Incondicional

Usted y yo

Me gusta pensar que, de alguna manera, en algún nivel cósmico, si usted no hubiera nacido este día, yo no existiría. Al menos no así. Usted no sería usted y yo no sería yo. Sería la hija extraña de una mujer extraña. Sobra decir que me alegra que hoy celebremos, aunque en la distancia, que cumple un año más de vida.

Es normal que los padres estén orgullosos de los hijos, pero en nuestro caso también funciona al revés, aunque no lo exprese a menudo verbalmente. Estoy sumamente orgullosa de usted, mamá. Con todo y sus defectos, como usted misma diría. Con todas las horas extra de trabajo, las idas y venidas, las ausencias más frecuentes y prolongadas.

Gracias por hacerme gran parte de lo que soy. Por no darse por vencida y salir adelante; por ayudarme con mis tareas cuando le tocaba terminar los álbumes de geometría en 4°; por desvelarse a mi lado -medio dormida desde el sofá- en los años de universidad; porque sabe cómo darme un empujoncito para que al fin me anime a hacer las cosas y tome mis propias decisiones; porque siempre está ahí cuando la necesito para lo que sea.

Aunque el tiempo pase sin que lo podamos detener, y ya no sea "su niñita" y más bien vaya buscando mi propio camino, hasta cuando no coincidimos, no me cabe duda que nuestro amor es incondicional. Viene dado por un lazo de sangre y vida. Somos usted, ella y yo, y todos los años, experiencias y pasteles Lido que nos quedan por compartir.

Feliz cumpleaños, mamá.

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