junio 15, 2013

Se me va la vida

Por años (10 consecutivos para ser exacta) mayo fue sinónimo de Eurovisión y la final de la Champions League. Aunque no sintonizo la final de la UCL desde el 2011, el festival de la canción había sido una constante. Mi dosis de friki anual. Algo a lo que aferrarme en abril para decir "¡Ya va a ser mayo!". No tengo nada en contra de mayo, pero vamos, que tampoco tiene algo súper especial.


Amiguitos, la mañana del 27 de mayo pensé "Hey, ya se va a acabar mayo. ¿Y Eurovisión?". Eurovisión ya había pasado y yo me lo perdí. España quedó en penúltima posición y yo me perdí los comentarios agrios de los presentadores de la Televisión Española (TVE) que cada año se resumen a un "Cantamos como nunca, perdimos como siempre". La ganadora fue Dinamarca y, con ello,  me perdí otro comentario agrio de cómo ganó un país escandinavo en una final celebrada en Malmö, Suecia. 


Mi problema no es con Eurovisión. Es con mi memoria, con el tiempo y la manera en que a veces parece que se me va la vida y los planes que tengo, o que creo que tengo, también se me van porque se quedan en el olvido, porque no hay tiempo para acordarse y cuando menos lo siento ya se acabó el día, la semana, la quincena, el mes, el trimestre, el semestre, el año. La vida.

Eurovisión solo fue una cosa estúpida que me lo recordó.

Para muestra, esta entrada la quise escribir hace 19 días.

Lee The Fault in Our Stars

El domingo pasado lloré como una pequeña niña mientras leía The fault in our stars de John Green. Desde el momento en que leí la sinopsis y luego la muestra, supe que estaba condenada a llorar si leía toda la novela. ¿Personas con cáncer? Puntos demasiado sensibles como para ir ahí.

Cuando el post it cian indicó que ya era turno -en ese jueguito que me traigo de "¿Cuál es el próximo libro que voy a leer?"-, me sentí un poco reticente. Hay libros que implican una inversión emocional considerable y este sin duda pintaba a que me iba a dejar en números rojos.

Ni bien iba por el 10% del libro (una de las ventajas de leer en Kindle), cuando ya estaba "enamorada" de Augustus Waters y Hazel Grace Lancaster, los jóvenes protagonistas que se conocen en un grupo de apoyo.

No es mi intención contarle el libro (si está intrigado, lea aquí). Solo quiero compartirle una idea que me nació gracias a estas líneas de Augustus:
"I'm in love with you", he said quietly.
"Augustus", I said.
"I am", he said. He was staring at me and I could see the corners of his eyes crinkling. "I'm in love with you, and I'm not in the business of denying myself the simple pleasures of saying true things. I'm in love with you, and I know that love is a shout into the void, and that oblivion is inevitable, and that we're all doomed and that there will come a day when all our labor has been returned to dust, and I know the sun will swallow the only earth we'll ever have, and I am in love with you."
Si tuviéramos que fragmentar el discurso de Augustus, aprenderíamos que:

#1 ¿Por qué nos negamos el placer de decir las cosas? A veces tenemos que estar contra el tiempo u otras circunstancias para permitirnos decirle a alguien que lo amamos. Todo por miedo, en su mayoría a ser rechazados.

#2 El amor es un grito al vacío. No tengo más comentarios en esto, querido Gus.

#3 Caer en el olvido es inevitable. Esta es la más pura verdad. En mis pocas visitas a Jardines del Recuerdo me he puesto a pensar quién recordará lo maravillosos que eran ellos cuando nosotros, los que los conocimos, ya no estemos. En algún momento que me tomó desprevenida pensé eso hasta de alguien que está viva. Y no hay nada que podamos hacer al respecto.

#4 Después de todo lo anterior, "I am in love with you".

Luego la historia dio un giro y lloré, lloré, lloré. Quisiera decir que fue por algo que me recordó, pero no. Que sí, me recordó cómo es ver a alguien consumirse hasta la muerte. Pero no. Lloré porque genuinamente estaba metida en la historia. Quisiera decir que lloré por mí misma, porque nunca he estado en una situación así, de tener una conexión al grado en que ni estar consciente de que vas a morir, el vacío, el olvido, ni saber que el sol se tragará a la Tierra importen lo suficiente como para negarte el placer de decirle a alguien que lo amas. Pero tampoco.

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30 golpes de genialidad que leí en Twitter

Aquí los tienen: algunos de los golpes de genialidad que he leído en Twitter en lo que va del año. Podríamos decir que es mi lista favorita de mis favoritos.

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junio 06, 2013

Familia ¿moderna?

Hace un tiempo reflexionaba sobre las series de televisión Modern Family y la difunta The New Normal. Hace tres años, en este mismo blog, aplaudía la manera en que Jay, Gloria, Claire, Phil, Mitch y Cameron presentaban "diferentes" y "modernas" maneras de ser familia. Digo "diferentes" y "modernas" porque no tienen nada de nuevo: yo he vivido en una de esas familias modernas (eufemismo de "no tradicionales") por 27 años. Sin embargo, ponían en el mapa el tema de las parejas de padres del mismo sexo que adoptan. Similar al caso de la serie de Ryan Murphy en que se introducía el tema del vientre de alquiler.

Mis divagaciones van más en el sentido de que estas series no han sido las pioneras. Antes de Mitch y Cam estuvieron Will Truman y Jack McFarland (Just Jack!) de Will & Grace, por ejemplo. Pero en el tema de familias modernas hay que reconocer a Friends marcó la pauta en los 90.

Carol y Susan probablemente fueron la primera pareja del mismo sexo en "casarse" en televisión nacional en Estados Unidos. Ben Geller, el hijo de Ross producto del final de su matrimonio con Carol, creció con dos mamás y un papá al que veía los fines de semana. ¡Ellos fueron el Mark Sloan, Arizona y Callie original (Grey's Anatomy)! Phoebe fue el vientre de alquiler de los trillizos de su medio hermano Frank, quien se casó con su profesora mucho mayor que él (la mamá de Eric Forman en That 70's Show).

Monica y Chandler no podían tener un bebé de manera natural y terminaron adoptando a través de una agencia. Después de tres bodas y tres divorcios, para cuando Ross y Rachel caen en la cuenta de que nunca se han dejado de querer, ya tienen una bebé de más de un año consecuencia de un preservativo defectuoso. Buena parte de sus primeros meses de vida, Emma los pasa viviendo solo con Rachel.

Si el "nuevo normal" ya poco tiene de nuevo, ¿por qué nos sigue sorprendiendo? Y lo más importante, ¿por qué siguen habiendo personas que no dejan ser a los demás? Si las familias son como la multiplicación: el orden de los factores no altera el producto.