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Babosadas pandémicas

Nunca me puse a pensar con detenimiento cómo sería mi vida cuando fuera grande. Por ejemplo, cuando tuviera 34 años. Alguna vez de adolescente hice un punteo del curso "lógico" de mi vida. Iba a graduarme del colegio, estudiar en la universidad, graduarme de la universidad, conseguir un trabajo, estudiar una maestría (algo que le escuchaba decir a mi mamá), iba a hacer un viaje a Europa, iba a conocer a alguien, enamorarme, casarme (según mis cálculos, a los 27 años), a tener dos hijos (de nuevo, según mis cálculos entre los 30 y 33 años) y algún día, íbamos a ir todos a Disney. No me pregunten por qué a Disney, pero era una parte relevante del plan. Y la verdad es que he llevado esa vida lineal, con la excepción del amor porque, parafraseando a Beatriz Aurora Pinzón Solano, quizás el amor no es para mí. No le huyo porque ni siquiera se me presenta.

Cómo va a ser la vida cuando sea grande -en este caso lo que me queda de los treintas y las próximas décadas-, es la clásica ba…

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