Concesiones

Hasta cierto punto se siente bien delegar la responsabilidad de preocuparse a alguien más. Dejar las aflicciones en manos ajenas. Sentir que alguien tiene tu espalda cubierta. Que si te caes, te ayudará a levantarte.

Es una concesión de poder que no todos estamos dispuestos a hacer, hasta que crecemos lo suficiente para dejarlo ir. Pedir y aceptar ayuda nos cuesta. Confiar, aún más.

Pero no sabremos si podemos hacerlo hasta que lo intentamos.


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