solo puedo ser solidaria hasta cierto punto... altura y velocidad jaja

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