El problema con la productividad

Hace dos semanas perdí mi invicto ante el COVID. No, no sé cómo ni dónde me contagié, y francamente no me importa porque no hace ninguna diferencia. Lo que sí sé es que fui afortunada de haberme puesto la tercera dosis de la vacuna a principios del mes y creo que eso hizo una diferencia. Con una orden de aislamiento, por primera vez en mi vida estuve incapacitada por más de tres días. Ese tiempo extra me enfrentó a varios dilemas en los que he estado trabajando en los últimos meses, como el valor que le doy a mi bienestar físico (más que antes, pero con menos prioridad de la que debería), la flexibilidad con mi tiempo (incluyendo pasar tiempo conmigo misma), y el bendito "aquí y ahora" que hoy hasta es eslogan de campañas publicitarias de cerveza.

No quiero hablar en nombre de toooda mi generación, pero hablo en serio cuando digo que si un concepto nos ha destinado al fracaso es el de la productividad. Somos pequeños hámsteres corriendo en ruedas que no dejan de girar. Queremos ser productivos hasta en el ocio, pandemias, cuarentenas e incapacidades médicas incluidas. Cuántos episodios de serie de Netflix voy a ver esta noche. Cuántos lugares o experiencias voy a tachar de mi lista cuando viajo. Cuántos logros voy a alcanzar antes de determinada edad. El trabajo soñado, el salario aspirado, el carro, la casa, la pareja, los viajes, los hijos... corre, corre, corre. 

El problema con la productividad es que no sabemos cuándo parar. No sabemos cómo parar. Para algunos, esto toma la forma de una adicción al trabajo. Valga el paréntesis por si alguien necesita leer esto: no es sano mentalmente seguir trabajando cuando estás enfermo físicamente, no importa cuánto trabajo haya (porque newsflash, el trabajo nunca se va a acabar). Para otros, puede ser un problema de autoestima o identidad. Valgo solo lo que produzco. Valgo solo en la medida de mi productividad y, por consecuente, cuando no produzco, siento que no valgo. Para sentirme más valioso me tengo que poner metas agresivas que demuestren mi productividad, y si no me las pongo yo mismo, me las va a poner alguien más como parte de la cultura tóxica en que a veces trabajamos y, seamos honestos, la sociedad en que vivimos en que pareciera que es requisito sentir una insatisfacción crónica.

No tengo una solución mágica a este problema, pero sí creo que lo más productivo que podemos hacer es cada vez estar más conscientes de cuánto nos estamos esclavizando en nombre de la productividad. Tal vez no podamos bajarnos de la rueda, pero al menos podemos dejar de correr y encontrar nuestro propio ritmo.


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