Perderse y encontrarse en Central Park

Si hay algo que debes saber para movilizarte en Manhattan es que Central Park divide la cuadrícula perfecta de la ciudad en este y oeste, y la atraviesa desde la calle 59 hasta la 110. No hay otra forma de internarse en el parque que teniendo aunque sea una vaga idea de qué quieres ver.

Verás, perderse en un parque de 4 km de largo por 0.8 km de ancho no debe ser nada agradable, así que no está de más investigar adónde está cada cosa. Y sin embargo, hasta al más hábil de los lectores de mapas le puede dar por perderse y encontrarse en Central Park.

Al salir del AMNH, en parte abrumadas por la muchedumbre, decidimos aventurarnos y entrar al parque. Después de 10 minutos que se sintieron eternos, caímos en la cuenta de que estábamos en la calle equivocada (1): el parque estaba ahí, pero detrás de muros que parecían no tener fin... ni puerta por donde entrar.

Por un momento pensé que llegaríamos involuntariamente a la quinta avenida, cuando de chiripa encontramos unas gradas escondidas detrás del muro. Nos atravesamos la calle, las subimos y ahí estaba el estanque de tortugas y el Castillo Belvedere.  



El primer vistazo al parque te deja sin palabras y por primera vez en todo el día escuchas la brisa en el silencio. La paradoja de tanto verde en medio de los rascacielos te causa algo de gracia, porque los edificios no dejan de estar ahí. Los verás hasta donde tu visión te permita, pero agradeces que el ruido sí se aleje, que no sientas que hay otras 8 millones de personas en la isla -sin contar a los turistas, como tú-. 

Bajas del castillo y te internas en The Ramble ("El Paseo" que más bien debería llamarse "El laberinto"). Así hallamos el lago y la gente remando en los botecitos, el puente del arco, la fuente y la terraza de Bethesda, músicos, artistas vendiendo sus cuadros -otros vendiendo fotos de Justin Bieber (WTF?)-, carritos de hotdogs y pretzels que te anuncian cuántas calorías estás engullendo.

Aún si vas con mapa en mano -puedes conseguir uno en el castillo-, no esperes encontrar señalización alguna que te indique adónde estás, pero no te preocupes, que perdido no andas: simplemente no te has encontrado.

Es imposible conocer Central Park en una sola visita, pero merece que le dejes un par de horas o una tarde para descubrirlo (2). Lo seguro es que todo lo que halles te gustará... con la excepción del mal olor que dejan los carruajes tirados por caballos que tan románticos se ven en las películas.
 
(1) La calle 79 donde el tráfico atraviesa el parque... Ahora entientes por qué te hablé de la posibilidad de perderte y no encontrar los accesos de entrada al parque.
(2) Hay quienes viven en NY y nunca han entrado al parque, como habría de descubrir después. En verdad es una pena, al menos a los ojos de los turistas que vivimos en países que carecen de espacios públicos que estén en buen estado y sean seguros.

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