Sobre los aeropuertos

viernes, mayo 10, 2019

Los aeropuertos me dan un poco de miedo. No por algo sacado de ver demasiados episodios de "Alerta Aeropuerto", sino porque son tantos pasos. Paso tras paso con probabilidades de equivocarse en una cosa u otra. 

Puede ser al principio, incluso desde antes de salir, cuando subestimas el tiempo que toma llegar al aeropuerto dependiendo del medio de transporte y la hora. Me pasó la primera vez en París (2013), donde de ribete me equivoqué de terminal en Orly, y para cuando llegué al mostrador de facturación, este ya había cerrado. Era 23 de diciembre y tenía que llegar a Barcelona o a Madrid para poder regresar a mi familia para la Nochebuena. 

Otras veces llegas al aeropuerto correcto con suficiente anticipación solo para que te digan que tu vuelo ha sido cancelado sin ningún motivo y la aerolínea te ofrezca un vuelo que sale más tarde pero desde otro aeropuerto que está más de una hora en taxi. Eso me pasó en Londres (2016).

A veces ni siquiera sale el avión y te dan una noche de alojamiento cerca del aeropuerto (Nueva York, 2011). 

También pasa que al llegar a Migración te cuestionan qué haces ahí, cuáles son tus planes, por qué elegiste ese destino (Chicago, 2017) o simplemente no saben adónde es El Salvador (Bucarest, 2019) o si necesitas visa para ingresar al país (Estambul, 2019). 

Luego están las maratones que se corren cuando tu primer vuelo se retrasa y pierdes la conexión por la larga fila en seguridad (Houston) y logras abordar por puro milagro el nuevo vuelo en qué te metió la aerolínea (San Francisco, 2013).

Claro está, en ocasiones uno es el que se equivoca, como cuando mi progenitor se distrajo en las tiendas duty-free y perdimos nuestra conexión (Cancún, 2009).

Llevo más de 5 horas de layover en Barajas y sumado a esto, para cuándo al fin di con los mostradores de facturación en la T2, me enteré que mi vuelo se ha retrasado y no saben a qué hora saldrá. El avión está en algún lugar entre Moscú y Ginebra. Vaya cosa. 

Repito, los aeropuertos me dan un poco de miedo, porque no importa cuánto planees, ya en este punto no todo depende de ti. La ventaja es que con cada experiencia puedes enfrentarlo un poco mejor.

Fallar

domingo, abril 28, 2019

A menudo siento que me he fallado/fallo a mí misma. El verdadero problema no es "fallarme" porque reconozco que en la vida es natural tener reveses, sino sentirme como un fallo.

Tengo este problema de años que jamás resuelvo, y cuando me acerco a una solución o a estar en el mejor lugar posible, es como si siempre encuentro la manera de sabotearme.

No estoy bien. No me siento bien. Lo veo. Y en todo lo que puedo pensar es "No soy un árbol". Aunque sea más fácil decirlo que probarlo.

En mente